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Historia

Agustín Gómez: niño de la guerra, espía de la URSS y rival de Carrillo

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Siempre he pensado que si al final de tu vida esta no merece ser contada es que has estado desperdiciando el tiempo, algo que no le pasó a Agustín Gómez Pagola. A pesar de no ser tan conocido como debería dentro del fútbol español por sus ideales y por haber desempeñado buena parte de su carrera en el extranjero, Agustín Gómez es uno de los primeros migrantes del balón, migrante forzado por la Guerra Civil como muchos otros.

Nacido en 1922 en Rentería (Euskadi), Agustín fue uno de los tantos denominados ‘niños de la Guerra’ que partieron desde los puertos del norte huyendo del fascismo, que poco a poco iba acorralando a la sociedad vasca. El Gobierno de Euskadi llegó a un acuerdo con la URSS para que albergara cerca de 1.500 niños en 1937 durante la Guerra Civil y nuestro protagonista desembarcó meses después en el puerto ucraniano de Odessa, donde fue acogido en un orfanato. Allí, junto a otros niños españoles que tuvieron que abandonar a sus familias por la crueldad del fascismo y la guerra, fue donde Agustín Gómez comenzó a aficionarse más al fútbol, tanto que fue seleccionado para disputar varios partidos en Óbninsk frente a una selección de jóvenes jugadores moscovitas. Así lo recogió en su época el diario ABC: “Se ha celebrado en el Estadio Dynamo el primer partido internacional infantil entre el equipo Stadio, de pioneros de Moscú, y el equipo vasco del sanatorio de Óbninsk. Los capitanes Agustín Gómez y Kolya Kustov presentaron sus equipos. El partido terminó con 2 a 1 a favor del Stadio. Muchos millares de niños llenaban el campo”.

Su pasión por el fútbol no le abstrajo del futuro que debía labrarse él solo a miles de kilómetros de su familia y a los 18 años se marchó a Moscú para comenzar en la Escuela de Ingeniería. Allí, con 18 años, empieza a coquetear con la ideología soviética y con equipos de más renombre, como el de la fábrica Krasnaya Roza. En 1946, su calidad y solidez como lateral le permiten fichar por el Torpedo de Moscú, uno de los equipos más importantes de Rusia y donde desarrolló buena parte de su carrera, llegando a ser capitán del mismo en 1951 y donde jugó casi 200 partidos. Su adaptación al fútbol y la sociedad soviética era tal que fue seleccionado para defender los colores de la URSS en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, aunque no con mucho éxito.

 

Paralelamente a su carrera futbolística y a su trabajo en el Instituto de Energía, Agustín Gómez había desarrollado una carrera política, algo casi inevitable en un país ideológicamente comprometido como era la URSS. A su militancia en el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) había que sumarle la del PCE (Partido Comunista de España). Por su casa moscovita pasaron todo tipo de personalidades comunistas españolas como La Pasionaria además de realizarse multitudinarias reuniones para tratar la situación política y social de España. Por si fuera poco, cada cierto tiempo emprendía viajes por Europa para ayudar a otros comunistas exiliados y dar a conocer en la sociedad del Viejo Continente la situación que se vivía bajo la dictadura franquista, una situación que pudo vivir en primera persona años después.

En 1953 muere Stalin y en 1956 tienen lugar los primeros acuerdos para que dos décadas después regresen algunos de aquellos ‘niños de la Guerra’ con el preámbulo de “salvarlos del peligro soviético”, entre los que estaba nuestro protagonista. Agustín utilizó la tesitura y la ‘pantalla’ de ser futbolista para volver a España y ayudar a la cohesión del PCE siguiendo también directrices del PCUS, algo que negó a su llegada cuando fue interrogado por Dirección General de Seguridad, aunque sin negar su pasado comunista.

Su familia, con su padre muy enfermo, ya había hablado con equipos como el Real Madrid, la Real Sociedad o el Atlético de Madrid, y fueron finalmente los colchoneros los que accedieron a hacerle ficha, aunque apenas pudo disputar algún que otro partido a sus 34 años, por lo que esto terminó siendo más tapadera que otra cosa. Poco después colgó las botas y se dedicó a entrenar equipos del fútbol base en Tolosa (donde entrenó a Periko Alonso, padre de Xabi), Irún y Guipúzcoa. No obstante, su carrera política comenzaba a despegar: se convirtió en uno de los referentes del comunismo español además de máximo responsable del Partido Comunista de Euskadi. Cuando el franquismo lo descubrió en 1961 fue capturado y torturado sin lograr sacarle información alguna. La voz se corrió llegando a Moscú, donde sus compañeros se manifestaron frente a la fábrica Likhachev con las pancartas ‘Libertad para Agustín Gómez’, un caso que saltó a los tabloides europeos haciendo que toda la opinión pública del Viejo Continente pidiera su liberación, ante lo que la dictadura poco pudo hacer. Agustín fue liberado y tuvo que hacer las maletas rumbo a Latinoamérica para vivir bajo varias identidades en diferentes países, principalmente Venezuela, sin dejar su cargo ni prestigio en el PCE.

 

Después, en 1968 cuando la URSS decidió aplastar la Primavera de Praga y todas las reformas que planteaba, surgieron dos corrientes dentro del Partido Comunista Español. Una de ellas, liderada por Santiago Carrillo, decide condenar esta invasión de los soviéticos, mientras que un sector más ortodoxo y moscovita decide apoyar a la URSS. Entre estos últimos se encontraba Agustín Gómez declarando que “no voy a hacer nada que perjudique al partido”, tal y como recogen las actas. Este cisma fue a más y años después supuso la expulsión tanto de nuestro héroe comunista futbolista como de otro dirigente del PCE: Eduardo García Gómez. Entonces ellos dos decidirían fundar el PCE (VIII y IX Congreso), que reclamaba ser el auténtico PCE, tomando como una de sus primeras medidas la expulsión de Santiago Carrillo por “alta traición a la causa comunista”. De aquel partido surgiría el actual Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE).

El 16 de noviembre de 1975 falleció en Moscú, justo cuatro días antes de la muerte de Francisco Franco. En el cementerio moscovita de Donskoy se escribió el último capítulo de un niño de la Guerra, del único español que ha jugado en la selección de la URSS, de una leyenda del Torpedo de Moscú, de un referente del comunismo español y de un futbolista que defendió sus ideales hasta el final, una especie que escasea hoy en día.

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