Españoles por el mundo
Holanda. Xavi vuelve al banquillo: la misión de recuperar la identidad de Oranje
Xavi Hernández vuelve a entrenar dos años después de dejar el Barcelona. Países Bajos le ha elegido para recuperar un fútbol dominante y reconocible tras el Mundial. Así llega el técnico español y estos son los retos que tiene por delante.
La primera rueda de prensa de Xavi Hernández como seleccionador de Países Bajos tuvo una dosis de sinceridad poco habitual en las presentaciones de entrenadores. Nigel de Jong, director de fútbol de la federación neerlandesa, explicó delante del propio Xavi cómo había sido el proceso de contratación. La primera llamada había sido para Pep Guardiola, que prefirió tomarse un año sabático. Después apareció Arne Slot, que consideró que su carrera debía continuar todavía en el fútbol de clubes. Solo entonces llegó el nombre del entrenador catalán.
Xavi escuchó que había sido la tercera opción y respondió con humor: «No está mal venir después de Guardiola y Slot. Al menos estamos en el podio». Después añadió que le daba igual haber sido la tercera o la décima alternativa. Para él, dirigir a Países Bajos era un honor.
Aquella escena resumía bien la peculiaridad del nombramiento. La federación neerlandesa había buscado primero a dos entrenadores que representan, cada uno a su manera, una determinada idea del fútbol. Cuando ninguno estuvo disponible, acabó contratando a otro técnico formado dentro de esa misma tradición. Xavi nunca ha escondido de dónde proceden sus referencias.
Cuando la KNVB anunció su contratación, el propio entrenador se definió como «un hijo del fútbol neerlandés». Recordó la influencia de Johan Cruyff y Rinus Michels sobre el Barcelona, pero también la importancia personal de Louis van Gaal, el técnico que le hizo debutar en el primer equipo azulgrana, y de Frank Rijkaard, con quien terminó convirtiéndose en uno de los mejores centrocampistas del mundo. Ahora, con 46 años, Xavi llega precisamente al país que exportó buena parte de aquellas ideas.
Dos años fuera después del desgaste de Barcelona
Xavi llevaba más de dos años sin entrenar cuando aceptó la propuesta neerlandesa. Su última experiencia había terminado en mayo de 2024 en el Barcelona, después de una etapa tan importante como emocionalmente agotadora. Había llegado en noviembre de 2021 para sustituir precisamente a Ronald Koeman, con el Barça noveno en Liga y atravesando una profunda crisis institucional y económica.
En dos temporadas y media dirigió 142 partidos oficiales y consiguió 90 victorias. Ganó la Liga 2022/23 y la Supercopa de España, recuperó competitividad doméstica y dio espacio a una generación de futbolistas jóvenes en la que aparecieron Lamine Yamal, Fermín López, Pau Cubarsí o Alejandro Balde. Pero aquella etapa también dejó límites claros: el Barcelona de Xavi nunca terminó de trasladar su dominio nacional a Europa y su última temporada estuvo marcada por resultados irregulares, discusiones públicas alrededor del proyecto y una relación cada vez más deteriorada con la dirección del club.
En enero de 2024 anunció que se marcharía al terminar la temporada porque no quería convertirse en «un problema» para el Barça. Tres meses después aceptó continuar. Un mes más tarde, Joan Laporta decidió destituirle. Xavi salió de aquel proceso desgastado y más tarde reconocería que necesitó hacer un «reset» después del Barcelona.
Durante ese periodo rechazó la urgencia de volver inmediatamente a un banquillo y explicó que esperaba un proyecto que realmente le ilusionara. Países Bajos ha terminado siendo ese proyecto.
Antes de Barcelona hubo un laboratorio en Catar
La trayectoria de Xavi como entrenador es más corta de lo que puede sugerir su notoriedad. Su primera experiencia comenzó en 2019, inmediatamente después de retirarse como jugador del Al Sadd. Allí dispuso de algo que posteriormente echaría de menos en Barcelona: un entorno relativamente estable para probar ideas, equivocarse y construir un modelo.
En 102 partidos ganó 67, empató 17 y perdió 18. Levantó siete títulos y llegó a las semifinales de la Champions asiática. Su Al Sadd encadenó además 36 encuentros sin perder durante la temporada en la que conquistó la liga catarí. Más interesante que el palmarés era la intención: salida desde atrás, ocupación racional de los espacios, posesiones largas, jugadores abiertos para generar amplitud y presión inmediata después de perder la pelota.
El propio Xavi ha resumido su metodología con lo que denomina sus cuatro «P»: presión, posesión, posición y percepción. A ellas añadió después una quinta: pasión. En Catar podía aplicar esas ideas desde una posición de superioridad. En Barcelona tuvo que descubrir que una filosofía también necesita adaptarse al contexto. Hubo momentos en los que su equipo dominó mediante el balón y otros en los que recurrió a un bloque más práctico, especialmente durante la Liga 2022/23, construida sobre una defensa extraordinariamente eficaz.
Países Bajos supone ahora una tercera prueba diferente. No tendrá meses de entrenamiento. Tendrá días.
La federación no ha fichado solo un nombre
El nombramiento de Xavi responde a una decisión bastante explícita de la KNVB. Países Bajos llegó hasta las semifinales de la Eurocopa 2024 con Ronald Koeman, pero el ciclo terminó dos años después de una manera mucho más incómoda. La selección fue eliminada por Marruecos en los dieciseisavos del Mundial 2026 después de un partido muy criticado dentro del país por su planteamiento conservador. Koeman dejó el cargo posteriormente.
La discusión neerlandesa no giró únicamente alrededor del resultado, sino alrededor de cómo había jugado la selección. La prensa neerlandesa resumió después el mandato que recibe Xavi de una manera especialmente clara: devolver la Hollandse School, la escuela neerlandesa, a la Oranje. La federación quiere un equipo que tome la iniciativa, domine mediante la pelota y vuelva a resultar reconocible para su público.
Nigel de Jong utilizó prácticamente el mismo lenguaje cuando anunció su contratación: iniciativa, dominio, atractivo y flexibilidad para adaptarse al fútbol moderno. Eso explica por qué la nacionalidad de Xavi es casi secundaria. Es el primer extranjero que dirige a Países Bajos desde el austríaco Ernst Happel, que llevó al equipo a la final del Mundial de 1978, pero conceptualmente quizá sea uno de los seleccionadores extranjeros menos extranjeros posibles.
«Voy a la universidad del fútbol»
Xavi llevó esa conexión todavía más lejos durante su presentación. «Mi sensación es que voy a la universidad del fútbol», dijo. La frase no era únicamente una cortesía. El entrenador explicó que buena parte de lo que aprendió en Barcelona tenía raíces neerlandesas y que ahora quería devolver parte de ese conocimiento.
También dejó bastante claro qué pretende hacer. Habló de dominar los partidos, tomar la iniciativa con balón y construir un equipo con pasión y ambición. Y cuando le preguntaron por la posibilidad de utilizar una defensa de cinco —una estructura que Koeman había empleado— prácticamente la descartó como idea principal. Xavi señaló sistemas como el 4-3-3 o el 4-2-3-1 porque considera que le permiten controlar mejor el juego.
Ahí aparece el primer gran desafío. Explicar cómo quiere jugar es sencillo; conseguir que una selección nacional lo haga con apenas unas sesiones de entrenamiento es bastante más difícil.
Cuatro partidos en once días para empezar
Xavi apenas ha tenido tiempo para una introducción progresiva. Su debut llega contra Alemania en Ámsterdam y, en apenas once días, Países Bajos disputará también partidos ante Serbia, Grecia y de nuevo Serbia en la Nations League. La concentración inicial se parece más a un curso intensivo que a una pretemporada.
Por eso una de sus primeras decisiones ha sido cerrar parte de los entrenamientos. La prensa neerlandesa estaba acostumbrada a tener más acceso durante las concentraciones, pero Xavi explicó que necesita aprovechar cada sesión para trabajar aspectos tácticos. Incluso ha programado dobles sesiones durante esta primera ventana.
Su mensaje a los jugadores también ha sido significativo: «No puedo prometer un buen resultado, pero sí una manera de jugar». Después enumeró lo que exige: intensidad, pasión e iniciativa. Ese quizá sea el punto de partida más realista. Xavi no puede construir en diez días el tipo de automatismos que desarrollaba diariamente en Barcelona o Al Sadd, pero sí puede establecer comportamientos reconocibles: dónde empieza la presión, cómo ocupa el equipo el campo, qué riesgos acepta en salida y qué hace inmediatamente después de perder el balón.
La primera lista ya ofrece algunas pistas
Su primera convocatoria tampoco ha supuesto una revolución. Buena parte del núcleo del Mundial continúa: Virgil van Dijk, Tijjani Reijnders, Ryan Gravenberch, Denzel Dumfries, Nathan Aké, Cody Gakpo o Jeremie Frimpong siguen siendo referencias. Frenkie de Jong, que por perfil parece llamado a ser una de las piezas más importantes del proyecto de Xavi, no está en esta primera lista porque arrastra una lesión de rodilla. Su ausencia obliga al nuevo seleccionador a empezar sin uno de los centrocampistas que mejor encajan con la idea de juego que pretende implantar.
Pero existen decisiones significativas. Las dos caras nuevas son Ruben van Bommel y Gjivai Zechiël, premiados por su comienzo de temporada con PSV y Feyenoord respectivamente, mientras Joey Veerman regresa a la selección. Y Memphis Depay no está.
No es una ausencia menor. Memphis es el máximo goleador histórico de Países Bajos y había sido una pieza constante del ciclo anterior. Xavi reconoció que comunicarle la decisión fue lo más difícil de esta primera convocatoria, aunque dejó claro que la puerta continúa abierta. El motivo concreto de su ausencia, dijo, pertenece a una conversación privada entre ambos.
En cambio, Virgil van Dijk seguirá siendo capitán. Xavi viajó personalmente a Liverpool para hablar con él y salió de la reunión convencido de que el central conserva la motivación necesaria para continuar liderando al equipo. Las dos decisiones juntas resumen bastante bien el problema generacional que tendrá que gestionar: renovar sin destruir.
Una selección con talento, pero sin una jerarquía ofensiva clara
Países Bajos no atraviesa una crisis de talento. Frenkie de Jong, aunque ahora está fuera por esa lesión de rodilla, ofrece sobre el papel algo que encaja casi perfectamente con el fútbol que quiere Xavi: capacidad para recibir bajo presión, conducir y dar continuidad a la posesión desde zonas interiores. Gravenberch ha evolucionado como centrocampista de primer nivel y Reijnders aporta llegada y conducción. En los laterales aparecen perfiles tan agresivos como Dumfries y Frimpong, mientras Gakpo, Noa Lang, Justin Kluivert o Brian Brobbey ofrecen diferentes soluciones en ataque.
El problema es ordenar todo eso. La etapa de Koeman encontró estabilidad defensiva en algunos momentos, pero nunca terminó de construir una identidad ofensiva comparable a la calidad individual de la plantilla. Cuando Frenkie regrese, Xavi deberá decidir, por ejemplo, dónde quiere colocarle para que participe en la primera construcción sin alejarlo demasiado de los últimos metros, cómo encajar la potencia de Frimpong y Dumfries sin perder equilibrio o qué perfil debe ocupar el centro del ataque ahora que Memphis ya no es automático.
Y, sobre todo, tendrá que decidir cuánto riesgo está dispuesto a asumir. Su discurso habla de dominar. La selección que hereda no siempre se ha sentido cómoda haciéndolo.
El gran reto de Xavi no será la posesión
Existe una tentación evidente de reducir el debate a cuánto tendrá el balón Países Bajos. Probablemente lo tendrá mucho. Pero el fútbol de Xavi nunca ha consistido únicamente en acumular posesión. Su preocupación siempre ha estado en dónde están situados los jugadores cuando tienen la pelota y, especialmente, dónde están cuando la pierden.
Ese segundo aspecto será decisivo. Las selecciones nacionales ofrecen poco tiempo para automatizar la presión y la defensa de las transiciones. Una mala ocupación puede dejar a un equipo expuesto ante Alemania en cuestión de segundos.
La experiencia de Barcelona debería haberle enseñado precisamente eso. Sus mejores momentos llegaron cuando la posesión servía para defender y ordenar al equipo; los peores, cuando cinco o seis jugadores quedaban por delante del balón y cualquier pérdida obligaba a correr hacia atrás. Países Bajos tiene futbolistas para jugar alto. La cuestión será si Xavi consigue que también esté preparado para defender alto.
Un cuerpo técnico entre Barcelona y Países Bajos
Xavi tampoco ha aterrizado solo. Ha mantenido a varios de sus colaboradores habituales: Sergio Alegre, Óscar Hernández e Iván Torres. Pero la federación ha querido complementar ese núcleo con conocimiento local.
Ruud van Nistelrooij y Adil Ramzi trabajan como asistentes, mientras Patrick Lodewijks continúa como entrenador de porteros. Xavi explicó que buscaba precisamente perfiles con experiencias y perspectivas diferentes. Es una estructura inteligente para un seleccionador extranjero: su equipo de confianza protege la metodología; los neerlandeses ayudan a interpretar el entorno, los futbolistas y una cultura futbolística que, pese a las afinidades, Xavi todavía debe conocer desde dentro.
El peso de una camiseta que lleva esperando desde 1988
Países Bajos no gana un gran título desde la Eurocopa de 1988. Desde entonces ha producido generaciones extraordinarias, finales mundialistas, semifinales europeas y equipos que han marcado tendencias tácticas, pero ningún trofeo mayor.
Xavi tiene contrato hasta el Mundial de 2030. Eso le concede algo poco habitual en el fútbol de selecciones: una perspectiva amplia. La federación no ha condicionado su continuidad al resultado de la Eurocopa 2028, lo que permite pensar en un proyecto de cuatro años y no únicamente en el siguiente torneo.
Pero tener tiempo contractual no significa disponer de paciencia ilimitada. La expectativa es grande precisamente porque la idea parece encajar demasiado bien. Países Bajos quiere volver a reconocerse y Xavi quiere volver a demostrar quién es como entrenador.
El entrenador que regresa también tiene algo que reconstruir
Ahí está la otra parte de esta historia. Xavi no llega únicamente para reconstruir a Países Bajos. También está reconstruyendo su propia carrera.
En Al Sadd fue un entrenador dominante en un contexto favorable. En Barcelona demostró que podía ganar una Liga en mitad de una enorme inestabilidad institucional, pero también salió desgastado, cuestionado y sin conseguir que su equipo europeo alcanzara el nivel que había imaginado. Durante dos años tuvo tiempo para mirar el fútbol desde fuera.
Ahora cambia algo fundamental: deja de ser Xavi entrenando al Barcelona. No existe la obligación diaria de responder por cada fichaje, cada lesión, cada decisión presidencial o cada frase pronunciada alrededor del club. Tampoco podrá refugiarse en el mercado cuando algo no funcione. Trabajará con lo que produce el fútbol neerlandés y tendrá que escoger, ordenar y convencer.
Quizá ese contexto se ajuste mejor a la versión de entrenador que intenta construir. Su primer examen tampoco podría ser más simbólico: Países Bajos contra Alemania. Para Xavi, el comienzo de una etapa en el país al que ha llamado la «universidad del fútbol». La teoría ya la conoce. Ahora empieza el examen.
Españoles por el mundo
Alemania. Chuki se hace sitio en Bremen: titular indiscutible y candidato al Rookie del mes
Chuki dejó el Real Valladolid este verano para dar el salto a la Bundesliga y su adaptación ha sido inmediata: titular desde la primera jornada, dos asistencias en septiembre y candidato al Rookie del mes. Analizamos por qué el Werder Bremen confía tanto en él.
La primera gran señal de que Chuki estaba preparado para jugar en la Bundesliga llegó en una acción de apenas dos segundos. Contra el RB Leipzig, recibió bajo presión cerca de la frontal, giró sobre sí mismo y, con la derecha, filtró un pase entre líneas que dejó a Eren Dinkçi solo ante el portero. El Werder Bremen acabaría ganando 3-1 y Daniel Thioune se quedó con esa jugada para explicar qué había visto en el español: muchos futbolistas detectan ese espacio, dijo después, pero no tantos son capaces de ejecutar el pase.
La escena resume bastante bien el impacto de Iván San José Cantalejo desde que dejó el Real Valladolid este verano. No ha necesitado un periodo largo de adaptación, ni un plan progresivo de minutos, ni semanas entrando desde el banquillo. Chuki fue titular en su debut liguero contra el Friburgo y ha mantenido su sitio desde entonces. En septiembre, además, ha disputado 263 de los 270 minutos posibles en Bundesliga —solo fue sustituido en el 83 ante el Leipzig— y ha sumado dos asistencias, un rendimiento que le ha valido entrar entre los tres candidatos al primer Rookie of the Month de la temporada, el de septiembre. Comparte cartel con Maurice Krattenmacher (Elversberg) y Santiago Castañeda (Paderborn).
De Valladolid a Bremen: una decisión buscada, no una salida forzada
Chuki llegó al Werder con 22 años después de haber desarrollado toda su carrera en Valladolid. Debutó con el primer equipo siendo todavía muy joven y terminó acumulando 55 partidos oficiales y nueve goles antes de marcharse. La temporada pasada, ya en Segunda División, dio un paso adelante en producción ofensiva: 15 participaciones de gol en 34 encuentros, una cifra que el propio Werder destacó cuando anunció su fichaje.
La importancia del movimiento está en que Alemania no apareció como una solución de emergencia. Chuki tenía mercado en España, pero quería probarse fuera. En su primera entrevista como jugador del Werder explicó que llevaba tiempo con la idea de conocer otros países, otras ligas y otras formas de vivir el fútbol. También reconoció que era la primera vez que salía de casa y que su hermano se mudaría con él para ayudarle durante los primeros meses. El cambio, por tanto, era deportivo y personal a la vez.
Peter Niemeyer, responsable del área profesional del club, lo presentó como un centrocampista ofensivo con mucho potencial y experiencia ya acumulada tanto en Primera como en Segunda. Thioune fue aún más directo: le definió como un futbolista de mucha calidad, capaz de jugar por dentro como mediapunta y también en zonas exteriores. El entrenador valoraba su producción ofensiva en España, pero durante la pretemporada empezó a insistir también en otro aspecto: su capacidad para jugar hacia delante y romper líneas con el pase.
La pretemporada ya dejó pistas
El Werder fue descubriendo pronto que no había fichado únicamente a un mediapunta de último pase. En su primer amistoso, Chuki dejó una falta al poste y varios envíos profundos que llamaron la atención de Thioune. Días después marcó ante el Fagiano Okayama y volvió a hacerlo en otro encuentro de preparación frente al Energie Cottbus. En agosto ya aparecía en el once de la prueba general contra el Auxerre.
Aun así, el entrenador mantuvo un discurso prudente. Thioune insistía en que los nuevos fichajes necesitaban tiempo para asentarse y pedía paciencia. Esa advertencia sigue siendo relevante ahora, porque el propio técnico ha repetido tras las primeras jornadas que Chuki todavía tiene que acostumbrarse al ritmo y a la exigencia de la Bundesliga. La diferencia es que el Werder ha decidido concederle ese tiempo dentro del campo, no desde el banquillo.
Una lesión le abrió la puerta; su rendimiento la mantuvo abierta
Su primera titularidad liguera llegó en un contexto inesperado. Jens Stage, uno de los centrocampistas más importantes del Werder y máximo goleador del equipo en las dos temporadas anteriores, sufrió una lesión muscular en el último entrenamiento antes del debut ante el Friburgo y quedó fuera durante varios meses. Chuki entró en el once para sustituirlo.
El estreno colectivo fue malo: 4-1 para el Friburgo. Pero la oportunidad no desapareció con la derrota. Chuki volvió a ser titular contra el Leipzig, después contra el Colonia y de nuevo frente al Augsburgo. En septiembre ha sido titular en las tres jornadas y solo se ha perdido siete minutos, los finales del partido ante el Leipzig. Si se añade el debut de agosto frente al Friburgo, acumula 353 de los 360 minutos posibles en Bundesliga. Esa continuidad explica mejor que cualquier etiqueta su verdadero estatus actual: el Werder no le está tratando como una apuesta a futuro, sino como un futbolista útil desde el presente.
La Bundesliga también ha subrayado ese volumen de participación al justificar su nominación al Rookie del mes. En septiembre suma siete disparos y dos asistencias; solo dos jugadores del campeonato han repartido más pases de gol en ese periodo. No son números descomunales, pero sí suficientes para mostrar que su influencia ofensiva ya se está traduciendo en acciones concretas.
Lo que aporta Chuki al Werder
El español está ocupando una zona que el equipo necesitaba llenar con creatividad. Recibe entre líneas, gira con rapidez y tiene tendencia a buscar el pase vertical antes que la circulación segura. La asistencia ante el Leipzig es el ejemplo más limpio, pero no el único. Dos jornadas después, ante el Augsburgo, volvió a ser decisivo al encontrar a Marco Grüll para el 1-2 cuando el Werder perdía 0-2; aquella acción inició una remontada que terminaría en 3-2. Chuki está participando en ataques en los que el Werder consigue progresar gracias a su capacidad para recibir de espaldas y jugar de cara o girarse sin perder tiempo.
Su perfil también obliga a matizar la etiqueta clásica de mediapunta. Chuki no vive pegado al área ni espera que el balón le llegue en ventaja. Para sostenerse en la Bundesliga ha tenido que asumir mucho trabajo sin balón, recorrer grandes distancias y ayudar al equipo a cerrar líneas de pase. Esa adaptación física es una de las razones por las que Thioune sigue confiando en él incluso en partidos en los que su impacto ofensivo es menor.
En otras palabras, no está destacando solo por producir ocasiones, sino por poder permanecer en el partido cuando el Werder no tiene la pelota. Eso es especialmente importante en una liga que castiga a los mediapuntas que desconectan en fase defensiva. El salto desde la Segunda española no consiste únicamente en decidir más rápido con balón; también exige correr más, repetir esfuerzos y defender más lejos de la portería rival.
Dos asistencias que explican su influencia
La primera llegó contra el Leipzig y abrió el partido que terminó en 3-1. La segunda apareció ante el Augsburgo, cuando el Werder perdía 0-2 y Chuki encontró a Marco Grüll para iniciar una remontada que acabaría en 3-2. En ambos casos, sus asistencias no fueron acciones decorativas dentro de partidos resueltos, sino intervenciones que cambiaron el desarrollo del encuentro.
Ese tipo de participación es probablemente lo que más valora Thioune. Después del partido contra el Leipzig, el técnico destacó que Chuki todavía necesita tiempo para adaptarse a la Bundesliga, pero añadió inmediatamente que, teniendo en cuenta su edad y su situación, lo estaba haciendo “estupendamente”. La frase resume bien su momento: no está terminado, ni mucho menos, pero ya está ayudando mientras aprende.
La nominación confirma una adaptación rápida
El premio al Rookie del mes no convierte a Chuki en una de las grandes figuras de la Bundesliga, pero sí ofrece una medida de cómo ha sido percibido su comienzo en Alemania. La liga lo ha colocado junto a dos de los jóvenes que más impacto han tenido durante septiembre y ha destacado especialmente su capacidad para generar ocasiones, sus dos asistencias y una continuidad casi total: 263 de 270 minutos ligueros durante el mes.
También ayuda a entender la velocidad con la que ha cambiado su contexto. Hace unos meses estaba cerrando su etapa en el Valladolid y preparándose para vivir por primera vez fuera de casa. Ahora es titular en el Werder, juega cada semana en la Bundesliga y empieza a recibir reconocimiento externo. Ese proceso no garantiza que mantenga el puesto durante toda la temporada, pero sí demuestra que el salto no le ha sobrepasado.
El siguiente paso: convertir influencia en producción
Chuki todavía no ha marcado en la Bundesliga. Y ahí aparece su principal margen de crecimiento. Su volumen de disparos indica que está llegando a zonas desde las que puede producir más y su temporada pasada en Valladolid ya mostró que tiene capacidad para sumar goles. Si mantiene la titularidad y consigue trasladar esa llegada al área al contexto alemán, su impacto puede crecer de forma considerable.
La buena noticia para el Werder es que el resto ya está apareciendo: continuidad, dos asistencias, capacidad para soportar el ritmo físico de la competición y una influencia creciente en la creación. Thioune pidió paciencia en julio. Dos meses después, Chuki sigue necesitando adaptación, pero ya no parece un fichaje al que haya que esperar. El Werder le está utilizando como una pieza del presente y la Bundesliga acaba de colocarle entre los jóvenes más destacados de septiembre.
Españoles por el mundo
Gulf Cup. Lopetegui busca el título que le falta a esta generación de Catar
La Copa del Golfo arranca en Yeda con ocho selecciones y 15 partidos. Julen Lopetegui lidera a Catar con un amplio cuerpo técnico español, mientras Javi Usero forma parte del banquillo de Kuwait.
La Copa del Golfo no necesita demasiado tiempo para explicar qué lugar ocupa en el fútbol de la región. Son ocho selecciones, dos grupos y apenas 15 partidos, pero alrededor del torneo se mueve algo que no siempre cabe en el tamaño del cuadro: rivalidades históricas, presión institucional, orgullo nacional y una atención mediática que en el Golfo supera con frecuencia a la de competiciones de mayor rango internacional.
La edición número 27 comienza este miércoles en Yeda y terminará el 6 de octubre. Será la primera vez que la ciudad saudí acoja el torneo, con partidos repartidos entre el King Abdullah Sports City y el Prince Abdullah Al Faisal Stadium. El estreno, además, coincide con el Día Nacional de Arabia Saudí y coloca al anfitrión en el centro de una competición que también funciona como ensayo organizativo y deportivo antes de la Copa de Asia de 2027.
Para Migrantes del Balón hay un aliciente añadido: la presencia española es bastante mayor de lo que puede parecer a simple vista. Julen Lopetegui encabeza en Catar un cuerpo técnico con un amplio núcleo español, mientras Javi Usero forma parte del equipo de trabajo de Kuwait. No son dos nombres aislados, sino una representación especialmente numerosa alrededor de la selección catarí.
Ocho selecciones y dos semanas de máxima presión
El formato apenas deja margen para corregir errores. Arabia Saudí, Irak, Omán y Kuwait integran el Grupo A; Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin y Yemen forman el Grupo B. Los dos primeros de cada grupo avanzan directamente a semifinales, que se disputarán el 3 de octubre, y la final llegará tres días después.
La fase de grupos dura únicamente una semana. Arabia Saudí abre el torneo ante Kuwait, mientras Catar debutará el jueves contra Baréin, vigente campeón. Después se enfrentará a Yemen el 27 de septiembre y cerrará la primera fase ante Emiratos Árabes Unidos el día 30. No hay octavos ni cuartos de final: un mal comienzo puede dejar a cualquiera prácticamente sin torneo.
La historia también pesa. Kuwait sigue siendo la selección más laureada con diez títulos; Irak suma cuatro; Arabia Saudí y Catar han ganado tres cada una; Omán, Emiratos y Baréin, dos. Yemen continúa buscando el primero. Esa distribución ayuda a entender por qué la Copa del Golfo sigue siendo una competición especialmente sensible en la zona: casi todos los participantes llegan con una historia propia que defender.
Un torneo regional que se resiste a ser pequeño
La prensa del Golfo lleva días tratando la competición como uno de los grandes acontecimientos del calendario. La organización ha construido incluso la identidad visual alrededor de Yeda: el logotipo toma elementos de los tradicionales rawasheen, los balcones de madera característicos de la ciudad histórica, y los convierte en la silueta del trofeo.
La sede tampoco es casual. Arabia Saudí lleva años utilizando el deporte como escaparate internacional y esta Copa del Golfo llega pocos meses antes de que el país organice la Copa de Asia. La propia federación saudí habla de una edición diseñada para demostrar capacidad operativa, atraer público de toda la región y consolidar Yeda como una sede estable para grandes eventos.
En lo estrictamente deportivo, el torneo llega además en un momento de transición para varias selecciones. Arabia Saudí busca recuperarse de un Mundial discreto; Catar también necesita reconstruir confianza después de su paso por Norteamérica; Baréin defiende el título; Irak mantiene una de las plantillas más competitivas de la zona y Emiratos ha incrementado notablemente su profundidad en los últimos años.
Lopetegui no coloca a Catar como favorita
Julen Lopetegui ha sido especialmente claro en la previa. En una entrevista concedida a Estadio Deportivo a finales de agosto, el seleccionador español situó a Arabia Saudí y Emiratos un escalón por encima por profundidad de plantilla y capacidad estructural. También incluyó a Irak entre los rivales con mayor potencial. Su lectura no era una forma de rebajar expectativas, sino de explicar el contexto en el que compite Catar.
Lopetegui puso incluso cifras al desequilibrio: Catar tiene una base nacional mucho más reducida y no puede ampliar su mercado de jugadores al mismo ritmo que algunos vecinos. Aun así, no escondió el objetivo. La generación actual no ha conseguido levantar la Copa del Golfo y el técnico considera que ese vacío representa uno de los retos más claros de su etapa.
“Es un reto que tenemos por delante”, resumió. Y añadió que Catar llega todavía con cierta resaca emocional después del Mundial, pero con la intención de competir por el título.
La percepción dentro del país es similar. Exinternacionales cataríes consultados en la previa por la agencia oficial QNA han insistido en que esta convocatoria no parece pensada únicamente como laboratorio para 2027. Catar conserva buena parte del bloque experimentado de los últimos años y, por nombres, dispone de argumentos suficientes para aspirar a semifinales y discutir el título.
El mismo núcleo, con retoques
Lopetegui ha optado por la continuidad. La lista mantiene buena parte del núcleo que disputó el Mundial y reúne de nuevo a futbolistas como Akram Afif, Almoez Ali, Hassan Al-Haydos, Boualem Khoukhi, Pedro Miguel y Meshaal Barsham. Tarek Salman regresa tras perderse el Mundial, Naif Al-Hadhrami vuelve después de dos años fuera de la selección y Hashim Ali también entra en la convocatoria.
La prensa catarí ha señalado precisamente ese equilibrio entre experiencia y renovación gradual. No hay una ruptura generacional. Catar sigue dependiendo de varios nombres que llevan años sosteniendo al equipo, mientras Lopetegui intenta introducir alternativas sin desmontar una estructura que tiene otro gran objetivo a corto plazo: defender en enero de 2027 las dos Copas de Asia consecutivas conquistadas por el país.
La Copa del Golfo funciona así como un torneo con doble lectura. El resultado importa —y mucho—, pero también es una prueba de estrés antes del campeonato continental. Para Lopetegui, que llegó a Catar en mayo de 2025 y consiguió la primera clasificación mundialista de la historia del país por méritos deportivos, es la oportunidad de añadir un título regional a un proyecto que hasta ahora ha estado más marcado por la clasificación mundialista que por los trofeos.
Baréin, un debut que mide de verdad a Catar
El primer partido no concede transición suave. Baréin llega como vigente campeón y obliga a Catar a entrar en el torneo con máxima tensión desde el primer día. En un formato tan corto, perder el debut puede convertir el segundo encuentro ante Yemen en una obligación y dejar el duelo final frente a Emiratos como una eliminatoria anticipada.
Lopetegui lleva semanas siguiendo partidos de la Qatar Stars League y ajustando una convocatoria condicionada por el poco margen disponible entre el inicio de la competición doméstica y el torneo. Esa preparación explica también por qué ha preferido conservar una base conocida en lugar de abrir una renovación profunda justo antes de una competición que se decide en tres encuentros.
El seleccionador ha descrito el grupo como especialmente igualado. Su principal preocupación no parece ser encontrar una gran transformación táctica en pocas semanas, sino conseguir que Catar recupere intensidad competitiva después del Mundial y vuelva a sentirse cómoda en un contexto regional donde los partidos suelen resolverse por detalles, duelos y estados emocionales.
La selección más española de la Copa del Golfo
Lopetegui no ha llegado solo a Catar. Junto al seleccionador aparecen en la estructura técnica los asistentes Jaime Arias, Pablo Sanz, Óscar Caro y Juan Cruz Ochoa, el preparador físico Borja de Alba, el analista Alejandro Caro y los preparadores de porteros José Luis Silva y Jacobo Sanz, todos españoles y varios de ellos colaboradores habituales del técnico vasco. A ese núcleo se suma también presencia española en el área médica.
La dimensión del grupo cambia la lectura del torneo desde el punto de vista español. Catar no es simplemente la selección dirigida por un entrenador español: buena parte del trabajo diario, desde la preparación física y el análisis hasta la metodología de campo, está atravesado por profesionales formados en España. Es, con diferencia, la delegación con mayor presencia española de esta Copa del Golfo.
Javi Usero, en el banquillo de Kuwait
Fuera del numeroso grupo español de Catar, el otro nombre aparece en el banquillo de Kuwait. Javi Usero Pérez, de 35 años, forma parte del cuerpo técnico que dirige el portugués Hélio Sousa y figura como entrenador asistente de la selección desde octubre de 2025.
Su presencia tiene además una particularidad: Kuwait no es un destino nuevo para él. Usero acumula experiencia previa dentro de la estructura federativa y ha trabajado en análisis y preparación de partidos internacionales, un recorrido que encaja con un cuerpo técnico que intenta devolver estabilidad a una selección histórica en la competición.
Kuwait llega con una paradoja evidente. Ninguna selección ha ganado tantas Copas del Golfo —diez—, pero su peso reciente no se corresponde con ese palmarés. En el actual ranking FIFA aparece lejos de las potencias asiáticas y su grupo tampoco ayuda: debuta ante Arabia Saudí y después tendrá que enfrentarse a Irak y Omán.
Para Sousa y Usero, superar la primera fase ya exigiría competir por encima de lo que sugieren las jerarquías actuales. Pero precisamente esa memoria competitiva explica que Kuwait nunca pueda presentarse a esta Copa como un participante menor. En ningún otro torneo regional su escudo arrastra tanto pasado.
Arabia Saudí y Emiratos parten con más recursos
Si se atiende a la profundidad de las plantillas y al contexto de la previa, Arabia Saudí y Emiratos aparecen como dos de los equipos con más argumentos. Lopetegui los señaló expresamente cuando le preguntaron por los rivales más fuertes, aunque el torneo está lejos de ofrecer un favorito incontestable.
Arabia juega en casa y llega con la obligación añadida de responder después de su Mundial. La preparación, sin embargo, no ha sido completamente tranquila: Musab Al-Juwayr fue apartado de la convocatoria por motivos disciplinarios pocos días antes del inicio. Irak, con Graham Arnold al frente, mantiene suficiente talento para discutir cualquier eliminatoria; y Baréin llega con la legitimidad del campeón.
Ese equilibrio es parte de la identidad de la Copa del Golfo. A diferencia de otros torneos continentales, aquí no existe una distancia gigantesca entre la mayoría de los participantes. El formato corto amplifica todavía más esa igualdad.
Una competición pequeña en tamaño, enorme en contexto
Desde Europa, la Copa del Golfo puede parecer una competición secundaria escondida entre ventanas internacionales. En la región se vive de otra manera. La rivalidad entre vecinos, la cercanía geográfica, la circulación masiva de aficionados y una historia que comenzó en 1970 convierten cada edición en una especie de campeonato doméstico ampliado.
Este año, además, Yeda añade una dimensión distinta. Es la primera edición celebrada en la ciudad, se disputa en dos estadios de gran capacidad y sirve de antesala a una Copa de Asia que volverá a reunir a buena parte de estos equipos apenas tres meses después.
Para Catar, el torneo puede medir hasta qué punto el proyecto de Lopetegui ha conseguido superar el Mundial y mirar hacia delante. Para Kuwait, es una oportunidad de volver a acercarse a una competición que históricamente sintió como propia. Y para el amplio grupo de españoles que aparece entre ambos cuerpos técnicos, también es uno de esos escenarios que explican bien de qué trata Migrantes del Balón: fútbol de alto nivel que sucede lejos del foco europeo, pero que allí se vive como si no existiera nada más.
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