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Rodrigo Moreno: Lisboa, La Roja y las cuartas oportunidades

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Rodrigo Moreno durante su etapa en el Benfica Foto: Falso9Sports

“Eso que dicen de que a la tercera va la vencida es una broma de mal gusto”, me comentaba un amigo después de dar por finalizada su tercera relación sentimental de larga duración. Esto mismo debió pensar la afición ché después de que, tras tres años en Valencia, Rodrigo sólo consiguiera ver la portería contraria en 18 ocasiones.  Pero el fútbol, a veces, vuelve a poner las cosas en su sitio; o lo que es lo mismo, vuelve a colocar a los jugadores en la posición en la que más se gustan.

Debe resultar complicado ser el segundo futbolista más caro de la historia de tu club (30 millones de euros) y no cumplir con las expectativas a las primeras de cambio. Ni a las segundas, ni a las terceras. Rodrigo aterrizó en la capital del Turia tras anotar 45 goles en 119 partidos con el Benfica en las tres temporadas que disputó en Portugal, unos números notables para un segundo delantero que por aquel entonces tenía 23 años y era el máximo goleador histórico de la sub-21.

Su capacidad anotadora, mermada en Valencia

La primera temporada del delantero hispano-brasileño en Valencia fue la última gran campaña del conjunto ché antes de que éste naufragara institucional y deportivamente durante los dos últimos cursos. Sin embargo, las cifras anotadoras del ’19’ blanquinegro estuvieron muy lejos de las de su etapa en Lisboa: sólo 4 goles en 32 partidos -números muy pobres en comparación con las 16 dianas en 38 encuentros anotadas en su primera campaña con el Benfica- invitaban a pensar que la estancia de Rodrigo Moreno en Valencia iba a finalizar más pronto que tarde, más aún teniendo en cuenta que la opción de compra fijada tras su cesión era de una cuantía de 30 millones de euros, una cantidad que en las oficinas de Mestalla no estaban muy acostumbrados a desembolsar.

Para sorpresa de algunos, la opción de compra se ejecutó y Rodrigo Moreno se comprometió por cuatro temporadas con los murciélagos. Un jugador joven, doble finalista de la Europa League, entonces máximo goleador de La Rojita ahora es Deulofeu– y debutante con la absoluta en el año de su llegada a Valencia merecía una segunda oportunidad, y qué mejor para demostrar su valía que la temporada del regreso de los valencianos a la Champions League tras dos ediciones de ausencia. Las cosas no sólo no mejoraron sino que en Valencia dio comienzo una dinámica muy negativa de resultados y sensaciones que significó el desfile de hasta cuatro entrenadores por el banquillo ché (Nuno, Voro, Gary Neville y Pako Ayestarán) para finalmente cosechar una modesta duodécima posición, a tan 6 puntos de los puestos de descenso. Los números de Rodrigo mejoraron ligeramente los de la temporada de su llegada pero no fueron argumento suficiente para excusar su fichaje: 7 goles en 38 partidos disputados se alejaban de las 11 veces que vio puerta en su segunda temporada con las águilas.

El fútbol -como el amor, en el caso de mi amigo- no entiende de refranes, y a la tercera tampoco fue la vencida. La campaña pasada fue uno de los cursos más enrarecidos que se recuerdan a las orillas del Turia. Pako Ayestarán fue despedido en la cuarta jornada tras cuatro derrotas en tantos partidos; Cesare Prandelli dejó el club después de tres meses en el cargo al verse superado por la situación; y Voro, un señor de la casa, se hizo cargo de un marrón que sólo tenía un rumbo fijo: finalizar la temporada para volver a empezar la casa por los cimientos. La temporada de Rodrigo, como la de todo el equipo -salvo alguna excepción como la irrupción de Carlos Soler-, fue bastante discreta: 7 goles en 21 partidos volvieron a alejar al canterano del Real Madrid de las cifras que cosechó como jugador lisboeta, donde en su tercera y última temporada anotó 18 goles en 47 partidos.

En total, los registros goleadores de Rodrigo con la elástica blanquinegra en sus tres primeras temporadas como valencianista se resumen en 18 goles en 91 partidos disputados, o lo que es lo mismo: 0’19 goles por encuentro. Ante ésto solo hay dos caminos: el más fácil es abandonar el barco… el más complejo es optar por sacar fuerza de voluntad donde no la hay y trabajar para revertir la situación. Rodrigo Moreno eligió la segunda opción y se autoconvenció de que las cuartas oportunidades son las que merecen la pena.

Rodrigo Moreno marcó 45 goles en 119 partidos con el Benfica Foto: IBTimes UK

La llegada de Marcelino, clave

Se comentó al principio del artículo que “el fútbol, a veces, vuelve a poner las cosas en su sitio; o lo que es lo mismo, vuelve a colocar a los jugadores en la posición en la que más se gustan” y muchos de quienes estéis leyendo este texto probablemente no hayáis entendido el significado del final de la oración. Sólo son necesarias tres palabras para explicarlo: Marcelino García Toral.

Marcelino llegó al Valencia en una situación de máxima complejidad. Las dos últimas temporadas habían sido caóticas para la entidad valencianista y el objetivo era claro: reconstruir al Valencia de tal forma que pudiera optar por volver a clasificarse para competiciones europeas o, visto desde una perspectiva más humilde, conformar un equipo que volviera a enganchar a la afición y lograse competir de tú a tú con cualquier equipo. Un reto de mucha dificultad, visto lo visto los últimos años.

El técnico asturiano tiene un don para gestionar plantillas y sacar el máximo rendimiento a sus jugadores. Es un experto en hacer puzzles y muestra de ello es la posición a la que ha devuelto a Rodrigo tras su llegada. El delantero hispano-brasileño, con Marcelino al mando, ha vuelto a jugar en la demarcación que tantas alegrías le dio al Benfica y que tenía olvidada desde su aterrizaje en Valencia allá por 2014: la de segundo punta.

Porque Rodrigo no es un ‘9’ clásico ni un extremo al uso. Sus mejores números llegaron mientras jugaba con un delantero por delante (Cardozo o Lima) y un mediocampista -o dos- apoyando desde atrás. Libre de movimientos y con espacios se siente cómodo, y el 4-4-2 de Marcelino le ha venido como anillo al dedo. El desempeño de Simone Zaza fijando a los centrales y liberando al hispano-brasileño, más las llegadas desde atrás de Guedes y Soler, han beneficiado el rendimiento goleador de Rodrigo, quien se siente más desahogado que nunca desde su llegada al club blanquinegro.

Vuelta a las sensaciones dejadas en Lisboa: 4 goles en 4 partidos

Puede que el fútbol no entienda de refranes, pero sí de datos. Después de tres temporadas en las que Rodrigo consiguió ver portería con cuentagotas, este inicio liguero se ha destapado con un auténtico devorador de redes rivales. Con cuatro goles en los últimos cuatro partidos del campeonato regular, el del Valencia colidera junto a Sergio León (Real Betis) y Aduriz (Athletic Club) la clasificación de máximos goleadores nacionales. Algo impensable fechas atrás.

Rodrigo ha recuperado la posición en la que más se gusta y a su vez registra cifras que recuerdan a su estancia en Lisboa: no conseguía anotar cuatro goles de forma consecutiva desde las jornadas 14-15-16 de la Liga Portuguesa en la temporada 2013/14, donde anotó un gol contra el Vitoria Setúbal, otro contra el Oporto y dos frente al Marítimo. Sin embargo, en el Benfica nunca marcó al menos un gol en cuatro jornadas seguidas, algo que sí ha logrado con los murciélagos.

Convocatoria con la selección

El prometedor inicio de temporada del Valencia (3º) y en especial el acierto goleador del ‘nuevo Rodrigo’ no han pasado desapercibidos para Julen Lopetegui, conocedor de la calidad del hispano-brasileño desde que coincidieran en la sub-21 campeona de Europa en 2013. La convocatoria del delantero del Valencia fue una de las sorpresas de la última lista del seleccionador vasco, quien dejó fuera de la misma a otros jugadores que acuden de forma más habitual a Las Rozas como Deulofeu o Lucas Vázquez.

Rodrigo debutó en 2014 con la selección española ante Luxemburgo Foto: MARCA

A Rodrigo le llega la oportunidad después de tres años de ausencia, ya que en octubre de 2014 fue llamado por Vicente del Bosque para un partido de clasificación para la Eurocopa de 2016 frente a Luxemburgo, donde disputó los últimos diez minutos y dio una asistencia de gol. Ahora tendrá la ocasión de dejar su sello ante Albania e Israel. Sin duda, todo un premio para aquellos que creen en las cuartas oportunidades.

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