Gerard Badía: "La gente se reía cuando decía que podíamos ganar la liga"
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Gerard Badía: «La gente se reía cuando decía que podíamos ganar la liga»

Gerard Badía firmó por el Piast en verano de 2014

En el verano de 2014, una oferta procedente de Polonia cambió para siempre la vida de Gerard Badía (Horta de Sant Joan, 1989). El tarraconense, que por aquel entonces meditaba sobre la posibilidad de colgar las botas, pasó de sobrevivir en Segunda B a triunfar en la Primera División polaca. El que ha sido su equipo desde entonces, Piast Gliwice, lucha por la primera Ekstraklasa de su historia gracias a un gol del español en el campo del Legia de Varsovia. «Si ganamos la liga es la hostia, pero si quedamos segundos o terceros sigue siendo un temporadón», desvela en conversación con Migrantes del Balón.

PREGUNTA: Enhorabuena por el gol ante el Legia, ¿contento?

RESPUESTA: Contentísimo. Era un partido muy importante para nosotros, nadie creía que pudiéramos ganar pero si había un año para ganar era este. Estamos jugando muy bien toda la temporada y antes del partido estaba casi seguro de que íbamos a ganar. Es el año en el que te sale todo. Juegue quien juegue ganas. Así estamos este año y estoy muy contento.

El Piast no había ganado nunca en Varsovia…

Nunca. El partido era importante porque el Legia se habría distanciado y habría dejado la liga prácticamente sentenciada. Pusieron un tren especial para los aficionados del Piast… Vinieron muchos y fue muy bonito. Fue un día que se recordará toda la vida.

El Legia esta temporada está siendo muy irregular, ¿le puede ganar cualquiera?

Todos los años tienen problemas al inicio de la temporada pero al final siempre acaban estando arriba. Pero este año nosotros somos el equipo que mejor juega de toda la liga. Era el mejor momento para ir a ese estadio y poder ganarles. Analizando los partidos vimos que sufrían mucho al inicio e hicimos 30 primeros minutos muy buenos. Nos pusimos por delante y lo bueno que tenemos es que trabajamos muy bien en bloque. Defensivamente es muy complicado hacernos un gol. Salió tal y como planeamos.

«Estaba pensando ‘¿me dejo o no el fútbol?’, pero entonces llegó el Piast y desde el primer día me acogieron fenomenal»

Y el gol fue suyo y fue un golazo, ¿recuerda alguno mejor con el Piast?

Este año he marcado dos goles y han sido dos golazos. El primero contra el Górnik también fue muy bueno y siempre me gusta ganar los derbis, pero este me gusta mucho. Fue la primera vez que se ganó en Varsovia… Al final entras en la historia del club, es algo que se va a recordar toda la vida. La volea es uno de mis disparos favoritos, después de entrenar siempre me quedo practicando.

Celebra el gol besándose el escudo, ¿fue un modo de demostrar lo que significa para usted el Piast?

Sí, he estado en varios clubes en España pero en Polonia solo en uno. Y puedo decir que es mi club. Me abrió los brazos cuando en España no me sentía futbolista. Estaba pensando ‘¿me dejo o no el fútbol?’, pero entonces llegó el Piast y desde el primer día me acogieron fenomenal. Hay un vínvulo Gerard-afición-club que es precioso. Me ovacionan en cada partido y es algo muy bonito, algo que no iba a vivir en España ni de casualidad. Estos días, después del gol, mucha gente ha dicho que quien se merecía marcar ese gol era yo.

Esa conexión con la afición es latente… ¿hablar polaco ayuda?

Por supuesto, es algo que tienen en cuenta. Saben que doy todo por este club. Antes pensaba ‘¿cómo puede besar este jugador el escudo si no es de aquí?’. Pero ahora lo hago yo porque lo siento.

Se hizo viral su entrevista post-partido…

Hoy me preguntaban si se hizo más viral el gol o la entrevista. Se ve que digo todo el rato la misma palabra. Yo hablo polaco de la calle y repito mucho algo así como ‘de cojones’. Los polacos son muy educados y en la entrevista estoy todo el rato diciendo ‘tenemos un equipo de cojones’ o ‘los compañeros son la hostia’. Recibí un montón de mensajes… La gente se meaba.

Gerard Badía es el jugador del Piast Gliwice con más partidos en Ekstraklasa

A tres partidos para el final están a un punto del líder, ¿son conscientes de que quizá estén ante una oportunidad única?

Por supuesto. Yo ya tengo una medalla de subcampeón, de la temporada 2015/16, y el objetivo es superar eso. Ni locos pensábamos meternos entre los tres primeros pero vas a Varsovia, ganas al campeón y el objetivo ahora tiene que ser ganar la liga. Cuando lo decía hace unos días la gente se reía pero ya no se ríe nadie. Se han dado cuenta de que vamos en serio. Hemos ido toda la temporada partido a partido, pero ahora quedan solo tres… Me cago en diez, que te equivocas y sales campeón.

«El Legia, que nos triplica en presupuesto, tiene la obligación de ganar la liga. Nosotros jugamos con tranquilidad»

Lo han hecho con muchos jugadores de la temporada pasada, cuando pelearon por no descender…

Este es un club en el que el objetivo es quedar entre los ocho primeros, pero se ha hecho una plantilla en la que nos complementamos muy bien. Joel Valencia el año pasado no iba ni convocado y este año es clave en el equipo y está nominado a mejor jugador de la temporada. Con el mismo entrenador…

Son tres equipo peleando por la liga, ¿quién tiene mejor calendario?

Nosotros lo bueno es que tenemos dos partidos en casa y en casa somos muy fuertes. Es lo que me da tranquilidad. No sé quién tendrá mejor calendario pero lo que tengo claro es que los que menos presión tienen somos nosotros. Si ganas es la hostia, pero si quedamos segundos o terceros sigue siendo un temporadón. Si se acabara hoy la temporada el mejor entrenador es el nuestro, uno de los mejores jugadores uno de los nuestros… Y es algo que nadie podía esperar. El Legia, que nos triplica en presupuesto, tiene la obligación de ganar la liga. Nosotros jugamos con tranquilidad.

Lleva cinco años en Polonia, ¿cómo ha vivido la llegada de tantos españoles a la liga?

Cuando yo llegué aquí éramos cuatro. Entonces se ganaba menos dinero. Pero es un país barato, bonito, con una liga que se retransmite por el Canal+, los estadios se llenan… Todos los españoles que vienen, o casi todos, vienen de Segunda B. Los que venimos somos buenos jugadores de Segunda B que ganan más dinero aquí en Polonia que en España. Con lo que ganas puedes ahorrar mucho y te sientes profesional. Al final estás jugando en Primera. Yo voy por la calle en Varsovia y la gente a la que le gusta el fútbol sabe quién soy. Si jugara en Segunda con el Numancia, me voy a Barcelona y no me conoce nadie.

Periodista. Dirijo Migrantes del Balón. Me gusta el fútbol pero, como dijo Di Stefano, "un 0-0 es como un domingo sin sol". Te leo personalmente en martin@migrantesdelbalon.com

Españoles por el mundo

Bosnia. David Muslera, de las críticas a conquistar Sarajevo: “Se me saltaban las lágrimas»

David Muslera llevaba más de dos décadas buscando una oportunidad en una primera división. El Željezničar se la dio entre cientos de críticas y, apenas unas semanas después, el técnico español conquistó el derbi de Sarajevo y escuchó a Grbavica corear su nombre.

El-español-David-Muslera-durante-un-partido-en-la-Liga-de-Bosnia

Cuando David Muslera llegó al Željezničar, hizo algo que ahora reconoce que probablemente no debería haber hecho: abrir las redes sociales.

Su fichaje acababa de ser anunciado y el recibimiento virtual distaba mucho de ser una bienvenida. El Željo, uno de esos clubes en los que la historia pesa tanto como el presente, había entregado su banquillo a un entrenador madrileño de 40 años que llegaba desde la segunda división de Lituania y que nunca había dirigido en una máxima categoría.

La reacción fue inmediata.

“Hubo cerca de mil comentarios y ninguno bonito. Alguno habría positivo, pero la inmensa mayoría eran críticas”, recuerda Muslera. Las preguntas se repetían con diferentes palabras: “¿Quién eres? ¿Dónde has trabajado? ¿Vienes de la segunda división lituana? ¿No eres de los Balcanes?”.

Menos de dos meses después, la escena era radicalmente distinta.

Željezničar acababa de ganar 2-0 al Sarajevo en el derbi de la capital bosnia. Grbavica celebraba, los futbolistas se dirigían hacia la grada y Muslera terminó compartiendo el festejo con los Manijaci, la ruidosa hinchada del Željo. El entrenador al que una parte importante de la afición había recibido con desconfianza escuchaba ahora cómo el estadio coreaba su nombre.

“Qué bonito es hacer feliz a la gente. Había visto vídeos y había escuchado historias, pero vivir esto personalmente es increíble. Es difícil explicarlo con palabras”.

Entre una imagen y otra apenas habían pasado unas semanas.

Y ahí está, probablemente, la mejor manera de explicar qué significa entrenar al Željezničar.

Un gigante que todavía mira hacia su pasado

Muslera sabía que llegaba a un club grande. Lo que no podía calcular desde fuera era cuánto.

Fundado en 1921 por trabajadores ferroviarios, el Željezničar no es únicamente uno de los equipos más populares de Bosnia y Herzegovina. Su historia pertenece también al viejo fútbol yugoslavo. Fue campeón de Yugoslavia en 1972 y en 1985 se quedó a las puertas de disputar una final europea: alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y un gol del Videoton en los últimos minutos evitó que se enfrentara al Real Madrid por el título.

Ya en la Bosnia independiente ganó seis campeonatos nacionales. El último, sin embargo, llegó en 2013.

Ese pasado explica buena parte de la exigencia actual.

“A mí me recuerda mucho a lo que era el Atlético de Madrid en su día”, explica Muslera. “Históricamente es un equipo muy grande, pero está pasando por momentos difíciles y los aficionados viven un poco en aquella época. Entiendo ese furor, pero tenemos que ser realistas con la situación actual. Roma no se construyó en un día”.

La paradoja del Željo es precisamente esa. Tiene una masa social y una historia que obligan a pensar en grande, pero atraviesa un proceso de reconstrucción que necesita algo que el fútbol rara vez concede: tiempo.

“Necesitamos que la gente crea. Y necesitamos tiempo, que en el fútbol ya sabes que no existe”.

Firmó por un club y tres días después estaba en otro país

La manera en la que Muslera llegó a Sarajevo resulta casi tan extraña como su recibimiento.

Después de año y medio al frente del BFA lituano había decidido aceptar la propuesta del Jonava, también de la segunda categoría del país. Buscaba estabilidad. Un contrato de año y medio, continuidad y la posibilidad de seguir avanzando en una carrera construida casi siempre lejos de los focos.

Firmó.

Se mudó de Vilna a Jonava.

Y prácticamente cuando acababa de instalarse sonó el teléfono.

“Estuve en Jonava tres días. Ni siquiera dirigí un entrenamiento porque nos pilló durante el parón de verano. Fue todo rapidísimo”.

Željezničar había iniciado un proceso de selección para encontrar entrenador. La dirección del club estudió diferentes perfiles locales y regionales antes de apostar por el español, una elección especialmente atrevida en un entorno tradicionalmente acostumbrado a técnicos balcánicos y con experiencia en la zona.

Para Muslera no había decisión posible.

“Era uno de los clubes más importantes de Bosnia y significaba dar el salto a Primera División. Es una oportunidad a la que no puedes decir que no”.

Jonava permitió su salida mediante una compensación y el español cambió la segunda división lituana por uno de los banquillos con mayor presión de Bosnia sin haber llegado siquiera a debutar con su nuevo equipo.

“Hubo un poquito de guasa allí en Lituania”, admite entre risas.

“Las primeras 48 o 72 horas no fueron nada fáciles”

En Sarajevo no se reía tanta gente.

Muslera era consciente de que su currículum no respondía al prototipo de entrenador que los seguidores esperaban ver al frente del Željezničar. No era una vieja gloria del fútbol yugoslavo, tampoco un técnico reputado de la región.

“Dada la masa social que tiene el club, la apuesta que hicieron por mí fue muy arriesgada. No porque no confíe en mí mismo, sino porque aquí están acostumbrados a entrenadores de los Balcanes y a entrenadores con nombre”.

Leyó las críticas.

Demasiadas.

“Fue lo peor que pude hacer”.

Pero existe un punto de orgullo competitivo en Muslera que aparece varias veces durante la conversación.

“Estas cosas me motivan. Cuanto más difícil es y más críticas hay, más esfuerzo le pongo y más me gusta trabajar. Suena feo eso de callar bocas, pero es la realidad. Cada año me gusta trabajar más duro, pero este incluso más”.

No tardó en comprender que la presión digital podía trasladarse también a la calle.

El Željezničar perdió 0-3 frente al Sloboda en el último amistoso de pretemporada. Aquella noche Muslera decidió salir a cenar. Escuchó varios comentarios alrededor y cambió de planes.

“Me dije: ‘David, vete al hotel, pide algo de comida y cena allí’”.

Las semanas posteriores fueron suavizando el ambiente. Llegaron los primeros resultados, las fotografías por la calle y los niños que se acercaban al entrenador.

“Las críticas vienen más por las redes sociales, porque detrás de una pantalla es sencillo criticar. En persona ha habido mucha más gente simpática y agradable. Y que vaya un niño por la calle, te vea con una sonrisa de oreja a oreja y diga: ‘¡El entrenador! ¿Me puedo sacar una foto?’, para mí no tiene precio. Yo no hace tanto era ese niño que esperaba a la puerta de las instalaciones para pedir fotos y autógrafos”.

La primera noche en Grbavica: “Se me caía el lagrimón”

Hay otra escena que permite entender por qué Muslera soportó aquella primera tormenta.

Su debut oficial en Grbavica.

Unos 7.000 espectadores ocupaban las gradas pese a que parte del estadio se encontraba en obras. El español salió al césped y escuchó cantar a la afición.

Había visto vídeos. Había buscado imágenes del estadio. Le habían hablado del ambiente.

No era lo mismo.

“Lo más emocionante fue antes del partido, con toda la gente cantando. Pensaba: estás viviendo un sueño para el que llevas trabajando muchos años. Se me caía el lagrimón”.

Tenía un pequeño problema.

“Había cinco periodistas con las cámaras apuntándome y pensaba: ‘David, trata de controlarte’”.

No exagera cuando habla de los años invertidos.

Muslera empezó a entrenar en 2002, cuando todavía era futbolista, en las categorías inferiores del Porta Bonita madrileño. Después pasó por estructuras formativas de Atlético de Madrid, Leganés, Getafe e Illescas, entre otros. Se sacó las licencias entre 2007 y 2009 y pasó años tratando de abrirse camino en un ecosistema español en el que, a su juicio, alcanzar los banquillos profesionales resulta especialmente complicado para quien no arrastra un pasado como futbolista de élite.

Hubo incluso un momento en el que se alejó temporalmente del fútbol.

“A la tercera semana estaba que me subía por las paredes. Es un matrimonio de larga duración”.

La puerta terminó apareciendo lejos de Madrid.

Unas vacaciones que terminaron convirtiéndose en cuatro años

Pablo Ríos Freire, amigo de Muslera desde la universidad y compañero suyo en diferentes etapas en Madrid, había iniciado una aventura en Lituania. A través de él apareció la posibilidad de viajar al país.

En principio, de vacaciones.

“Fui para una semana y dos días antes de terminar el club me ofreció hacer una prueba. Después de esa prueba conseguí el contrato. Y así empezó la historia en Lituania”.

La semana se convirtió en casi cuatro años.

Primero trabajó en formación. Ganó competiciones juveniles, fue asistente, dio el salto al fútbol sénior con el Ekranas y posteriormente dirigió al BFA. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en el trampolín que necesitaba.

Muslera sostiene que para determinados entrenadores españoles el extranjero no es una aventura, sino prácticamente la única vía para acelerar una carrera.

“Si no eres un futbolista famoso, romper la barrera de Primera RFEF considero que es complicado. Una cosa es ser futbolista y otra totalmente diferente ser entrenador. Haber sido jugador te puede dar más soltura para manejar un vestuario, pero entrenar no es solo manejar un vestuario. Es un proceso mucho más largo”.

Por eso su futuro, al menos por ahora, tampoco pasa necesariamente por regresar.

“Me encantaría trabajar en España. Es mi país, mi gente y todo el ambiente que hay alrededor. Pero si me preguntas personalmente, de momento no lo tengo previsto. Prefiero seguir fuera”.

Bosnia representa un escalón más.

“Vengo de Lituania, donde el seguimiento es más reducido. Estar en una Primera División como la bosnia puede abrirte las puertas de otros países, por ejemplo Croacia. Yo espero estar aquí muchos años, pero también se trata de ir abriendo nuevos mercados”.

“Aquí es como si estuviera jugando el Mundial”

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Muslera, durante su etapa en Bosnia | Facebook

Existe cierta tendencia a medir todas las ligas europeas utilizando las cinco grandes como referencia. Muslera no niega la evidente diferencia futbolística con España, pero introduce otro parámetro que normalmente resulta invisible desde fuera.

La exigencia.

“Desde España podemos ver que el nivel respecto a Primera División obviamente es más bajo. Pero en cuanto a exigencia, a todo lo que tienes que afrontar, a lo que te pide la afición y a la presión, no cambia. Cambia el nivel futbolístico, pero el nivel de exigencia no”.

Hace una pausa y encuentra una comparación.

“Aquí estoy jugando el Mundial”.

En Željezničar cada derrota pesa. Después de uno de sus primeros partidos recordó una máxima que había escuchado durante su formación como entrenador: “Ganan los jugadores y pierde el entrenador”.

Bosnia también le ha sorprendido por la dimensión que adquiere cualquier movimiento alrededor de los clubes. Durante una jornada aplazada decidió desplazarse a Mostar para ver personalmente a varios rivales.

Para él era simple trabajo.

En Bosnia se convirtió en noticia.

“En los primeros diez minutos del partido me llegaron 15 o 20 mensajes. Salió hasta en televisión que el entrenador del Željo estaba viendo partidos. Para mí era lo más normal del mundo. Si tengo la posibilidad de ver al rival personalmente, ¿por qué voy a mandar a mi segundo?”.

Luis Aragonés, Guardiola y Luis Enrique

Muslera llega desde España y no reniega de determinados rasgos asociados a la escuela española.

Cuando se le pregunta por sus referencias aparece primero Luis Aragonés.

“Para mí fue el primero. Creo que el cambio en la historia del fútbol español empezó con él”.

Después Pep Guardiola.

“¿Quién no disfrutaba con aquel Barcelona?”.

Y finalmente Luis Enrique.

De los tres extrae una idea general.

“Me gusta el fútbol de posesión, ser protagonista y que la gente disfrute con lo que hacemos”.

Pero inmediatamente introduce un matiz.

“Una cosa es lo que me gusta y otra lo que tienes que hacer. Hay que adaptarse a la plantilla y entender que cada partido es un mundo”.

Es probablemente una de las primeras lecciones que Bosnia le está obligando a aplicar.

En uno de sus encuentros ante uno de los conjuntos más poderosos del campeonato decidió replegar, reducir espacios y buscar el contraataque.

“Sabía que iba a tener muy poco la pelota”.

Más que imponer una identidad teórica, Muslera quiere construir un equipo capaz de competir.

“Como entrenador veo que las cosas van mejorando. Hay partidos en los que domina el rival, pero esa clase de encuentros tienes que saber jugarlos tácticamente”.

El partido que podía cambiarlo todo

Y entonces llegó el derbi.

Željezničar y Sarajevo no comparten únicamente una ciudad. Comparten una rivalidad nacida hace más de siete décadas y alimentada por dos identidades históricamente diferentes. El Željo nació desde la clase trabajadora vinculada al ferrocarril; Sarajevo apareció después de la Segunda Guerra Mundial convertido rápidamente en el otro gran polo futbolístico de la capital.

Los Manijaci y la Horde Zla transforman cada enfrentamiento en uno de los acontecimientos deportivos del país.

Muslera sabía lo que le esperaba.

O eso pensaba.

Antes de vivir su primer derbi, hablaba de él con una mezcla de curiosidad y respeto.

“Si el ambiente del otro día fue impresionante, por lo que tengo entendido en el derbi no hay palabras para describirlo”.

Hasta evitaba pronunciar el nombre del rival cuando se le preguntaba contra quién se jugaba.

“Si digo el nombre me van a colgar”, bromeaba.

Después lo entendió definitivamente.

Željezničar venció 2-0. Rodrigo Piloto abrió el marcador al comienzo de la segunda parte y Muharem Husković aseguró después una victoria que valía mucho más que tres puntos.

Cuando todo terminó, Muslera trató de explicar lo que acababa de vivir.

“No puedo describirlo con palabras. Había visto vídeos, había escuchado historias, pero vivirlo personalmente es increíble. Gracias a los jugadores y a los aficionados. Desde el principio he dicho que esto es un proceso y que necesitamos tiempo, pero qué bonito es hacer feliz a la gente”.

Después de semanas pidiendo paciencia, el entrenador español había encontrado probablemente el argumento más poderoso que existe para conseguirla: ganar al vecino.

Pero ni siquiera entonces quiso alterar el discurso.

“Siempre tenemos que mejorar porque no somos perfectos. Esto es un proceso y necesita paciencia. Creo que todos podemos ver una gran diferencia respecto al inicio. Y aunque lleguemos a estar bien, tampoco será suficiente. Siempre puedes avanzar, siempre puedes ser mejor”.

También quiso recordar cómo había comenzado la construcción de la plantilla.

“Empezamos la pretemporada con 18 jugadores y siete juveniles. Todos los jugadores son importantes. Todos tendrán su papel y mi trabajo es encontrar qué puede aportar cada uno al equipo. La temporada es muy larga. Todos tendrán su oportunidad, aunque cada vez será más difícil ganarse un puesto entre los once”.

El mensaje encaja perfectamente con todo lo que había explicado antes del partido.

Trabajo. Tiempo. Adaptación.

Y resistencia a la presión.

De “¿quién eres?” a escuchar su nombre en Grbavica

Quizá el fútbol sea demasiado volátil para extraer grandes conclusiones de un derbi.

Muslera lo sabe mejor que nadie.

La victoria sobre Sarajevo no convierte automáticamente al Željezničar en candidato al título ni resuelve un proceso de reconstrucción que sigue teniendo muchas incógnitas. Tampoco borra las dudas que acompañaron la llegada de un entrenador desconocido para buena parte de Bosnia.

Pero sí cambia algo.

Hace apenas unas semanas el español leía centenares de mensajes preguntándole quién era y qué méritos tenía para sentarse en aquel banquillo.

Después del derbi, Grbavica decía su nombre.

“He vivido momentos muy bonitos durante mi carrera, pero que la gente coree mi nombre, aplauda y sea feliz de esta manera no lo había vivido nunca”.

Muslera tardó 24 años desde aquel primer banquillo en las categorías inferiores del Porta Bonita hasta llegar a dirigir en una máxima división.

Firmó por el Jonava buscando estabilidad y se marchó tres días después. Cambió el anonimato relativo de Lituania por una ciudad en la que reconoce que ya prácticamente no existe su vida privada. Llegó entre críticas a un club que sigue comparando su presente con una historia gigantesca. Y en cuestión de semanas descubrió lo que significa perder, ganar y sobrevivir a la exigencia del fútbol bosnio.

Todavía está empezando.

Quizá por eso, entre todas sus frases, hay una que explica mejor que ninguna otra el momento de su carrera.

“Esta es una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo. Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil va a ser mantenerse”.

En Grbavica ya ha superado la primera prueba.

Y no era precisamente pequeña.

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Españoles por el mundo

Australia. Juan Mata deja Melbourne Victory y se acerca al final

Juan Mata pone fin a su etapa como jugador del Melbourne Victory después de una temporada brillante en Australia. El español, que antes pasó por Western Sydney Wanderers, queda libre y todo apunta a que su retirada está cada vez más cerca.

Juan Mata durante un partido con Melbourne Victory

Juan Mata deja el Melbourne Victory. El centrocampista español ha decidido poner fin a su etapa como jugador del club australiano después de una temporada 2025-26 en la que volvió a sentirse importante, recuperó protagonismo y terminó siendo elegido mejor futbolista de la A-League. A sus 38 años, el exinternacional español queda libre y, aunque todavía no ha anunciado oficialmente su retirada, todo apunta a que su carrera como futbolista se encuentra muy cerca del final.

La salida llega además en un momento especialmente simbólico. Mata no rompe con Melbourne Victory: seguirá ligado al club como accionista y, cuando dé por terminada definitivamente su carrera, está previsto que presida un nuevo comité de fútbol desde el que participará en las decisiones deportivas de la entidad. Su futuro parece, por tanto, cada vez más alejado del césped y más próximo a los despachos.

Una segunda juventud en Melbourne

Mata fichó por Melbourne Victory en septiembre de 2025 después de una primera experiencia en Australia bastante más discreta con Western Sydney Wanderers. El cambio de ciudad terminó transformando su último tramo como futbolista.

En Melbourne encontró un contexto mucho más favorable. El español disputó 25 partidos de A-League durante la temporada 2025-26, marcó cinco goles y repartió 13 asistencias. Fue el máximo asistente del campeonato y terminó acumulando reconocimientos: Johnny Warren Medal como mejor jugador de la A-League, Playmaker of the Year, Victory Medal como mejor futbolista del club, premio de los jugadores de la plantilla, presencia en el once del año de la PFA y Alex Tobin Medal.

Su campaña dejó además varios momentos muy recordados por la afición. Entre ellos, un doblete en el derbi de Melbourne frente al City, con un gol desde prácticamente el centro del campo, o un golpeo de falta ante Sydney FC que volvió a enseñar la calidad que le acompañó durante toda su carrera.

El propio Mata reconoció al recibir el Johnny Warren Medal que su paso por Victory le había permitido reencontrarse con el fútbol. Después de una temporada en Sydney en la que había disfrutado de la experiencia en Australia pero no había contado con demasiados minutos, llegó a plantearse qué quería hacer con su vida. Melbourne Victory, explicó, consiguió que volviera a enamorarse del juego.

Western Sydney, la puerta de entrada a Australia

Australia había aparecido en su carrera un año antes. En septiembre de 2024, Mata fichó por Western Sydney Wanderers después de haber pasado por Turquía y Japón. Su llegada tuvo un enorme impacto mediático para la A-League: aterrizaba en el campeonato un campeón del mundo, ganador de la Champions y uno de los futbolistas españoles más reconocidos de su generación.

Su primera temporada australiana, sin embargo, fue más irregular desde el punto de vista deportivo. Disputó 23 partidos de Liga, pero en buena parte de ellos tuvo un papel secundario y acumuló menos protagonismo del esperado. Western Sydney terminó cuarto en la fase regular y quedó eliminado precisamente por Melbourne Victory en el playoff previo a semifinales.

Mata se despidió después agradeciendo especialmente el trato recibido por el club y por sus aficionados. Más allá de los minutos, se implicó también en proyectos comunitarios y en iniciativas de la fundación de Western Sydney. Aquella experiencia terminó siendo la puerta de entrada a un fútbol australiano con el que ahora mantiene una relación mucho más profunda.

De rival a referente del Victory

La paradoja es evidente: el equipo que puso fin a su primera temporada en Australia terminó convirtiéndose pocos meses después en el club con el que vivió una de las mejores campañas de su última etapa profesional.

Melbourne Victory apostó por él en 2025 y Mata respondió con números y una continuidad que no había tenido el curso anterior. El equipo volvió a clasificarse para las Finals Series y el español se convirtió en el gran foco creativo del conjunto. Sus 13 asistencias fueron la mejor cifra de toda la competición y sus cinco goles completaron una temporada que superó ampliamente las expectativas que podían existir sobre un futbolista de 38 años.

La relación con el club se fortaleció tanto que en junio de 2026 Mata adquirió una participación en la propiedad de Melbourne Victory. La operación se anunció como un paso independiente de su situación como futbolista, pero ya dibujaba con claridad la dirección de su futuro. El propio club confirmó que, una vez se retire, presidirá un nuevo comité de fútbol destinado a participar en la estrategia deportiva de la entidad.

Ahora, con la salida de la plantilla, esa transición parece aún más cercana.

¿El final de la carrera?

Mata no ha anunciado oficialmente su retirada. De momento, es agente libre y mantiene abierta la decisión sobre si jugará una temporada más. Pero el contexto invita a pensar que el final puede estar muy próximo.

Melbourne Victory ha ocupado sus plazas de extranjeros para la nueva temporada y el español ya tiene un papel definido dentro de la estructura futura del club. Además, a los 38 años, viene de cerrar una campaña prácticamente perfecta a nivel individual, lo que podría convertir el curso 2025-26 en una despedida especialmente redonda.

Su posible retirada pondría fin a una trayectoria profesional iniciada en España pero construida durante buena parte de su carrera fuera del país. Después de formarse en el Real Madrid y consolidarse en el Valencia, dio el salto a Inglaterra en 2011 para fichar por el Chelsea. Allí ganó la Champions League de 2012, la Europa League, la FA Cup y se convirtió en uno de los futbolistas más importantes del equipo durante su etapa en Stamford Bridge.

En enero de 2014 pasó al Manchester United, donde permaneció más de ocho temporadas y disputó 285 partidos. Con los Red Devils ganó, entre otros títulos, una Europa League, una FA Cup y una Copa de la Liga. Inglaterra terminó ocupando más de una década de su vida deportiva.

Turquía, Japón y Australia: el último viaje

Tras abandonar Manchester en 2022, Mata inició una etapa mucho más viajera. Fichó por el Galatasaray y conquistó la Süper Lig turca en la temporada 2022-23. Después se marchó al Vissel Kobe japonés, con el que también ganó la J1 League, aunque con un papel reducido.

Australia se convirtió entonces en el siguiente destino. Primero Western Sydney Wanderers y después Melbourne Victory. Dos clubes, dos experiencias muy diferentes y un cierre que terminó devolviéndole protagonismo.

En conjunto, la carrera internacional de Mata a nivel de clubes ha pasado por Inglaterra, Turquía, Japón y Australia. Una trayectoria exterior enorme para un jugador que, además, fue campeón del mundo y de Europa con la selección española y que perteneció a una de las generaciones más exitosas del fútbol nacional.

Del césped al despacho

Todo apunta ahora a que el siguiente capítulo de Juan Mata estará ligado al fútbol desde otra posición. Además de su participación en Melbourne Victory, el español también ha invertido en San Diego FC, de la MLS, y en el equipo Alpine de Fórmula 1. Su perfil en los últimos años ha ido creciendo claramente en el ámbito empresarial y de gestión deportiva.

Melbourne parece destinado a ocupar un papel importante en ese futuro. Mata ha explicado que cree en el potencial del fútbol australiano y que quiere participar en su crecimiento. La compra de acciones y su futura presidencia del comité de fútbol del Victory convierten su despedida como jugador en algo muy distinto a una ruptura.

Si finalmente decide retirarse, lo hará después de una última temporada muy distinta a la habitual despedida de una estrella veterana. En lugar de desaparecer progresivamente del primer plano, cerró el curso siendo el mejor jugador de la competición.

Juan Mata deja Melbourne Victory, pero no Melbourne. Y quizá tampoco el fútbol. Simplemente parece estar preparándose para vivirlo desde otro lugar.

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Españoles por el mundo3 días ago

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