Españoles por el mundo
Fichajes. Tintín Márquez acepta el reto de dirigir a Catar en la Copa Asia
La Federación de Fútbol de Catar (QFA) anunció hoy la destitución de Carlos Queiroz, que dejó su puesto como seleccionador absoluto del país asiático tras ocho meses y 12 encuentros en los que cosechó cinco victorias, dos empates y cinco derrotas. Bajo la dirección del técnico portugués, Catar disputó la Copa Oro 2023, superando la fase de grupos tras una meritoria victoria frente a México. Posteriormente, los asiáticos, que participaron en el torneo como selección invitada, cayeron en cuartos frente a la Panamá de Thomas Christiansen. Con Queiroz en el banquillo, Catar también jugó seis amistosos y dos partidos de clasificación para el Mundial 2026, los cuales saldó con victorias frente a Afganistán (8-1) e India (0-3).
El periplo de Carlos Queiroz al frente de Catar, sin embargo, acabó antes de lo esperado, ya que la Federación del Golfo Pérsico anunció su destitución y posteriormente comunicó el nombre de su sustituto: Tintín Márquez. El entrenador barcelonés se pondrá al frente de la selección absoluta de Catar después de una notable trayectoria de cinco años al frente de Al Wakrah, al que ha dirigido en 128 ocasiones consiguiendo 55 victorias y encajando 27 empates y 46 derrotas. El nombramiento de Tintín como seleccionador catarí podría no acabar con su etapa al frente de Al Wakrah, ya que todavía está abierta la posibilidad de que compagine club y selección.
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Tintín Márquez, de 61 años, fue futbolista de élite -jugó seis temporadas en Primera con el RCD Espanyol- y comenzó su carrera como entrenador en el CE Europa, desde donde llegó a las categorías inferiores del Espanyol. Posteriormente dirigió al Castellón y al KAS Eupen y al Sint-Truiden en Bélgica previo paso por la Federación de Fútbol de Irak, donde actuó como coordinador de deportes. En 2018 fue anunciado como entrenador del Al Wakrah, club con el que ha cosechado grandes resultados -esta temporada disputó la fase previa de la AFC Champions League-. «El técnico dirigirá a la selección nacional durante la Copa Asia 2023, que se celebrará en Catar a principios de enero», anunció la QFA en su página web oficial.
Márquez defenderá título como local
Cinco semanas. Es el tiempo que tendrá Tintín Márquez para preparar su primer gran reto como seleccionador de Catar: la Copa Asia 2023. El entrenador español conoce bien a todos los jugadores cataríes (el 100% de la selección compite en la Qatar Stars League), por lo que ‘solo’ tendrá que esforzarse en confeccionar la mejor lista de convocados posible y tratar de que su idea de juego empape lo más pronto posible. En la fase de grupos de la Copa Asia, Catar, que defenderá título pues ganó la edición de 2019 de la mano de otro entrenador español, Félix Sánchez, se medirá a Líbano, Tayikistán y China. 24 selecciones participarán en un torneo que contará con alguna de las sedes del Mundial 2022. Entre ellas el estadio Al Janoub, la casa del Al Wakrah de Tintín Márquez.
Españoles por el mundo
Italia. Paco Esteban llama a las puertas de la Serie A
Paco Esteban se proclamó máximo goleador de la Primavera 1 con 21 tantos en 32 partidos. Tras irrumpir en Italia, el Lecce lo ha integrado en el primer equipo y el delantero malagueño ya ha debutado en Coppa Italia.
Hay una cifra que explica mejor que cualquier otra la temporada que convirtió a Paco Esteban en uno de los delanteros españoles jóvenes a seguir en Italia. El atacante malagueño marcó 21 goles en 32 partidos con el Primavera del Lecce. El primer equipo, que peleó por la permanencia en la Serie A, cerró todo el campeonato con 28.
La comparación no pretende equiparar dos categorías muy distintas, pero sí sirve para medir el impacto de un futbolista que hace apenas un año era prácticamente desconocido para el gran público español. Esteban aterrizó en el sur de Italia con 19 años, sin experiencia en el fútbol profesional y con una plaza que ganarse en un equipo juvenil. Doce meses después es el máximo goleador de la fase regular de la Primavera 1, ha hecho la pretemporada con el primer equipo, lleva el dorsal 22 y ya ha disputado sus primeros minutos oficiales con los mayores.
Ahora solo falta el salto que lleva persiguiendo desde hace meses: debutar en la Serie A.
Del Betis a Lecce en el último día del mercado
Francisco Esteban Sánchez, nacido en Málaga el 2 de mayo de 2006, llegó al Lecce el 1 de septiembre de 2025, prácticamente sobre la bocina del mercado. El club italiano adquirió sus derechos al Real Betis y lo incorporó inicialmente a su Primavera, la categoría sub-20 que funciona como antesala del primer equipo.
Su formación, sin embargo, había pasado ya por varias de las canteras más reconocibles del fútbol español. Antes de recalar en el Betis había estado en el Villarreal y en el Atlético de Madrid. En Sevilla volvió a dejar señales de su facilidad para encontrar portería y terminó llamando la atención de un Lecce que desde hace años utiliza su fútbol base para detectar y desarrollar talento joven, también fuera de Italia.
El contexto de su llegada no podía ser más exigente. El Primavera del Lecce había comenzado mal el campeonato y afrontó la cuarta jornada todavía sin puntuar. Esteban apenas había tenido tiempo para instalarse cuando Simone Schipa decidió alinearlo ante el Monza.
El resultado fue inmediato: dos goles y victoria por 2-1. Marcó a los 12 minutos de su estreno y repitió en la segunda parte para entregar al Lecce sus primeros tres puntos del curso. No fue una aparición aislada. Fue el comienzo de una temporada entera viviendo alrededor del gol.
21 goles en 32 partidos y ‘capocannoniere’ en Italia
Esteban fue ganando peso a medida que avanzaba la temporada. Su producción ofensiva terminó llevando al Lecce desde aquella salida tan complicada hasta la zona media de la tabla. El conjunto salentino terminó noveno, mientras su delantero cerró el campeonato con 21 tantos en 32 encuentros.
La última jornada pareció escrita para completar el relato. El Lecce recibía a la Fiorentina, líder de la competición, y Esteban necesitaba volver a marcar para asegurar su posición en la carrera de goleadores. Hizo dos. Uno nada más comenzar el partido y otro en la segunda mitad. El Lecce ganó 2-0 y el español terminó la fase regular como máximo goleador de la Primavera 1.
Su temporada resultó todavía más llamativa por lo que sucedía unos kilómetros más arriba, en el primer equipo. El Lecce sufrió durante prácticamente todo el curso para conservar su plaza en la Serie A y terminó salvándose en la última jornada. Su principal problema estuvo en el área rival: cerró las 38 jornadas con 28 goles.
Esteban, en una competición de formación y por tanto incomparable en dificultad, había marcado él solo 21.
La diferencia entre ambos niveles explica por qué desde el club siempre intentaron rebajar la ansiedad alrededor del delantero. Pero también por qué su nombre empezó a aparecer cada vez con más frecuencia alrededor del primer equipo.
Di Francesco empezó a mirarlo durante la temporada
Eusebio Di Francesco no esperó al verano para seguir de cerca su evolución. En febrero, cuando Esteban ya acumulaba una importante cifra de goles con el Primavera, el técnico reconoció públicamente que el cuerpo técnico estaba pendiente del español.
“Lo estamos siguiendo con mucha atención. Está dando continuidad a sus actuaciones y en el futuro podría entrar en las convocatorias”, explicó entonces el entrenador del Lecce.
El paso tenía lógica. Esteban es un delantero de 1,85 metros, pero su juego no se limita a actuar como referencia dentro del área. Tiene capacidad para atacar el espacio, moverse alrededor de los centrales y participar lejos de la portería, cualidades que le permitieron sostener su producción goleadora durante toda la temporada y no únicamente en una racha puntual.
Al terminar el curso comenzaron a aparecer también pretendientes. En Italia se informó del interés de varios clubes españoles, con el Elche entre los equipos que siguieron su situación, mientras otras informaciones situaron a clubes de España y Portugal pendientes de su futuro. El Lecce, sin embargo, decidió darle la oportunidad de convencer a Di Francesco.
Del Primavera al primer equipo
El verano de 2026 ha sido el primer paso real hacia la Serie A. El Lecce incluyó a Paco Esteban en la concentración de pretemporada del primer equipo y el delantero aprovechó sus minutos. Entre sus actuaciones destacó un doblete en el amistoso ante el NK Bistrica, una nueva señal para un cuerpo técnico que debía decidir si incorporarlo definitivamente a la plantilla, cederlo para que sumara experiencia o buscar otra solución.
La apuesta, de momento, ha sido mantenerlo cerca de los mayores. Esteban figura con el dorsal 22 y el 17 de agosto recibió el premio que llevaba meses esperando: su debut oficial con el primer equipo.
Fue en la Coppa Italia, frente al Palermo. El Lecce perdía 2-0 cuando Di Francesco lo introdujo en el minuto 84 en sustitución de Willem Geubbels. Apenas dispuso de unos minutos, insuficientes para cambiar el partido, pero suficientes para derribar una barrera que se le había resistido durante toda la temporada anterior.
En la Serie A todavía espera su oportunidad. Ya ha entrado en la dinámica y en convocatorias del primer equipo, pero el estreno en la máxima categoría italiana continúa pendiente. A los 20 años, esa es ahora la siguiente frontera.
El gol viene de familia
El apellido Esteban no es nuevo en el fútbol español. Paco es hijo del exdelantero Francisco “Paco” Esteban Granado, que llegó a competir en Primera División con el Málaga y desarrolló una larga carrera por clubes como Girona, Elche o Alcoyano, entre otros.
Y la historia continúa con la siguiente generación. Su hermano pequeño, Sergio Esteban, nacido en 2007, continúa en la cantera del Atlético de Madrid y este verano se proclamó campeón de Europa Sub-19 con España. Sergio anotó tres goles durante el torneo, en una generación que completó el campeonato sin recibir un solo tanto.
Dos hermanos delanteros, separados por menos de un año, que han tomado caminos diferentes: Sergio continúa creciendo en el Atlético mientras Paco decidió salir de España para buscar una oportunidad en Italia.
Un nombre para seguir en la Serie A
La aventura italiana de Paco Esteban apenas ha necesitado una temporada para cambiar de dimensión. Llegó el último día de mercado para reforzar al Primavera de un Lecce que todavía no había puntuado. Debutó con dos goles. Terminó el curso con otros dos ante el líder. Entre un partido y otro construyó una campaña de 21 goles en 32 jornadas que lo convirtió en el delantero más productivo del campeonato juvenil italiano.
El siguiente reto es mucho más difícil. La Serie A exige otro ritmo, otros espacios y centrales de primer nivel. El propio Lecce ha preferido no acelerar los tiempos. Pero la puerta que hace un año parecía muy lejana ya está delante de él.
Paco Esteban tiene 20 años, ya ha demostrado que el gol viajó con él desde España y empieza a formar parte de los planes del primer equipo del Lecce. Ahora busca el último paso: marcar el primero entre los grandes.
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Españoles por el mundo
Bosnia. David Muslera, de las críticas a conquistar Sarajevo: “Se me saltaban las lágrimas»
David Muslera llevaba más de dos décadas buscando una oportunidad en una primera división. El Željezničar se la dio entre cientos de críticas y, apenas unas semanas después, el técnico español conquistó el derbi de Sarajevo y escuchó a Grbavica corear su nombre.
Cuando David Muslera llegó al Željezničar, hizo algo que ahora reconoce que probablemente no debería haber hecho: abrir las redes sociales.
Su fichaje acababa de ser anunciado y el recibimiento virtual distaba mucho de ser una bienvenida. El Željo, uno de esos clubes en los que la historia pesa tanto como el presente, había entregado su banquillo a un entrenador madrileño de 40 años que llegaba desde la segunda división de Lituania y que nunca había dirigido en una máxima categoría.
La reacción fue inmediata.
“Hubo cerca de mil comentarios y ninguno bonito. Alguno habría positivo, pero la inmensa mayoría eran críticas”, recuerda Muslera. Las preguntas se repetían con diferentes palabras: “¿Quién eres? ¿Dónde has trabajado? ¿Vienes de la segunda división lituana? ¿No eres de los Balcanes?”.
Menos de dos meses después, la escena era radicalmente distinta.
Željezničar acababa de ganar 2-0 al Sarajevo en el derbi de la capital bosnia. Grbavica celebraba, los futbolistas se dirigían hacia la grada y Muslera terminó compartiendo el festejo con los Manijaci, la ruidosa hinchada del Željo. El entrenador al que una parte importante de la afición había recibido con desconfianza escuchaba ahora cómo el estadio coreaba su nombre.
“Qué bonito es hacer feliz a la gente. Había visto vídeos y había escuchado historias, pero vivir esto personalmente es increíble. Es difícil explicarlo con palabras”.
Entre una imagen y otra apenas habían pasado unas semanas.
Y ahí está, probablemente, la mejor manera de explicar qué significa entrenar al Željezničar.
Un gigante que todavía mira hacia su pasado
Muslera sabía que llegaba a un club grande. Lo que no podía calcular desde fuera era cuánto.
Fundado en 1921 por trabajadores ferroviarios, el Željezničar no es únicamente uno de los equipos más populares de Bosnia y Herzegovina. Su historia pertenece también al viejo fútbol yugoslavo. Fue campeón de Yugoslavia en 1972 y en 1985 se quedó a las puertas de disputar una final europea: alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y un gol del Videoton en los últimos minutos evitó que se enfrentara al Real Madrid por el título.
Ya en la Bosnia independiente ganó seis campeonatos nacionales. El último, sin embargo, llegó en 2013.
Ese pasado explica buena parte de la exigencia actual.
“A mí me recuerda mucho a lo que era el Atlético de Madrid en su día”, explica Muslera. “Históricamente es un equipo muy grande, pero está pasando por momentos difíciles y los aficionados viven un poco en aquella época. Entiendo ese furor, pero tenemos que ser realistas con la situación actual. Roma no se construyó en un día”.
La paradoja del Željo es precisamente esa. Tiene una masa social y una historia que obligan a pensar en grande, pero atraviesa un proceso de reconstrucción que necesita algo que el fútbol rara vez concede: tiempo.
“Necesitamos que la gente crea. Y necesitamos tiempo, que en el fútbol ya sabes que no existe”.
Firmó por un club y tres días después estaba en otro país
La manera en la que Muslera llegó a Sarajevo resulta casi tan extraña como su recibimiento.
Después de año y medio al frente del BFA lituano había decidido aceptar la propuesta del Jonava, también de la segunda categoría del país. Buscaba estabilidad. Un contrato de año y medio, continuidad y la posibilidad de seguir avanzando en una carrera construida casi siempre lejos de los focos.
Firmó.
Se mudó de Vilna a Jonava.
Y prácticamente cuando acababa de instalarse sonó el teléfono.
“Estuve en Jonava tres días. Ni siquiera dirigí un entrenamiento porque nos pilló durante el parón de verano. Fue todo rapidísimo”.
Željezničar había iniciado un proceso de selección para encontrar entrenador. La dirección del club estudió diferentes perfiles locales y regionales antes de apostar por el español, una elección especialmente atrevida en un entorno tradicionalmente acostumbrado a técnicos balcánicos y con experiencia en la zona.
Para Muslera no había decisión posible.
“Era uno de los clubes más importantes de Bosnia y significaba dar el salto a Primera División. Es una oportunidad a la que no puedes decir que no”.
Jonava permitió su salida mediante una compensación y el español cambió la segunda división lituana por uno de los banquillos con mayor presión de Bosnia sin haber llegado siquiera a debutar con su nuevo equipo.
“Hubo un poquito de guasa allí en Lituania”, admite entre risas.
“Las primeras 48 o 72 horas no fueron nada fáciles”
En Sarajevo no se reía tanta gente.
Muslera era consciente de que su currículum no respondía al prototipo de entrenador que los seguidores esperaban ver al frente del Željezničar. No era una vieja gloria del fútbol yugoslavo, tampoco un técnico reputado de la región.
“Dada la masa social que tiene el club, la apuesta que hicieron por mí fue muy arriesgada. No porque no confíe en mí mismo, sino porque aquí están acostumbrados a entrenadores de los Balcanes y a entrenadores con nombre”.
Leyó las críticas.
Demasiadas.
“Fue lo peor que pude hacer”.
Pero existe un punto de orgullo competitivo en Muslera que aparece varias veces durante la conversación.
“Estas cosas me motivan. Cuanto más difícil es y más críticas hay, más esfuerzo le pongo y más me gusta trabajar. Suena feo eso de callar bocas, pero es la realidad. Cada año me gusta trabajar más duro, pero este incluso más”.
No tardó en comprender que la presión digital podía trasladarse también a la calle.
El Željezničar perdió 0-3 frente al Sloboda en el último amistoso de pretemporada. Aquella noche Muslera decidió salir a cenar. Escuchó varios comentarios alrededor y cambió de planes.
“Me dije: ‘David, vete al hotel, pide algo de comida y cena allí’”.
Las semanas posteriores fueron suavizando el ambiente. Llegaron los primeros resultados, las fotografías por la calle y los niños que se acercaban al entrenador.
“Las críticas vienen más por las redes sociales, porque detrás de una pantalla es sencillo criticar. En persona ha habido mucha más gente simpática y agradable. Y que vaya un niño por la calle, te vea con una sonrisa de oreja a oreja y diga: ‘¡El entrenador! ¿Me puedo sacar una foto?’, para mí no tiene precio. Yo no hace tanto era ese niño que esperaba a la puerta de las instalaciones para pedir fotos y autógrafos”.
La primera noche en Grbavica: “Se me caía el lagrimón”
Hay otra escena que permite entender por qué Muslera soportó aquella primera tormenta.
Su debut oficial en Grbavica.
Unos 7.000 espectadores ocupaban las gradas pese a que parte del estadio se encontraba en obras. El español salió al césped y escuchó cantar a la afición.
Había visto vídeos. Había buscado imágenes del estadio. Le habían hablado del ambiente.
No era lo mismo.
“Lo más emocionante fue antes del partido, con toda la gente cantando. Pensaba: estás viviendo un sueño para el que llevas trabajando muchos años. Se me caía el lagrimón”.
Tenía un pequeño problema.
“Había cinco periodistas con las cámaras apuntándome y pensaba: ‘David, trata de controlarte’”.
No exagera cuando habla de los años invertidos.
Muslera empezó a entrenar en 2002, cuando todavía era futbolista, en las categorías inferiores del Porta Bonita madrileño. Después pasó por estructuras formativas de Atlético de Madrid, Leganés, Getafe e Illescas, entre otros. Se sacó las licencias entre 2007 y 2009 y pasó años tratando de abrirse camino en un ecosistema español en el que, a su juicio, alcanzar los banquillos profesionales resulta especialmente complicado para quien no arrastra un pasado como futbolista de élite.
Hubo incluso un momento en el que se alejó temporalmente del fútbol.
“A la tercera semana estaba que me subía por las paredes. Es un matrimonio de larga duración”.
La puerta terminó apareciendo lejos de Madrid.
Unas vacaciones que terminaron convirtiéndose en cuatro años
Pablo Ríos Freire, amigo de Muslera desde la universidad y compañero suyo en diferentes etapas en Madrid, había iniciado una aventura en Lituania. A través de él apareció la posibilidad de viajar al país.
En principio, de vacaciones.
“Fui para una semana y dos días antes de terminar el club me ofreció hacer una prueba. Después de esa prueba conseguí el contrato. Y así empezó la historia en Lituania”.
La semana se convirtió en casi cuatro años.
Primero trabajó en formación. Ganó competiciones juveniles, fue asistente, dio el salto al fútbol sénior con el Ekranas y posteriormente dirigió al BFA. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en el trampolín que necesitaba.
Muslera sostiene que para determinados entrenadores españoles el extranjero no es una aventura, sino prácticamente la única vía para acelerar una carrera.
“Si no eres un futbolista famoso, romper la barrera de Primera RFEF considero que es complicado. Una cosa es ser futbolista y otra totalmente diferente ser entrenador. Haber sido jugador te puede dar más soltura para manejar un vestuario, pero entrenar no es solo manejar un vestuario. Es un proceso mucho más largo”.
Por eso su futuro, al menos por ahora, tampoco pasa necesariamente por regresar.
“Me encantaría trabajar en España. Es mi país, mi gente y todo el ambiente que hay alrededor. Pero si me preguntas personalmente, de momento no lo tengo previsto. Prefiero seguir fuera”.
Bosnia representa un escalón más.
“Vengo de Lituania, donde el seguimiento es más reducido. Estar en una Primera División como la bosnia puede abrirte las puertas de otros países, por ejemplo Croacia. Yo espero estar aquí muchos años, pero también se trata de ir abriendo nuevos mercados”.
“Aquí es como si estuviera jugando el Mundial”

Existe cierta tendencia a medir todas las ligas europeas utilizando las cinco grandes como referencia. Muslera no niega la evidente diferencia futbolística con España, pero introduce otro parámetro que normalmente resulta invisible desde fuera.
La exigencia.
“Desde España podemos ver que el nivel respecto a Primera División obviamente es más bajo. Pero en cuanto a exigencia, a todo lo que tienes que afrontar, a lo que te pide la afición y a la presión, no cambia. Cambia el nivel futbolístico, pero el nivel de exigencia no”.
Hace una pausa y encuentra una comparación.
“Aquí estoy jugando el Mundial”.
En Željezničar cada derrota pesa. Después de uno de sus primeros partidos recordó una máxima que había escuchado durante su formación como entrenador: “Ganan los jugadores y pierde el entrenador”.
Bosnia también le ha sorprendido por la dimensión que adquiere cualquier movimiento alrededor de los clubes. Durante una jornada aplazada decidió desplazarse a Mostar para ver personalmente a varios rivales.
Para él era simple trabajo.
En Bosnia se convirtió en noticia.
“En los primeros diez minutos del partido me llegaron 15 o 20 mensajes. Salió hasta en televisión que el entrenador del Željo estaba viendo partidos. Para mí era lo más normal del mundo. Si tengo la posibilidad de ver al rival personalmente, ¿por qué voy a mandar a mi segundo?”.
Luis Aragonés, Guardiola y Luis Enrique
Muslera llega desde España y no reniega de determinados rasgos asociados a la escuela española.
Cuando se le pregunta por sus referencias aparece primero Luis Aragonés.
“Para mí fue el primero. Creo que el cambio en la historia del fútbol español empezó con él”.
Después Pep Guardiola.
“¿Quién no disfrutaba con aquel Barcelona?”.
Y finalmente Luis Enrique.
De los tres extrae una idea general.
“Me gusta el fútbol de posesión, ser protagonista y que la gente disfrute con lo que hacemos”.
Pero inmediatamente introduce un matiz.
“Una cosa es lo que me gusta y otra lo que tienes que hacer. Hay que adaptarse a la plantilla y entender que cada partido es un mundo”.
Es probablemente una de las primeras lecciones que Bosnia le está obligando a aplicar.
En uno de sus encuentros ante uno de los conjuntos más poderosos del campeonato decidió replegar, reducir espacios y buscar el contraataque.
“Sabía que iba a tener muy poco la pelota”.
Más que imponer una identidad teórica, Muslera quiere construir un equipo capaz de competir.
“Como entrenador veo que las cosas van mejorando. Hay partidos en los que domina el rival, pero esa clase de encuentros tienes que saber jugarlos tácticamente”.
El partido que podía cambiarlo todo
Y entonces llegó el derbi.
Željezničar y Sarajevo no comparten únicamente una ciudad. Comparten una rivalidad nacida hace más de siete décadas y alimentada por dos identidades históricamente diferentes. El Željo nació desde la clase trabajadora vinculada al ferrocarril; Sarajevo apareció después de la Segunda Guerra Mundial convertido rápidamente en el otro gran polo futbolístico de la capital.
Los Manijaci y la Horde Zla transforman cada enfrentamiento en uno de los acontecimientos deportivos del país.
Muslera sabía lo que le esperaba.
O eso pensaba.
Antes de vivir su primer derbi, hablaba de él con una mezcla de curiosidad y respeto.
“Si el ambiente del otro día fue impresionante, por lo que tengo entendido en el derbi no hay palabras para describirlo”.
Hasta evitaba pronunciar el nombre del rival cuando se le preguntaba contra quién se jugaba.
“Si digo el nombre me van a colgar”, bromeaba.
Después lo entendió definitivamente.
Željezničar venció 2-0. Rodrigo Piloto abrió el marcador al comienzo de la segunda parte y Muharem Husković aseguró después una victoria que valía mucho más que tres puntos.
Cuando todo terminó, Muslera trató de explicar lo que acababa de vivir.
“No puedo describirlo con palabras. Había visto vídeos, había escuchado historias, pero vivirlo personalmente es increíble. Gracias a los jugadores y a los aficionados. Desde el principio he dicho que esto es un proceso y que necesitamos tiempo, pero qué bonito es hacer feliz a la gente”.
Después de semanas pidiendo paciencia, el entrenador español había encontrado probablemente el argumento más poderoso que existe para conseguirla: ganar al vecino.
Pero ni siquiera entonces quiso alterar el discurso.
“Siempre tenemos que mejorar porque no somos perfectos. Esto es un proceso y necesita paciencia. Creo que todos podemos ver una gran diferencia respecto al inicio. Y aunque lleguemos a estar bien, tampoco será suficiente. Siempre puedes avanzar, siempre puedes ser mejor”.
También quiso recordar cómo había comenzado la construcción de la plantilla.
“Empezamos la pretemporada con 18 jugadores y siete juveniles. Todos los jugadores son importantes. Todos tendrán su papel y mi trabajo es encontrar qué puede aportar cada uno al equipo. La temporada es muy larga. Todos tendrán su oportunidad, aunque cada vez será más difícil ganarse un puesto entre los once”.
El mensaje encaja perfectamente con todo lo que había explicado antes del partido.
Trabajo. Tiempo. Adaptación.
Y resistencia a la presión.
De “¿quién eres?” a escuchar su nombre en Grbavica
Quizá el fútbol sea demasiado volátil para extraer grandes conclusiones de un derbi.
Muslera lo sabe mejor que nadie.
La victoria sobre Sarajevo no convierte automáticamente al Željezničar en candidato al título ni resuelve un proceso de reconstrucción que sigue teniendo muchas incógnitas. Tampoco borra las dudas que acompañaron la llegada de un entrenador desconocido para buena parte de Bosnia.
Pero sí cambia algo.
Hace apenas unas semanas el español leía centenares de mensajes preguntándole quién era y qué méritos tenía para sentarse en aquel banquillo.
Después del derbi, Grbavica decía su nombre.
“He vivido momentos muy bonitos durante mi carrera, pero que la gente coree mi nombre, aplauda y sea feliz de esta manera no lo había vivido nunca”.
Muslera tardó 24 años desde aquel primer banquillo en las categorías inferiores del Porta Bonita hasta llegar a dirigir en una máxima división.
Firmó por el Jonava buscando estabilidad y se marchó tres días después. Cambió el anonimato relativo de Lituania por una ciudad en la que reconoce que ya prácticamente no existe su vida privada. Llegó entre críticas a un club que sigue comparando su presente con una historia gigantesca. Y en cuestión de semanas descubrió lo que significa perder, ganar y sobrevivir a la exigencia del fútbol bosnio.
Todavía está empezando.
Quizá por eso, entre todas sus frases, hay una que explica mejor que ninguna otra el momento de su carrera.
“Esta es una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo. Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil va a ser mantenerse”.
En Grbavica ya ha superado la primera prueba.
Y no era precisamente pequeña.
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