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Fútbol Ecuador

Miguel Ramírez, de no querer ser entrenador a luchar por la Sudamericana

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El técnico grancanario dirigirá este sábado a Independiente del Valle en la final de la Copa Sudamericana. Nunca quiso entrenar en la élite, aunque confiesa estar disfrutando de la experiencia.

Ramírez, durante un partido de IDV | Twitter

La historia de éxito de Miguel Ángel Ramírez (Las Palmas, 1984) en Ecuador no se entendería sin las muchas casualidades que le llevaron a ocupar el banquillo de Independiente del Valle el pasado mes de mayo. El grancanario nunca quiso ser entrenador. Y mucho menos en la élite. Comenzó a relacionarse con los banquillos cuando, siendo aún muy joven, un amigo le pidió que le echara un cable con sus juveniles. Casi sin darse cuenta ya estaba dirigiendo en la cantera de la UD Las Palmas, donde pasó nueve años antes de percatarse de la atracción que sentía por vivir el fútbol desde la banda. «Trabajaba como profesor y mientras daba clase estaba pensando en el entrenamiento de por la tarde», cuenta a MDB desde Asunción, donde se encuentra concentrado para disputar el próximo sábado la final de la Copa Sudamericana frente a los argentinos de Colón.

Ramírez enfocó su formación al fútbol. Pasó por Madrid, donde hizo dos másters -uno en dirección deportiva y otro en coaching deportivo- antes de marcharse de Erasmus a Grecia, donde conoció personalmente a Manolo Jiménez y Ernesto Valverde, que dirigían a AEK y Olympiacos respectivamente. Volvió a España para doctorarse y se incorporó a la cantera del Deportivo Alavés, pero una llamada de Roberto Olabe dio un giro de 180º a sus planes: «Estaba buscando entrenadores para la Aspire Academy de Catar. Conocía el proyecto y me pareció una oferta irrechazable. El doctorado ya me daba igual», recuerda. Tras seis años en Catar, en los que, entre otras cosas, dirigió a las selecciones sub-14 y sub-19, Miguel Ramírez puso fin a su aventura asiática e Independiente del Valle se cruzó en su camino: «Olabe había estado allí como director de estrategia deportiva, pero se marchó a la Real Sociedad. Estaban buscando a alguien que se encargara del fútbol base, algo que yo no había hecho nunca. Me gustó la idea y acabó siendo una experiencia inolvidable», rememora.

En abril de este mismo año, tras 11 meses en el cargo, Miguel Ramírez cruzó el charco junto al equipo sub-18 de Independiente del Valle, invitado por la Real Sociedad para jugar un torneo de Semana Santa en España. Fue allí, cerca de su antigua casa, donde se enteró de la marcha de Ismael Rescalvo a Emelec. El banquillo del primer equipo quedó vacante y gran parte de la directiva apostó por él como nuevo técnico. «No tenía planeado acabar en el fútbol profesional porque a mí lo que me gusta es la formación. Empecé a sondear a otros entrenadores, pero querían que fuera yo quien asumiera el cargo. Con el tiempo comprendí que estaba ante una gran oportunidad. Acepté, formé mi cuerpo técnico y terminé con mis funciones en el fútbol base», cuenta.

A pesar de estar «disfrutando de la experiencia», Miguel Ramírez confiesa que «no tendría ningún problema en regresar al fútbol base mañana mismo». El español comanda los éxitos de la primera plantilla de Independiente del Valle, pero eso no le ha impedido seguir prestando atención a todos los jugadores de la cantera. «Tengo que cruzar la ciudad deportiva para llegar desde el entrenamiento a mi oficina y normalmente tardo más de media hora. Me cruzo con jugadores de 12 o 16 años y me paran para contarme sus problemas. Tenemos chicos con situaciones familiares muy duras. Pobreza, violencia… Y los lazos que hice con ellos mientras estuve en la cantera siguen presentes. Para ellos no soy el entrenador del primer equipo, soy Miguel», detalla el español.

Una final inesperada

Tras tan solo seis meses en el banquillo de Independiente del Valle, Miguel Ramírez tendrá la oportunidad de grabar su nombre en la historia del fútbol ecuatoriano. El grancanario dirigirá a los rayados en la que será su segunda ‘batalla’ continental -ya disputaron la final de la Copa Libertadores en 2016-. «Si no quería entrenar era, entre otras cosas, porque no me sentía preparado. Pero conforme han ido pasando las semanas me he dado cuenta de que sí que lo estoy. Pero para afrontar lo que sea y donde sea», desvela Ramírez, quien prefiere no pensar dónde le ha llevado su primera experiencia en un banquillo de Primera División: «Hemos jugado en los estadios de Universidad Católica, Independiente, Corinthians… Y ahora podemos ganar un título continental. No me lo creo, ¡es el partido más importante de mi vida! Está siendo una experiencia de mucho crecimiento para mí. Disfruto mucho del día a día con los jugadores», añade el canario, en cuyo cuerpo técnico figuran los también españoles Felipe Sánchez (asistente) y Fran Trujillo (preparador físico).

Independiente del Valle basa sus éxitos en el juego de posición. Aunque el esquema puede variar según las circunstancias, Miguel Ángel Ramírez emplea un 4-3-3 en el que resulta fundamental que tanto el portero como los dos centrales dominen el juego con los pies. Con dos interiores de mucho recorrido y un ‘5’ muy posicional. La amplitud la dan los extremos, porque tanto los laterales como los interiores suelen acabar las jugadas por dentro, para aportar juego interior y profundidad. Defensivamente, el cuadro negriazul destaca por su presión en campo contrario. «Buscamos estimular a los futbolistas para debatir: cómo atacar, cómo defender, que pregunten por qué hacemos las cosas así… Queremos construir nuestro estilo juntos, que no se trate de una imposición. La relación con la plantilla es muy buena», descubre el entrenador español.

Ante Colón, en el estadio General Pablo Rojas de Asunción -será la primera final de la Sudamericana a partido único-, Miguel Ángel Ramírez no variará ni un ápice del plan que ha seguido durante el resto de los encuentros de esta temporada. «Confiamos en que si hacemos las cosas como sabemos hacerlas se lo vamos a poner muy difícil. Es a partido único, que cualquier detalle te puede penalizar, pero no pensamos que esto sea algo que nos pueda perjudicar. Espero que podamos hacer nuestro juego. Es una oportunidad para que el mundo nos vea y se sepa qué somos capaces de hacer«, analiza el español, quien ha llevado hasta Asunción una camiseta de Mauricio Quiñónez, uno de sus pupilos en la cantera tristemente fallecido el pasado mes de mayo: «Lo tengo muy presente siempre. Quiero que sea participe de esto, que este presente», sentencia el español horas antes del partido más importante de su vida.

Periodista. Dirijo Migrantes del Balón y colaboro en Diario AS. Me gusta el fútbol pero, como dijo Di Stefano, "un 0-0 es como un domingo sin sol". Vamos, una basura. Te leo personalmente en martin@migrantesdelbalon.com

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