Españoles por el mundo
Marruecos. Pablo Franco: «No hay ningún equipo en África que juegue como nosotros»
Pablo Franco y Aitor van den Brule lideran contra pronóstico la Botola Pro marroquí al frente del MAS de Fez, el club que terminó la primera vuelta invicto y que sueña con desafiar a los gigantes de Casablanca
El balón dibujó en el aire una trayectoria que no figuraba en ningún manual. Minuto 81 en el estadio de Fez, 0-0 contra el Wydad Casablanca —el club más laureado de Marruecos, uno de los más laureados de África— y el central Driss El Jabali, a quien no se esperaba allí, apareció en el último tercio, cruzó la pierna derecha por detrás de la izquierda y golpeó. Una rabona. La pelota rozó la cabeza de un defensa y entró. El vídeo dio la vuelta al mundo antes de que terminara el partido. En las redes se pidió el Premio Puskás. En Marruecos, lo que se pidió fue algo más prosaico y mucho más trascendente: que alguien explicara cómo un equipo que había acabado décimo la temporada pasada estaba, de pronto, sentado en lo más alto de la tabla.
La respuesta, en buena parte, es un matrimonio profesional español. Pablo Franco, madrileño, 45 años, con pasado en el banquillo del Getafe y analista en el Real Madrid durante la corta etapa de Julen Lopetegui en el club blanco, dirige al Maghreb Association Sportive de Fez. A su lado, como desde hace años, Aitor van den Brule, analista y ayudante. Han convertido a un club de presupuesto medio en el líder invicto de la Botola Pro Inwi, la liga que Aitor se atreve a colocar, sin titubear, entre las 10 mejores del mundo.
«Este año creo que no ha habido ningún equipo en África que juegue al fútbol como nosotros. Hemos marcado goles de 30 pases en los que ha participado hasta el portero» — Pablo Franco
A Pablo le divierte la paradoja de que todo esto haya estallado por un gesto de ocho segundos. «Cuando se hace un gol de esa belleza y de esa rareza, desde lo técnico, entiendo con naturalidad que tenga esa trascendencia. Pero esta gente que ahora ensalza ese gol, si nos hubiese seguido, hubiese también visto grandes goles esta temporada. Este año creo que no ha habido ningún equipo en África que juegue al fútbol como nosotros», sostiene. Habla sin soberbia, con la paciencia de quien ha pasado por Kuwait, Arabia Saudí, Tanzania y Sudáfrica antes de llegar aquí. «Hemos marcado varios goles en los que hemos llegado a dar 30 pases, en los que todos los jugadores han participado, incluyendo el portero. Para mí son de una belleza extrema, pero esto forma parte también del circo».
El rabona, por cierto, no fue del todo fruto del azar. Aitor lo desmiente con prudencia: «Es un gesto que parte del talento que tiene el jugador y de la toma de decisión en ese momento. Pero no es algo que venga aleatoriamente, como lanzar una moneda al aire. Al final del entrenamiento el chico se quedaba un poco ensayando y golpeando esa situación, más por algo mental que a él le gustaba». El fútbol, a veces, recompensa las obsesiones íntimas.
De Madrid a Fez, con parada en medio mundo
Pablo Franco no ha seguido la ruta cómoda. Formado en los banquillos humildes del fútbol español, dirigió al Getafe en Primera, trabajó como analista en el Real Madrid y después enfiló una carrera nómada por el fútbol árabe y africano: Al-Qadsiah en Kuwait, Al-Faisaly en Arabia Saudí, Simba SC en Tanzania, AmaZulu en Sudáfrica. En casi todas esas estaciones lo ha acompañado Aitor van den Brule, técnico con licencia UEFA Pro y una segunda vida como formador de entrenadores en España. Cuando en junio de 2025 el MAS llamó a Pablo —tercer entrenador del club en apenas seis meses— la respuesta de su ayudante fue inmediata.
«Siempre es un orgullo que un entrenador como Pablo pueda pensar que le pueda aportar», cuenta Aitor. «Era también una ilusión compartida, la de venir a la Botola, a la liga más potente del continente, que está creciendo a unos niveles exponenciales». No es una frase de cortesía. Aitor la sostiene con un argumento concreto: «El otro día, comiendo con entrenadores en Madrid, jugábamos a hacer un ranking de las ligas más potentes del mundo. Para mí Marruecos ahora mismo está en el top 10. Fíjate lo que te digo».
El contexto en el que aterrizaron no era amable. El MAS, uno de los clubes más antiguos del país —fundado en 1946, cuatro ligas marroquíes y cuatro Copas del Trono en su palmarés, ganador de la Copa Confederación de la CAF en 2011—, llevaba años instalado en la medianía. En las últimas tres temporadas había terminado décimo, undécimo y octavo. La ciudad imperial, capital espiritual del reino, llevaba décadas sin celebrar nada importante en su fútbol.
Quintos en presupuesto, primeros en la tabla
Pablo coloca las cifras sobre la mesa sin adornos. «Podríamos decir que nosotros somos el quinto club a nivel de presupuesto del país. Wydad, Raja, Berkane —que es el actual campeón— y el FAR Rabat están indudablemente por encima de nosotros. A nivel de confección de plantilla y de calidad estaríamos más o menos en esa posición». Y sin embargo, tras quince jornadas, el MAS es líder de la Botola con ocho victorias y siete empates. Invicto. La mejor primera vuelta de la historia del club en la competición.
Para medir el salto, conviene mirar a los nombres contra los que compite. El Wydad Casablanca, ese rival al que El Jabali fusiló con su pierna izquierda cruzada, acaba de fichar a Hakim Ziyech, ex del Chelsea; a Nordin Amrabat, ex de la Premier y del Málaga; a Wissam Ben Yedder, ex del Mónaco; a Ramiro Vaca, internacional boliviano. Un vestuario de estrellas. El único refuerzo del MAS durante el mercado invernal fue Salaheddine Ghedamsi, un lateral derecho tunecino. «Es un buen jugador», sonríe Aitor, «pero ese ha sido nuestro mercado de invierno. Lo bonito del fútbol es que les ganas y juegas mejor que ellos y estás primero, pero la realidad es que sobre el papel deberían ser muy superiores».
La diferencia, dice Pablo, no está en el dinero sino en tres cosas concretas: el tiempo que les ha dado la directiva, los hábitos que han instalado en el vestuario y una forma de jugar que no se ve en otros banquillos de la Botola. «Aquí pierdes un partido, empatas otro y los entrenadores van fuera. La nueva directiva nos ha dotado de medios y, lo más importante, ha confiado en nosotros desde la distancia. Nos han dado el tiempo, que es fundamental». El resultado, a sus ojos, es «un auténtico milagro»: devolver al club y a la ciudad «a un estatus y a un punto de euforia que no se vivía desde hace muchas décadas».
Aitor traduce el método en términos de tablero. El fútbol marroquí, explica, se juega «de manera más física, más directa, más vertical». Ellos han importado otra gramática. «Hemos intentado buscar un estilo más acorde al estilo español, adaptándonos también al suyo. Poco a poco les hemos ido ‘educando’ e incorporando conceptos que han hecho que nuestro equipo a nivel táctico sea mucho mejor». Piden a los centrales que conduzcan, que fijen rivales, que se sumen a la siguiente altura para generar superioridades. Piden que el portero participe en la salida. Piden que todos los jugadores, empiecen o no, sientan que habrá un minuto para ellos. «Jabali empezó la temporada como titular, jugó los siete primeros partidos, luego tuvo una expulsión y no volvía a jugar de titular», recuerda Pablo. «Hicimos entender a todos los jugadores que iban a tener su momento. Cuando tiene la oportunidad de reengancharse hace este partidazo y lo culmina con un gol que ojalá sea el Puskás. Habla muy bien del trabajo colectivo, no solo a la hora de transformar un equipo desde el juego, sino desde los comportamientos, los hábitos, los valores. Eso es difícil de ver en el fútbol africano».

Un país que se prepara para 2030
Llegaron a un gimnasio sin terminar. Aitor lo cuenta con naturalidad, como si hablara de un piso de alquiler. «Cuando llegamos todavía no estaba terminado el gimnasio. Lo fuimos adaptando para tener uno acorde a la estructura de un club de Primera División, con salas de vídeo». Un año después, el MAS tiene algo que empieza a parecerse a un club europeo de tamaño medio. Y el país entero, alrededor, acelera.
«Para mí Marruecos ahora mismo está en el top 10 de las ligas del mundo» — Aitor van den Brule
Marruecos será co-anfitrión del Mundial de 2030 junto a España y Portugal. La liga local es, al mismo tiempo, la vitrina y el laboratorio. «Los estadios son top mundial, puedes compararlos con cualquiera de los mejores de Europa», asegura Aitor. «Los centros de entrenamiento han avanzado muchísimo. Vas viendo en los clubes a los cuales te enfrentas que también van mejorando a todo nivel: recursos, instalaciones, materiales». Pablo tira de experiencia internacional para ubicar a quien escucha desde España. «He tenido la suerte de entrenar en Primera en España, de estar en el Bernabéu, en el Camp Nou, en el antiguo Vicente Calderón, en grandes sitios en África en competiciones internacionales. Yo creo que a nivel de infraestructuras esta liga está en el top 10 del mundo; a nivel de colorido, de fans, de seguimiento, tiraría más para arriba. Podría estar en el top 3 o top 5».
El ruido europeo ya llega hasta allí. «Había grandes clubes europeos cuyos secretarios técnicos o presidentes estuvieron en nuestro último partido, acreditados para hacer seguimiento de jugadores tanto del Wydad como nuestros», revela Pablo. Aitor, desde otro ángulo, lo confirma. «Tengo amigos que ahora son directores deportivos en Primera y Segunda en España. Durante la temporada he recibido llamadas solicitándome informes, incluso acreditaciones para ir a visionar jugadores en directo». Él lo compara, un poco a la brava, con Uruguay: «Un país súper pequeño, exportador de futbolistas, porque tienen desde la base una manera de competir muy marcada. Creo que a futuro va a pasar eso mucho más también con los futbolistas marroquís».
Del vestuario del MAS, dos nombres están ya en la antesala de la selección. Un portero, Salaheddine Chihab, y un delantero, Soufiane Benjdida. «En la prelista de la última convocatoria hubo dos jugadores nuestros –Chihab y Benjdida–, finalmente no entraron», cuenta Pablo. «Nuestro delantero y máximo goleador del campeonato lleva 13 goles en una vuelta, cifras que prácticamente alcanzan a los máximos goleadores a final de temporada en la Botola».
Vivir en Fez, perder en Fez, ganar en Fez
Fez no es Casablanca. No tiene la cosmopolita agitación marítima de la capital económica ni la relación con Europa que sí tienen Tánger o Rabat. Es la capital espiritual del país, una ciudad de medina milenaria y callejones imposibles, y tiene una relación con su equipo de fútbol que, a Pablo, le recuerda otra época. «Yo hacía mucho que no vivía un ambiente en fútbol como este. Es precioso y muy reconfortante poder tener este tipo de afición llevando en volandas al equipo. Ellos también son parte de la clave de nuestro éxito».
Los números del aficionado medio en Marruecos dejan fuera de juego cualquier comparación cómoda con España. «Me cuesta pensar en un club de Primera en España que desplace 20.000 o 25.000 personas en sus partidos fuera de casa», se maravilla Aitor. «Aquí todavía lo ves. Vas a jugar fuera a siete horas de viaje en autocar y te encuentras con 25.000 personas de tu club que han hecho ese esfuerzo. Es muy bonito». El otro lado de la moneda lo admite sin pudor: «Por contra, el día que no ganemos probablemente te podré contar otra película. Son muy fanáticos, son muy hinchas, lo viven mucho; para lo bueno y para lo malo, se siente mucho el fútbol».
A Aitor también le ha llamado la atención la diferencia, en términos de repercusión, con sus anteriores destinos africanos. «He notado mucha diferencia entre la repercusión que genera lo que estamos consiguiendo en Marruecos y lo que habíamos conseguido antes en Sudáfrica. Marruecos está mucho más cerca de Europa, trasciende mucho más, y ahora está considerada probablemente como la potencia africana del fútbol». Las llamadas llegan antes. Los mensajes tardan menos en aterrizar.
Nada de esto es un paseo, eso sí. Entrenar en un país árabe, y hacerlo bien, supone según Aitor «un handicap incorporado» que no todos los colegas entienden. «En cualquier liga del mundo es muy complicado sacar resultados, porque el fútbol es complejo, pero en este tipo de países tienes que adaptarte también a cosas que trascienden más allá del fútbol. Tienes que tener un nivel de adaptación mayor y ser capaz de gestionar diferentes situaciones. Nosotros ya llevamos un máster en eso». Ese máster lo obtuvieron en Riad, en Dar es Salaam y en Durban. En Fez, creen, están haciendo la tesis.
Volver a Europa, o ganar primero una Botola
Pablo no esquiva la pregunta por los rumores. En las últimas semanas, varios medios han publicado que hay clubes interesados en él. «Ha habido muchos años que estamos trabajando a un nivel altísimo y las oportunidades que hemos tenido han estado por debajo del nivel que tenemos como entrenadores o de nuestro rendimiento. Cuando ahora la trascendencia de lo que se está haciendo sale a la luz —y estas informaciones vienen de antes del partido contra el Wydad— evidentemente reconforta». La palabra que repite es «ilusión». «Tenemos ilusión por volver a contextos como en su día estuvimos en España, en Europa, donde entendemos que podemos hacer brillar más nuestro potencial. Pero lo importante es el entrenamiento de esta tarde, el próximo partido. A ver hasta dónde podemos llegar si seguimos obrando milagros».
«Para un entrenador de fútbol no existe nada peor que la derrota: la expectativa. La expectativa acaba matando los proyectos» — Aitor van den Brule
Aitor, que ha tenido que lidiar con derrotas dolorosas, activa un lema que utiliza en sus cursos. «Para mí no existe nada más que una cosa peor que la derrota en este oficio: la expectativa. La expectativa acaba matando los proyectos y tirándose por delante entrenadores, porque cuando tú generas una expectativa que está o no está acorde con la realidad del club en el que te encuentras, eso es un problema». Él lo repite como un mantra ante los micrófonos marroquíes que ya hablan, sin matices, del ‘championat’: del título, del pulso con los grandes. «Habrá que estar preparados y equilibrados. A mí me gusta no estar muy arriba en la victoria ni generar un drama cuando se pierde».
Aun así, la primera vuelta no se la va a quitar nadie. Ni tampoco el gol del otro día. Quedan 15 partidos por delante, una segunda vuelta que medirá de verdad lo que este MAS puede dar de sí, y la posibilidad real —modesta sobre el papel, enorme en la pizarra— de que dos españoles levanten una Botola Pro en un país que el mundo empieza a mirar con respeto futbolístico. Si sucede, dirán que fue un milagro. Ellos, que llevan 12 meses en Fez y media vida rodando por medio mundo, saben que los milagros, en este oficio, siempre llegan con treinta pases detrás.
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Españoles por el mundo
Andorra. Víctor Vázquez, el canterano al que comparaban con Messi que acabó siendo dueño de un club en Andorra
Formado en La Masía en la misma quinta que Leo Messi, Gerard Piqué y Cesc Fàbregas, Víctor Vázquez nunca llegó a ser el jugador que muchos anticipaban en el Barça. En su lugar construyó casi dos décadas de carrera repartidas entre Bélgica, México, Canadá, Catar, Estados Unidos, India y Andorra, donde hoy es entrenador y copropietario del FC Santa Coloma.
Hay generaciones que quedan marcadas para siempre por un nombre, y la de 1987 en La Masía quedó marcada por el de Leo Messi. Pero en aquel grupo de canteranos convivían también Gerard Piqué, Cesc Fàbregas y un centrocampista de toque fino, Víctor Vázquez, del que en el club llegó a decirse que tenía tanto o más talento que el propio argentino. Nunca se convirtió en otro Messi. Se convirtió, eso sí, en otra cosa: en uno de los futbolistas españoles con la carrera más larga, más variada y más insólita de su generación, una que arrancó en el Camp Nou y terminó, casi veinte años después, como propietario de un club de Segunda división de Andorra.
La joya que Guardiola convocó y las lesiones que la frenaron
Vázquez, nacido en Barcelona en enero de 1987, entró en la cantera azulgrana con nueve años y fue subiendo peldaños hasta debutar con el primer equipo el 12 de abril de 2008, en un partido fuera de casa ante el Recreativo de Huelva. Pep Guardiola, que tomaría las riendas del banquillo esa misma temporada, lo convocó para varios amistosos de pretemporada y llegó a darle minutos oficiales durante su etapa como técnico. Aquel curso, el de 2008-09, el Barcelona ganó el triplete histórico —Liga, Copa del Rey y Champions League—, y Vázquez, aunque con un papel secundario, formó parte de aquella plantilla. Dos años después repitió la hazaña continental: participó en la fase de grupos de la Champions 2010-11 —anotó, de hecho, ante el Rubin Kazán— en la temporada que el Barça terminaría levantando en Wembley ante el Manchester United.
Pero el filón que parecía anticiparle un futuro estelar se topó con un obstáculo que marcaría el resto de su carrera: las lesiones, y en particular una rodilla operada con apenas 21 años, que él mismo señalaría años después como el punto de inflexión de su trayectoria. Al terminar la temporada 2010-11, con pocas garantías de continuidad en el primer equipo, aceptó una oferta del Club Brujas belga.
Bélgica, el país donde encontró su mejor versión
Lo que en el momento pudo parecer un descenso de categoría se convirtió en la etapa más sólida de su carrera como futbolista. En el Brujas, Vázquez disputó alrededor de 160 partidos oficiales, anotó una veintena de goles, ganó la Copa de Bélgica y, al cierre de la temporada 2014-15, fue elegido futbolista del año de la liga belga. Ese reconocimiento, sumado a su rendimiento sostenido durante cinco temporadas, terminó abriéndole las puertas de un destino que en 2015 sonaba exótico para un jugador de su perfil: el fútbol mexicano.
Un año difícil en México y la resurrección en Toronto
Cruz Azul pagó 1,5 millones de dólares por su traspaso a comienzos de 2016, pero la experiencia no salió como esperaba ninguna de las partes: apenas 23 partidos, un solo gol, una lesión mal gestionada según relataría después el propio jugador, y una adaptación a la vida en México que él mismo calificaría de complicada, también en lo personal. Siete meses después de su llegada, la etapa se cerraba.
Fue entonces cuando Toronto FC le ofreció la oportunidad de reinventarse, y Vázquez la aprovechó como pocas veces en su carrera. En su primera temporada en la MLS, 2017, fue una pieza clave del mejor equipo de la historia de la competición hasta entonces: Toronto ganó el Supporters’ Shield con el récord de puntos de la liga, el Campeonato Canadiense y, finalmente, la MLS Cup ante Seattle Sounders, completando el primer triplete doméstico en la historia del torneo. Vázquez firmó el gol que sentenció aquella final, un tanto que celebró quitándose la camiseta y mostrando su apellido, un pequeño guiño íntimo a Messi que reconocería después haber hecho por una apuesta con su familia. Aquella temporada acabó, además, entre los mejores once del año de la MLS, tras sumar ocho goles y dieciséis asistencias.
Catar, Bélgica otra vez, Los Ángeles, Toronto de nuevo, India
A partir de ahí, la carrera de Vázquez se convirtió en una auténtica vuelta al mundo. Pasó por el fútbol catarí con el Al-Arabi y el Umm Salal, regresó brevemente a Bélgica para jugar en el Eupen, volvió a probar suerte en Estados Unidos fichando por LA Galaxy en 2021, tuvo una segunda etapa en Toronto FC en 2023 y llegó a jugar en la liga india con el East Bengal antes de recalar, ya en la treintena avanzada, en el FC Santa Coloma de Andorra.
El retiro y una segunda vida como entrenador y propietario
Fue en Santa Coloma donde, con 38 años y a punto de cumplir 39, Víctor Vázquez decidió colgar las botas. Lo anunció él mismo en redes sociales, reconociendo que la rodilla que había condicionado toda su carrera profesional —la misma lesión de los 21 años— por fin marcaba el final. Pero su historia con el club no terminó ahí: asumió el cargo de entrenador y se convirtió, además, en uno de los propietarios del club, cerrando el círculo de una carrera que arrancó soñando con ser otro Messi y terminó, casi veinte años después, construida a base de aeropuertos, ligas exóticas y un negocio propio en el fútbol andorrano.
Nunca llegó a ser el jugador que muchos vaticinaron en La Masía. Pero pocos canteranos de aquella quinta irrepetible pueden presumir de haber levantado la Champions League con el Barça, ser campeón de la MLS marcando en la final, ganar la Copa de Bélgica y terminar convertido en dueño de un club de fútbol, todo dentro de la misma vida deportiva.
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Fichajes. De electricista a verdugo del Real Madrid: quién es Jefté, nuevo ‘9’ de la UD
El delantero grancanario, físico como un ariete pero con vocación de asociarse y salir del área, regresa a la UD Las Palmas tras una carrera que lo llevó por Austria, Rumanía, Chipre y Grecia. Antes de todo eso, con solo 24 años, estuvo a punto de dejar el fútbol para siempre.
La UD Las Palmas acaba de fichar a un delantero extraño. Lo dice, de hecho, él mismo: por físico —1,87 metros, envergadura de rematador— cualquiera lo encasillaría como un ‘9’ de referencia, de esos que viven del juego aéreo y de estar de espaldas a portería. Jefté Betancor es justo lo contrario. Le gusta tener el balón en los pies, asociarse con sus compañeros y salir del área para tocar el juego. Un delantero atípico que ha terminado firmando hasta 2029 con el club de su tierra.
Pero lo más sorprendente de Jefté Betancor no es cómo juega. Es todo lo que ha tenido que atravesar para volver a casa.
El chico que rozó el primer equipo y acabó en Preferente
El público general lo descubrió el pasado mes de enero, cuando dos goles suyos —el segundo en el minuto 94— eliminaron al Real Madrid de la Copa del Rey en el debut de Álvaro Arbeloa como entrenador blanco. Pero la historia de Jefté Betancor Sánchez, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 6 de julio de 1993, empezó mucho antes.
Formado en el Unión Viera y en el Vecindario, con 17 años fue invitado por el Real Madrid a un campus juvenil y llegó a sonar en las categorías inferiores del Hércules. De ahí pasó por un rosario de filiales y equipos modestos —Ontinyent, Tenerife B, Eldense, Badajoz— hasta recalar en Las Palmas Atlético entre 2015 y 2017, donde llegó a ser convocado en dos ocasiones por Quique Setién con el primer equipo sin llegar a debutar. Cedido después en Arandina y San Fernando, regresó al Unión Viera en 2017, ya en categoría Preferente, muy lejos del fútbol profesional con el que había soñado.
Fue entonces, con apenas 24 años, cuando estuvo a punto de dejarlo todo. El propio Betancor lo ha reconocido públicamente: dejó el fútbol durante seis meses y se puso a trabajar de electricista en su barrio para despejar la cabeza. «Mi cabeza no estaba bien», ha explicado. Con la ayuda de su familia y de un psicólogo, decidió volver a intentarlo. Aquel no fue el final de su historia, sino el punto de partida de todo lo que vendría después.
Austria, la puerta de una carrera nómada
En vez de rendirse, Jefté hizo las maletas. En 2018 firmó por el modesto ATSV Stadl-Paura austriaco, en Tercera división, y un año después dio el salto al Mattersburg, con el que debutó en la Bundesliga austriaca. Una cesión al Vorwärts Steyr y un paso por el SV Ried completaron su etapa en el país alpino, donde llegó a sumar 16 goles en una sola temporada, suficiente carta de presentación para seguir escalando.
De Austria saltó a Rumanía en 2020, primero al FC Voluntari y después, en la temporada 2021-22, al Farul Constanța. Fue allí donde su carrera despegó definitivamente: 16 goles en la fase regular, título de mejor jugador extranjero del campeonato y el reconocimiento de la prensa rumana como futbolista revelación del año, con 19 tantos en el cómputo del año natural. Y hay una anécdota que lo explica todo sobre aquel fichaje: quien lo llamó personalmente para convencerlo de firmar por el Farul fue Gheorghe ‘Gica’ Hagi, leyenda del fútbol rumano, exjugador de Real Madrid y Barcelona y copropietario del club de Constanța. Jefté siempre ha señalado a Hagi como el mejor entrenador que ha tenido.
Aquel rendimiento le abrió las puertas del CFR Cluj, entonces pentacampeón rumano, con el que debutó en rondas previas de Champions League y Conference League. A mitad de aquella etapa, en enero de 2023, se marchó cedido al Pafos FC de Chipre, club donde por entonces ejercía como director técnico otro español ilustre: Gaizka Mendieta, extécnico centrocampista de Valencia y Lazio, que dirigía la operativa futbolística del conjunto chipriota entre 2022 y 2023.
La venda que no se quiso quitar
Tras un breve regreso al CFR Cluj —contrato resuelto de mutuo acuerdo tras un desencuentro con la dirección deportiva del club—, Jefté firmó en enero de 2024 por el Panserraikos griego. Allí vivió la temporada más determinante de su carrera. En un partido sufrió un corte en la cabeza y empezó a jugar con una venda; encadenó diez jornadas consecutivas marcando gol, una racha que lo convirtió en el primer español en lograrlo en la Superliga griega. La herida cicatrizó enseguida, pero él decidió no quitarse la venda: pensaba que le daba suerte, y su madre —cuenta Jefté— le insistía en conservarla porque así lo reconocía mejor cuando lo veía por televisión.
Cerró aquella temporada 2024-25 con 19 goles en 30 partidos de liga —21 en 33 si se suma la copa griega—, proclamándose pichichi de la Superliga por delante de nombres como Ayoub El Kaabi, del todopoderoso Olympiacos, o su compatriota Loren Morón, del Aris. Un botín goleador que representaba casi la mitad de los goles de todo su equipo, que había acabado la fase regular en la undécima posición de catorce.

Ese rendimiento despertó el interés de varios grandes del fútbol griego, y en enero de 2025 el Olympiacos pagó 500.000 euros por hacerse con sus derechos, aunque terminó cediéndolo de vuelta al Panserraikos para acabar la temporada.
Con el Albacete, la explosión definitiva en España
En agosto de 2025 el Olympiacos volvió a cederlo, esta vez al Albacete Balompié, de la LaLiga Hypermotion. Allí completó una campaña notable: 18 goles en 43 partidos entre liga y Copa del Rey. El punto álgido llegó el 14 de enero de 2026, en los octavos de final de la Copa del Rey: entró desde el banquillo en el minuto 58 con el marcador 1-1 y firmó un doblete —gol en el 82′ y otro en el minuto 94, ya en el tiempo añadido— que certificó la eliminación del Real Madrid por 3-2, en el debut de Álvaro Arbeloa como entrenador blanco tras la salida de Xabi Alonso.
«Es lo más grande que me ha pasado en el fútbol. Son las cosas con las que sueña uno cuando es pequeño. Hoy se ha dado y estoy muy feliz porque hemos trabajado como cabrones para eliminar a uno de los mejores equipos del mundo», declaró tras el partido, todavía con la emoción del momento. Fue, para un futbolista que nueve años antes trabajaba de electricista sin saber si volvería a los terrenos de juego, una de esas noches que justifican una carrera entera.
De vuelta a casa, con contrato hasta 2029
El Albacete no ejecutó la opción de compra por la elevada cantidad pactada con el Olympiacos, y el futuro de Jefté quedó en manos de una negociación entre el club griego y la UD Las Palmas, que se prolongó varias semanas del pasado mercado de verano pese al interés de otros equipos de Segunda, como el Real Oviedo. Finalmente, este mismo mes de julio de 2026, el club amarillo cerró el traspaso con Olympiacos y Jefté Betancor firmó hasta el 30 de junio de 2029.
Vuelve a un club en el que nunca llegó a debutar con el primer equipo, para cubrir ahora, con Rubén de la Barrera en el banquillo, la baja por lesión de Sandro y compartir la punta de ataque con Jesé Rodríguez. «Con su incorporación, la UD Las Palmas suma a un futbolista con profundo sentimiento de pertenencia hacia la isla y el club, que afronta esta nueva etapa con la ilusión de defender la camiseta amarilla en el equipo de su tierra», señaló el club en el comunicado oficial de su fichaje.
Ocho años después de plantearse dejarlo todo, Jefté Betancor vuelve a Gran Canaria convertido en pichichi de una liga europea y verdugo del Real Madrid. A veces, parece decir su historia, hace falta marcharse muy lejos para acabar cumpliendo el sueño que siempre tuviste de niño.
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