Españoles por el mundo
Grecia. Adiós a Mendilibar: una etapa histórica en Olympiacos
José Luis Mendilibar deja Olympiacos tras una etapa histórica: Conference League, Liga, Copa, Supercopa y un legado imborrable en Grecia.
José Luis Mendilibar llegó a Grecia para solucionar un problema y se marcha convertido en una de las figuras más importantes de los cien años de historia del Olympiacos. Entre medias han pasado dos años y medio, cuatro títulos, noches europeas que parecían imposibles y una relación con la grada que explica por qué su salida ha resultado mucho más difícil de entender para buena parte de la afición que otras destituciones habituales en un club acostumbrado a vivir bajo una exigencia permanente.
Olympiacos ha puesto fin a la etapa del entrenador español pese a que Mendilibar tenía contrato y pese a que, deportivamente, el comienzo del curso no dibujaba una situación de emergencia. El golpe que terminó condicionándolo todo fue la inesperada eliminación frente al NEC Nijmegen en la tercera ronda previa de la Champions League. Sin embargo, después de aquello, los rojiblancos habían arrancado invictos su campeonato doméstico y habían ganado sus dos primeros compromisos de Copa.
Por eso el contraste resulta tan llamativo. Mendilibar se marcha apenas unas semanas después de quedarse fuera de la Champions, pero solo dos años y medio después de conseguir algo que ningún técnico había logrado con el primer equipo del Olympiacos: convertirlo en campeón de Europa.
El propio club ha sido consciente de la dimensión de la despedida. En su comunicado no trató al español como a un entrenador más. Recordó la Conference League, el triplete del centenario y aseguró que tendrá para siempre un lugar especial en la historia del Olympiacos. Incluso volvió a dirigirse a él por el apodo que acabó acompañándolo en Grecia: “General”.
Llegó cuando Olympiacos buscaba desesperadamente un rumbo
La historia comenzó el 12 de febrero de 2024. Mendilibar aterrizó en El Pireo después de una primera mitad de temporada marcada por la inestabilidad. Diego Martínez había iniciado el curso y Carlos Carvalhal lo había sustituido en diciembre, pero tampoco consiguió asentarse. El español se convirtió así en el tercer técnico del Olympiacos en aquella campaña.
No era una situación desconocida para él.
Un año antes había cogido un Sevilla instalado en una dinámica peligrosa, lo había alejado de los problemas y, contra casi todos los pronósticos, lo había terminado llevando hasta el título de la Europa League. Su aventura en Nervión terminó pocos meses después, pero cuando Olympiacos llamó a su puerta había una credencial que sobresalía por encima de cualquier otra: Mendilibar acababa de demostrar que sabía transformar equipos en crisis cuando llegaba con la temporada comenzada.
En Grecia volvió a suceder.
Su estreno se produjo solo tres días después de ser presentado, precisamente en Europa. Olympiacos derrotó 1-0 al Ferencváros en la ida del playoff de la Conference League y repitió resultado en Budapest. Fue el comienzo de una competición que terminaría adquiriendo tintes casi cinematográficos.
Porque lo verdaderamente extraordinario todavía estaba por llegar.
Del 1-4 ante el Maccabi al milagro que cambió todo
El recorrido europeo de aquel Olympiacos probablemente no habría adquirido la misma dimensión sin una noche que parecía destinada a acabar con él.
En los octavos de final, el Maccabi Tel Aviv asaltó el Georgios Karaiskakis con un contundente 1-4. Una derrota de esas que prácticamente dan por terminada una eliminatoria europea. El partido de vuelta, disputado en Serbia, parecía una formalidad.
Olympiacos ganó 1-6 después de la prórroga.
Una de las remontadas más espectaculares de la historia reciente de las competiciones UEFA convirtió un 1-4 en casa en un 7-5 global y terminó de convencer al equipo de que podía llegar mucho más lejos. Tiempo después, el propio Mendilibar señaló aquella derrota como uno de esos momentos capaces de hacer que un grupo abandone o decida continuar peleando.
En cuartos esperaba otro obstáculo gigantesco. Olympiacos derrotó 3-2 al Fenerbahçe en Grecia, cayó 1-0 en Estambul después de la prórroga y sobrevivió a la tanda de penaltis. 3-2 desde los once metros y billete para las primeras semifinales europeas de su historia.
Entonces apareció el Aston Villa de Unai Emery, uno de los grandes favoritos al título.
Y Olympiacos no sobrevivió: lo destrozó.
Ganó 2-4 en Villa Park y volvió a imponerse 2-0 en El Pireo. El 6-2 global derribó definitivamente cualquier consideración de sorpresa accidental. El equipo de Mendilibar presionó, atacó los espacios de una defensa adelantada y convirtió a Ayoub El Kaabi en la figura de una competición que terminaría con once goles del marroquí.
Mendilibar reconocería después de alcanzar la final que ni él mismo había imaginado algo semejante cuando aterrizó en Grecia: “Cuando llegué al Olympiacos no esperaba que fuéramos a llegar tan lejos en Europa”.
Pero el equipo había empezado a creer. Y su entrenador también.
Una final en Atenas para cambiar la historia del fútbol griego
El último paso tenía además un componente casi perfecto desde el punto de vista narrativo. La final se disputaba en Atenas, en el estadio del AEK, y el rival era la Fiorentina, finalista también la temporada anterior.
El 29 de mayo de 2024, Olympiacos y Fiorentina llegaron sin goles hasta la prórroga. Cuando comenzaba a aparecer en el horizonte la tanda de penaltis, Santiago Hezze puso un balón al área y El Kaabi anticipó a la defensa italiana.
Minuto 116.
1-0.
Olympiacos era campeón de la Conference League.
La precisión histórica requiere un pequeño matiz. El equipo sub-19 del Olympiacos había ganado la Youth League apenas cinco semanas antes y había sido técnicamente el primer equipo griego campeón de un torneo UEFA. Pero la Conference convirtió al Olympiacos en el primer club griego que ganaba una gran competición europea de clubes a nivel sénior. Hasta entonces, ni siquiera el Panathinaikos, finalista de la Copa de Europa en 1971, había conseguido levantar una.
Mendilibar había escrito la página más importante de la historia futbolística del club apenas 107 días después de ser contratado.
Después de la final resumió perfectamente lo que acababa de suceder: “Sé perfectamente lo que significa esto para Olympiacos. Es la primera vez que el club gana un título europeo en fútbol”.
Mendilibar, junto a Rafa Benítez en un registro único
Aquella noche no solo cambió la historia del Olympiacos. También colocó al entrenador de Zaldibar en una lista prácticamente vacía.
Un año antes, Mendilibar había conquistado la Europa League 2022-23 con el Sevilla. Doce meses después levantaba la Conference League 2023-24 con Olympiacos.
Se convirtió así en el segundo entrenador de la historia capaz de ganar un título europeo en dos temporadas consecutivas con dos clubes diferentes.
El único precedente era Rafa Benítez: campeón de la Copa de la UEFA con el Valencia en 2004 y de la Champions League con el Liverpool en 2005.
El paralelismo resulta todavía más llamativo por la trayectoria de Mendilibar. Durante décadas fue asociado fundamentalmente al fútbol doméstico español, al trabajo cotidiano y a clubes alejados del escaparate continental. Había dirigido centenares de encuentros en Primera antes de convertirse, pasados los 60 años, en uno de los entrenadores europeos más exitosos del momento.
Europa llegó tarde a su carrera. Cuando llegó, la conquistó dos veces seguidas.
El Olympiacos de Mendilibar: presión, intensidad y pocas complicaciones
El impacto tampoco quedó reducido a los resultados.
Mendilibar construyó un Olympiacos reconocible. UEFA definía aquel campeón de la Conference como un equipo basado en un 4-3-3, agresivo, con presión alta y un centro del campo especialmente intenso. El Kaabi atacaba el área mientras Fortounis y Podence rodeaban al delantero, con Hezze, Chiquinho e Iborra sosteniendo una propuesta mucho más incómoda para el rival de lo que podía sugerir el cartel de los griegos.
Era, fundamentalmente, un equipo muy Mendilibar: vertical cuando podía serlo, valiente para defender lejos de su portería y poco interesado en modificar su naturaleza dependiendo del rival.
Él mismo lo explicó un año después: “Intentamos jugar siempre de la misma forma. Queremos presionar arriba y ser agresivos”.
Ese carácter terminó conectando con El Pireo. Olympiacos encontró en un entrenador español de discurso sencillo una figura sorprendentemente compatible con un club y una afición acostumbrados a vivir el fútbol de manera volcánica.
Del campeón de Europa al campeón de Grecia
Después de aquella Conference apareció una pregunta lógica: ¿podría Mendilibar construir algo estable después de haber protagonizado otro rescate espectacular a mitad de temporada?
La respuesta llegó en 2024-25.
Y probablemente esa campaña sea tan importante para valorar su etapa como la propia Conference, porque demostró que su Olympiacos podía ganar no solo desde la épica, sino también desde la continuidad.
En el año de su centenario, el club recuperó el dominio del fútbol griego. El 13 de abril de 2025 derrotó 1-0 al AEK con un gol de El Kaabi y se proclamó campeón matemáticamente con varias jornadas todavía por disputar. Era la 48ª Liga de la historia del Olympiacos.
Para Mendilibar también tenía un significado particular: era su primera liga conquistada como entrenador en una máxima categoría.
Después de asegurarla dejó una confesión que permite entender hasta qué punto aquella experiencia había terminado siendo diferente de todo lo anterior en su carrera: “Olympiacos me ha cambiado futbolísticamente”.
El título liguero no fue el final.
Un mes después, Olympiacos derrotó 2-0 al OFI en la final de la Copa de Grecia, con goles de El Kaabi y Yaremchuk, y completó el doblete del centenario. Era la 29ª Copa y el 19º doblete Liga-Copa de la historia del club.
Mendilibar volvió a quitarse protagonismo: “Se lo debemos todo al equipo y a todo el grupo de jugadores que ha trabajado unido”.
Era posiblemente la mejor explicación de uno de sus principales éxitos en Grecia: consiguió que un vestuario sometido a una enorme presión competitiva creyera en una idea extraordinariamente sencilla. Competir. Siempre.
“Lo que hacemos es luchar”, explicó en otra rueda de prensa. Para Mendilibar, un equipo que mantiene esa capacidad de competir incluso cuando juega mal se convierte en un rival difícil de derrotar.
Liga, Copa y Supercopa: el primer triplete de este tipo del Olympiacos
Al doblete todavía le faltaba un epílogo.
La Supercopa griega regresó al calendario y, el 3 de enero de 2026, Olympiacos volvió a enfrentarse al OFI. El partido se marchó a la prórroga y los rojiblancos terminaron imponiéndose 3-0, con tantos de Taremi, Kalogeropoulos y Yazıcı.
La victoria completó el triplete formado por Liga, Copa y Supercopa.
Y sí: atendiendo específicamente a esos tres títulos, se trata del primer triplete de este tipo en la historia del equipo de fútbol del Olympiacos. El propio palmarés oficial permite comprobarlo. Sus anteriores Supercopas corresponden a 1980, 1987, 1992 y 2007, años que no coinciden con ninguno de sus anteriores dobletes Liga-Copa. La siguiente, asociada al doblete de 2025, es la que completa por primera vez esa combinación. El club lo define en su despedida como el “histórico triplete” del centenario.
Conference League primero. Liga y Copa después. Supercopa finalmente.
En menos de dos años, Mendilibar había ganado cuatro títulos con Olympiacos.
La primera temporada realmente difícil
La trayectoria dejó de ser una sucesión casi perfecta durante 2025-26.
Olympiacos volvió a disputar la Champions League y protagonizó una campaña europea respetable. Ganó en la congelada Astaná al Kairat, derrotó 2-0 al Bayer Leverkusen en El Pireo y consiguió un histórico 1-2 ante el Ajax en Ámsterdam que le permitió meterse en el playoff. Bayer Leverkusen terminó eliminándolo allí, pero el equipo alcanzó los cruces después de completar diez encuentros en la máxima competición europea.
En Grecia, sin embargo, perdió el dominio.
PAOK lo eliminó de la Copa y el AEK terminó conquistando la Liga. Olympiacos acabó segundo, puesto que le permitió acceder a las eliminatorias de clasificación para la Champions de la temporada siguiente.
Fue el primer curso completo de Mendilibar en el que la temporada terminó sin el gran objetivo doméstico.
También aparecieron las primeras dudas sobre su continuidad. En mayo, preguntado directamente sobre si seguiría, respondió: “Creo que sí. Tengo contrato y, al menos, nadie me ha dicho lo contrario”.
Cuatro meses después, ya no es entrenador del Olympiacos.
El NEC, una eliminación demasiado cara
El principio del final tiene nombre: NEC Nijmegen.
Olympiacos partía como favorito en la tercera ronda previa de la Champions, pero empató 0-0 en El Pireo. En Países Bajos se adelantó mediante El Kaabi, recibió después el empate y terminó jugando con diez por la expulsión de Fortounis. El NEC marcó en la prórroga y ganó 2-1, enviando a los griegos a la fase liga de la Europa League.
Mendilibar no escondió los problemas. “Tenemos que mejorar muchas cosas”, reconoció después de la eliminación.
La derrota resultó especialmente dolorosa porque Olympiacos había recuperado bajo su mando la costumbre de competir con rivales importantes en Europa. Caer ante el NEC antes incluso de alcanzar el playoff de Champions supuso un golpe deportivo y económico difícil de digerir.
Pero lo más sorprendente de su despido está en lo sucedido después.
Porque no hubo derrumbe.
Se marcha con Olympiacos invicto en Grecia
Olympiacos arrancó la Superliga ganando 1-0 al Atromitos y posteriormente 0-1 al Asteras Aktor. En la tercera jornada empató 1-1 contra el Volos.
Siete puntos de nueve.
Invicto.
En Copa, además, comenzó goleando 0-4 al AEL y después venció 3-2 al Volos. El segundo de esos partidos se disputó prácticamente en vísperas del anuncio de la marcha de Mendilibar.
Es decir: si se separa la eliminación europea, Olympiacos había iniciado la temporada nacional con cuatro victorias y un empate en cinco partidos oficiales.
Eso explica por qué la noticia ha provocado sorpresa incluso aceptando que el fracaso frente al NEC había dejado al entrenador bajo presión.
No había una crisis de resultados inmediata que hiciera inevitable un cambio.
Había, aparentemente, una decisión de club.
Grecia no entiende el adiós al “General”
Y la reacción entre una parte importante de los aficionados ha sido contundente.
El medio griego Sportime recogió las respuestas publicadas por seguidores bajo el comunicado oficial y describió un escenario en el que eran minoritarias las opiniones favorables al cambio. Las críticas se dirigían tanto a la propia decisión como al momento elegido para ejecutarla.
Por encima del enfado aparecía otra constante: el agradecimiento.
Mendilibar dejó de ser simplemente un entrenador para muchos seguidores desde el 29 de mayo de 2024. Haber estado al frente del equipo que consiguió el mayor éxito internacional de su historia concede una inmunidad emocional que no siempre coincide con la lógica de los despachos.
De ahí también su apodo, “Strategos”, el General.
El propio Sportime concluye que muchos aficionados no estaban preparados para despedirse de él. Y el mensaje del club evidencia esa relación al asegurar que conservará el cariño y el respeto de la familia rojiblanca.
Probablemente ahí esté la gran diferencia entre el Mendilibar que llegó y el que se marcha.
En febrero de 2024 era un entrenador español contratado para apagar otro incendio.
En septiembre de 2026 es una figura cuya destitución enfada a la grada.
Imanol Alguacil, otro vasco para iniciar una nueva era
Olympiacos parece tener ya decidido el siguiente capítulo.
Aunque a primera hora de este jueves todavía faltaba el anuncio formal del club, la prensa griega da por cerrada la llegada de Imanol Alguacil. Sport24 lo presenta directamente como nuevo entrenador del Olympiacos, mientras Novasports informa de que el técnico debía acudir este jueves a las instalaciones de Renti para conocer a la plantilla y dirigir su primera sesión.
El relevo contiene además una curiosidad evidente.
Un vasco sustituirá a otro vasco.
Imanol llega después de su etapa en el Al-Shabab y, sobre todo, después de construir durante años uno de los proyectos más reconocibles del fútbol español en la Real Sociedad, con la que ganó la Copa del Rey y regresó a la Champions. Ahora heredará un equipo cuya vara de medir ha quedado situada muy arriba.
Porque suceder a Mendilibar no consiste simplemente en ganar la liga griega.
Consiste en suceder al hombre que llevó al Olympiacos donde nunca había estado.
122 partidos y cuatro copas para quedar para siempre en El Pireo
Los números finales permiten poner dimensiones a la etapa.
Mendilibar deja Olympiacos después de 127 partidos, repartidos en 79 victorias, 28 empates y 20 derrotas, con un balance goleador de 237 tantos a favor y 103 en contra.
Pero incluso esas cifras explican bastante menos que los trofeos:
Conference League 2023-24. Liga griega 2024-25. Copa de Grecia 2024-25. Supercopa de Grecia.
Cuatro títulos.
Una Copa europea que no existía en las vitrinas del primer equipo antes de su llegada.
El primer triplete Liga-Copa-Supercopa del club.
Y dos títulos europeos consecutivos con dos equipos distintos, un registro que solo Rafa Benítez había conseguido antes.
Mendilibar llegó a El Pireo a los 62 años después de una carrera en la que su nombre había estado asociado durante mucho tiempo a Valladolid, Osasuna, Eibar o al trabajo por mantener equipos en Primera. En la recta final de su trayectoria, Sevilla primero y Olympiacos después le permitieron añadir una dimensión que pocos podían haber anticipado: la de entrenador campeón de Europa.
Su final en Grecia resulta abrupto. También discutido. Quizá incluso difícil de comprender desde fuera cuando Olympiacos no había perdido todavía un partido doméstico esta temporada.
Pero ese final difícilmente modificará su lugar en la historia.
Otros entrenadores ganaron muchas más ligas con Olympiacos. Otros permanecieron más tiempo en su banquillo. Y otros podrían superar sus registros.
Ninguno podrá volver a ser el primero que hizo campeón de Europa al Olympiacos.
Ese lugar ya pertenece para siempre a José Luis Mendilibar.
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Españoles por el mundo
ENTREVISTA. Futbolista profesional y scout… gracias a Twitter
En este episodio de Migrantes del Balón hablamos con Ruxi Bonet, futbolista español del Gnistan de Finlandia y scout del FC Copenhague, sobre una carrera que le ha llevado por Finlandia, Islandia, Estados Unidos, México e Indonesia.
Un análisis publicado en Twitter cambió la carrera de Ruxi Bonet. El director deportivo del FC Copenhague lo vio, contactó con él por LinkedIn y, después de superar una prueba de scouting, terminó trabajando para uno de los clubes más importantes de Dinamarca.
En este episodio de Migrantes del Balón hablamos con Ruxi Bonet, futbolista español del Gnistan de Finlandia y scout del FC Copenhague, sobre una carrera que le ha llevado por Finlandia, Islandia, Estados Unidos, México e Indonesia.
Hablamos de cómo funciona realmente el fútbol finlandés, los salarios que pueden alcanzar algunas de sus estrellas —con perfiles que pueden rondar los 100.000-150.000 euros anuales—, su profesionalidad, el frío, el calendario y las oportunidades que ofrece a futbolistas extranjeros.
También recordamos su etapa en Indonesia, donde llegó a entrenar con gallinas sobre el campo, vivió situaciones de enorme precariedad en instalaciones y alojamiento y tuvo que recurrir a FIFA después de pasar varios meses sin cobrar.
Y aprovechando su faceta como analista y scout, nos sentamos a hablar de fútbol: el PSG de Luis Enrique y Ferran Torres, el Liverpool de Andoni Iraola, el nuevo Chelsea de Xabi Alonso, el Arsenal de Mikel Arteta, el Como de Cesc Fàbregas y algunos de los nombres que pueden marcar esta Champions League.
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Fútbol Femenino
Francia. Salma cambia de gigante: así se está haciendo sitio en el Lyon de Giráldez
Salma Paralluelo dejó el Barcelona para iniciar su primera experiencia fuera de España en el OL Lyonnes. Un gol, dos asistencias y 260 minutos después, analizamos su rápida adaptación y el reencuentro con el técnico español Jonatan Giráldez.
El último recuerdo de Salma Paralluelo contra el Lyon antes de convertirse en futbolista del Lyon resulta difícil de mejorar.
23 de mayo de 2026. Final de la Champions en Oslo. Barcelona y OL Lyonnes se disputan el título y, después de una primera parte equilibrada, el equipo azulgrana destroza el partido tras el descanso. Salma participa en el 2-0 con el pase atrás para Ewa Pajor y después marca los dos últimos goles: primero con un zurdazo desde la frontal y después culminando una transición para establecer el 4-0 definitivo. El Barcelona conquista su cuarta Copa de Europa y Jonatan Giráldez, desde el banquillo contrario, señala precisamente a Pajor y Paralluelo como las dos futbolistas que habían decidido la final.
Dos meses después, Giráldez ya no tenía que encontrar la manera de detenerla.
La tenía en su plantilla.
Salma firmó hasta 2030 con el OL Lyonnes después de cerrar cuatro temporadas en el Barcelona. Llegó con 22 años, 131 partidos y 72 goles con el club azulgrana, además de 15 títulos, entre ellos tres Champions. Era la primera vez que abandonaba España para jugar al fútbol y lo hacía pasando directamente del actual gran dominador europeo al club que históricamente ha dominado la competición: ningún equipo ha ganado más Champions femeninas que el Lyon, con ocho.
El movimiento podía entenderse como un riesgo.
Las primeras semanas están ofreciendo una lectura diferente.
Cuatro partidos, un gol, dos asistencias y sitio desde el principio
Los números todavía pertenecen a una muestra pequeña, pero ya dicen algo sobre la jerarquía con la que Salma ha aterrizado en Francia.
Ha disputado los cuatro partidos oficiales del Lyon, tres como titular, y acumula 260 minutos, un gol y dos asistencias. Giráldez la alineó durante los 90 minutos en el 1-7 ante el Fleury, fue titular otra vez en el 7-1 frente al Paris FC, entró desde el banquillo y marcó en el 1-8 al Le Havre y volvió al once para jugar completo el 0-8 ante el Servette en Champions.
Su primer impacto directo llegó en el estreno del Lyon en casa. Contra el Paris FC recibió abierta y puso el centro que Marie-Antoinette Katoto convirtió en el 3-0. Una semana después apareció el primer gol: Giráldez decidió reservarla inicialmente frente al Le Havre, la introdujo en la segunda parte y Salma cerró el 1-8 en el minuto 78.
La Champions añadió otra capa. Contra el Servette volvió al once y participó en dos de los goles de la primera mitad. El 0-1 nació de un centro suyo que terminó introduciendo en su propia portería Laia Ballesté y, justo antes del descanso, asistió a Melchie Dumornay para el 0-4 tras una transición. El club le contabiliza actualmente dos asistencias oficiales entre todas las competiciones.
Conviene introducir aquí una precaución. El Lyon ha ganado sus cuatro primeros partidos por 7-1, 7-1, 8-1 y 8-0. Ha marcado 30 goles en 360 minutos. El contexto ofensivo es tan extraordinariamente favorable que un gol y dos asistencias no sirven todavía para medir por sí solos la dimensión de su impacto.
Lo verdaderamente significativo está en otro dato: Giráldez la está utilizando.
Y conoce perfectamente lo que puede darle.
El reencuentro con el entrenador que ayudó a construirla
La presencia de Jonatan Giráldez convierte el desembarco de Salma en Lyon en algo diferente a una adaptación convencional.
El técnico gallego dirigió al Barcelona entre 2021 y 2024 y coincidió con Paralluelo durante sus dos primeras temporadas como azulgrana. Después pasó por el Washington Spirit y en 2025 asumió el Lyon, donde la pasada temporada alcanzó la final de la Champions. Salma conoce su metodología y Giráldez conoce tanto las virtudes como las limitaciones de la futbolista que acaba de fichar.
Ella misma reconoció que aquella relación influyó en la decisión: “Conozco muy bien al entrenador y su forma de trabajar”.
Durante su presentación explicó que marcharse al extranjero suponía “un gran cambio” en su vida, pero que no tenía miedo al proceso de adaptación. También habló del Lyon como un club en el que cree que puede seguir creciendo y recordó que, además de Giráldez, ya conocía a parte del cuerpo técnico y a Ingrid Engen de su etapa en el Barcelona.
El entrenador ha transmitido una sensación parecida. Antes de comenzar la liga explicó que tanto Salma como Caroline Weir se habían integrado bien, pero admitió que con la española había resultado particularmente sencillo precisamente porque ya habían trabajado juntos. Para Giráldez, las dos son futbolistas “excepcionales” y su llegada eleva el nivel del campeonato francés.
Ese conocimiento previo reduce una de las principales incertidumbres que normalmente acompañan a un fichaje de este tamaño. Giráldez no necesita descubrir qué posiciones puede ocupar Salma, cuánto espacio necesita para acelerar o en qué situaciones pierde influencia. Ya trabajó durante dos temporadas en desarrollar precisamente esas cuestiones.
Y Salma sabe exactamente qué le exige.
«No tener miedo a fallar e intentarlo una y otra vez»
Dos semanas después de comenzar la competición, Paralluelo concedió una entrevista a Le Progrès en la que dejó una frase que probablemente explica mejor su nueva etapa que los resultados del Lyon.
Su objetivo, dijo, es “convertirme en mi mejor versión aquí”.
También explicó que todavía está aprendiendo prácticamente todo: nuevas compañeras, nuevo equipo, nuevo campeonato y matices diferentes dentro del modelo. Cuando le preguntaron si su función había cambiado respecto a la que tenía en el Barcelona de Giráldez, respondió que no demasiado. La banda izquierda sigue siendo su posición más conocida, aunque la estructura que la rodea es diferente.
Lo interesante apareció después, cuando explicó qué le está pidiendo exactamente el entrenador: ser competitiva, mantener la concentración durante todo el partido y “no tener miedo a fallar, intentarlo una y otra vez”.
No es una consigna menor para una jugadora como Salma.
Gran parte de su valor reside precisamente en aquello que implica riesgo: conducir contra una defensa, atacar el espacio, desbordar, acelerar una posesión que parecía controlada o buscar portería desde posiciones en las que otras futbolistas prefieren conservar el balón. Para aprovechar su velocidad y capacidad de ruptura hay que aceptar también que algunas de esas acciones terminen en pérdida.
Giráldez lo sabe porque ya convivió con ello en Barcelona.
El Lyon no necesita otra jugadora que simplemente marque goles
Hay además una diferencia importante entre el contexto que Salma dejó en Barcelona y el que ha encontrado en Francia.
El Lyon tiene una acumulación extraordinaria de talento ofensivo. Marie-Antoinette Katoto ha comenzado la Champions con un triplete. Ada Hegerberg continúa ofreciendo una referencia de área de primer nivel. Melchie Dumornay probablemente sea una de las atacantes más desequilibrantes del fútbol europeo. A ellas se suman Tabitha Chawinga, Jule Brand, Vicki Becho y la propia Paralluelo.
Eso significa que Salma no necesita convertirse en la principal goleadora del equipo para justificar su presencia.
Su velocidad modifica el comportamiento de una defensa incluso cuando no recibe. Si parte desde fuera y amenaza constantemente el espacio a la espalda, el lateral contrario tiene más dificultades para saltar hacia delante y el central de ese lado debe estar preparado para realizar coberturas. Esa profundidad puede abrir espacios interiores para Dumornay o facilitar que Katoto y Hegerberg reciban con menos densidad dentro del área.
Y el Lyon de Giráldez está todavía explorando precisamente cómo ordenar semejante cantidad de talento.
Durante los dos primeros partidos de liga utilizó estructuras cercanas al 3-5-2 y ante el Le Havre pasó hacia un 4-2-3-1, aunque con numerosas permutas. El propio entrenador había explicado antes de comenzar el campeonato que durante la pretemporada había probado diferentes sistemas precisamente porque dispone de muchas futbolistas capaces de ocupar varias posiciones.
Salma encaja especialmente bien en esa búsqueda porque puede empezar en cualquiera de las dos bandas, actuar más cerca de la delantera o convertirse en una atacante interior cuando el equipo domina en campo contrario.
Su adaptación no consiste, por tanto, simplemente en encontrar “su posición”.
Consiste en encontrar su función dentro de un ataque lleno de estrellas.
Del Barcelona al equipo al que acababa de ganar
También merece atención la naturaleza de su decisión.
Paralluelo no salió del Barcelona buscando un escalón intermedio ni un campeonato de menor exigencia europea. El club azulgrana anunció su marcha después de que ambas partes no alcanzaran un acuerdo para prolongar su contrato y la española tuvo propuestas de varios mercados. Finalmente eligió Lyon.
Desde un punto de vista competitivo, difícilmente podía encontrar un destino más exigente.
El Lyon es el club más laureado de la historia de la Champions femenina y estaba intentando recuperar la corona europea. Había alcanzado la final apenas dos meses antes y precisamente el Barcelona de Salma había impedido que levantara la novena.
Aquella final ofrece una conexión especialmente interesante con Giráldez.
El técnico estaba en el banquillo francés cuando Salma produjo dos goles y una asistencia. Después reconoció públicamente que Paralluelo y Pajor habían marcado la diferencia en las áreas. Cuando llegó el mercado de verano, una de las futbolistas que había señalado como responsable de aquella derrota terminó convirtiéndose en uno de los grandes fichajes de su plantilla.
Pocas operaciones permiten conocer tan bien lo que estás comprando.
Un comienzo espectacular que todavía necesita una gran prueba
El inicio colectivo dificulta separar cuánto pertenece al rendimiento individual de Salma y cuánto a la superioridad general del Lyon. Treinta goles en cuatro encuentros indican que prácticamente todas las atacantes están jugando dentro de un ecosistema extremadamente productivo.
Por eso la verdadera evaluación empezará ahora.
El próximo partido europeo será ante el Chelsea, un rival de una dimensión completamente diferente al Servette. La Champions enfrentará al Lyon con equipos capaces de negarle espacios, obligarle a defender durante más tiempo y castigar cualquier pérdida en campo contrario. UEFA considera precisamente al conjunto francés uno de los principales aspirantes a terminar con el dominio reciente del Barcelona y señala el fichaje de Paralluelo como una de las incorporaciones que fortalecen esa candidatura.
Ese escenario debería favorecer además algunas de las mejores cualidades de Salma.
Contra defensas hundidas, su velocidad tiene menos metros para expresarse y necesita participar más en espacios pequeños. Contra equipos que discuten la posesión al Lyon y adelantan la última línea pueden aparecer situaciones mucho más parecidas a aquellas en las que se convirtió en una de las atacantes más peligrosas de Europa: campo para correr, posibilidad de atacar a un lateral aislado y espacio entre la defensa y la portera.
Los cuatro primeros partidos han demostrado que Giráldez cuenta con ella.
Los siguientes empezarán a explicar para qué.
Salma no se ha marchado de la élite: ha cambiado de centro de poder
Ese quizá sea el punto que mejor explica su fichaje.
A los 22 años, Paralluelo podía continuar dentro de una estructura conocida en Barcelona o utilizar el momento para exponerse a un entorno diferente. Eligió lo segundo. Cuando llegó a Lyon admitió que sería un cambio importante en su vida y que tendría que adaptarse. Menos de dos meses después, ya ha jugado 260 minutos oficiales, ha marcado su primer gol, ha repartido dos asistencias y está entrando regularmente en los planes de un equipo construido para ganar la Champions.
Además, lo hace con una ventaja poco habitual para alguien que comienza su primera aventura en el extranjero: el entrenador es español, ya la conoce y participó directamente en una de las etapas más importantes de su formación.
Giráldez sabe qué futbolista ha fichado.
Salma también sabe qué espera Giráldez de ella.
Ahora el reto es diferente al de sus primeros años en Barcelona. Ya no se trata de demostrar que puede jugar entre las mejores. Su palmarés, sus 72 goles como azulgrana y aquella final de Oslo resolvieron esa discusión hace tiempo.
En Lyon la pregunta es otra: hasta dónde puede crecer cuando deja por primera vez el entorno en el que se convirtió en estrella.
Cuatro partidos todavía no permiten responderla.
Pero el comienzo sugiere que el cambio de país no ha cambiado una cosa: Salma sigue jugando para un equipo cuya temporada terminará juzgándose, sobre todo, por lo que ocurra en Europa.
