Españoles por el mundo
Serantes: «Necesitaba irme bastante lejos y hacer borrón y cuenta nueva»
Fue el portero del histórico ascenso del Leganés en Primera pero, ya en la élite, se quedó sin sitio y tuvo que buscar una salida que encontró a más de 10.000 kilómetros de casa. Jon Ander Serantes (Barakaldo, 1989) firmó en enero por el Avispa Fukuoka, de Segunda División japonesa, donde ha vuelto a disfrutar del fútbol y sentirse importante. “He encontrado lo que buscaba. Si lo hubiese soñado habría sido así”, confiesa.
¿Cómo ha ido la temporada?
Perfectamente. Necesitaba salir del Leganés y, tanto deportiva como personalmente, estoy muy contento con haber acabado en Fukuoka. Estoy disfrutando mucho de esta experiencia y de poder conocer un país como Japón. Me está sirviendo también para madurar, que a pesar de tener 30 años aún me quedaba un poco.
Colectivamente no se ha podido luchar por el ascenso, pero personalmente está siendo una temporada fantástica…
La verdad es que sí. Hace unos meses me hice famoso y todo con una parada que hice ante el Ehime. Cuando colectivamente las cosas no van bien te llegan muchas veces y tienes más oportunidades de parar, de que se te vea. Pero eso es un mal síntoma. Ojalá la temporada que viene se me vea menos y ganemos más. Aunque sea 1-0.
En Fukuoka se comenta que sin sus paradas el equipo habría sufrido para salvarse.
No lo sé. Es cierto es que noto mucho el cariño de los aficionados. Todos los años eligen a su jugador preferido y esta temporada me han escogido a mi por delante de Hirashi Jogo, que lleva en el club 15 años y más de 400 partidos. Es un ídolo, por eso no me lo esperaba. Los compañeros se quedaron sorprendidos. Decían: ‘Si te han elegido por delante de Jogo es que te quieren muchísimo’.
¿Es difícil ser portero en el extranjero?
Más que si eres jugador de campo. En la posición del portero se magnifica todo. Estando fuera de casa necesitas un poco de cariño y aquí es difícil recibirlo, aunque juegues y entrenes bien. Los compañeros tienden a ser cerrados, más aún con los jugadores extranjeros. Pero es lo que tiene la diferencia cultural y el idioma. En el vestuario son muy diferentes a nosotros.
«En Japón, después de un partido, el vestuario está igual si pierdes o ganas. No hay ruido ni música. La gente se ducha, se cambia y se va al autobús en silencio»
¿Se le pide más por el hecho de ser extranjero?
Sí, es algo que te hacen ver desde el primer día, que tu eres extranjero y por eso tienes que aportar más. Y siendo portero es más difícil. Lo dijo Torres: individualmente son muy buenos, pero colectivamente es donde más se nota la diferencia respecto a Europa. Y al ser tan fríos y tan respetuosos es complicado crear grupo y tener la confianza para corregirnos los unos a los otros en el campo. En el vestuario, por ejemplo, no hay ruido, no hay charlas. Así no se crea confianza.
Entonces lo de celebrar las victorias con música en el vestuario allí no se lleva.
Nada, nada. De eso nada. El primer día que ganamos lo hicimos fuera de casa y en un estadio importante, el del Albirex Niigata. Después del partido entré al vestuario eufórico. Había un entrenador italiano y él también estaba contento. Los dos nos alegramos mucho. De repente la gente nos empezó a mirar, como extrañándose porque lo estábamos celebrando. En Japón, después de un partido, el vestuario está igual tanto si pierdes como si ganas. No hay ruido ni música. La gente se ducha, se cambia y se va al autobús en silencio.
¿Cómo lleva el japonés?
Poco a poco. Controlo lo básico para el fútbol. Las palabras que más usaba traté de traerlas aprendidas desde España. Fue todo bastante rápido y tuve poco tiempo. Pero estoy estudiando japonés, aunque al principio todo es muy difícil. Hay cosas muy intuitivas, pero mantener una conversación es casi imposible. Te da para ir a comer con algún compañero o hablar un poco de fútbol. Entenderse del todo es más complicado. Leer el kanji pues imagínate. Imposible.
¿Está disfrutando de la experiencia?
Muchísimo. Se me ha pasado rapidísimo la temporada. Y eso que ya venía de medio año en el Leganés. Llevo casi un año y medio sin parar, pero está yendo muy bien. Es algo que necesitaba, irme bastante lejos, hacer borrón y cuenta nueva. Estaba en Madrid, muy cerquita de casa, pero me hacía falta una experiencia así. Tengo otro año de contrato y lo cumpliré encantado. Y si puedo estar más mejor.
«Me siento muy valorado y me gustaría devolver el cariño que me están dando con algún éxito deportivo»
¿Ha encontrado lo que buscaba?
Totalmente. Si lo hubiese soñado habría sido así. Después de mucho tiempo sin jugar en el Leganés, de sentir que no cuentas en el equipo, la cabeza te da mil vueltas y acabas sin sumar nada. Lo ves todo negativo. Piensas: ‘Hace dos días era importante, me sentía súper valorado y ahora me están apartando’. No llegaba a entender el motivo y es difícil soportar esos momentos. Por eso decidí irme a Japón, comprendí que era una oportunidad que podría ser única y mira, de momento no me planteo volver a España. Me siento muy valorado y me gustaría devolver el cariño que me están dando con algún éxito deportivo.
Estará disfrutando de la gastronomía…
Una locura, de verdad. Cuando me vine aquí los amigos que no han tenido la suerte de venir a Japón decían: ‘Allí está todo buenísimo’. Y qué razón tenían. Es la mayor sorpresa que me he llevado. Se come espectacular. Tienen mucha cultura de comer fuera de casa y en cualquier sitio puedes comer muy bien y encima barato, por siete u ocho euros. Y es que está todo buenísimo. Pero todo. He descubierto el ramen, que está delicioso.
¿Qué tal la ciudad de Fukuoka?
La ciudad está genial. Tiene casi dos millones de habitantes y tiene de todo lo que te puedas imaginar. Pero yo vivo algo apartado, donde está la ciudad deportiva. Mucho mejor porque a mi me gusta vivir cercad de donde entreno. Estoy a tres minutos de la ciudad deportiva en coche, en un barrio muy familiar. Y el centro lo tengo a 20 minutos en coche, que te acercas en un momento.
🎥 ¡Pero qué bueno eres, @JASerantes!
Bienvenidos al show de Jon Ander. Avispa Fukuoka tiene un muro infranqueable en la portería. ⛔️ pic.twitter.com/RKE69RDtZU
— Migrantes del Balón (@migrantesbalon) November 9, 2019
¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?
De aquí me ha sorprendido todo el merchandasing que hay. Sin exagerar, he visto 100 productos con mi cara en la tienda del club. Salgo en bolis, llaveros, calendarios, bufandas, toallas… Todo lo que se te pueda ocurrir lo tienen con mi cara. Y sobre todo el respeto que hay a la afición. Hubo un derbi que, al llegar al estadio, había unas 500 personas del equipo contrario esperando al autobús. Pensé: ‘Parece que va a haber un poquito de tensión’. Pero conforme pasamos se pusieron a aplaudirnos y saludarnos amablemente. Vaya diferencia con los derbis de España… Otra de las cosas que me ha llamado la atención es que, cuando sales al campo, tienes que hacer una reverencia tanto a tu afición como a la del rival como muestra de respeto. Está genial. El futbol aquí se vive muy sanamente.
Allí entonces hay pocos piques, ¿lo echa de menos?
Sí, es lo que más echo de menos de España. El pique sano, porque hasta entrenando se nota. En los partidillos echo de menos que haya piques con el equipo rival, o eso que esta de moda ahora de acabar y hacerse una foto el equipo ganador. O decir el que pierda paga unos pinchos, o que traiga un poco de sushi. Todo eso aquí es muy complicado. Vienen a entrenar y rápido para casa. Parece que tienen el fútbol lo tiene como hobby.
¿Le ha repercutido la ‘España-manía? Torres, Villa, Iniesta…
No, es algo que yo, personalmente, no he notado. En Fukuoka el primer deporte es el béisbol y el equipo de la ciudad lleva tres años ganando la liga. Aquí el fútbol es secundario. Es muy raro que me paren por la calle, entre eso y que respetan muchísimo el espacio personal… Hay jugadores a los que sí les llama la atención que sea español. Me preguntan si conozco a este o al otro, pero no me han tratado diferente.
Españoles por el mundo
Bulgaria. Julio Velázquez, el campeón que rompió el dominio del Ludogorets… y ahora también un banquillo
Julio Velázquez ha comenzado la defensa del título con ocho victorias y un empate. El Levski estuvo a una eliminatoria de la Champions, compite en Europa League y el técnico español ha vuelto a ser protagonista también por su temperamento.
Durante 88 minutos, Julio Velázquez había visto casi todo lo que menos le gusta.
Un campo incómodo. Un rival defendiendo bajo. Su Levski acumulando posesión sin encontrar el gol. Y, por primera vez en nueve jornadas, la posibilidad real de dejar puntos por el camino en la Liga búlgara.
Entonces ocurrió algo peor.
Minuto 89 en Vratsa. El Botev encontró una transición y llegó con peligro al área de Svetoslav Vutsov. La jugada no terminó en gol, pero Velázquez perdió los nervios.
Se giró hacia el banquillo visitante y golpeó con el puño uno de los cristales laterales hasta hacerlo añicos.
Las imágenes recorrieron rápidamente el fútbol búlgaro. Topsport describió cómo el panel se desintegró por la fuerza del golpe; el entrenador tuvo que ser atendido y su comparecencia posterior se retrasó mientras le vendaban la mano. No sufrió lesiones importantes.
Tres días después llegó la sanción.
210 euros de multa. Ningún partido de suspensión. Además, la Federación búlgara obligó al Levski a hacerse cargo de los daños ocasionados en el estadio del Botev Vratsa.
Resulta tentador convertir la escena en una anécdota sobre el temperamento de un entrenador español en Europa del Este.
Pero hacerlo sería perderse la historia importante.
Porque aquel empate fue noticia precisamente porque el Levski llevaba ocho victorias consecutivas.
El primer tropiezo después de ocho victorias
El 0-0 ante el Botev Vratsa fue el primer partido de Liga que el Levski de Velázquez no ganó esta temporada.
Después de nueve encuentros, el vigente campeón presenta un balance de ocho victorias, un empate y ninguna derrota, con 21 goles marcados y solo cuatro encajados. Son 25 puntos de 27 posibles y el liderato del campeonato.
En casa el dominio ha sido todavía más acusado: cinco partidos, cinco victorias y un balance de 14-1.
Entre medias hubo resultados suficientemente contundentes como para descartar que todo responda simplemente a una sucesión de victorias ajustadas. El ejemplo más evidente fue el 6-0 ante el Spartak Varna, después del cual Velázquez destacó no tanto el marcador como la capacidad de su equipo para mantener intensidad y concentración durante todo el encuentro.
La paradoja es interesante.
El partido en el que Velázquez terminó rompiendo un cristal no se produjo durante una crisis, sino durante el mejor inicio liguero del país.
La exigencia ha cambiado.
Y para entender hasta qué punto lo ha hecho hay que regresar unos meses.
Lo que parecía imposible: acabar con el Ludogorets
Cuando Julio Velázquez llegó a Sofía en enero de 2025, el Levski llevaba demasiado tiempo viviendo de su historia.
El club que había dominado Bulgaria durante distintas épocas no ganaba la Liga desde 2009.
Y había surgido un enemigo todavía más difícil de desplazar.
El Ludogorets había conquistado 14 campeonatos consecutivos.
Catorce.
Desde 2012 nadie había conseguido derribarlo.
Velázquez lo hizo.
En mayo, el Levski se proclamó campeón de Bulgaria y puso fin tanto a 17 años sin conquistar su propia Liga como a la hegemonía más larga del fútbol búlgaro moderno. Lo logró, además, asegurando matemáticamente el título antes de la última jornada.
No fue simplemente un título.
Fue un cambio de orden.
Velázquez había llegado al Levski después de una carrera marcada por contextos muy diferentes —Villarreal, Betis, Alcorcón, Udinese, Vitória Setúbal, Marítimo, Alavés, Fortuna Sittard o Zaragoza— y encontró en Bulgaria algo que rara vez había tenido: tiempo suficiente para construir un equipo desde una idea.
Él mismo explicó después de proclamarse campeón que “construir una identidad” acerca a los buenos resultados.
Esa palabra, identidad, aparece constantemente cuando habla de su Levski.
Y ayuda a explicar el siguiente paso.
El Levski que quiere tener la pelota
Reducir el éxito de Velázquez a haber organizado mejor al campeón sería quedarse corto.
Su Levski pretende mandar.
El equipo quiere iniciar desde atrás, acumular futbolistas por dentro, mover al rival antes de atacar el espacio y defender hacia delante siempre que el contexto lo permite.
La prensa búlgara ha dedicado mucho espacio a analizarlo.
Después del 4-0 al Borac Banja Luka en la previa de Champions, Sportal publicó un análisis bajo un titular muy gráfico: “El Levski juega como España”.
La comparación no debe entenderse literalmente como una equiparación de calidad, sino como una referencia al modelo: superioridades interiores, paciencia con balón y ocupación racional de espacios.
Eso se vio todavía mejor ante el Kairat.
En el análisis táctico de Sportal, Nico Petrov explicó cómo Velázquez buscó generar una superioridad de cuatro contra dos en el centro del campo. Si Kairat mantenía a sus centrocampistas, Levski tenía hombres libres por dentro; si adelantaba un defensor para compensar, se liberaba espacio detrás de la línea.
Eso es lo que define mejor al Levski actual.
No la posesión por la posesión.
Manipular al rival para decidir dónde aparece el espacio.
El resultado fue otra pequeña hazaña.
Ocho partidos para quedarse a 90 minutos de la Champions
El título de Liga metió al Levski en la fase previa de la Champions.
Y el verano terminó convirtiéndose en una carrera de obstáculos.
Primero apareció el Borac Banja Luka: 1-1 en Bosnia y 4-0 en Sofía.
Después, Universitatea Craiova: victoria 1-0 en Bulgaria y empate 2-2 en Rumanía. Global de 3-2.
En tercera ronda esperaba el Kairat Almaty.
Levski ganó 1-0 en Sofía.
Y volvió a ganar 0-1 en Kazajistán.
Dos partidos. Dos porterías a cero. Un 2-0 global que colocó al campeón búlgaro en el playoff definitivo de la Champions League.
El premio estaba a una eliminatoria.
AEK Atenas.
El Levski no disputaba la fase principal de la Champions desde 2006/07.
Veinte años después, volvió a estar a un paso.
El partido que mostró las dos caras del proyecto
La ida ante AEK terminó 0-0 en Sofía.
Y aquel partido probablemente represente mejor que ningún otro hasta dónde ha llegado el equipo de Velázquez.
El Levski no se limitó a sobrevivir.
Intentó mantener su estilo.
El propio técnico explicó después que una de las prioridades había sido conservar su identidad independientemente del rival: ser proactivo con balón y sin él, ocupar los espacios de la misma forma y adaptar únicamente los detalles.
UEFA describió una eliminatoria igualada en la ida, con ocasiones de ambos lados y todo abierto para Atenas.
La vuelta fue otra historia.
AEK 4-0 Levski.
Champions terminada.
Y ahí apareció también la crítica más interesante de la prensa búlgara hacia Velázquez.
Nico Petrov, el mismo analista que había elogiado el plan ante Kairat, consideró que en Atenas el español había aceptado demasiado pronto el papel de equipo inferior. Levski entregó al AEK balón, territorio y ritmo y terminó defendiendo de una manera muy distinta a la que le había llevado hasta allí.
Es una crítica particularmente relevante porque toca el corazón del proyecto.
El Levski había llegado al playoff europeo construyendo una identidad.
Y cayó cuando se alejó de ella.
Velázquez tampoco buscó excusas.
Después del 4-0 admitió que AEK había sido “simplemente mejor” de principio a fin.
La Champions desaparecía.
Pero el recorrido tenía una red de seguridad considerable.
El Levski estaba dentro de la fase liga de la Europa League.
17 partidos en 64 días
Ahí aparece otro elemento que ayuda a explicar este comienzo de temporada.
El Levski prácticamente no ha parado.
A principios de septiembre había disputado 17 partidos en 64 días entre Liga, ocho encuentros de clasificación europea y la Supercopa. La carga llevó incluso al club a solicitar el aplazamiento del duelo liguero ante el Ludogorets previsto para este fin de semana, aprovechando la normativa destinada a los participantes en competiciones europeas.
Y en mitad de esa acumulación apareció la primera grieta seria.
La Supercopa.
Levski llegó al descanso ganando 1-0 al CSKA.
Terminó perdiendo 2-4.
CSKA marcó sus cuatro goles después del descanso.
Velázquez asumió inmediatamente la responsabilidad: “En la segunda parte la responsabilidad es mía”.
También describió aquellos 45 minutos como un rendimiento inaceptable y pidió disculpas a la afición.
Tres días después volvió sobre el asunto.
Y dejó una frase que explica bastante bien cómo intenta gestionar ahora a un equipo que ya no juega como aspirante, sino como campeón: “45 minutos no van a destruir todo lo que estamos construyendo”.
Del 4-2 al cristal roto
La secuencia ayuda a entender la escena de Vratsa.
Primero, una segunda parte terrible contra el gran rival y una Supercopa perdida.
Después, el Botev cerrando espacios mientras Levski perseguía su novena victoria consecutiva en Liga.
Minuto 89.
Ocasión local.
Puñetazo.
Cristal roto.
Cuando terminó el encuentro, Velázquez explicó que su equipo había tenido más balón pero había encontrado dificultades para jugar en un césped en mal estado. No quiso utilizarlo como justificación y reconoció que habían faltado centros, remates y precisión en los últimos metros.
La reacción física fue indefendible.
La sanción llegó.
Pero deportivamente el empate apenas altera la fotografía.
25 puntos de 27. 21 goles a favor. Cuatro en contra. Líder e invicto.
Y entonces apareció el Salzburgo
Cuatro días después del incidente, el Levski volvió a Europa.
Esta vez ya no en una previa.
En la Europa League propiamente dicha.
El rival tampoco era menor: Red Bull Salzburg.
Levski perdió 0-1.
Pero esta derrota tuvo una lectura completamente distinta a la de Atenas.
Velázquez calificó el encuentro como uno de los mejores partidos del Levski desde su llegada y sostuvo que el equipo había igualado la intensidad de un adversario acostumbrado a competir a alto nivel europeo.
El resultado era malo.
La actuación, para él, confirmaba el camino.
Y quizá esa sea la diferencia fundamental respecto al Levski que heredó en enero de 2025.
El club ya no mide únicamente el éxito por ganar partidos en Bulgaria.
Ahora compara su fútbol con el de Salzburgo, AEK o los rivales que se encontrará durante los próximos meses en Europa League.
Y el calendario ofrece otra medida de la nueva dimensión del proyecto: después de Salzburg llegarán NEC, Viktoria Plzeň, Jagiellonia, Olympique de Marsella, Lillestrøm, Milan y Sunderland.
La cuestión ya no es si Velázquez podía ganar
Eso ya está resuelto.
Julio Velázquez llegó a Bulgaria con una trayectoria amplia pero sin un título que definiera su carrera.
En poco más de un año acabó con 14 campeonatos consecutivos del Ludogorets, devolvió al Levski una Liga que no ganaba desde 2009 y llevó al club hasta el último playoff de acceso a la Champions.
La pregunta ahora es otra.
¿Qué ocurre después de la gesta?
Ahí suele estar la parte difícil.
Un equipo que sorprende puede competir desde la emoción. Un campeón tiene que convivir con la obligación.
Los rivales esperan más atrás.
El margen para fallar disminuye.
Un 0-0 después de ocho victorias parece un problema.
Y un entrenador puede acabar descargando toda esa tensión sobre el cristal de un banquillo.
Pero, separado el ruido de la imagen, los primeros meses de esta segunda temporada completa de Velázquez dicen bastante más.
El Levski sigue siendo líder.
Sigue invicto en Liga.
Ha pasado tres eliminatorias de Champions.
Está jugando Europa League.
Y la prensa búlgara ya no analiza al entrenador español como una curiosidad extranjera, sino que discute sus estructuras en salida de balón, sus superioridades en el centro del campo o si se aleja demasiado de su identidad cuando siente inferioridad ante rivales europeos.
Ese probablemente sea el mayor cambio de todos.
Hace menos de dos años, Julio Velázquez llegó a Sofía prometiendo que no estaba allí “de paseo”, sino para desarrollar al Levski.
Ahora el debate ya no gira alrededor de si podía hacerlo.
Gira alrededor de hasta dónde puede llevarlo.
Y quizá por eso dolió tanto aquel empate en Vratsa.
Hasta el punto de que el primero que no resistió la presión fue el cristal
Españoles por el mundo
Francia. Ferran también conquista el Clásico: siete goles en seis partidos con el PSG
Ferran Torres volvió a marcar con el PSG. El español salió desde el banquillo, necesitó siete minutos para marcar ante el Marsella y terminó como MVP de Le Classique.
Otra vez Ferran Torres.
Una semana después de decidir el partido ante el Brest y apenas once días después de firmar un hat-trick en su estreno en Champions League, el delantero español ha añadido a su espectacular comienzo en París uno de los escenarios que todavía le faltaban.
Le Classique.
Olympique de Marsella-Paris Saint-Germain. Vélodrome. Uno de los partidos que marcan una temporada en Francia.
Y Ferran empezó en el banquillo.
Luis Enrique prefirió arrancar el encuentro con Désiré Doué, Ousmane Dembélé y Khvicha Kvaratskhelia en ataque. Una decisión especialmente llamativa teniendo en cuenta que el español llegaba al encuentro después de marcar cuatro goles en sus dos partidos anteriores.
Necesitó siete minutos para volver a hacerse notar.
Siete minutos para marcar en el Vélodrome
Ferran sustituyó a Kvaratskhelia en el minuto 59.
En el 66 ya estaba celebrando.
Désiré Doué recibió abierto por la derecha y puso un centro al área. Ferran atacó el espacio entre los defensores y conectó un potente cabezazo que terminó en la escuadra de Jeffrey de Lange.
0-1.
La prensa francesa reparó inmediatamente en el detalle: habían pasado solo siete minutos desde su entrada al campo. Le Parisien destacó que el español había vuelto a resultar decisivo nada más salir desde el banquillo y lo definió como uno de los grandes nombres del inicio de temporada parisino.
El partido, sin embargo, todavía tenía recorrido.
Angel Gomes empató en el minuto 72 y, apenas dos minutos más tarde, Marquinhos apareció dentro del área para hacer el 1-2 definitivo.
El PSG se llevó el Clásico.
Y Ferran terminó siendo elegido MVP del encuentro.
Siete goles en seis partidos
Su comienzo en Francia empieza a adquirir dimensiones difíciles de ignorar.
Ferran Torres suma ya siete goles en sus primeros seis partidos oficiales con el Paris Saint-Germain.
La secuencia habla por sí sola.
Debutó en Ligue 1 frente al Rennes saliendo desde el banquillo y marcó dos tantos para rescatar al PSG.
Después llegaron dos partidos sin marcar ante Lille y Mónaco.
Y entonces comenzó la explosión.
Tres goles contra el Slovan Bratislava en Champions League.
Gol ante el Brest en Ligue 1.
Gol ante el Olympique de Marsella en Le Classique.
Siete tantos.
Seis partidos.
Y únicamente 291 minutos disputados, según destacó Le Monde después del encuentro del Vélodrome.
En Migrantes del Balón ya contamos su primera gran noche europea, cuando Ferran firmó un hat-trick en Champions y confirmó su impacto inmediato en el PSG.
Pocos días después hubo que volver a hablar de él: cuatro goles y dos MVP en apenas cinco días.
Ahora la racha ya tiene un capítulo más.
Tres partidos consecutivos marcando
Lo especialmente significativo es que los goles están llegando en contextos completamente diferentes.
Ante el Slovan Bratislava fue titular, marcó un hat-trick y participó en una goleada por 6-1.
Frente al Brest apareció para decidir un encuentro mucho más cerrado.
Y contra el Marsella ni siquiera necesitó empezar.
Entró desde el banquillo y cambió el partido.
La prensa francesa empieza precisamente a destacar esa capacidad para aparecer con muy poco.
Le Parisien habla ya de Ferran como uno de los hombres fuertes del comienzo de temporada del PSG, mientras que Le Monde subrayó sus siete goles y el poco tiempo que ha necesitado para conseguirlos.
La sensación empieza a cambiar.
Ferran ya no es únicamente un fichaje que ha arrancado bien.
Está empezando a convertirse en uno de los recursos ofensivos más fiables de Luis Enrique.
“Quizá mi integración esté yendo más rápido de lo previsto”
El propio futbolista ya había mostrado su sorpresa por la rapidez con la que estaba encajando en París.
Después del hat-trick en Champions habló de una “noche de ensueño” y reconoció que su adaptación estaba siendo incluso mejor de lo esperado: “Quizá mi integración esté yendo más rápido de lo previsto”.
También explicó entonces que se estaba sintiendo especialmente cómodo por cómo le habían recibido sus compañeros y el club.
No parece casualidad.
Ferran ya reconoció durante su presentación que Luis Enrique había tenido un peso enorme en su decisión de aceptar la propuesta del PSG.
“Luis Enrique ha sido como un padre para mí”
Cuando fichó por el Paris Saint-Germain este verano, Ferran utilizó una expresión especialmente significativa para describir al entrenador asturiano: “Para mí, Luis Enrique ha sido como un padre en el mundo del fútbol”.
El delantero explicó que el técnico siempre había confiado en él durante su etapa en la Selección incluso en momentos en los que él mismo podía tener dudas y destacó especialmente su capacidad para sacar el máximo rendimiento de los futbolistas.
Ese reencuentro en París parece estar funcionando desde el primer mes.
El PSG apostó fuerte por él este verano y Ferran ha respondido marcando desde prácticamente el primer día.
Incluso cuando empieza en el banquillo
El Clásico ha dejado además una imagen interesante para el futuro.
Ferran llegaba después de marcar cuatro goles en sus dos partidos anteriores.
Aun así, Luis Enrique lo dejó inicialmente fuera del once.
No necesitó demasiado para responder.
Minuto 59: entra al campo.
Minuto 66: gol.
Final del encuentro: MVP.
La competencia ofensiva del PSG es enorme. Dembélé, Kvaratskhelia, Doué y el propio Ferran ofrecen a Luis Enrique múltiples soluciones.
Pero al español empieza a resultarle difícil hacer más méritos.
Primero fueron dos goles en su debut.
Después un hat-trick en Champions.
Luego volvió a marcar en Ligue 1.
Ahora lo ha hecho en el Vélodrome y en el partido más simbólico del fútbol francés.
Siete goles en seis partidos.
Hace apenas unas semanas Ferran Torres decía que había llegado a París para dar alegrías a los aficionados del PSG.
Por ahora está cumpliendo bastante rápido.
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