Españoles por el mundo
Inglaterra. Arbeloa respira: de 3 derrotas a competir contra Liverpool y United
Álvaro Arbeloa llega al parón sin ganar en la Premier League, pero con mucho más oxígeno. El Fulham ha empatado ante el Liverpool y el Manchester United después de tres derrotas iniciales y empieza a corregir sus problemas defensivos.
Matheus Cunha estaba a punto de dejar a Álvaro Arbeloa una fotografía mucho más cómoda con la que convivir durante las próximas tres semanas. En el minuto 89 de Craven Cottage, el Fulham ganaba 1-0 al Manchester United y estaba a segundos de encadenar un empate en Anfield, una victoria en Copa y su primer triunfo liguero. Entonces llegó el disparo del brasileño, el balón tocó en David Affengruber y terminó dentro: 1-1.
Arbeloa se marchó enfadado con el arbitraje y convencido de que su equipo había merecido más, pero probablemente salió también con algo bastante más importante que dos puntos después de cinco jornadas: tiempo. El Fulham llega al primer gran parón internacional de la temporada sin ganar en la Premier League y en puestos de descenso, aunque ya no se parece demasiado al equipo que diez días atrás parecía caminar hacia una crisis prematura.
Diez días antes, el contexto era completamente diferente
El 5 de septiembre, el Crystal Palace salió de Craven Cottage con un 2-3. El Fulham había tenido mucho balón, había rematado más que su rival y había marcado dos goles, pero también había perdido por tercera vez consecutiva. El Chelsea había ganado allí 2-3 en la primera jornada y después llegó el 1-0 en Sunderland: tres derrotas en tres partidos y siete goles encajados.
El problema no era únicamente la clasificación, sino la sensación de que Arbeloa había acelerado demasiado la transformación. La prensa inglesa empezó a hablar de un proyecto que trataba de cambiar demasiadas cosas demasiado pronto: una presión más agresiva, una defensa adelantada, más riesgos en la salida de balón y una renovación profunda de la plantilla. El resultado era un Fulham atractivo en algunos tramos, pero demasiado expuesto cada vez que perdía la pelota.
También apareció ruido alrededor del vestuario. Algunos futbolistas mostraron su malestar por la falta de minutos en las redes sociales y Arbeloa negó que existiera una ruptura interna, aunque reconoció algo evidente: quien no juega no puede estar satisfecho. Y entonces el calendario ofrecía una perspectiva poco tranquilizadora: el Liverpool fuera y el Manchester United en casa.
Anfield cambió la conversación
El primer cambio llegó en Liverpool, no porque el Fulham ganara ni porque dominara, sino porque dejó de parecer vulnerable. El 0-0 de Anfield fue el primer punto de Arbeloa en la Premier League y probablemente su actuación más madura desde que llegó a Inglaterra: el equipo protegió mejor la espalda de su defensa, concedió menos transiciones y encontró momentos para salir con cierta limpieza desde atrás.
La diferencia respecto al partido anterior fue evidente. Después del desastre defensivo frente al Palace, Arbeloa había insistido en que su equipo sabía qué estaba haciendo mal. En Anfield empezó a demostrarlo. No parece que haya renunciado a su idea, sino que ha empezado a poner límites a sus riesgos.
Menos dogma, más protección
El gran problema de las primeras jornadas no era que el Fulham quisiera atacar, sino que cada pérdida podía convertirse en una carrera de 40 metros hacia su propia portería. La llegada de David Affengruber en el cierre del mercado ha aportado piernas y capacidad para defender espacios. Contra el Liverpool formó una estructura más sólida junto a Calvin Bassey y Arbeloa mantuvo ese enfoque ante el Manchester United.
La modificación también afecta al centro del campo. Frente al United, Shea Charles y Sander Berge ofrecieron una pareja mucho más física y protectora. El Fulham no intentó monopolizar el balón, algo casi contradictorio con algunas de las ideas de sus primeras semanas, pero tampoco renunció a atacar: generó ocasiones suficientes para ganar y consiguió que el Manchester United tuviera que trabajar durante largos tramos sin encontrar espacios claros.
Hubo además un dato especialmente revelador: el Fulham corrió bastante más que su rival. No es una revolución táctica, pero sí una señal de que el equipo está empezando a entender qué necesita para competir mientras asimila todo lo demás.
La victoria que quedó a un minuto
El 1-1 ante el United puede verse desde dos perspectivas. La clasificación ofrece la más dura: el Fulham sigue sin ganar y solo ha sumado dos puntos en cinco jornadas. Pero el desarrollo del encuentro ofrece otra lectura, porque el equipo de Arbeloa controló el centro del campo durante fases importantes del partido y encontró varias situaciones claras para marcar.
Se adelantó en el minuto 63 y Gonzalo García, Oscar Bobb y Josh King dispusieron de oportunidades para ampliar la ventaja. Cunha empató en el 89 con ayuda de un desvío en Affengruber, dejando frustración, pero también una evidencia: por segunda jornada consecutiva, el Fulham había competido de tú a tú contra uno de los grandes.
Entre medias, la Copa también dio oxígeno
Entre el Liverpool y el United hubo además una victoria. El Fulham eliminó al West Ham por 2-3 en la Copa de la Liga en una actuación que tampoco fue especialmente sólida: Arbeloa cambió nueve jugadores, el West Ham empató dos veces y volvieron a aparecer problemas defensivos. Pero ganar era importante, sobre todo porque permitió confirmar otra de las ideas que explican su nombramiento: la apuesta por los jóvenes.
César Palacios marcó y asistió, Gonzalo García participó, Manuel Ángel debutó y Josh King volvió a tener protagonismo. El cambio de Marco Silva a Arbeloa no fue simplemente cambiar un entrenador por otro; el Fulham modificó también su plantilla. Llegaron varios futbolistas jóvenes, entre ellos Gonzalo García, César Palacios y Manuel Ángel desde el ecosistema del Real Madrid, mientras salían jugadores con mucha más experiencia.
El resultado es un equipo con más margen de crecimiento, pero también menos preparado para resolver partidos únicamente por oficio. La figura que mejor explica esa apuesta probablemente sea Josh King, que con 19 años está recibiendo una responsabilidad considerable en uno de los equipos más jóvenes de la competición.
¿Ha salvado Arbeloa la papeleta?
Sería demasiado pronto para decirlo. El Fulham sigue en la parte baja, no ha ganado ninguno de sus cinco partidos de Premier League y algunas de las fragilidades que aparecieron en agosto siguen existiendo. Pero su situación es bastante menos delicada que después del Crystal Palace: desde entonces ha empatado en Anfield, ha eliminado al West Ham y ha vuelto a puntuar ante el Manchester United.
Tres partidos sin perder y dos actuaciones ligueras mucho más convincentes no solucionan una temporada, pero sí compran tiempo para hacerlo. El siguiente paso será transformar esa mejoría en victorias.
El calendario que llega después del parón cambia todo
Después de comenzar contra el Chelsea, el Sunderland, el Palace, el Liverpool y el United, el calendario ofrecerá partidos en los que el Fulham ya no podrá conformarse con buenas sensaciones. Ahí estará la verdadera frontera entre una mala clasificación explicable por un inicio durísimo y una crisis real.
Arbeloa dijo después del empate con el United que las victorias llegarían. Los puntos ante el Liverpool y el Manchester United han rebajado la temperatura; ahora tendrá varias semanas para demostrar que no fueron simplemente dos buenas noches, sino el principio de algo.
Españoles por el mundo
Inglaterra. Chema Andrés ya manda en el Brighton: del Real Madrid al ‘Baby Rodri’ que tumbó al Arsenal
Chema Andrés ha irrumpido en la Premier League con el Brighton. El canterano del Real Madrid marcó ante el Arsenal en su primera titularidad liguera y en Inglaterra ya le comparan con Rodri.
Cuando Fabian Hürzeler decidió sustituir a Chema Andrés en el minuto 86 del Brighton-Arsenal, prácticamente todo el Amex se levantó. No era una despedida, sino el reconocimiento a su primera titularidad en la Premier League. Habían pasado apenas 18 días desde que el Brighton anunció su fichaje y Chema acababa de participar en una de las mejores actuaciones del club durante la etapa de Hürzeler.
El Brighton ganó 3-0 al Arsenal y el tercer gol llevó acento valenciano. En el minuto 57, Chema apareció en el segundo palo tras un córner, ganó el duelo aéreo y cabeceó a la portería de David Raya. Era su primer gol en Inglaterra, aunque limitar su partido a aquella acción sería quedarse con la fotografía y perderse casi todo lo demás.
El centrocampista había ayudado al Brighton a escapar de la presión del Arsenal y había sostenido una estructura que permitió a los de Hürzeler defender hacia delante durante buena parte del encuentro. El Arsenal llegó al Amex como uno de los equipos más fuertes del campeonato y se marchó con tres goles en contra. En mitad de todo aquello estaba un futbolista que tres semanas antes ni siquiera pertenecía al club.
Tres partidos para presentarse en Inglaterra
La adaptación ha sido extraordinariamente rápida. Chema llegó al Brighton el 1 de septiembre, último día del mercado, y su debut liguero se produjo contra el Coventry City en un 0-5 en el que dejó ya buenas sensaciones. Tres días después llegó su primera titularidad, en Old Trafford y en la Copa de la Liga, con otra victoria: 2-3.
Cuatro días después apareció el Arsenal. Primera titularidad en la Premier League, primer gol y ovación al abandonar el campo. La secuencia explica por qué la conversación alrededor del jugador ha crecido mucho más rápido de lo que suelen aconsejar tres partidos. Pero el Brighton no lo descubrió contra el Arsenal: llevaba tiempo detrás de él.
Una operación muy Brighton
Cuando el club anunció su contratación, su dirección deportiva dejó claro que conocía desde hacía tiempo el potencial del futbolista. No era una operación improvisada durante las últimas horas del mercado. El Brighton pagó una cantidad cercana a los 22 millones de euros al Stuttgart y firmó al español por cinco temporadas. El Real Madrid todavía conservaba el 50% de sus derechos y recibió aproximadamente la mitad del traspaso.
La operación también debe entenderse en su contexto. El Brighton acababa de perder a Carlos Baleba, pero Chema no es una reproducción del camerunés. Baleba ofrece conducción, potencia y capacidad para romper líneas transportando el balón; Chema presenta un perfil diferente, más posicional, más cerebral y menos explosivo, y se siente más cómodo gestionando lo que ocurre alrededor de la pelota que rompiendo el partido mediante la conducción.
El mediocentro que intenta estar donde va a caer el balón
Hay una tendencia habitual cuando aparece un mediocentro español alto y técnicamente limpio: compararlo con Rodri. Con Chema ocurrió incluso antes de llegar a Inglaterra. Mide alrededor de 1,90 metros, juega habitualmente como pivote, posee un buen primer pase y utiliza su cuerpo para proteger la pelota.
Pero lo más interesante no está en la apariencia, sino en cómo interpreta el juego. Chema no es un centrocampista que necesite acumular entradas espectaculares; su valor está en leer lo que va a suceder antes. Anticipa, mantiene la calma cuando recibe presión, modifica el ritmo del partido mediante el pase y es capaz de conectar hacia delante después de recuperar.
“Quiero controlar y dirigir los partidos”
Lo curioso es que Chema ya describía así su fútbol antes de que los analistas ingleses intentaran hacerlo. Cuando llegó al Stuttgart en julio de 2025 le preguntaron qué tipo de jugador era y su respuesta no giró alrededor de goles, asistencias o conducciones. Habló de sacrificarse por sus compañeros y añadió que veía su papel en el centro del campo como una forma de “controlar y dirigir los partidos”.
Es una definición muy cercana al trabajo que el Brighton necesita de él. Hürzeler quiere un equipo agresivo sin balón, capaz de presionar muy arriba, pero también preparado para construir desde posiciones bajas y atraer al rival. Es ahí donde Chema puede acabar resultando especialmente importante.
El Brighton necesitaba algo más que sustituir a Baleba
El Brighton de Hürzeler juega muchos partidos cerca del límite. Presiona, arriesga, acumula futbolistas por delante del balón y ataca rápido cuando consigue recuperar arriba. Eso produce partidos extraordinariamente abiertos, pero también genera riesgo.
La salida de Baleba obligaba a encontrar un jugador capaz de aportar estabilidad sin reducir la agresividad del sistema. Ahí Chema ofrece algo que no siempre aparece en las estadísticas ofensivas: cuando los centrales tienen el balón puede ofrecerse, cuando el Brighton consigue atraer la presión puede recibir de espaldas sin entrar en pánico y, cuando el equipo pierde la pelota, su lectura le permite intentar cortar la transición antes de que la carrera comience.
Su altura añade además una dimensión aérea que el Brighton puede explotar en ambas áreas. El Arsenal ya lo comprobó.
La comparación con Rodri
La etiqueta de “Baby Rodri” apareció casi inmediatamente. Hürzeler fue preguntado por ella incluso antes del debut del español y no la rechazó, aunque tampoco quiso convertirla en una profecía. Recordó que Rodri es uno de los mejores jugadores del mundo y que Chema todavía tiene un camino enorme por recorrer, pero entendió el paralelismo por el físico, la posición, la ambición y la capacidad para interpretar el juego.
Chema ha sido todavía más prudente. Ya había hablado de las comparaciones con Rodri y Sergio Busquets y su respuesta fue clara: “No me veo como ninguno”. El parecido físico existe y la posición también, pero la distancia en influencia con balón sigue siendo enorme. Rodri organiza partidos completos, condiciona dónde recibe cada compañero y decide cuándo acelerar o enfriar; Chema, por ahora, destaca sobre todo por una combinación de lectura defensiva, seguridad con balón y físico.
Una debilidad que la Premier intentará atacar
También existe una razón para no precipitarse. Chema no es especialmente rápido en el sentido explosivo que exige muchas veces la Premier League y su perfil hace que dependa más de la colocación que de corregir después mediante una carrera.
La competición terminará examinando exactamente eso: rivales que le presionarán desde diferentes alturas, transiciones más rápidas, delanteros atacando el espacio a su espalda y centrocampistas capaces de girarse con un solo contacto. Aprender a convivir con esas situaciones será parte de su siguiente evolución, y el Brighton parece un lugar particularmente adecuado para hacerlo.
De Bétera a Valdebebas
La historia había comenzado mucho antes. José María Andrés Baixauli nació en Valencia en abril de 2005, empezó en el Bétera, pasó posteriormente por las categorías inferiores del Levante y en 2018 llegó al Real Madrid con 13 años.
Permaneció siete temporadas en Valdebebas y fue creciendo hasta convertirse en uno de los centrocampistas más interesantes de La Fábrica. Con el Juvenil A ganó Liga, Copa del Rey y Copa de Campeones y, un año después, se proclamó campeón de Europa sub-19 con España.
37 minutos con el Real Madrid
Aquí aparece uno de los números más llamativos de su historia: 37 minutos. Eso es todo lo que Chema disputó oficialmente con el primer equipo del Real Madrid. Debutó en enero de 2025 en Copa y posteriormente tuvo minutos en Liga.
El problema no era necesariamente la valoración que el club tenía sobre él, sino el camino. Por delante estaban futbolistas como Tchouaméni, Camavinga y Valverde, así que hizo algo cada vez más habitual entre algunos de los mejores productos de las grandes canteras españolas: se marchó.
El Stuttgart cambió su carrera en un año
El Stuttgart pagó alrededor de tres millones de euros en el verano de 2025 por el 50% de sus derechos. Chema tenía 20 años y era su primera experiencia fuera de España, pero el movimiento funcionó casi inmediatamente.
Dentro de un equipo al que le gustaba iniciar desde atrás y controlar los partidos mediante el balón, encontró un contexto perfecto para desarrollarse. Disputó una temporada completa, ganó peso dentro del equipo y convirtió una apuesta relativamente pequeña en un futbolista valorado en más de 20 millones. Un año antes costaba tres millones por la mitad de sus derechos; doce meses después, el Brighton decidió pagar por él.
El negocio del Madrid y la apuesta del Brighton
El recorrido ofrece dos lecturas diferentes. Para el Real Madrid fue un excelente negocio, gracias al ingreso inicial y a aproximadamente la mitad del posterior traspaso. Para el Brighton, sin embargo, el cálculo es otro: no está comprando únicamente al futbolista que Chema es hoy, sino al que puede ser dentro de dos o tres temporadas.
Eso encaja con una estrategia que el club lleva años explotando: identificar jugadores antes de que el mercado termine de valorarlos, darles contexto, minutos y exposición y permitir que su siguiente salto llegue cuando ya están preparados para él.
Y entonces llegó el Arsenal
Por eso el sábado tuvo tanta fuerza simbólica. No solo porque Chema marcase, sino por el contexto: primera titularidad en la Premier League, uno de los mejores equipos del campeonato enfrente y un partido de máxima exigencia física y táctica. El español de 21 años siguió sobre el césped hasta el minuto 86 y, cuando salió, el Brighton ganaba 3-0.
Tres partidos son demasiado pocos para saber hasta dónde puede llegar Chema Andrés, pero ya permiten entender por qué el Brighton llevaba tiempo detrás de él. El Real Madrid apenas pudo ofrecerle 37 minutos; el Stuttgart le dio el escaparate y el Brighton le ha entregado ahora la Premier League. A partir de aquí, la historia ya no consiste en a quién se parece, sino en qué futbolista puede llegar a ser.
Españoles por el mundo
Bulgaria. Julio Velázquez y el gran inicio del Levski: líder, Europa y un cristal roto
Julio Velázquez ha comenzado la defensa del título con ocho victorias y un empate. El Levski estuvo a una eliminatoria de la Champions, compite en Europa League y el técnico español ha vuelto a ser protagonista también por su temperamento.
Durante 88 minutos, Julio Velázquez había visto casi todo lo que menos le gusta.
Un campo incómodo. Un rival defendiendo bajo. Su Levski acumulando posesión sin encontrar el gol. Y, por primera vez en nueve jornadas, la posibilidad real de dejar puntos por el camino en la Liga búlgara.
Entonces ocurrió algo peor.
Minuto 89 en Vratsa. El Botev encontró una transición y llegó con peligro al área de Svetoslav Vutsov. La jugada no terminó en gol, pero Velázquez perdió los nervios.
Se giró hacia el banquillo visitante y golpeó con el puño uno de los cristales laterales hasta hacerlo añicos.
Las imágenes recorrieron rápidamente el fútbol búlgaro. Topsport describió cómo el panel se desintegró por la fuerza del golpe; el entrenador tuvo que ser atendido y su comparecencia posterior se retrasó mientras le vendaban la mano. No sufrió lesiones importantes.
Tres días después llegó la sanción.
210 euros de multa. Ningún partido de suspensión. Además, la Federación búlgara obligó al Levski a hacerse cargo de los daños ocasionados en el estadio del Botev Vratsa.
Resulta tentador convertir la escena en una anécdota sobre el temperamento de un entrenador español en Europa del Este.
Pero hacerlo sería perderse la historia importante.
Porque aquel empate fue noticia precisamente porque el Levski llevaba ocho victorias consecutivas.
El primer tropiezo después de ocho victorias
El 0-0 ante el Botev Vratsa fue el primer partido de Liga que el Levski de Velázquez no ganó esta temporada.
Después de nueve encuentros, el vigente campeón presenta un balance de ocho victorias, un empate y ninguna derrota, con 21 goles marcados y solo cuatro encajados. Son 25 puntos de 27 posibles y el liderato del campeonato.
En casa el dominio ha sido todavía más acusado: cinco partidos, cinco victorias y un balance de 14-1.
Entre medias hubo resultados suficientemente contundentes como para descartar que todo responda simplemente a una sucesión de victorias ajustadas. El ejemplo más evidente fue el 6-0 ante el Spartak Varna, después del cual Velázquez destacó no tanto el marcador como la capacidad de su equipo para mantener intensidad y concentración durante todo el encuentro.
La paradoja es interesante.
El partido en el que Velázquez terminó rompiendo un cristal no se produjo durante una crisis, sino durante el mejor inicio liguero del país.
La exigencia ha cambiado.
Y para entender hasta qué punto lo ha hecho hay que regresar unos meses.
Lo que parecía imposible: acabar con el Ludogorets
Cuando Julio Velázquez llegó a Sofía en enero de 2025, el Levski llevaba demasiado tiempo viviendo de su historia.
El club que había dominado Bulgaria durante distintas épocas no ganaba la Liga desde 2009.
Y había surgido un enemigo todavía más difícil de desplazar.
El Ludogorets había conquistado 14 campeonatos consecutivos.
Catorce.
Desde 2012 nadie había conseguido derribarlo.
Velázquez lo hizo.
En mayo, el Levski se proclamó campeón de Bulgaria y puso fin tanto a 17 años sin conquistar su propia Liga como a la hegemonía más larga del fútbol búlgaro moderno. Lo logró, además, asegurando matemáticamente el título antes de la última jornada.
No fue simplemente un título.
Fue un cambio de orden.
Velázquez había llegado al Levski después de una carrera marcada por contextos muy diferentes —Villarreal, Betis, Alcorcón, Udinese, Vitória Setúbal, Marítimo, Alavés, Fortuna Sittard o Zaragoza— y encontró en Bulgaria algo que rara vez había tenido: tiempo suficiente para construir un equipo desde una idea.
Él mismo explicó después de proclamarse campeón que “construir una identidad” acerca a los buenos resultados.
Esa palabra, identidad, aparece constantemente cuando habla de su Levski.
Y ayuda a explicar el siguiente paso.
El Levski que quiere tener la pelota
Reducir el éxito de Velázquez a haber organizado mejor al campeón sería quedarse corto.
Su Levski pretende mandar.
El equipo quiere iniciar desde atrás, acumular futbolistas por dentro, mover al rival antes de atacar el espacio y defender hacia delante siempre que el contexto lo permite.
La prensa búlgara ha dedicado mucho espacio a analizarlo.
Después del 4-0 al Borac Banja Luka en la previa de Champions, Sportal publicó un análisis bajo un titular muy gráfico: “El Levski juega como España”.
La comparación no debe entenderse literalmente como una equiparación de calidad, sino como una referencia al modelo: superioridades interiores, paciencia con balón y ocupación racional de espacios.
Eso se vio todavía mejor ante el Kairat.
En el análisis táctico de Sportal, Nico Petrov explicó cómo Velázquez buscó generar una superioridad de cuatro contra dos en el centro del campo. Si Kairat mantenía a sus centrocampistas, Levski tenía hombres libres por dentro; si adelantaba un defensor para compensar, se liberaba espacio detrás de la línea.
Eso es lo que define mejor al Levski actual.
No la posesión por la posesión.
Manipular al rival para decidir dónde aparece el espacio.
El resultado fue otra pequeña hazaña.
Ocho partidos para quedarse a 90 minutos de la Champions
El título de Liga metió al Levski en la fase previa de la Champions.
Y el verano terminó convirtiéndose en una carrera de obstáculos.
Primero apareció el Borac Banja Luka: 1-1 en Bosnia y 4-0 en Sofía.
Después, Universitatea Craiova: victoria 1-0 en Bulgaria y empate 2-2 en Rumanía. Global de 3-2.
En tercera ronda esperaba el Kairat Almaty.
Levski ganó 1-0 en Sofía.
Y volvió a ganar 0-1 en Kazajistán.
Dos partidos. Dos porterías a cero. Un 2-0 global que colocó al campeón búlgaro en el playoff definitivo de la Champions League.
El premio estaba a una eliminatoria.
AEK Atenas.
El Levski no disputaba la fase principal de la Champions desde 2006/07.
Veinte años después, volvió a estar a un paso.
El partido que mostró las dos caras del proyecto
La ida ante AEK terminó 0-0 en Sofía.
Y aquel partido probablemente represente mejor que ningún otro hasta dónde ha llegado el equipo de Velázquez.
El Levski no se limitó a sobrevivir.
Intentó mantener su estilo.
El propio técnico explicó después que una de las prioridades había sido conservar su identidad independientemente del rival: ser proactivo con balón y sin él, ocupar los espacios de la misma forma y adaptar únicamente los detalles.
UEFA describió una eliminatoria igualada en la ida, con ocasiones de ambos lados y todo abierto para Atenas.
La vuelta fue otra historia.
AEK 4-0 Levski.
Champions terminada.
Y ahí apareció también la crítica más interesante de la prensa búlgara hacia Velázquez.
Nico Petrov, el mismo analista que había elogiado el plan ante Kairat, consideró que en Atenas el español había aceptado demasiado pronto el papel de equipo inferior. Levski entregó al AEK balón, territorio y ritmo y terminó defendiendo de una manera muy distinta a la que le había llevado hasta allí.
Es una crítica particularmente relevante porque toca el corazón del proyecto.
El Levski había llegado al playoff europeo construyendo una identidad.
Y cayó cuando se alejó de ella.
Velázquez tampoco buscó excusas.
Después del 4-0 admitió que AEK había sido “simplemente mejor” de principio a fin.
La Champions desaparecía.
Pero el recorrido tenía una red de seguridad considerable.
El Levski estaba dentro de la fase liga de la Europa League.
17 partidos en 64 días
Ahí aparece otro elemento que ayuda a explicar este comienzo de temporada.
El Levski prácticamente no ha parado.
A principios de septiembre había disputado 17 partidos en 64 días entre Liga, ocho encuentros de clasificación europea y la Supercopa. La carga llevó incluso al club a solicitar el aplazamiento del duelo liguero ante el Ludogorets previsto para este fin de semana, aprovechando la normativa destinada a los participantes en competiciones europeas.
Y en mitad de esa acumulación apareció la primera grieta seria.
La Supercopa.
Levski llegó al descanso ganando 1-0 al CSKA.
Terminó perdiendo 2-4.
CSKA marcó sus cuatro goles después del descanso.
Velázquez asumió inmediatamente la responsabilidad: “En la segunda parte la responsabilidad es mía”.
También describió aquellos 45 minutos como un rendimiento inaceptable y pidió disculpas a la afición.
Tres días después volvió sobre el asunto.
Y dejó una frase que explica bastante bien cómo intenta gestionar ahora a un equipo que ya no juega como aspirante, sino como campeón: “45 minutos no van a destruir todo lo que estamos construyendo”.
Del 4-2 al cristal roto
La secuencia ayuda a entender la escena de Vratsa.
Primero, una segunda parte terrible contra el gran rival y una Supercopa perdida.
Después, el Botev cerrando espacios mientras Levski perseguía su novena victoria consecutiva en Liga.
Minuto 89.
Ocasión local.
Puñetazo.
Cristal roto.
Cuando terminó el encuentro, Velázquez explicó que su equipo había tenido más balón pero había encontrado dificultades para jugar en un césped en mal estado. No quiso utilizarlo como justificación y reconoció que habían faltado centros, remates y precisión en los últimos metros.
La reacción física fue indefendible.
La sanción llegó.
Pero deportivamente el empate apenas altera la fotografía.
25 puntos de 27. 21 goles a favor. Cuatro en contra. Líder e invicto.
Y entonces apareció el Salzburgo
Cuatro días después del incidente, el Levski volvió a Europa.
Esta vez ya no en una previa.
En la Europa League propiamente dicha.
El rival tampoco era menor: Red Bull Salzburg.
Levski perdió 0-1.
Pero esta derrota tuvo una lectura completamente distinta a la de Atenas.
Velázquez calificó el encuentro como uno de los mejores partidos del Levski desde su llegada y sostuvo que el equipo había igualado la intensidad de un adversario acostumbrado a competir a alto nivel europeo.
El resultado era malo.
La actuación, para él, confirmaba el camino.
Y quizá esa sea la diferencia fundamental respecto al Levski que heredó en enero de 2025.
El club ya no mide únicamente el éxito por ganar partidos en Bulgaria.
Ahora compara su fútbol con el de Salzburgo, AEK o los rivales que se encontrará durante los próximos meses en Europa League.
Y el calendario ofrece otra medida de la nueva dimensión del proyecto: después de Salzburg llegarán NEC, Viktoria Plzeň, Jagiellonia, Olympique de Marsella, Lillestrøm, Milan y Sunderland.
La cuestión ya no es si Velázquez podía ganar
Eso ya está resuelto.
Julio Velázquez llegó a Bulgaria con una trayectoria amplia pero sin un título que definiera su carrera.
En poco más de un año acabó con 14 campeonatos consecutivos del Ludogorets, devolvió al Levski una Liga que no ganaba desde 2009 y llevó al club hasta el último playoff de acceso a la Champions.
La pregunta ahora es otra.
¿Qué ocurre después de la gesta?
Ahí suele estar la parte difícil.
Un equipo que sorprende puede competir desde la emoción. Un campeón tiene que convivir con la obligación.
Los rivales esperan más atrás.
El margen para fallar disminuye.
Un 0-0 después de ocho victorias parece un problema.
Y un entrenador puede acabar descargando toda esa tensión sobre el cristal de un banquillo.
Pero, separado el ruido de la imagen, los primeros meses de esta segunda temporada completa de Velázquez dicen bastante más.
El Levski sigue siendo líder.
Sigue invicto en Liga.
Ha pasado tres eliminatorias de Champions.
Está jugando Europa League.
Y la prensa búlgara ya no analiza al entrenador español como una curiosidad extranjera, sino que discute sus estructuras en salida de balón, sus superioridades en el centro del campo o si se aleja demasiado de su identidad cuando siente inferioridad ante rivales europeos.
Ese probablemente sea el mayor cambio de todos.
Hace menos de dos años, Julio Velázquez llegó a Sofía prometiendo que no estaba allí “de paseo”, sino para desarrollar al Levski.
Ahora el debate ya no gira alrededor de si podía hacerlo.
Gira alrededor de hasta dónde puede llevarlo.
Y quizá por eso dolió tanto aquel empate en Vratsa.
Hasta el punto de que el primero que no resistió la presión fue el cristal
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