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Amor apela al corazón de sus hombres

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Guillermo Amor es visto en Australia casi como un maestro budista. Tanto cuando esta en el banquillo dando indicaciones como cuando comparece ante los medios, el exjugador del Barcelona hace gala de una tranquilidad y optimismo envidiables

A contramano de lo que sucede con muchos otros entrenadores que rompen en pedazos los anteojos de su ayudante y gritan un rosario de insultos al árbitro cuando este pita una falta en su contra, Amor nunca pierde los papeles.

El técnico de Adelaide United le escapa a ese libreto “no publicado” del fútbol el cual dice que el míster, cuanto más grita, mejor. Su relajación, su buen talante incluso ante la derrota, es una extraña forma de frialdad que le permite encarar mejor la difícil tarea de estar al frente de un equipo.

Sin embargo, la dura caída ante el Brisbane Roar por 4-0 marcó un antes y un después. En el post partido el entrenador del Adelaide -tan poco amigo de las “declaraciones catástrofe”-  ha puesto fecha de caducidad a su ciclo: “Si seguimos perdiendo partidos, tendré que irme del club”.

Estas palabras cambian todo. Lo que debía ser una temporada de ensueño, con la posibilidad de disputar la Liga de Campeones asiática, se ha transformado en un temporal difícil de capear.

Las especulaciones sobre su salida del equipo australiano no son nuevas. Días atrás distintos medios apuntaron que el español no renovaría su vinculo para la temporada 2017/18 e incluso se permitieron señalar a John Aloisi (actual entrenador del Brisbane) como su sucesor.

Ahora los tiempos parecen haberse adelantado. El reinante campeón de la A-League no tiene reacción y se muestra endeble. Como si se tratase de boxeo, hoy el Adelaide padece el ‘síndrome de la mandíbula de cristal’: un golpe bien colocado y se terminó la historia. El equipo se derrumba por el peso de sus propios errores.

Es cierto que la escuadra ha sufrido bajas importantes con respecto a la temporada pasada. También es verdad que la enfermería del club se ha transformado en un hospital de guerra por la cantidad de lesionados, pero el problema no pasa por ese lado.

El Adelaide ha caído en la autocompasión. Los jugadores dan por sentado que los problemas que hoy atraviesa la plantilla son demasiado complicados como para resolverlos en esta temporada. Mejor aguantar el tirón y esperar a la próxima.

Estas declaraciones son el último recurso de Amor para movilizar a un equipo que parece desganado. Los ‘reds’ de South Australia han entrado en conflicto con su propia estirpe de campeón, aquella que los llevó a recomponerse de una situación similar el torneo pasado y que coronaron con un titulo. Y el míster lo sabe.

Guillermo Amor ha agotado toda la alquimia futbolística que posee. Ahora apela al corazón de sus hombres. Ofreciendo su cabeza en sacrificio ritual puede ser la única manera de despertar a sus hombres de la modorra que impone esta racha de derrotas.

Solo resta saber si ellos podrán responderle en el campo de juego.

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