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Fútbol Japón

Serantes: “Necesitaba irme bastante lejos y hacer borrón y cuenta nueva”

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Fue el portero del histórico ascenso del Leganés en Primera pero, ya en la élite, se quedó sin sitio y tuvo que buscar una salida que encontró a más de 10.000 kilómetros de casa. Jon Ander Serantes (Barakaldo, 1989) firmó en enero por el Avispa Fukuoka, de Segunda División japonesa, donde ha vuelto a disfrutar del fútbol y sentirse importante. “He encontrado lo que buscaba. Si lo hubiese soñado habría sido así”, confiesa.

¿Cómo ha ido la temporada?

Perfectamente. Necesitaba salir del Leganés y, tanto deportiva como personalmente, estoy muy contento con haber acabado en Fukuoka. Estoy disfrutando mucho de esta experiencia y de poder conocer un país como Japón. Me está sirviendo también para madurar, que a pesar de tener 30 años aún me quedaba un poco.

Colectivamente no se ha podido luchar por el ascenso, pero personalmente está siendo una temporada fantástica…

La verdad es que sí. Hace unos meses me hice famoso y todo con una parada que hice ante el Ehime. Cuando colectivamente las cosas no van bien te llegan muchas veces y tienes más oportunidades de parar, de que se te vea. Pero eso es un mal síntoma. Ojalá la temporada que viene se me vea menos y ganemos más. Aunque sea 1-0.

En Fukuoka se comenta que sin sus paradas el equipo habría sufrido para salvarse.

No lo sé. Es cierto es que noto mucho el cariño de los aficionados. Todos los años eligen a su jugador preferido y esta temporada me han escogido a mi por delante de Hirashi Jogo, que lleva en el club 15 años y más de 400 partidos. Es un ídolo, por eso no me lo esperaba. Los compañeros se quedaron sorprendidos. Decían: ‘Si te han elegido por delante de Jogo es que te quieren muchísimo’.

¿Es difícil ser portero en el extranjero?

Más que si eres jugador de campo. En la posición del portero se magnifica todo. Estando fuera de casa necesitas un poco de cariño y aquí es difícil recibirlo, aunque juegues y entrenes bien. Los compañeros tienden a ser cerrados, más aún con los jugadores extranjeros. Pero es lo que tiene la diferencia cultural y el idioma. En el vestuario son muy diferentes a nosotros.

«En Japón, después de un partido, el vestuario está igual si pierdes o ganas. No hay ruido ni música. La gente se ducha, se cambia y se va al autobús en silencio»

¿Se le pide más por el hecho de ser extranjero?

Sí, es algo que te hacen ver desde el primer día, que tu eres extranjero y por eso tienes que aportar más. Y siendo portero es más difícil. Lo dijo Torres: individualmente son muy buenos, pero colectivamente es donde más se nota la diferencia respecto a Europa. Y al ser tan fríos y tan respetuosos es complicado crear grupo y tener la confianza para corregirnos los unos a los otros en el campo. En el vestuario, por ejemplo, no hay ruido, no hay charlas. Así no se crea confianza.

Entonces lo de celebrar las victorias con música en el vestuario allí no se lleva.

Nada, nada. De eso nada. El primer día que ganamos lo hicimos fuera de casa y en un estadio importante, el del Albirex Niigata. Después del partido entré al vestuario eufórico. Había un entrenador italiano y él también estaba contento. Los dos nos alegramos mucho. De repente la gente nos empezó a mirar, como extrañándose porque lo estábamos celebrando. En Japón, después de un partido, el vestuario está igual tanto si pierdes como si ganas. No hay ruido ni música. La gente se ducha, se cambia y se va al autobús en silencio.

¿Cómo lleva el japonés?

Poco a poco. Controlo lo básico para el fútbol. Las palabras que más usaba traté de traerlas aprendidas desde España. Fue todo bastante rápido y tuve poco tiempo. Pero estoy estudiando japonés, aunque al principio todo es muy difícil. Hay cosas muy intuitivas, pero mantener una conversación es casi imposible. Te da para ir a comer con algún compañero o hablar un poco de fútbol. Entenderse del todo es más complicado. Leer el kanji pues imagínate. Imposible.

¿Está disfrutando de la experiencia?

Muchísimo. Se me ha pasado rapidísimo la temporada. Y eso que ya venía de medio año en el Leganés. Llevo casi un año y medio sin parar, pero está yendo muy bien. Es algo que necesitaba, irme bastante lejos, hacer borrón y cuenta nueva. Estaba en Madrid, muy cerquita de casa, pero me hacía falta una experiencia así. Tengo otro año de contrato y lo cumpliré encantado. Y si puedo estar más mejor.

«Me siento muy valorado y me gustaría devolver el cariño que me están dando con algún éxito deportivo»

¿Ha encontrado lo que buscaba?

Totalmente. Si lo hubiese soñado habría sido así. Después de mucho tiempo sin jugar en el Leganés, de sentir que no cuentas en el equipo, la cabeza te da mil vueltas y acabas sin sumar nada. Lo ves todo negativo. Piensas: ‘Hace dos días era importante, me sentía súper valorado y ahora me están apartando’. No llegaba a entender el motivo y es difícil soportar esos momentos. Por eso decidí irme a Japón, comprendí que era una oportunidad que podría ser única y mira, de momento no me planteo volver a España. Me siento muy valorado y me gustaría devolver el cariño que me están dando con algún éxito deportivo.

Estará disfrutando de la gastronomía…

Una locura, de verdad. Cuando me vine aquí los amigos que no han tenido la suerte de venir a Japón decían: ‘Allí está todo buenísimo’. Y qué razón tenían. Es la mayor sorpresa que me he llevado. Se come espectacular. Tienen mucha cultura de comer fuera de casa y en cualquier sitio puedes comer muy bien y encima barato, por siete u ocho euros. Y es que está todo buenísimo. Pero todo. He descubierto el ramen, que está delicioso.

¿Qué tal la ciudad de Fukuoka?

La ciudad está genial. Tiene casi dos millones de habitantes y tiene de todo lo que te puedas imaginar. Pero yo vivo algo apartado, donde está la ciudad deportiva. Mucho mejor porque a mi me gusta vivir cercad de donde entreno. Estoy a tres minutos de la ciudad deportiva en coche, en un barrio muy familiar. Y el centro lo tengo a 20 minutos en coche, que te acercas en un momento.

¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?

De aquí me ha sorprendido todo el merchandasing que hay. Sin exagerar, he visto 100 productos con mi cara en la tienda del club. Salgo en bolis, llaveros, calendarios, bufandas, toallas… Todo lo que se te pueda ocurrir lo tienen con mi cara. Y sobre todo el respeto que hay a la afición. Hubo un derbi que, al llegar al estadio, había unas 500 personas del equipo contrario esperando al autobús. Pensé: ‘Parece que va a haber un poquito de tensión’. Pero conforme pasamos se pusieron a aplaudirnos y saludarnos amablemente. Vaya diferencia con los derbis de España… Otra de las cosas que me ha llamado la atención es que, cuando sales al campo, tienes que hacer una reverencia tanto a tu afición como a la del rival como muestra de respeto. Está genial. El futbol aquí se vive muy sanamente.

Allí entonces hay pocos piques, ¿lo echa de menos?

Sí, es lo que más echo de menos de España. El pique sano, porque hasta entrenando se nota. En los partidillos echo de menos que haya piques con el equipo rival, o eso que esta de moda ahora de acabar y hacerse una foto el equipo ganador. O decir el que pierda paga unos pinchos, o que traiga un poco de sushi. Todo eso aquí es muy complicado. Vienen a entrenar y rápido para casa. Parece que tienen el fútbol lo tiene como hobby.

¿Le ha repercutido la ‘España-manía? Torres, Villa, Iniesta…

No, es algo que yo, personalmente, no he notado. En Fukuoka el primer deporte es el béisbol y el equipo de la ciudad lleva tres años ganando la liga. Aquí el fútbol es secundario. Es muy raro que me paren por la calle, entre eso y que respetan muchísimo el espacio personal… Hay jugadores a los que sí les llama la atención que sea español. Me preguntan si conozco a este o al otro, pero no me han tratado diferente.

Periodista. Dirijo Migrantes del Balón y colaboro en Diario AS. Me gusta el fútbol pero, como dijo Di Stefano, "un 0-0 es como un domingo sin sol". Vamos, una basura. Te leo personalmente en martin@migrantesdelbalon.com

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