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Uruguayos en el exterior

Federico Viñas, un delantero hecho a sí mismo

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La vida de Federico Viñas ha dado tantos giros que es digna de una película. De hecho, si con su historia se escribiese un guion para un film de Hollywood, sería difícil imaginar una trama tan interesante basada totalmente en hechos reales. Nacido en 1998 en el seno de una humilde familia del suroeste montevideano, desde muy joven empezó a aportar ayuda económica a casa. Combinaba así su trabajo como repartidor de chacinados con su verdadera pasión, el fútbol.

Llegó a estar en las categorías formativas de Liverpool, equipo de la Primera División uruguaya con una prominente cantera de la que últimamente han salido Nicolás De la Cruz, Nicolás Acevedo o Sebastián Cáceres. Con el paso del tiempo, poco a poco fue dejándolo de lado. Tenía condiciones, pero como en otros muchos casos en el país, parecía que se quedaba por el camino. Por suerte, ese no iba a ser su final. En 2017, ya con la mayoría de edad cumplida, probó suerte y se animó a hacer la pretemporada con Mar de Fondo, club amateur.

El resto es de sobra conocido. Su facilidad pasmosa para anotar goles no pasó desapercibida y terminó llegando a Juventud de Las Piedras para jugar en las inferiores del club pedrense. Mientras se aclimataba a las exigencias físicas de su nueva realidad, estaba 15 kilos por encima del peso ideal, hacía lo que mejor sabía: romper redes. Gracias a ello le llegó la oportunidad en el primer equipo, por ese entonces en Segunda División, y no la desaprovechó. Federico Viñas formó una excepcional pareja con Joaquín Zeballos que les valió para conseguir el ascenso. Cuarenta partidos y once goles después llegaría la opción de su vida.

El Club América estaba interesado en él. Sí, el gigante norteamericano quería para sus filas a ese muchacho que hasta hace no mucho ni siquiera jugaba a nivel amateur. Llegaría cedido hasta final de temporada, con hipotético rol secundario que encajaba con su figura desconocida para la mayoría de los aficionados y periodistas del país. No tardó ni siquiera un minuto en superar las expectativas. En su debut, ante Pumas en el Estadio Azteca, ingresó al terreno de juego con empate en el marcador y en escasos treinta segundos sintió por primera vez la sensación de convertir en uno de los templos del balompié mundial.

Siguió siendo suplente, aunque cada vez era más tomado en cuenta. El delantero se ganó el respeto a base de goles. En total, hasta ahora, son ocho tantos y una asistencia en 1088 minutos repartidos en 18 encuentros. Tres de ellos en la Liguilla del Apertura, donde terminó siendo decisivo para los de Miguel Herrera, e incluso convirtió en la gran final ante Monterrey. No pudo levantar su primer título tras un dramático desenlace por penales. A pesar de ello, ‘obligó’ a las águilas a realizar el esfuerzo económico necesario para su fichaje. Amado por los hinchas americanistas, en unos meses Fede pasó a ser ‘Maraviñas’.

Para desengranar el estilo de Federico Viñas creo que es clave empezar por definirlo como “pura capacidad natural”. En sus movimientos y ejecuciones no se observa escuela, sus cualidades no han sido canalizadas por lo que no se trata de un delantero académico. Ni falta que le hace. Sus condiciones físicas lo convierten en un atacante muy peligroso para las defensas, sin ser demasiado fino con el balón en los pies.

Con un avanzado olfato de gol, ‘Maraviñas’ tiene un notable sentido del área. Sabe dónde y cuándo posicionarse para llegar al remate antes que sus marcadores. Posee buen timing, se suele anticipar en los centros laterales y gana de cabeza por arriba. Eso le permite ser un goleador aún sin contar con una técnica depurada, y con un amplio de mejora en la calidad de sus disparos.

Sin embargo, tiene un buen dominio de las dos piernas (sobre todo de su zurda, la natural) y consigue finalizar en posiciones dificultosas, de media vuelta o de primeras sin ni siquiera realizar un control. Además, tiene una destacada velocidad de ejecución. Aún no ha experimentado en los tiros desde media-larga distancia, y ese es el mayor debe de su fútbol.

Por eso, la mayoría de sus anotaciones son desde allí. Ese es su hábitat, mas no el único en el que se desenvuelve bien. Unas declaraciones suyas son útiles para comprender quién es. “Miro bastante a Luis Suárez. Los dos jugamos de espaldas, yo tengo el juego que tiene él. También me gusta Edinson Cavani, por su mentalidad, no para de correr y de ayudar”. Con dos de los mejores del mundo como referentes, sí que se asemeja a ellos en diferentes aspectos.

Federico Viñas destaca por retroceder decenas de metros para recibir y oxigenar a su equipo con un juego de espaldas exquisito. Sus compañeros de ataque se aprovechan de esa característica, que suele ocasionar desentendimientos y espacios entre los zagueros. Se siente cómodo en ese rol, no le importa hacer el trabajo sucio y generar para el resto. Lejos de la portería contraria, cuenta con recursos para desenvolverse y avanzar.

Si no logra encontrar a un compañero para asociarse (lo hace fácil, suele buscar al más cercano sin florituras), se aprovecha de su poderío físico (pese al no excesivo 1.81m de altura), corpulencia y zancada para girar con efectividad y proteger la posesión. No es un privilegiado técnico, pero maquilla bien ese déficit a base de potencia e inteligencia táctica.

Hay que destacar el trabajo defensivo que aporta. De hecho, recuerda mucho a la pareja icónica de salteños de la Celeste con su presión tras pérdida, agobiante para la defensa y guardameta rival. Tiene el ADN charrúa que lo hace ir a todos los balones como si su vida dependiese de ella. De él he dicho alguna vez que es capaz de chocar contra una pared de hormigón si le dicen que del otro lado está el balón, y la rompería. Más por voluntad que por otra cosa. Eso define su forma de vivir el deporte.

A las puertas de sus 22 años, es probable que no tardemos mucho en ver a Federico Viñas jugar en Europa. Ese es su sueño, tal y como ha asegurado numerosas veces. Conociéndolo, no parará hasta escribir ese nuevo capítulo en su carrera deportiva. Por el momento, seguirá forjándose a sí mismo en un histórico mexicano. Hay delantero para rato, la selección uruguaya puede estar tranquila.

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