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Capel se cansó de esperar

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En una época en la que todo son éxitos deportivos, en la que se agotan las adulaciones y elogios hacia la dirección deportiva comandada por Monchi en Sevilla, cabe recordar otra de las principales virtudes que han desarrollado los sevillistas durante la última década para conseguir ser un equipo campeón: la buena salud de su cantera. Hacerse un hueco durante los últimos años en las poderosas plantillas, confeccionadas a base de ingenio y trabajo por el club de Nervión, ha sido harto complicado para cualquier imberbe que destacase en las categorías inferiores.

Nuestro protagonista lo consiguió a base de actitud, constancia y, por qué no decirlo, porque en su posición escaseaban efectivos por aquel entonces. Así es como Diego Capel fue, durante los cuatro años que estuvo en la primera plantilla del Sevilla, actor de reparto pero con actuaciones de principal, corriendo la banda izquierda del Sánchez Pizjuán.

El extremo almeriense, con nada menos que seis títulos bajo el brazo, se vio ‘obligado’ a dejar el club de sus amores allá por 2011, más por intereses del club y la directiva que por los propios del jugador. Diego puso así fin a su estancia en Heliópolis marchando al país vecino nada menos a que un histórico como el Sporting Club de Portugal.

Lisboa del amor al odio

Su llegada al Sporting no pudo ser mas fructuosa. Un equipo alegre y ofensivo, que como en la globalidad de la Liga Nos apostaba por el talento y el fútbol de ataque de la mano de Sa Pinto. Capel se adueño de la banda zurda del José Alvalade realizando una de sus mejores campañas. El club llegó a la final de la Taça de la Liga y semifinales de Europa League en el primer año de Capel como jugador blanquiverde. Pero a pesar de caer de pie en su nuevo destino, un suceso tuvo influencia en el posterior bajón deportivo que pegó el jugador. La mala gestión financiera por parte de los dirigentes llevó al club a estar muy cerca de la desaparición. Una alta deuda económica condujo a la institución a convocar elecciones a mitad de temporada. Esta inestabilidad en los despachos afectó indudablemente al rendimiento deportivo del equipo y por aquel entonces un aún inmaduro Capel entró en una espiral de suplencias y decaimiento. 

Diego Capel durante su etapa en el Sporting de Portugal

La llegada del laureado Jorge Jesús al banquillo lisboeta significó un soplo de aire fresco para los intereses del español, pero nada más lejos de la realidad: el exentrenador del Benfica no contó con el extremo, otorgándole minutos residuales. Así pues, y con el afán de no estancarse, Diego cogió un vuelo con destino a un lugar donde ya lo reclamaron con anterioridad.

El Luigis Ferraris una piedra en el camino

Tras cuatro años convulsos en Portugal, el jugador recaló en la Serie A tras el empeño de un Genoa que suspiraba por sus servicios desde hacia ya un par de temporadas. Italia no es tierra para artistas a no ser que tus pies vayan a parar a Florencia. A pesar del consabido, contradictorio y antagónico estilo italiano, Capel a priori parecía que no había elegido mala plaza puesto que el Genoa de Gasperini rehuía de la corriente de fútbol defensivo tan arraigada en el país de la bota.

El sistema de juego de Gian Piero se articulaba en un 3-4-2-1 donde la entrada del español sobre el papel parecía delicada, un dibujo sin extremos puros, donde en la vanguardia las plazas están destinadas a piezas con otras virtudes diferentes. Con tal panorama, la repercusión de Capel fue ínfima en Genova. Sus oportunidades en el once fueron jugando como carrilero defensivo, una posición desconocida para él y en la que además su compañero Laxalt presentaba mayores aptitudes. Un solo curso estuvo el almeriense reclamando un sitio en ese Calcio. Dicho esto y a pesar de ver truncado su deseo de triunfar en Italia, el zurdo siempre tuvo buenas palabras hacia Gaperini, del que dijo que lo había ayudado a crecer como jugador y persona.

Anderlecht, un paso atrás para dar dos hacia delante

El pasado verano y con multitud de ofertas sobre la mesa, Diego Capel decidió probar fortuna en un campeonato menor con el afán primero de volver a sentirse futbolista y segundo, y muy probablemente con la intención de que su estancia en Bélgica sirva para relanzar su carrera, buscando volver a los focos mediáticos de una liga con mayor repercusión y ambición deportiva.

Con el ojo clínico que le caracteriza a la hora de firmar sus contratos, Diego ha vuelto a defender los colores de otro club histórico. En Anderlecht estamos viendo de nuevo a aquel extremo profundo, vertical y determinante, demostrando que el mejor Diego nunca se fue. Sin tener la titularidad asegurada esta disfrutando de muchos minutos, beneficiado principalmente por el modelo y estilo de juego de Rene Weiler, que casa con sus virtudes de maravilla. Weiler ha hecho del Anderlecht un equipo voraz, ultra ofensivo y realmente divertido de ver. Una de las consignas del entrenador es el juego por las bandas, como refleja su 4-3-3, donde los alas tienen un protagonismo absoluto, ejemplificando este hecho las cifras goleadoras de Teodorczyck -delantero titular-, que suma 17 tantos en 22 encuentros de Jupiler Pro League, evidenciando así la importancia del juego por bandas para nutrirse.

Un Diego Capel mucho más maduro, curtido en mil batallas y con más poso nos esta dejando minutos de calidad en todas sus presencias. Stanciu, Brunno, Sylla, Chipchiu… competencia hay y mucha pero… ¿qué es la competencia para un canterano sevillista que sabe lo que hay que trabajar hasta conseguir una oportunidad bien sea en su casa o como es el caso fuera? Anderlecht parece un sitio idílico para que Diego vuelva a alzar el vuelo y todos hablemos de nuevo de aquel rubio que hacia estragos en las defensas rivales.

Fiebre Maldini – Entrevista con Diego Capel

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