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Guardiola no volverá a ser el mismo tras su paso por Inglaterra

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Si Charles Darwin hubiese estado sentado en las gradas de Goodison Park este ultimo fin de semana, sin dudas hubiese sonreído con satisfacción al ver confirmada en el campo de juego la premisa detrás de su «selección natural».

La paliza propinada por el Everton a un apático Manchester City confirma el hecho de que en el fútbol la supervivencia no la determina solo la fuerza de la plantilla o lo abultado de la billetera. A veces solo hace falta una buena idea y saber como ejecutarla.

De hecho, si hoy a Trump se le pusiera juguetona la mano y decidiera ver cuanto ruido hacen sus bombas nucleares, los humanos pasaríamos a ser solo un recuerdo y las cucarachas reclamarían su lugar como los más pijos del condado.

Para Guardiola este debe ser un momento difícil. Desde que comenzó su carrera como entrenador nunca fue tan cuestionado. Hoy su premisa futbolística ha perdido validez y es mirado de reojo no solo por los fanáticos ingleses sino por el mundo en general. Y esa incomodidad se nota en el entrenador.

Desde que llegó a Inglaterra, al catalán se lo ve incómodo, fuera de su ambiente. Acostumbrado a un trato preferencial tanto de la prensa como del mundo del fútbol, Pep Guardiola hoy tiene abierto muchos frentes de batalla.

En el campo de juego sus jugadores parecen no terminar de entender lo que se les pide. Ante el Everton, el City tuvo la posesión de la pelota durante mas del 6o% del tiempo de juego, pero fue una tenencia estéril. Defensívamente no encuentra soluciones y es hoy uno de los equipos que más goles ha encajado.

Con la prensa la cosa tampoco va muy bien que digamos. En un país en donde se cuestiona hasta el color del sombrero de la Reina Isabel, no es de extrañar que la ‘Pep-manía’ solo haya sido un suspiro. Hoy el míster está a la defensiva todo el tiempo, e incluso cuando gana tampoco se le ve tranquilo.

La Premier League ha sacado a relucir el lado «Mourinho» de Pep. Como si de un Jedi se tratase, el fútbol británico y su dificultad tanto dentro como fuera de los campos de juego ha empujado lentamente a Guardiola hacia el lado obscuro de la fuerza. Hoy no es raro escucharlo criticar a un referí o declarar que los medios se la tienen jurada, cosas que en Barcelona, o en menor medida en el Bayern Munich, sucedían muy poco.

Ahora bien. Más allá sus enfrentamientos con la prensa, o si sus jugadores son capaces de plasmar en el campo lo que se trabaja durante la semana, lo verdaderamente importante es saber si la idea del ‘tiki-taka’, la concepción guardiolista del fútbol sigue teniendo la misma validez que antes.

Los tiempos cambian. A veces a un ritmo demasiado vertiginoso como para seguirles el paso. Por extraño que parezca la Premier League, la madre biológica del balompié, puede ser hoy el certificado de defunción del «fútbol total».

Lo que si es seguro es que Guardiola no volverá a ser el mismo después de su paso por el fútbol inglés. Allí habrá cumplido la fase final de su evolución como entrenador. Allí habrá aprendido a perder.

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