Españoles por el mundo
Bosnia. David Muslera conquista el derbi eterno de Sarajevo
El técnico español David Muslera ha llevado al Željezničar a imponerse al FK Sarajevo en el Vječiti derbi. Su llegada a Bosnia y la historia social y futbolística que convierte esta rivalidad en una de las más especiales de los Balcanes.
Hay partidos que entregan tres puntos y partidos en los que durante noventa minutos se juega algo bastante más difícil de cuantificar. David Muslera Rodríguez acaba de descubrirlo en Sarajevo.
El entrenador español del Željezničar se ha estrenado en uno de los partidos más importantes de su todavía corta trayectoria en el fútbol profesional con una victoria que difícilmente olvidará: 2-0 ante el FK Sarajevo en el Vječiti derbi, el Derbi Eterno de la capital bosnia. Rodrigo Piloto, nada más comenzar la segunda mitad, y Muharem Husković sentenciaron el encuentro en Grbavica.
El resultado no explica completamente lo sucedido. Sarajevo tuvo más posesión y generó numerosas ocasiones durante una primera mitad en la que llegó a encontrarse con la madera. Željezničar resistió y cambió el encuentro después del descanso. Y entonces Grbavica explotó.
Los futbolistas celebraron el triunfo junto a su afición y Muslera pudo comprobar que aquella victoria suponía mucho más que otros tres puntos. Porque para entender exactamente qué acaba de ganar David Muslera hay que entender qué son Željezničar y Sarajevo.
El club que nació junto a las vías del tren
La historia comienza mucho antes de que existiera su gran rival.
El Željezničar fue creado en 1921 por trabajadores ferroviarios de Sarajevo. De ahí procede incluso su nombre: Željezničar significa ferroviario.
A finales de 1920, jóvenes trabajadores de los talleres ferroviarios de Sarajevo y algunos de sus hijos comenzaron a organizarse con la intención de crear su propio equipo. El dinero era escaso. Tuvieron que esperar hasta la primavera siguiente para comprar incluso su primer balón y tampoco podían permitirse pagar por utilizar los terrenos de juego de otros clubes.
Terminaron acondicionando un campo utilizado para ejercicios militares en Čengić Vila. Así comenzó la historia de uno de los grandes clubes del fútbol bosnio.
No se trataba solamente de fútbol. En el Sarajevo de comienzos del siglo XX existían clubes relacionados en mayor o menor medida con las diferentes comunidades de la ciudad. Željezničar desarrolló, en cambio, una identidad vinculada fundamentalmente a los trabajadores y a las clases populares, independientemente de su procedencia.
Incluso el nacimiento material del equipo ayuda a comprender esa cultura. Los ferroviarios compraron las primeras equipaciones y balones y las novias de algunos futbolistas bordaron una locomotora en las camisetas, convirtiéndola en el primer escudo de la entidad.
Más de un siglo después permanece el lema que resume buena parte de esa filosofía: Mi smo Željini, Željo je naš. Nosotros somos de Željo, Željo es nuestro.
Entonces apareció el FK Sarajevo
La otra mitad de la historia nació después de la Segunda Guerra Mundial.
En 1946, en la nueva Yugoslavia socialista, se produjo la fusión de Udarnik y Sloboda para crear un nuevo club de Sarajevo. Su primer nombre fue Torpedo, inspirado en el Torpedo de Moscú. Posteriormente adoptaría el nombre FK Sarajevo.
Las autoridades pretendían disponer de un equipo suficientemente fuerte para representar a Sarajevo y a Bosnia en el fútbol yugoslavo. Y ahí aparece uno de los acontecimientos fundamentales para comprender por qué la rivalidad terminó adquiriendo semejante dimensión.
Željezničar se había ganado deportivamente el derecho a participar en la primera edición de la máxima categoría yugoslava posterior a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a comienzos de 1947 las autoridades decidieron reforzar al recién creado Torpedo.
Según relata la propia historia oficial del Željezničar, la asociación deportiva de Bosnia determinó que el club ferroviario debía entregar seis de sus mejores jugadores al nuevo equipo. Uno de ellos, Josip Domorocki, se negó expresamente.
Las consecuencias deportivas fueron importantes. Željezničar perdió buena parte de la columna vertebral del equipo, terminó duodécimo entre 14 participantes y descendió.
El conflicto estaba servido. De un lado estaba el equipo nacido décadas antes entre ferroviarios. Del otro, un club nuevo impulsado después de la guerra para representar a la capital y que había recibido jugadores del Željezničar.
Trabajadores contra establishment
Durante décadas se desarrolló alrededor de ambos clubes una división social que todavía forma parte de su imaginario.
Željezničar quedó asociado a la clase trabajadora, los barrios populares y una identidad transversal. Sarajevo, a las zonas centrales y antiguas de la ciudad, las clases más acomodadas y una mayor proximidad histórica a las élites políticas e institucionales.
La simplificación tradicional del derbi terminó siendo prácticamente esta: Željezničar era el club de los trabajadores. Sarajevo, el club del establishment.
Una separación especialmente perceptible durante las décadas de 1950 y 1960. Pero trasladarla literalmente al Sarajevo actual sería un error. Hoy los dos clubes cuentan con seguidores procedentes de diferentes clases sociales y las antiguas fronteras se han difuminado considerablemente.
Tampoco puede interpretarse el encuentro simplemente como un enfrentamiento religioso o étnico comparable con otros grandes derbis de los Balcanes. Lo que permanece es la memoria colectiva de aquellos orígenes y, sobre todo, dos relatos diferentes sobre qué significa representar a Sarajevo.
Un derbi nacido antes de su primer partido oficial
Željezničar y Sarajevo estuvieron durante años en categorías diferentes del sistema yugoslavo y sus primeros enfrentamientos fueron amistosos. El 29 de diciembre de 1946, cuando Sarajevo todavía se llamaba Torpedo, Željezničar llegó a derrotarlo por 9-1 en un amistoso.
La primera temporada en la que Sarajevo tuvo dos equipos simultáneamente en la máxima categoría yugoslava fue la 1954/55. El primer enfrentamiento oficial llegó en 1954 y Sarajevo se impuso por 6-1.
Desde entonces, los dos clubes han construido uno de los enfrentamientos más intensos del fútbol balcánico. El nombre lo dice prácticamente todo: Vječiti derbi. El Derbi Eterno.
Manijaci contra Horde Zla
Los seguidores más radicales del Željezničar son conocidos como Manijaci —The Maniacs—, mientras que el gran grupo organizado del FK Sarajevo es Horde Zla —Hordas del Mal—.
Cuando llega el derbi, Grbavica o el estadio Asim Ferhatović Hase se convierten en escenarios de enormes tifos, bengalas, humo, banderas y coreografías.
Pero hay otro elemento que diferencia esta rivalidad de algunas de las grandes enemistades futbolísticas de la antigua Yugoslavia: la división fundamental es local. No son dos ciudades enfrentadas. Son vecinos.
Sarajevo se divide durante unas horas. Familias, grupos de amigos, compañeros de trabajo y barrios pueden contener seguidores de ambos equipos. La batalla consiste precisamente en determinar quién manda en una misma ciudad.
Y este miércoles, Sarajevo se ha teñido de azul.
Un entrenador español que llegó desde la Segunda de Lituania
La carrera de David Muslera Rodríguez, entrenador madrileño con licencia UEFA Pro, es otro ejemplo de esos técnicos españoles que han encontrado fuera de nuestras fronteras un camino hacia el fútbol profesional.
Comenzó a entrenar extraordinariamente joven y pasó por las categorías inferiores de Atlético de Madrid, Leganés y Getafe, entre otros equipos. Después decidió abandonar España y emprender una aventura bastante menos convencional: Lituania.
Allí fue asistente en la BE1 Academy y posteriormente comenzó su trayectoria como primer entrenador sénior. En abril de 2024 asumió el FK Ekranas y posteriormente pasó al Baltijos Futbolo Akademija (BFA) de Vilna, de la segunda categoría lituana.
Muslera convirtió al BFA en un equipo competitivo y en 2025 consiguió 55 puntos y una histórica quinta posición en la Pirma Lyga, la mejor clasificación de la entidad. Permaneció aproximadamente año y medio en el proyecto antes de abandonarlo en julio de 2026.
Željezničar pagó para llevárselo antes incluso de que debutara con el Jonava
Después de salir del BFA, Muslera alcanzó un acuerdo para convertirse en entrenador del FK Jonava, también en Lituania. Entonces apareció Željezničar.
El gigante bosnio quería al español y decidió pagar una compensación al Jonava para liberarlo de su contrato. Muslera fue traspasado a un equipo de la máxima división bosnia sin haber llegado siquiera a dirigir un entrenamiento oficial del Jonava.
El 14 de julio de 2026, Željezničar hizo oficial su contratación. El club explicó que su idea, metodología y experiencia encajaban en el intento de implantar un sistema moderno en la entidad.
Para el madrileño aquello significaba un salto gigantesco: de la segunda división de Lituania a uno de los clubes más grandes de Bosnia. Él mismo lo resumió durante su presentación: «Es la oportunidad más importante de mi vida».
Muslera anunció además cuál sería su propuesta: trasladar a Bosnia parte de la cultura futbolística con la que había crecido en España, construyendo un equipo protagonista, ofensivo y basado en la posesión.
La primera gran noche de David Muslera en Bosnia
El contexto deportivo hacía todavía más valiosa la victoria. Željezničar llegaba al encuentro con siete puntos después de cinco partidos, mientras Sarajevo tenía diez. El derbi correspondía originalmente a la segunda jornada, pero había sido aplazado.
Željo venía además de derrotar 3-1 al Velež. Y ante Sarajevo volvió a ganar.
Primero resistió.
Después golpeó.
En el minuto 47 apareció Rodrigo Piloto para abrir el marcador. En el 72, Muharem Husković convirtió el 2-0 que desató definitivamente la fiesta de Grbavica.
Con el triunfo, el equipo de Muslera alcanza los 10 puntos en seis jornadas y se mete de lleno en la zona alta del campeonato.
Pero seguramente dentro de algunos años nadie le preguntará al español cuántos puntos tenía Željezničar aquella noche. Le preguntarán por su primer derbi.
Por el día en que un entrenador madrileño que había llegado a Bosnia después de abrirse camino en campos de la segunda división lituana descubrió que entrenar al Željezničar significa representar algo que comenzó hace más de cien años junto a las vías del ferrocarril.
David Muslera llegó a Sarajevo hace menos de dos meses.
Ya sabe lo que significa pintarla de azul.
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Españoles por el mundo
Bosnia. David Muslera, de las críticas a conquistar Sarajevo: “Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil será mantenerse”
David Muslera llevaba más de dos décadas buscando una oportunidad en una primera división. El Željezničar se la dio entre cientos de críticas y, apenas unas semanas después, el técnico español conquistó el derbi de Sarajevo y escuchó a Grbavica corear su nombre.
Cuando David Muslera llegó al Željezničar, hizo algo que ahora reconoce que probablemente no debería haber hecho: abrir las redes sociales.
Su fichaje acababa de ser anunciado y el recibimiento virtual distaba mucho de ser una bienvenida. El Željo, uno de esos clubes en los que la historia pesa tanto como el presente, había entregado su banquillo a un entrenador madrileño de 40 años que llegaba desde la segunda división de Lituania y que nunca había dirigido en una máxima categoría.
La reacción fue inmediata.
“Hubo cerca de mil comentarios y ninguno bonito. Alguno habría positivo, pero la inmensa mayoría eran críticas”, recuerda Muslera. Las preguntas se repetían con diferentes palabras: “¿Quién eres? ¿Dónde has trabajado? ¿Vienes de la segunda división lituana? ¿No eres de los Balcanes?”.
Menos de dos meses después, la escena era radicalmente distinta.
Željezničar acababa de ganar 2-0 al Sarajevo en el derbi de la capital bosnia. Grbavica celebraba, los futbolistas se dirigían hacia la grada y Muslera terminó compartiendo el festejo con los Manijaci, la ruidosa hinchada del Željo. El entrenador al que una parte importante de la afición había recibido con desconfianza escuchaba ahora cómo el estadio coreaba su nombre.
“Qué bonito es hacer feliz a la gente. Había visto vídeos y había escuchado historias, pero vivir esto personalmente es increíble. Es difícil explicarlo con palabras”.
Entre una imagen y otra apenas habían pasado unas semanas.
Y ahí está, probablemente, la mejor manera de explicar qué significa entrenar al Željezničar.
Un gigante que todavía mira hacia su pasado
Muslera sabía que llegaba a un club grande. Lo que no podía calcular desde fuera era cuánto.
Fundado en 1921 por trabajadores ferroviarios, el Željezničar no es únicamente uno de los equipos más populares de Bosnia y Herzegovina. Su historia pertenece también al viejo fútbol yugoslavo. Fue campeón de Yugoslavia en 1972 y en 1985 se quedó a las puertas de disputar una final europea: alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y un gol del Videoton en los últimos minutos evitó que se enfrentara al Real Madrid por el título.
Ya en la Bosnia independiente ganó seis campeonatos nacionales. El último, sin embargo, llegó en 2013.
Ese pasado explica buena parte de la exigencia actual.
“A mí me recuerda mucho a lo que era el Atlético de Madrid en su día”, explica Muslera. “Históricamente es un equipo muy grande, pero está pasando por momentos difíciles y los aficionados viven un poco en aquella época. Entiendo ese furor, pero tenemos que ser realistas con la situación actual. Roma no se construyó en un día”.
La paradoja del Željo es precisamente esa. Tiene una masa social y una historia que obligan a pensar en grande, pero atraviesa un proceso de reconstrucción que necesita algo que el fútbol rara vez concede: tiempo.
“Necesitamos que la gente crea. Y necesitamos tiempo, que en el fútbol ya sabes que no existe”.
Firmó por un club y tres días después estaba en otro país
La manera en la que Muslera llegó a Sarajevo resulta casi tan extraña como su recibimiento.
Después de año y medio al frente del BFA lituano había decidido aceptar la propuesta del Jonava, también de la segunda categoría del país. Buscaba estabilidad. Un contrato de año y medio, continuidad y la posibilidad de seguir avanzando en una carrera construida casi siempre lejos de los focos.
Firmó.
Se mudó de Vilna a Jonava.
Y prácticamente cuando acababa de instalarse sonó el teléfono.
“Estuve en Jonava tres días. Ni siquiera dirigí un entrenamiento porque nos pilló durante el parón de verano. Fue todo rapidísimo”.
Željezničar había iniciado un proceso de selección para encontrar entrenador. La dirección del club estudió diferentes perfiles locales y regionales antes de apostar por el español, una elección especialmente atrevida en un entorno tradicionalmente acostumbrado a técnicos balcánicos y con experiencia en la zona.
Para Muslera no había decisión posible.
“Era uno de los clubes más importantes de Bosnia y significaba dar el salto a Primera División. Es una oportunidad a la que no puedes decir que no”.
Jonava permitió su salida mediante una compensación y el español cambió la segunda división lituana por uno de los banquillos con mayor presión de Bosnia sin haber llegado siquiera a debutar con su nuevo equipo.
“Hubo un poquito de guasa allí en Lituania”, admite entre risas.
“Las primeras 48 o 72 horas no fueron nada fáciles”
En Sarajevo no se reía tanta gente.
Muslera era consciente de que su currículum no respondía al prototipo de entrenador que los seguidores esperaban ver al frente del Željezničar. No era una vieja gloria del fútbol yugoslavo, tampoco un técnico reputado de la región.
“Dada la masa social que tiene el club, la apuesta que hicieron por mí fue muy arriesgada. No porque no confíe en mí mismo, sino porque aquí están acostumbrados a entrenadores de los Balcanes y a entrenadores con nombre”.
Leyó las críticas.
Demasiadas.
“Fue lo peor que pude hacer”.
Pero existe un punto de orgullo competitivo en Muslera que aparece varias veces durante la conversación.
“Estas cosas me motivan. Cuanto más difícil es y más críticas hay, más esfuerzo le pongo y más me gusta trabajar. Suena feo eso de callar bocas, pero es la realidad. Cada año me gusta trabajar más duro, pero este incluso más”.
No tardó en comprender que la presión digital podía trasladarse también a la calle.
El Željezničar perdió 0-3 frente al Sloboda en el último amistoso de pretemporada. Aquella noche Muslera decidió salir a cenar. Escuchó varios comentarios alrededor y cambió de planes.
“Me dije: ‘David, vete al hotel, pide algo de comida y cena allí’”.
Las semanas posteriores fueron suavizando el ambiente. Llegaron los primeros resultados, las fotografías por la calle y los niños que se acercaban al entrenador.
“Las críticas vienen más por las redes sociales, porque detrás de una pantalla es sencillo criticar. En persona ha habido mucha más gente simpática y agradable. Y que vaya un niño por la calle, te vea con una sonrisa de oreja a oreja y diga: ‘¡El entrenador! ¿Me puedo sacar una foto?’, para mí no tiene precio. Yo no hace tanto era ese niño que esperaba a la puerta de las instalaciones para pedir fotos y autógrafos”.
La primera noche en Grbavica: “Se me caía el lagrimón”
Hay otra escena que permite entender por qué Muslera soportó aquella primera tormenta.
Su debut oficial en Grbavica.
Unos 7.000 espectadores ocupaban las gradas pese a que parte del estadio se encontraba en obras. El español salió al césped y escuchó cantar a la afición.
Había visto vídeos. Había buscado imágenes del estadio. Le habían hablado del ambiente.
No era lo mismo.
“Lo más emocionante fue antes del partido, con toda la gente cantando. Pensaba: estás viviendo un sueño para el que llevas trabajando muchos años. Se me caía el lagrimón”.
Tenía un pequeño problema.
“Había cinco periodistas con las cámaras apuntándome y pensaba: ‘David, trata de controlarte’”.
No exagera cuando habla de los años invertidos.
Muslera empezó a entrenar en 2002, cuando todavía era futbolista, en las categorías inferiores del Porta Bonita madrileño. Después pasó por estructuras formativas de Atlético de Madrid, Leganés, Getafe e Illescas, entre otros. Se sacó las licencias entre 2007 y 2009 y pasó años tratando de abrirse camino en un ecosistema español en el que, a su juicio, alcanzar los banquillos profesionales resulta especialmente complicado para quien no arrastra un pasado como futbolista de élite.
Hubo incluso un momento en el que se alejó temporalmente del fútbol.
“A la tercera semana estaba que me subía por las paredes. Es un matrimonio de larga duración”.
La puerta terminó apareciendo lejos de Madrid.
Unas vacaciones que terminaron convirtiéndose en cuatro años
Pablo Ríos Freire, amigo de Muslera desde la universidad y compañero suyo en diferentes etapas en Madrid, había iniciado una aventura en Lituania. A través de él apareció la posibilidad de viajar al país.
En principio, de vacaciones.
“Fui para una semana y dos días antes de terminar el club me ofreció hacer una prueba. Después de esa prueba conseguí el contrato. Y así empezó la historia en Lituania”.
La semana se convirtió en casi cuatro años.
Primero trabajó en formación. Ganó competiciones juveniles, fue asistente, dio el salto al fútbol sénior con el Ekranas y posteriormente dirigió al BFA. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en el trampolín que necesitaba.
Muslera sostiene que para determinados entrenadores españoles el extranjero no es una aventura, sino prácticamente la única vía para acelerar una carrera.
“Si no eres un futbolista famoso, romper la barrera de Primera RFEF considero que es complicado. Una cosa es ser futbolista y otra totalmente diferente ser entrenador. Haber sido jugador te puede dar más soltura para manejar un vestuario, pero entrenar no es solo manejar un vestuario. Es un proceso mucho más largo”.
Por eso su futuro, al menos por ahora, tampoco pasa necesariamente por regresar.
“Me encantaría trabajar en España. Es mi país, mi gente y todo el ambiente que hay alrededor. Pero si me preguntas personalmente, de momento no lo tengo previsto. Prefiero seguir fuera”.
Bosnia representa un escalón más.
“Vengo de Lituania, donde el seguimiento es más reducido. Estar en una Primera División como la bosnia puede abrirte las puertas de otros países, por ejemplo Croacia. Yo espero estar aquí muchos años, pero también se trata de ir abriendo nuevos mercados”.
“Aquí es como si estuviera jugando el Mundial”

Existe cierta tendencia a medir todas las ligas europeas utilizando las cinco grandes como referencia. Muslera no niega la evidente diferencia futbolística con España, pero introduce otro parámetro que normalmente resulta invisible desde fuera.
La exigencia.
“Desde España podemos ver que el nivel respecto a Primera División obviamente es más bajo. Pero en cuanto a exigencia, a todo lo que tienes que afrontar, a lo que te pide la afición y a la presión, no cambia. Cambia el nivel futbolístico, pero el nivel de exigencia no”.
Hace una pausa y encuentra una comparación.
“Aquí estoy jugando el Mundial”.
En Željezničar cada derrota pesa. Después de uno de sus primeros partidos recordó una máxima que había escuchado durante su formación como entrenador: “Ganan los jugadores y pierde el entrenador”.
Bosnia también le ha sorprendido por la dimensión que adquiere cualquier movimiento alrededor de los clubes. Durante una jornada aplazada decidió desplazarse a Mostar para ver personalmente a varios rivales.
Para él era simple trabajo.
En Bosnia se convirtió en noticia.
“En los primeros diez minutos del partido me llegaron 15 o 20 mensajes. Salió hasta en televisión que el entrenador del Željo estaba viendo partidos. Para mí era lo más normal del mundo. Si tengo la posibilidad de ver al rival personalmente, ¿por qué voy a mandar a mi segundo?”.
Luis Aragonés, Guardiola y Luis Enrique
Muslera llega desde España y no reniega de determinados rasgos asociados a la escuela española.
Cuando se le pregunta por sus referencias aparece primero Luis Aragonés.
“Para mí fue el primero. Creo que el cambio en la historia del fútbol español empezó con él”.
Después Pep Guardiola.
“¿Quién no disfrutaba con aquel Barcelona?”.
Y finalmente Luis Enrique.
De los tres extrae una idea general.
“Me gusta el fútbol de posesión, ser protagonista y que la gente disfrute con lo que hacemos”.
Pero inmediatamente introduce un matiz.
“Una cosa es lo que me gusta y otra lo que tienes que hacer. Hay que adaptarse a la plantilla y entender que cada partido es un mundo”.
Es probablemente una de las primeras lecciones que Bosnia le está obligando a aplicar.
En uno de sus encuentros ante uno de los conjuntos más poderosos del campeonato decidió replegar, reducir espacios y buscar el contraataque.
“Sabía que iba a tener muy poco la pelota”.
Más que imponer una identidad teórica, Muslera quiere construir un equipo capaz de competir.
“Como entrenador veo que las cosas van mejorando. Hay partidos en los que domina el rival, pero esa clase de encuentros tienes que saber jugarlos tácticamente”.
El partido que podía cambiarlo todo
Y entonces llegó el derbi.
Željezničar y Sarajevo no comparten únicamente una ciudad. Comparten una rivalidad nacida hace más de siete décadas y alimentada por dos identidades históricamente diferentes. El Željo nació desde la clase trabajadora vinculada al ferrocarril; Sarajevo apareció después de la Segunda Guerra Mundial convertido rápidamente en el otro gran polo futbolístico de la capital.
Los Manijaci y la Horde Zla transforman cada enfrentamiento en uno de los acontecimientos deportivos del país.
Muslera sabía lo que le esperaba.
O eso pensaba.
Antes de vivir su primer derbi, hablaba de él con una mezcla de curiosidad y respeto.
“Si el ambiente del otro día fue impresionante, por lo que tengo entendido en el derbi no hay palabras para describirlo”.
Hasta evitaba pronunciar el nombre del rival cuando se le preguntaba contra quién se jugaba.
“Si digo el nombre me van a colgar”, bromeaba.
Después lo entendió definitivamente.
Željezničar venció 2-0. Rodrigo Piloto abrió el marcador al comienzo de la segunda parte y Muharem Husković aseguró después una victoria que valía mucho más que tres puntos.
Cuando todo terminó, Muslera trató de explicar lo que acababa de vivir.
“No puedo describirlo con palabras. Había visto vídeos, había escuchado historias, pero vivirlo personalmente es increíble. Gracias a los jugadores y a los aficionados. Desde el principio he dicho que esto es un proceso y que necesitamos tiempo, pero qué bonito es hacer feliz a la gente”.
Después de semanas pidiendo paciencia, el entrenador español había encontrado probablemente el argumento más poderoso que existe para conseguirla: ganar al vecino.
Pero ni siquiera entonces quiso alterar el discurso.
“Siempre tenemos que mejorar porque no somos perfectos. Esto es un proceso y necesita paciencia. Creo que todos podemos ver una gran diferencia respecto al inicio. Y aunque lleguemos a estar bien, tampoco será suficiente. Siempre puedes avanzar, siempre puedes ser mejor”.
También quiso recordar cómo había comenzado la construcción de la plantilla.
“Empezamos la pretemporada con 18 jugadores y siete juveniles. Todos los jugadores son importantes. Todos tendrán su papel y mi trabajo es encontrar qué puede aportar cada uno al equipo. La temporada es muy larga. Todos tendrán su oportunidad, aunque cada vez será más difícil ganarse un puesto entre los once”.
El mensaje encaja perfectamente con todo lo que había explicado antes del partido.
Trabajo. Tiempo. Adaptación.
Y resistencia a la presión.
De “¿quién eres?” a escuchar su nombre en Grbavica
Quizá el fútbol sea demasiado volátil para extraer grandes conclusiones de un derbi.
Muslera lo sabe mejor que nadie.
La victoria sobre Sarajevo no convierte automáticamente al Željezničar en candidato al título ni resuelve un proceso de reconstrucción que sigue teniendo muchas incógnitas. Tampoco borra las dudas que acompañaron la llegada de un entrenador desconocido para buena parte de Bosnia.
Pero sí cambia algo.
Hace apenas unas semanas el español leía centenares de mensajes preguntándole quién era y qué méritos tenía para sentarse en aquel banquillo.
Después del derbi, Grbavica decía su nombre.
“He vivido momentos muy bonitos durante mi carrera, pero que la gente coree mi nombre, aplauda y sea feliz de esta manera no lo había vivido nunca”.
Muslera tardó 24 años desde aquel primer banquillo en las categorías inferiores del Porta Bonita hasta llegar a dirigir en una máxima división.
Firmó por el Jonava buscando estabilidad y se marchó tres días después. Cambió el anonimato relativo de Lituania por una ciudad en la que reconoce que ya prácticamente no existe su vida privada. Llegó entre críticas a un club que sigue comparando su presente con una historia gigantesca. Y en cuestión de semanas descubrió lo que significa perder, ganar y sobrevivir a la exigencia del fútbol bosnio.
Todavía está empezando.
Quizá por eso, entre todas sus frases, hay una que explica mejor que ninguna otra el momento de su carrera.
“Esta es una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo. Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil va a ser mantenerse”.
En Grbavica ya ha superado la primera prueba.
Y no era precisamente pequeña.
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UCL. Francia destaca la irrupción de Dro Fernández tras su gran noche de Champions
Dro Fernández aprovechó su primera titularidad de la temporada para firmar su mejor partido con el PSG. La prensa francesa destaca el crecimiento del español de 18 años, mientras Luis Enrique ya confirma que seguirá teniendo oportunidades.
Ferran Torres se llevó el balón a casa con su hat-trick y Ousmane Dembélé firmó dos goles y dos asistencias. Sin embargo, la goleada del Paris Saint-Germain frente al Slovan Bratislava dejó también otra noticia especialmente interesante para el fútbol español: el gran partido de Dro Fernández.
El centrocampista gallego, de apenas 18 años, recibió de Luis Enrique su primera titularidad de la temporada y también la primera de su carrera en la Champions League con el PSG. Noventa minutos después, había dejado probablemente su actuación más completa desde que decidió abandonar el Barcelona y poner rumbo a París.
En Francia no ha pasado desapercibido. L’Équipe ha dedicado un análisis específico a su actuación, destacando conceptos como su trabajo táctico, la recuperación de balón y su movimiento constante, aunque señalando también que todavía existen aspectos por pulir.
Es precisamente esa combinación la que convierte el partido ante el Slovan en algo más importante que una buena actuación frente a un rival claramente inferior. Dro empieza a demostrar que puede ser útil de verdad en el PSG.
De la primera ocasión al último gol
Luis Enrique situó a Dro como interior derecho, acompañando a Vitinha y Fabián Ruiz en el centro del campo.
El español tardó tres minutos en aparecer. Dembélé dejó pasar un balón dentro del área y Dro irrumpió desde segunda línea para quedarse prácticamente solo frente al guardameta Dominik Takac. No consiguió marcar, pero la acción adelantó una de las características que marcarían su partido: su facilidad para abandonar la posición inicial y aparecer en zonas ofensivas.
Poco después volvió a generar peligro desde la derecha y su participación también estuvo presente en el segundo tanto parisino. Dro recibió dentro del área y su intento de envío fue desviado antes de que Dembélé apareciera para marcar de cabeza.
Su influencia, sin embargo, fue mucho más allá de esas acciones. El joven español ofreció constantemente una línea de pase, se movió entre el centro del campo y el costado derecho y participó activamente en la presión tras pérdida que permitió al PSG instalarse durante largos periodos alrededor del área eslovaca.
También dejó varias recuperaciones en campo contrario. Una de ellas, antes del descanso, inició una nueva ocasión parisina. Y todavía en el minuto 88 tuvo energía para recibir tras un córner y colocar el balón en el área en la acción que terminó con el sexto gol, obra de Fabián Ruiz.
No marcó ni terminó oficialmente el partido con una gran estadística individual, pero estuvo permanentemente involucrado.
Un perfil que encaja en el fútbol de Luis Enrique
Dro tiene una característica especialmente interesante para el actual PSG: entiende el juego asociativo.
No es un centrocampista que necesite acumular muchos contactos con el balón para sentirse dentro del partido. Puede recibir entre líneas, jugar de primeras, conducir para superar una presión o aparecer sin balón en espacios que han liberado sus compañeros.
Ante el Slovan se entendió especialmente bien con Hakimi y Dembélé en el sector derecho.
En un equipo de Luis Enrique, esa inteligencia resulta fundamental. El PSG cambia continuamente de estructura durante los ataques y exige a sus centrocampistas interpretar dónde está el espacio en cada momento en lugar de limitarse a ocupar una posición fija.
Dro parece sentirse cómodo en ese caos organizado. Tiene técnica para recibir rodeado de rivales, pero también energía para participar en la presión. Y frente al conjunto eslovaco mostró otro aspecto que puede aumentar considerablemente sus posibilidades de jugar: capacidad para recuperar el balón y reaccionar inmediatamente después de una pérdida.
El PSG terminó el encuentro con más del 70% de posesión y realizó 35 disparos. En un partido de dominio prácticamente absoluto, Dro ayudó a que el balón regresara una y otra vez a los pies parisinos.
De promesa de La Masia a competir por minutos en el campeón de Europa
Su crecimiento resulta todavía más significativo si se recuerda dónde estaba hace unos meses.
Dro Fernández nació en Nigrán en 2008 y se incorporó al Barcelona en 2022. Su progresión fue rapidísima. Con apenas 16 años ya competía con el Juvenil A y tuvo un papel relevante en el equipo que conquistó la UEFA Youth League en 2025.
El Barcelona veía en él una de las grandes promesas de La Masia, pero el futbolista entendió que su camino hacia la élite podía ser más rápido lejos de Catalunya.
En enero de 2026 apareció el PSG. El conjunto francés pagó alrededor de ocho millones de euros por su fichaje —por encima de una cláusula situada en seis millones— y le firmó un contrato hasta 2030.

Luis Enrique fue un factor importante en su decisión.
Su incorporación no implicó, sin embargo, una entrada inmediata en el once. El técnico asturiano siempre insistió en que debía tener paciencia con un futbolista todavía en pleno proceso de formación.
Dro debutó con el PSG en febrero frente al Olympique de Marsella y fue sumando apariciones durante la segunda mitad de la temporada. Acabó su primer curso en París formando parte de una plantilla que conquistó la Ligue 1 y la Champions League, aunque con un papel todavía secundario.
Durante la pretemporada de este verano comenzó a apreciarse un cambio. Luis Enrique le dio dos titularidades y el español respondió, entre otras cosas, con una asistencia frente al Manchester United. Ya iniciada la competición había participado desde el banquillo contra Lille y Mónaco antes de recibir ante el Slovan la mayor oportunidad de la temporada.
Y la aprovechó.
El propio Dro explicó después del encuentro que la titularidad le había sorprendido: «No voy a mentir, no esperaba jugar. Pero estaba preparado para cuando hiciera falta y para ayudar al equipo, ese es mi objetivo». También reconoció sentirse mucho más adaptado a París: «Me siento mucho mejor, he ganado mucha confianza. Con compañeros así es muy fácil jugar, te lo hacen todo mucho más sencillo. Pero creo que todavía tengo mucho margen de mejora».
Su discurso encaja con la idea que transmite sobre su papel en la plantilla. «Quiero seguir ayudando al equipo cuando pueda y cuando me necesiten. Siempre estoy preparado. Y seguir creciendo. No siento presión, estoy muy feliz aquí», señaló. Dro también elogió especialmente a Ousmane Dembélé, al que definió como «un jugador único» y uno de los compañeros que más le ayudan en su adaptación.
Luis Enrique frena la euforia, pero confirma que tendrá oportunidades
Después del partido le preguntaron directamente a Luis Enrique por la evolución del español.
“Dro tiene solamente 18 años. Es increíble que juegue de esta manera”, explicó el técnico.
Pero inmediatamente introdujo el matiz que lleva repitiendo desde su llegada: “No tenemos prisa”.
Luis Enrique aseguró que el club ya conocía perfectamente sus condiciones antes de ficharlo y confirmó algo mucho más importante para el futuro del jugador: “Tendrá minutos siempre que tengamos la oportunidad porque conocemos su calidad”.
Es probablemente la mejor noticia que podía recibir Dro.
La competencia en el centro del campo parisino es feroz. Vitinha, João Neves, Fabián Ruiz y Warren Zaïre-Emery parten con ventaja, mientras que futbolistas como Senny Mayulu también necesitan minutos.
Dro no tiene que convertirse inmediatamente en titular. Tiene que conseguir que Luis Enrique pueda utilizarlo sin que el nivel colectivo disminuya. Y el encuentro ante el Slovan fue un paso importante en esa dirección.
El siguiente paso: transformar influencia en números
El margen de crecimiento sigue siendo enorme.
Dro todavía puede ganar potencia física para soportar partidos de mayor contacto y debe mejorar su capacidad para convertir las numerosas posiciones ventajosas que encuentra en goles y asistencias.
Frente al Slovan tuvo oportunidades para marcar y esa fue precisamente una de las pocas espinas que se llevó del partido. En zona mixta reconoció que lamentaba «no haber marcado», especialmente después de la ocasión que tuvo en el tramo inicial.
Ese será probablemente uno de los siguientes pasos de su evolución.
Porque tiene llegada. Su movilidad le permite entrar al área desde posiciones retrasadas y aparecer sin marca. Si añade cifras a esa capacidad para asociarse, recuperar y acelerar las jugadas, Luis Enrique encontrará en él un perfil difícil de ignorar.
Además, el calendario terminará ofreciendo oportunidades. El PSG aspira a competir por todas las competiciones y su manera de jugar exige un enorme despliegue físico. Las rotaciones serán inevitables y Dro puede convertirse progresivamente en una alternativa real para cualquiera de los interiores.
Primero llegaron minutos sueltos. Después una buena pretemporada. Ahora ha llegado una titularidad en Champions y el mejor partido de su etapa parisina.
El siguiente objetivo será conseguir que actuaciones como la del Slovan dejen de ser una sorpresa.
L’Équipe ya ha puesto el foco sobre él. Luis Enrique también ha confirmado públicamente que seguirá teniendo oportunidades.
A los 18 años, Dro Fernández empieza a dejar de ser únicamente una apuesta de futuro del PSG. Poco a poco, empieza a convertirse en una solución para el presente.
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