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Historia

Oti, de jugar en Tercera división a llegar a la Bundesliga

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El mundo del fútbol nos tiene acostumbrados a dejarnos historias increíbles. La de Antonio Manuel Rodríguez Cabo, más conocido como “Oti”, es una de ellas. El jugador tinerfeño consiguió dar un salto profesional al alcance de muy pocos, pasar de jugar en Tercera división a llegar directamente a la Bundesliga. Una proeza que si en la actualidad sería digna de alabar, en su época, 1991, resulta casi imposible de creer que sucediera. En un momento en el que no existía Internet, donde no se podían ver vídeos con las mejores jugadas de los futbolistas en Youtube y en el que tampoco era habitual que los equipos desplazasen a ojeadores por todo el mundo, menos para ver encuentros de Tercera división; el de El Puerto de la Cruz logró llamar la atención de un club alemán, el Bochum 1848.

Oti, apodo que le puso su hermano pequeño, comenzó a dar sus primeros pasos con un balón a los nueve años en el conjunto alevín del Puerto de la Cruz siguiendo de este modo los pasos de su padre, Pedro Rodríguez González, que había jugado en el Condal de Barcelona, y de su hermano Peyo, que llegó a ser internacional con la selección española sub-19. Sin embargo, la calidad de Oti superó todas las expectativas y tras cuatro años pasando por las diferentes categorías inferiores del Puerto de la Cruz fichó por el Realejos, un modesto equipo canario englobado en el Grupo XII de la Tercera división en una operación en la que tuvieron que desembolsar un millón y medio de pesetas. El paso del futbolista de Santa Cruz de Tenerife por el Realejos fue fugaz y asombroso y es que en solo una temporada, la 1990-91, consiguió destacar hasta el punto de interesarse por él el Bochum.

A los 21 años, Oti demostró ser un centrocampista ofensivo con una gran visión de juego, capaz de desenvolverse con las dos piernas, con buen olfato goleador y, pese a medir 1,69 metros, iba bien de cabeza. Todas estas cualidades las pudieron ver in situ el staff técnico del Bochum y es que el conjunto alemán aprovechó un parón de la Bundesliga para viajar a las Islas Canarias y disputar un amistoso con el Realejos. De este modo, se confirmaba el interés de Klaus Hilpert, manager del Bochum, en Oti, al que ya había visto jugar tres meses antes en un encuentro de Tercera en el Puerto de la Cruz, durante las vacaciones del alemán en la isla. Por si le pudiese quedar cualquier tipo de duda sobre el tipo de jugador que era Oti, Hilpert también recibió los informes de Diettmar Cramer, quien en ese momento dirigía a la selección sub-23 de Corea del Sur. El combinado asiático estuvo unos días preparándose en Tenerife y con ellos llegó a entrenarse Oti, cuyas habilidades no pasaron inadvertidas para el seleccionador.

De esta manera, Hilpert y el Bochum le ofrecieron un contrato por dos años al futbolista tinerfeño, quien no dudó en aceptar y hacer las maletas rumbo a Alemania. Eso sí, Oti nunca escondió que su verdadera ilusión era la de fichar por el Tenerife, equipo que no mostró ningún interés por el mediapunta y por lo que su presidente, en esa época Javier Pérez, fue muy criticado. El sueño de Oti de jugar en la Bundesliga duró poco y es que el tinerfeño no se supo adaptar al fútbol teutón y su entrenador, Holger Osieck, no contaba con él en sus planes. Fueron pasando las jornadas de aquella temporada 1991-92 hasta que terminó sin que Oti hubiese jugado un solo minuto con el Bochum, no llegó a debutar en la liga alemana.

La situación fue tan decepcionante y frustrante para el jugador que no dudó en volver a casa, al Realejos, en la campaña 1993-94. En el conjunto tinerfeño, en esta etapa en Segunda divisón B, volvió a sentirse futbolista y fue una de las piezas claves del equipo disputando 33 partidos y logrando marcar diez goles. Posteriormente defendería los colores del Granada, en dos etapas distintas, y también jugó en las filas de Las Palmas, el Málaga y el Mensajero, siempre en Segunda B. Su mayor éxito deportivo se produjo al final de su carrera, cuando fichó por el Universidad de Las Palmas y logró el ascenso a Segunda división de la mano del técnico David Amaral y compartiendo vestuario con jugadores como Alexis Trujillo u Óscar Luis Celada. Sin embargo, también en Las Palmas se produjo su momento más duro en el fútbol, cuando jugando en el Universidad en la temporada 2000/01 sufrió una grave lesión en la rodilla que le obligó a retirarse. Tras colgar las botas regresó junto a su familia a Los Realejos, esa pequeña población de Santa Cruz de Tenerife que le vio brillar en sus comienzos en el mundo del fútbol.

Hubo que esperar más de diez años para que un jugador español debutase en la Bundesliga. Eso sí, cuando se produjo fue por partida triple y es que en la temporada 2002-03 hasta tres de los nuestros llegaron al Hannover 96. Jaime Sánchez Fernández, Fernando Sánchez Cipitria y José Manuel Colmenero Crespo fueron cedidos por el Deportivo de La Coruña al equipo alemán gracias a la intermediación del secretario técnico del Hannover, Richard Moar, quien la campaña anterior había ocupado el mismo puesto en el equipo gallego. De los tres centrocampistas el que más contó para el entrenador, el alemán Ralf Rangnick, fue Jaime, que logró hacerse con un puesto en el once titular junto a Kostas Konstantinidis y disputó un total de 22 encuentros.

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