Españoles por el mundo
Champions League. Fabián Ruiz, un centrocampista de época al que todavía le falta reconocimiento
Fabián Ruiz fue el MVP del 0-6 del PSG ante el Villarreal. Campeón del mundo, de Europa y de dos Champions, su palmarés y su peso deportivo obligan a preguntarse si España ha valorado suficientemente a uno de los grandes centrocampistas de su generación.
Fabián Ruiz necesitó 33 minutos en La Cerámica para resumir buena parte de su carrera. Marcó dos goles, gobernó el centro del campo y terminó elegido por la UEFA como mejor jugador del partido en el 0-6 del Paris Saint-Germain ante el Villarreal. Una exhibición más de un futbolista al que, durante demasiado tiempo, se le ha colocado algún adjetivo por delante de su verdadero estatus: infravalorado, silencioso, secundario.
Quizá haya llegado el momento de eliminarlos todos.
Porque Fabián Ruiz es, sencillamente, uno de los mejores centrocampistas de Europa.
El PSG necesitó apenas 17 minutos para destrozar al Villarreal. João Neves abrió el marcador, Désiré Doué hizo el segundo, Senny Mayulu el tercero y Fabián firmó el cuarto. Nada más regresar del descanso volvió a aparecer, esta vez tras un envío de Vitinha, para completar su doblete. La UEFA le concedió el premio al jugador del partido.
La noche tuvo además un componente especialmente emotivo. Tras marcar su primer gol, Fabián señaló al cielo y mostró nueve dedos en recuerdo de Jesús de Miguel, delantero del Tenerife fallecido horas antes y que lucía el dorsal 9. Después del encuentro volvió a acordarse de él: «Esta victoria está dedicada a él», afirmó en declaraciones recogidas por el PSG, antes de trasladar sus condolencias a la familia y a los seres queridos del futbolista.
Los goles fueron la parte más visible de otra actuación completa. Fabián terminó con 95 pases acertados de 104 intentados, siete recuperaciones y 125 intervenciones con balón en un encuentro en el que el campeón de Europa sometió al Villarreal desde el control.
Y precisamente ahí está la cuestión. Esta vez hubo goles. Hubo estadísticas fáciles de compartir, imágenes de celebraciones y un resultado extraordinario. Pero lo realmente importante lleva bastante más tiempo sucediendo.
De complemento a imprescindible en París
Fabián llegó al PSG procedente del Napoli en agosto de 2022. Sus primeros meses en Francia estuvieron lejos de convertirlo en una estrella mediática. Competencia feroz, cambios constantes y un equipo construido alrededor de nombres como Messi, Neymar o Mbappé tampoco facilitaban encontrar un espacio propio.
La llegada de Luis Enrique en 2023 terminó transformando su posición dentro del proyecto.
Hoy ya no existe demasiado debate interno sobre su importancia. El propio PSG le define como una pieza fundamental del entrenador asturiano. Junto a Vitinha y João Neves formó el centro del campo de las dos primeras Champions League conquistadas por el club y fue titular en las dos finales: el 5-0 contra el Inter en 2025 y el triunfo ante el Arsenal en los penaltis en 2026.
No es un detalle menor.
Se puede jugar en un gran equipo y acumular títulos. Otra cosa es ser titular en el centro del campo de un equipo que gana dos Champions consecutivas.
En septiembre, el PSG renovó su contrato hasta 2028, con opción a una temporada adicional. Había disputado entonces 171 encuentros con el club, con 16 goles y 28 asistencias. La entidad lo presentó directamente como uno de los futbolistas que representan “el presente y el futuro” de su proyecto.
Su estatus ha cambiado.
Quizá la percepción exterior no lo haya hecho a la misma velocidad.
“Si no se llamara Fabián…”
Luis de la Fuente lo explicó mucho antes de que llegaran las Champions, el Mundial o el top-10 del Balón de Oro.
Fue después del España-Croacia que abrió la Eurocopa de 2024. Fabián había marcado y asistido en Berlín y el seleccionador lanzó una frase que, dos años después, parece casi profética: “Si no se llamara Fabián hablaríais mucho más de él”.
De la Fuente fue todavía más lejos. Lo calificó como un futbolista de “nivel mundial” y lo presentó como el ejemplo de jugadores que trabajan en la sombra sin recibir el reconocimiento mediático correspondiente a su calidad.
Aquella Eurocopa terminó dándole la razón.
Fabián marcó dos goles, repartió dos asistencias y fue incluido por los observadores técnicos de la UEFA en el once ideal del torneo, compartiendo centro del campo con Rodri y Dani Olmo. España salió campeona.
No era tampoco la primera vez que destacaba con una selección española. En 2019 había ganado el Europeo sub-21 siendo elegido mejor futbolista del campeonato.
Después llegaron la Nations League de 2023, la Eurocopa de 2024 y, finalmente, el Mundial de 2026.
Fabián fue titular en la final ante Argentina que convirtió a España en campeona del mundo y había marcado previamente ante Bélgica en cuartos de final. A sus 30 años suma ya más de medio centenar de internacionalidades.
Su palmarés reciente empieza a exigir otra clase de conversación.
Mundial, Eurocopa y dos Champions
Pocas carreras permiten reunir en apenas unos años un Mundial, una Eurocopa, una Nations League y dos Champions consecutivas ejerciendo un papel relevante en cada uno de esos equipos.
No hablamos de un jugador que aparecía en las fotografías de las celebraciones.
Fabián estuvo en el once ideal de la Eurocopa. Fue titular en la final del Mundial. Fue titular en las dos finales de Champions del PSG.
Ahí está la diferencia.
Durante la temporada 2025/26 fue, además, el único jugador entre los candidatos al Balón de Oro que había conseguido reunir los dos grandes títulos del curso: la Champions con su club y el Mundial con su selección. Él mismo terminó verbalizando algo poco habitual en un futbolista de perfil tan discreto.
“No me gusta estar en el centro de atención”, reconoció antes de la gala, aunque entendía que sus resultados le permitían reivindicar su candidatura. También aseguró estar viviendo “el mejor momento” de su carrera.
La votación terminó reconociendo parcialmente ese salto.
Después de ocupar el 24.º puesto del Balón de Oro en 2025, Fabián terminó décimo en 2026, la mejor clasificación de su carrera.
Décimo mejor futbolista del mundo según el Balón de Oro.
Y, aun así, todavía parece necesario reivindicarlo.
¿Le falta marketing?
Puede que parte de la explicación no esté sobre el césped.
Fabián no posee el perfil mediático de otras estrellas de su generación. No construye su figura alrededor de grandes declaraciones, celebraciones reconocibles o una exposición pública permanente. Él mismo admite que no disfruta especialmente del foco.
Tampoco ayuda, al menos desde España, el lugar desde el que ha construido la mayor parte de su carrera.
Salió del Betis rumbo al Napoli con 22 años y desde 2022 juega en Francia. Hace ocho años que no compite semanalmente en LaLiga.
La Serie A y, sobre todo, la Ligue 1 reciben en España una atención incomparablemente menor que Real Madrid o Barcelona. El PSG aparece de manera recurrente cuando llega la Champions, pero buena parte del trabajo semanal de sus futbolistas queda fuera del radar cotidiano del aficionado español.
El caso de Fabián resulta especialmente llamativo.
En Italia fue importante. En Francia se ha convertido en indiscutible. Luis Enrique confía en él. Luis de la Fuente confía en él. Ha sido titular en las mayores noches de ambos equipos. Y cuando España necesitó construir un centro del campo campeón de Europa y posteriormente del mundo, también estuvo allí.
Quizá no le haya faltado fútbol.
Quizá le haya faltado escaparate.
¿Uno de los mejores centrocampistas españoles de la historia?
La pregunta puede parecer exagerada. Cada vez lo es menos.
España viene de una generación irrepetible de centrocampistas. Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Sergio Busquets, Xabi Alonso, Cesc Fàbregas, David Silva o, más recientemente, Rodri hacen que entrar en cualquier conversación histórica resulte extraordinariamente difícil.
Fabián todavía no tiene la dimensión cultural de Xavi o Iniesta ni la influencia que Busquets ejerció durante más de una década en Barcelona y selección. Ordenar generaciones distintas únicamente por títulos tampoco tendría demasiado sentido.
Pero su expediente ya obliga, como mínimo, a abrir el debate.
Campeón de Europa sub-21 y mejor jugador del torneo. Campeón de la Nations League. Campeón de Europa con España y miembro del once ideal. Campeón del mundo. Dos veces campeón de Europa con su club siendo titular en ambas finales. Cuatro veces campeón de Francia. Top-10 del Balón de Oro.
No es el currículo de un buen centrocampista español.
Es el currículo de un futbolista de época.
Y todavía tiene 30 años.
Quizá el error haya sido esperar siempre una temporada más antes de elevar su consideración. Primero había que verle triunfar fuera de España. Después hacerlo con la selección. Después ganar la Champions. Después repetirla. Después ganar el Mundial.
Fabián ha ido superando una prueba detrás de otra.
Ante el Villarreal simplemente volvió a aparecer el futbolista que lleva años estando ahí.
Dos goles, otra exhibición y el premio al mejor jugador del partido en una goleada histórica del vigente campeón de Europa. El tipo de actuación que obliga a mirar.
Aunque seguramente la verdadera reivindicación sea otra: a estas alturas ya no debería hacer falta que Fabián Ruiz marque dos goles para hacerlo.
Españoles por el mundo
Champions League. Javier Ribalta, el arquitecto español del AEK: de ojeador de la Juventus a desafiar al Real Madrid
Javier Ribalta salió de Barcelona con 27 años para trabajar como scout en Italia. Tras pasar por la Juventus, el Manchester United, el Zenit, el Parma y el Marsella, lidera ahora el proyecto deportivo de un AEK campeón de Grecia y de regreso en la Champions.
Cuando el AEK reciba al Real Madrid en Atenas habrá futbolistas mucho más reconocibles que Javier Ribalta sobre el césped. Luka Jovic se reencontrará con su antiguo club, Lovro Majer intentará gobernar el centro del campo y Marko Nikolic dirigirá desde el banquillo al vigente campeón griego. Pero una parte importante de la explicación de por qué el AEK vuelve a disputar la Champions League después de ocho años hay que buscarla unos metros más arriba, en los despachos.
Allí trabaja desde octubre de 2024 un barcelonés de 46 años cuya carrera resulta difícil de encajar en los parámetros habituales del fútbol español. Javier Ribalta nunca fue futbolista profesional y jamás ha trabajado en un club de Primera División española. Su currículo, sin embargo, contiene al Torino, el Milan, la Juventus, el Manchester United, el Zenit de San Petersburgo, el Parma, el Olympique de Marsella y, ahora, el AEK de Atenas. Ha pasado buena parte de su vida profesional buscando jugadores para otros y los últimos años construyendo departamentos deportivos completos.
El AEK-Real Madrid de Champions sirve ahora para iluminar una figura que en España continúa siendo mucho menos conocida que los clubes para los que ha trabajado.
El contexto también importa. El conjunto ateniense regresa esta temporada a la fase principal de la Champions por primera vez desde 2018/19. Lo hace como campeón de Grecia y después de alcanzar el curso pasado los cuartos de final de la Conference League, su primera presencia entre los ocho mejores de una competición europea en 28 años. El AEK atribuye públicamente parte de ese crecimiento a la planificación de Ribalta y al trabajo de Nikolic.
Un director deportivo que empezó entrenando niños
La historia no comienza en un despacho de la Juventus.
Ribalta nació en Barcelona en 1980 y su primera relación seria con el fútbol estuvo mucho más cerca de la base que de los grandes estadios. En una entrevista concedida en 2015, cuando ya trabajaba en Turín, recordaba que había empezado entrenando niños, después había ejercido como coordinador y más tarde había entrado en el fútbol de Segunda B a través de Figueres y Castelldefels.
Tenía 27 años cuando se marchó a Italia.
Aquella conversación contiene también una de las frases que mejor ayudan a entender cómo se presenta profesionalmente. Al repasar su vertiginoso ascenso reconocía la importancia de las personas que le habían ayudado y añadía: “No me gusta ponerme medallas que no me tocan”.
Es una precisión importante cuando se estudia su trayectoria.
Porque Ribalta ha quedado asociado con algunos de los movimientos de mercado más célebres de la Juventus moderna, pero el departamento deportivo de aquel club era mucho más que una persona. Trabajaba dentro de una estructura encabezada por Giuseppe Marotta y Fabio Paratici. Cuando se marchó en 2017, después de cinco temporadas como responsable de ojeadores, él mismo agradeció públicamente a ambos la confianza recibida desde su llegada.
Antes había aprendido el oficio desde abajo. Entró en el departamento de ojeadores del Torino en 2008, pasó dos temporadas por el Milan y después asumió la jefatura de ojeadores del Novara. Mauro Pederzoli, histórico responsable de ojeadores del Liverpool y posteriormente dirigente de numerosos clubes italianos, fue una figura importante en aquellos primeros pasos. Fue precisamente en el Novara donde protagonizó uno de los descubrimientos que mejor explican su talento para detectar futbolistas.
Ribalta puso sobre la mesa el nombre de Bruno Fernandes, entonces un centrocampista de 17 años que jugaba en las categorías inferiores del Boavista. El Novara lo siguió en Portugal y terminó fichándolo en 2012 por unos 40.000 euros. Mauro Borghetti, responsable de la cantera del club italiano en aquella época, ha explicado que la operación nació de una recomendación de Ribalta, que ya conocía al jugador y convenció al club para observarlo de cerca. Un año después, el Udinese pagó alrededor de cinco millones de euros por él.
El tiempo convirtió aquella apuesta en uno de los grandes hallazgos de su carrera. Años después, ya con Bruno consolidado en el Manchester United, Ribalta reconoció que era «el fichaje del que más orgulloso» se sentía. «Fue todo muy personal, fui a verlo a Portugal y lo recogí en el aeropuerto», recordó sobre una operación que sigue considerando especial. Ni siquiera él imaginaba entonces que aquel adolescente acabaría llegando al Manchester United.
En 2012 llegó la oportunidad que terminó cambiando su carrera: la Juventus.
La escuela Juventus
La Juventus de aquellos años fue uno de los departamentos deportivos más observados de Europa. El club consiguió construir equipos capaces de dominar Italia y competir por la Champions combinando grandes inversiones con operaciones de mercado extraordinariamente rentables.
Ribalta formó parte durante cinco temporadas de aquella maquinaria.
Su nombre ha aparecido vinculado a operaciones como las de Paul Pogba, Kingsley Coman, Dani Alves, Sami Khedira, Álvaro Morata o Paulo Dybala. Pogba representa el ejemplo más espectacular: llegó desde el Manchester United sin coste de traspaso y años después regresó al club inglés por una cifra superior a los 100 millones de euros. Ribalta tuvo un papel relevante dentro del área de ojeadores, aunque reducir aquella Juventus a un único “descubridor” sería precisamente contrario a la forma en que él entiende el oficio.
Esa filosofía sigue intacta.
Preguntado en noviembre de 2025 sobre cuánto pesa todavía el ojeo tradicional en un fútbol dominado por plataformas, algoritmos y departamentos de datos, Ribalta respondió con una comparación muy gráfica: prescindir de los datos sería hoy como vivir sin un teléfono móvil, pero “el ojo todavía cuenta”.
Después añadió algo aún más revelador: no le gusta personalizar los éxitos porque alrededor de un director deportivo hay personas que trabajan tanto o más que él. Cambian las responsabilidades, explicó, pero la construcción de una plantilla es un proceso colectivo.
Probablemente ahí se encuentre una parte de su identidad profesional: información, red internacional y observación presencial. Tecnología sin renunciar al campo.
El Manchester United entendió el valor de ese perfil y lo incorporó en 2017 como jefe de ojeadores. Apenas permaneció trece meses en Old Trafford. No porque descendiera en el escalafón, sino porque apareció la oportunidad de abandonar definitivamente el papel de ojeador para asumir una dirección deportiva completa.
El Zenit de San Petersburgo le entregó las llaves.
De encontrar jugadores a construir clubes
El salto al Zenit cambió la dimensión de su trabajo.
Ribalta explicó entonces que ser director deportivo significaba mucho más que fichar: debía buscar futbolistas, supervisar la cantera y ordenar la estructura de los equipos inferiores. Quería prestar especial atención a la academia. Era la transición del especialista en identificación de talento al gestor de un proyecto futbolístico completo.
Los resultados acompañaron. Durante su etapa en San Petersburgo, el Zenit inició una secuencia de tres campeonatos rusos consecutivos, ganando las ligas de 2018/19, 2019/20 y 2020/21.
Después llegaron proyectos menos lineales.
En 2021 dejó Rusia para incorporarse al Parma como máximo responsable deportivo en un momento en el que el histórico club italiano estaba prácticamente condenado al descenso. Allí hablaba de un proyecto a largo plazo, aunque la reconstrucción no terminó produciendo el regreso inmediato que esperaba la entidad.
Un año más tarde apareció Pablo Longoria.
Los dos españoles ya se conocían de la Juventus y volvieron a encontrarse en el Olympique de Marsella, donde Ribalta fue nombrado director de fútbol y asumió responsabilidades sobre el conjunto de la política deportiva. Su etapa terminó en octubre de 2023, después de la grave crisis institucional que siguió a una reunión entre los dirigentes del club y representantes de grupos de aficionados.
Su siguiente destino tardó un año en aparecer.
Y quizá sea el proyecto que mejor permite observar qué tipo de director deportivo se ha convertido.
AEK: “Construir un club más próximo a los grandes de Europa”
Marios Iliopoulos acababa de iniciar una nueva etapa como propietario del AEK cuando recurrió a Ribalta en octubre de 2024.
El anuncio tuvo un punto de grandilocuencia. “Desde hoy los ojos de toda Europa están puestos en el AEK y en el fútbol griego”, proclamó Iliopoulos al presentar a su nuevo director de fútbol. Ribalta eligió un mensaje diferente durante su primera visita al estadio: “Queremos construir un club más próximo a los grandes clubes europeos”.
Construir.
La palabra no era casual.
Su primera temporada completa desembocó en una decisión fundamental: cambiar el banquillo y apostar por Marko Nikolic. Ribalta conocía al serbio de su etapa rusa, cuando uno trabajaba en el Zenit y el otro entrenaba al Lokomotiv de Moscú. Años después reconocería que ya había considerado contratarle en Parma.
Su manera de explicar aquel proceso también resulta ilustrativa. Cuando llega el momento de sustituir a un entrenador, sostuvo Ribalta, un director deportivo debe tener preparados “tres o cuatro nombres”. Nikolic llevaba tiempo dentro de esa agenda.
El AEK oficializó al serbio en junio de 2025.
El resultado difícilmente pudo ser mejor. En su primera temporada ganó la liga griega y condujo al equipo hasta los cuartos de final de la Conference League. En Europa eliminó tres rondas previas antes de alcanzar una fase final que terminó contra el Rayo Vallecano por un ajustado 4-3 global.
El mercado también reflejó el perfil internacional de la dirección deportiva. Llegaron futbolistas como Razvan Marin o Luka Jovic, mientras que posteriormente el proyecto incorporó piezas como Lovro Majer, Kervin Arriaga u Oleksandr Zubkov para afrontar el salto a la Champions. No es un equipo construido únicamente sobre jóvenes para vender ni una colección de veteranos: combina internacionales experimentados, futbolistas necesitados de relanzar su carrera y activos todavía revalorizables.
Jovic es quizá el caso más representativo.
El delantero serbio había pasado por el Real Madrid, la Fiorentina y el Milan sin recuperar la continuidad que le llevó a convertirse en uno de los atacantes jóvenes más cotizados de Europa durante su etapa en el Eintracht. En Atenas ha encontrado nuevamente un contexto protagonista. Ahora se enfrentará precisamente al Madrid dentro de un proyecto construido, entre otros, por Ribalta.
Un proyecto que ya mira más allá del mercado
El éxito de 2025/26 cambió también la relación entre el director deportivo y el club.
En julio de 2026, el AEK renovó el contrato de Ribalta hasta 2029. Nikolic había ampliado el suyo hasta la misma fecha unas semanas antes. El mensaje era evidente: no se trataba simplemente de recompensar un campeonato, sino de dar continuidad a la estructura que lo había producido.
Ribalta tampoco vende una transformación inmediata.
Antes de comenzar esta temporada reconocía que el AEK quería volver a pelear por el campeonato y ser competitivo en Champions, pero rechazaba la tentación de acelerar artificialmente el proyecto: “No queremos dar grandes pasos; vamos paso a paso”.
La frase cobra sentido ahora que llega el Real Madrid.
El AEK afronta el partido después de regresar a la máxima competición europea por primera vez desde 2018/19. Su crecimiento no elimina las diferencias económicas ni deportivas que existen con la élite continental, pero la distancia respecto al club que Ribalta encontró dos años atrás empieza a ser visible.
También desde fuera.
Miguel Ángel Corona, actual asesor deportivo del Panathinaikos y profundo conocedor del fútbol griego, definía esta misma semana el trabajo de Ribalta en el rival ateniense de forma contundente: “Está haciendo un trabajo espectacular”.
Quizá esa sea la paradoja de su carrera.
Durante años, Javier Ribalta se especializó precisamente en mirar donde los demás todavía no miraban. En recorrer campos, acumular informes y detectar futbolistas antes de que se convirtieran en evidentes. Ahora, después de casi dos décadas lejos de España, es él quien permanece relativamente escondido detrás de los equipos que ayuda a construir.
Este miércoles, el Real Madrid visitará un estadio en el que nunca ha ganado al AEK y se encontrará con el campeón griego de la pasada temporada.
Detrás del banquillo de Nikolic, de los goles de Jovic y de una plantilla cada vez más internacional estará también la obra de aquel entrenador de niños que se marchó a Italia con 27 años porque prefería mirar fútbol a hablar de sí mismo.
Diecinueve años después, sigue haciéndolo.
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Fútbol Femenino
Balón de Oro. Alexia Putellas recupera el Balón de Oro y lleva su impacto a Inglaterra
Alexia Putellas conquista su tercer Balón de Oro después de completar una temporada histórica con el Barcelona. La española recupera el reconocimiento mundial tras su grave lesión y convierte al London City Lionesses en protagonista del fútbol internacional.
Alexia Putellas vuelve a ser la mejor futbolista del mundo. Cuatro años después de conquistar su segundo Balón de Oro, la centrocampista española recibió este lunes en el London Palladium el tercero de su carrera, igualando el récord de Aitana Bonmatí y prolongando hasta seis años consecutivos el dominio español en el galardón femenino. Lo hizo, además, en circunstancias muy diferentes a sus anteriores conquistas: como futbolista del London City Lionesses y después de completar una recuperación que la ha devuelto a su mejor nivel.
A sus 32 años, la catalana se impuso a Ewa Pajor y Khadija Shaw en una edición que reconoce su extraordinaria temporada 2025/26 con el FC Barcelona. Un curso en el que conquistó los cuatro títulos posibles antes de abandonar el club azulgrana después de catorce temporadas y emprender su primera aventura internacional.
Una temporada perfecta para cerrar su etapa en Barcelona
El tercer Balón de Oro premia una campaña en la que Alexia recuperó su protagonismo absoluto. Según los registros de la Federación Española, disputó 43 partidos, marcó 21 goles y repartió 13 asistencias con el Barcelona, al que condujo como capitana hacia la conquista de Liga F, Copa de la Reina, Supercopa de España y Champions League.
Su rendimiento europeo resultó especialmente determinante. Anotó siete goles y repartió otras siete asistencias en la Liga de Campeones, competición en la que fue elegida mejor jugadora de la temporada. El Barcelona terminó levantando su cuarta corona continental después de derrotar al Olympique de Lyon en la final.
También destacó con la selección española, con la que conquistó la Nations League y fue reconocida como mejor futbolista de la fase final. Desde octubre de 2025 ha participado como titular en doce encuentros internacionales, con seis goles y tres asistencias, contribuyendo también a la clasificación para el Mundial de Brasil 2027.
«Fue perfecto y prácticamente no se puede mejorar», reconoció después de la gala al recordar su última temporada en Barcelona. Una despedida difícilmente imaginable para una futbolista que llegó a convertirse en uno de los grandes símbolos de la transformación deportiva e institucional de la sección femenina.
El Balón de Oro más significativo después de su lesión
Más allá de los títulos, el reconocimiento tiene un significado personal especial. En julio de 2022, cuando atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera, Alexia sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda que interrumpió su progresión.
Aunque regresó a la competición y formó parte de la selección campeona del Mundial de 2023, necesitó tiempo para recuperar la continuidad y la influencia que había tenido antes de lesionarse. Durante ese periodo, Aitana Bonmatí asumió el protagonismo individual y conquistó los tres siguientes Balones de Oro.
El fútbol español no acaba en España.
Soy Martín Manchón, periodista, y en Instagram y TikTok te cuento cada día historias sobre futbolistas y entrenadores españoles por el mundo.
El lunes, Alexia recordó durante su discurso los momentos más difíciles de aquella recuperación, cuando tuvo que volver a aprender a caminar, correr y golpear el balón. Agradeció especialmente el apoyo de su entorno y de sus antiguas compañeras.
Posteriormente, en declaraciones a la Cadena SER, explicó cómo había cambiado su perspectiva: «Ha sido todo un reto volver, pero me encantan los retos y lo he disfrutado muchísimo».
Su tercer galardón no representa únicamente una recuperación estadística. También confirma que ha sido capaz de volver a ejercer un papel decisivo al máximo nivel después de una lesión que condicionó varias temporadas de su carrera.
Un Balón de Oro que impulsa al London City Lionesses
La particularidad de esta edición es que Alexia recibe el premio cuando ya no pertenece al Barcelona. El pasado julio fichó por el London City Lionesses, un ambicioso proyecto de la Women’s Super League inglesa, propiedad de la empresaria estadounidense Michele Kang, que también controla el Washington Spirit y el OL Lyonnes.
Su contratación, por tres temporadas, fue uno de los movimientos más importantes del mercado internacional femenino. No solo por su dimensión deportiva, sino por la decisión de abandonar uno de los equipos más laureados de Europa para incorporarse a una entidad independiente, exclusivamente femenina y todavía en construcción.
El impacto ya comienza a apreciarse. El London City ocupa actualmente la tercera posición de la liga inglesa y acumula cinco victorias consecutivas. Alexia ha participado en siete jornadas, con tres goles y una asistencia.
Su tercer Balón de Oro supone también un acontecimiento para la competición: por primera vez, la liga femenina inglesa cuenta con una ganadora vigente del premio entre sus futbolistas. Un reconocimiento que refuerza la visibilidad internacional del London City y el atractivo de la Women’s Super League.
Seis años de dominio español
El triunfo de Alexia prolonga una secuencia extraordinaria: desde 2021, todos los Balones de Oro femeninos han terminado en manos españolas. Tres para Putellas y otros tres para Bonmatí.
Sin embargo, la protagonista quiso ampliar el foco más allá de ambas futbolistas. «España no se reduce solo a Alexia y Aitana», señaló después de la ceremonia, convencida de que «habrá más jugadoras españolas recogiendo este premio».
La gala respaldó su argumento. Vicky López fue distinguida como mejor talento joven, Cata Coll como mejor portera y Pere Romeu como mejor entrenador, mientras que el Barcelona recibió el reconocimiento al mejor equipo femenino.
Alexia cierra así una etapa histórica en España y empieza otra en Inglaterra con un nuevo Balón de Oro bajo el brazo. El premio reconoce lo que consiguió en Barcelona, pero su repercusión también alcanza a un proyecto londinense que pretende abrirse camino entre la élite europea.
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