Felip Ortiz, tras hacer historia con el Inter d’Escaldes: «Esto va a ser lo más grande que he conseguido como entrenador»
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ENTREVISTA. Felip Ortiz: «Es lo más grande que he conseguido como entrenador»

Felip Ortiz ha llevado al Inter d’Escaldes a un territorio inédito para el fútbol andorrano. El técnico español repasa en Migrantes del Balón la histórica clasificación para la fase liga de la Conference, el crecimiento de la competición, el reto de enfrentarse a clubes de presupuestos muy superiores y la influencia que La Masia sigue teniendo en su manera de entender el fútbol.

Felip Ortiz ha escrito su nombre en la historia del fútbol andorrano. El técnico español ha llevado al Inter d’Escaldes hasta la fase liga de la Conference League, algo que ningún club del Principado había conseguido antes. Tras empatar 2-2 ante el Drita en Kosovo, el campeón andorrano resistió un 0-0 durante 120 minutos en Encamp y selló la clasificación desde el punto de penalti. Andorra se convirtió así en la 53.ª federación UEFA en colocar a un equipo en una fase liga o de grupos de una gran competición continental.

Nacido en Lleida en 1977, Ortiz conoce el fútbol desde todos sus ángulos. Fue portero, se formó en el FC Barcelona y jugó en el Barça B antes de pasar por clubes como Extremadura, Nàstic de Tarragona o Salamanca. Como técnico regresó al Barça para trabajar junto a Gerard López y Sergi Barjuan e incluso ejerció como asistente del primer equipo azulgrana durante la etapa interina de este último. También acompañó a Vicente Moreno en Arabia Saudí antes de iniciar en Andorra su aventura como primer entrenador sénior.

Después de conquistar dos ligas consecutivas con el Inter y derribar el gran muro europeo del fútbol andorrano, Ortiz afronta ahora un escenario inimaginable hasta hace poco: medirse en la fase liga de la Conference al Mjällby, Universitatea Craiova, Estrella Roja, Copenhague, Getafe y Aarhus.

En Migrantes del Balón hablamos con Felip Ortiz sobre el significado de esta clasificación, el crecimiento de la liga andorrana, las dificultades para competir en Europa desde un país de poco más de 80.000 habitantes, el dinero que recibirá el club, la convivencia con el FC Andorra, los problemas de espacio e inmigración del fútbol local y la influencia que todavía conserva del FC Barcelona.

Pregunta. ¿Qué piensa cuando escuchas que acabas de clasificar al Inter d’Escaldes para la Conference League y que han conseguido algo que nunca había logrado antes un club andorrano?

Respuesta. Después de conseguirlo te das cuenta de dónde vienes. Llevábamos dos años hablando de la Liga, dos años haciendo las cosas bien en Europa y, quieras o no, siempre tienes esa curiosidad de decir: «¿Por qué no podemos llegar hasta una fase de grupos?». Sabíamos que era muy complicado, que nadie lo había logrado y que nos enfrentábamos a equipos con presupuestos superiores. Pero creo que en el fútbol se ha igualado todo mucho y hemos podido conseguir algo histórico.

P. ¿En quién piensa uno en el momento en el que lo consigue? En las últimas temporadas se había estado cerca, pero nunca se había logrado.

R. Piensas en mucha gente. Sobre todo, lo primero que te viene a la cabeza son todas las horas que pasas trabajando. Ser entrenador, y más en un equipo humilde como nosotros, implica que no tengas los cuatro o cinco analistas que puede tener un club grande, ni toda la estructura de preparación que pueden tener otros equipos. Tienes que inventártelas para llegar a todo e intentar desempeñar tú, aparte de ser entrenador, muchas de esas facetas. Eso requiere muchísimo tiempo y tienes una familia que también te necesita. Tenemos familia, tenemos niños, y estás quitando tiempo de estar con ellos para llegar hasta aquí. Lo primero que piensas es en ese sacrificio y en que, al menos esta vez, ha valido la pena. Porque otras veces haces ese mismo sacrificio y no obtienes el premio. Y luego, a nivel profesional, también te acuerdas de muchos entrenadores que has tenido, de muchos consejos y de muchas cosas que has vivido. Yo he tenido la suerte de ser segundo entrenador de grandes técnicos y vas cogiendo lo mejor de cada uno. También estoy muy agradecido al club por haber confiado en mí para esta aventura.

P. Quizá con los días se va normalizando, pero estamos hablando de Andorra, un país de poco más de 80.000 habitantes, que va a tener un equipo enfrentándose en Europa a clubes como el Estrella Roja o el Getafe. ¿Son conscientes realmente de la dimensión de lo que han conseguido?

R. Creo que todavía no somos conscientes. Ahora, cuando empieza la fase y te van anunciando que vas a jugar contra equipos de ese nombre, empiezas a verlo. Creo que todavía ni los jugadores son conscientes del todo. También me alegro muchísimo por muchos futbolistas que tenemos y que llevan muchos años picando piedra, como se suele decir en el fútbol. Jugadores que han estado en Primera RFEF y que no han podido vivir experiencias así. Me alegro muchísimo por ellos. Ahora lo que tenemos que hacer es disfrutarlo, pero también competirlo. Para eso estamos.

P. Es el entrenador del primer equipo andorrano que alcanza la fase principal de una competición europea. Dentro de 30, 40 o 50 años, cuando se recuerde la primera vez, siempre aparecerá su nombre. Teniendo en cuenta toda tu carrera como jugador y entrenador, ¿dónde colocas este logro?

R. Yo se lo dije a los jugadores. No sé qué carrera como entrenador voy a tener a partir de ahora, pero esta historia que hemos hecho creo que la voy a recordar siempre. A veces escuchas a Luis Enrique hablar de todo lo que ha ganado y, sin embargo, sigue acordándose de sus primeros pasos, de aquel Barça B y de aquel ascenso. Creo que esto es lo mismo. Me voy a acordar toda mi vida. A día de hoy, esto va a ser mi logro más importante. Después Dios dirá qué puedo conseguir si sigo siendo entrenador, pero creo que esto va a ser lo más grande que he conseguido hasta ahora.

P. Durante los últimos años le había escuchado decir varias veces que quería meter a este equipo en una fase europea y que algunos le tomaban por loco. ¿De dónde salía esa convicción?

R. Es verdad. El primer año fue un poco para conocer la Liga y para conocer cómo se planteaban los partidos europeos. Y me di cuenta de que estábamos metidos en una especie de dinámica de: «Bueno, vamos a Europa». El campeón de Liga iba a Europa, competía y daba un poco igual ganar o perder porque casi siempre se daba por hecho que ibas a perder. Ya habías cumplido simplemente por llegar. Cuando llegué dije: «Aquí vamos a ganar la Liga, pero también vamos a competir en Europa». Y cuando empezaba a decir eso, algunos me preguntaban: «¿Pero cómo vas a ir a ganar los partidos de Europa?». Había que intentar competir y cambiar la mentalidad. Alguno me decía que si salíamos a competir contra uno de esos equipos nos iban a meter cinco o seis. Y yo respondía que podía pasar, pero que teníamos que estar cerca de poder conseguirlo. Creo que ha cambiado la mentalidad de los equipos andorranos. En los últimos años ya se está viendo que los clubes pasan rondas y nosotros hemos tenido la suerte de pasar más de una hasta llegar a donde hemos llegado. Cuando decía todo esto algunos me miraban como pensando: «Este todavía no sabe contra qué equipos se va a enfrentar». Solo había una persona dentro del club que me decía que lo íbamos a conseguir. Pero, bueno, al final se ha conseguido.

P. Andorra era una de las pocas federaciones UEFA que nunca había tenido un representante en una fase liga o de grupos. ¿Internamente se sentía como una losa?

R. Tampoco habíamos hablado demasiado sobre ello con la Federación, pero ahora está claro que este es un punto de partida. Llegar hasta donde hemos llegado hace que el nombre que aparezca sea el del Inter d’Escaldes, los jugadores y el club, pero creo que detrás de esta clasificación también hay muchas otras cosas. Primero está la Federación, que está intentando que esta Liga crezca y sea cada día más profesional. Está haciendo un trabajo para que puedan pasar este tipo de cosas. Pude hablar con el presidente y estaban súper contentos. Más que por quitarse una losa, era por poder decir: «Mira, estamos haciendo bien las cosas y al menos hay un equipo que ha roto esa barrera». Hay que agradecer también todo el esfuerzo de la Federación para que esta Liga sea cada día más profesional. Este año tenemos incluso Football Video Support y están haciendo esfuerzos continuamente para que crezca. Al final también se beneficia el fútbol andorrano y el coeficiente UEFA es muy importante.

P. Hablaba antes del cambio de mentalidad: antes un equipo andorrano podía salir a Europa pensando únicamente en no perder y ahora se plantea que puede ganar. ¿Qué ha provocado ese cambio?

R. Son muchas cosas. Hace años la Liga no era tan profesional. Jugaba mucha gente de Andorra que trabajaba y, además, jugaba al fútbol. Creo que el primer punto de partida ha sido que ahora casi todos los equipos son profesionales. También ha ayudado mucho que los cuerpos técnicos estén mucho más preparados. Los jugadores están físicamente muy bien. Y, quizá lo más importante, los planteamientos de los partidos ya no consisten simplemente en defender, defender y defender. Creo que se ha pasado a una fase en la que pensamos que podemos presionar arriba, podemos atacar y podemos hacer goles. Ese ha sido el gran cambio de mentalidad.

P. ¿Eso es lo que más ha cambiado en el fútbol andorrano desde que llegó?

R. Yo llevo dos años aquí y cuando llegué ya vi que prácticamente todos los equipos eran profesionales. Había entrenadores de fuera, entrenadores de Andorra también muy preparados, preparadores físicos, GPS, analistas… Ya veías cosas propias de una liga profesional. Después está la mentalidad de cada entrenador. Si me preguntas por la mía, a mí me gusta salir a ganar sea quien sea el rival. Creo que se puede ganar a equipos con un presupuesto inferior al tuyo y también a equipos con un presupuesto superior. Estamos en ese camino.

P. Una vez conseguido el gran objetivo de entrar en la fase liga, ¿cuál es ahora el sueño? ¿Qué cree que pueden conseguir?

R. Ahora sí que es muy complicado fijar un objetivo. Pero a mí no me gusta decir: «Ya tenemos el premio, ahora vamos a pasárnoslo bien». Esa no es mi filosofía. Nos hemos merecido estar aquí y vamos a luchar esta oportunidad hasta donde podamos. Ahora estamos mirando el primer partido en Suecia. Ya lo estamos analizando, viendo dónde podemos hacer daño. Si miráramos únicamente los presupuestos sería muy fácil decir que el Inter va a quedar último. Pero por mentalidad, por ganas y por muchas cosas que veo en los jugadores, creo que lo vamos a luchar. Cada punto lo vamos a pelear como si fuera el último.

P. Les han tocado Mjällby, Universitatea Craiova, Estrella Roja, Copenhague, Getafe y Aarhus. ¿Contento con el sorteo?

R. Contento de estar en el sorteo. Y contento por una parte porque juegas contra seis equipos muy conocidos. Luego ya no estás tan contento cuando empiezas a mirar jugadores, presupuestos y los campos a los que vas a ir, porque sabes que te van a plantear partidos muy complicados. Pero imagínate ir a jugar al campo del Estrella Roja, con toda la afición que tiene. O enfrentarte al Getafe. Después de pasar todo julio y agosto trabajando, poder sentarte ahora y pensar que de aquí a diciembre vas a enfrentarte a esos equipos es una alegría inmensa.

P. Es lo típico: antes del sorteo piensas «ojalá me toque el Estrella Roja», pero luego empiezas a preparar el partido…

R. Sí, suele pasar. Cuando empiezas a analizar jugador por jugador, el entrenador que tienen, la afición, el presupuesto… dices: «Bueno, tendremos que hacer muchísimas cosas bien para sacar algún punto».

P. El Getafe tiene además un componente especial. Es español, buena parte de la plantilla también viene del fútbol español… ¿En el vestuario gustó especialmente?

R. Imagínate. Casi todos nuestros jugadores son españoles o vienen de la Liga española. Seguro que alguno tiene algún amigo allí, tanto en el cuerpo técnico como entre los jugadores, o han coincidido en alguna cantera. Es una gran satisfacción poder ir a jugar contra un equipo que está compitiendo en Primera División de España.

P. Todos sus rivales tienen a priori un presupuesto superior. ¿Qué tienen que hacer para competir contra ellos?

R. Lo que hemos estado haciendo estos últimos dos años. Nos hemos enfrentado al AEK de Atenas, al FCSB de Bucarest, al Flora… Hemos podido competir contra equipos de presupuestos superiores. Lo primero es no mirar cuánto dinero tienen los demás. Primero somos futbolistas igual que ellos y después tenemos que plantear el partido pensando dónde podemos hacerles daño. Yo quizá peco de ser demasiado ofensivo y a veces me lo dicen, pero soy así. Creo sinceramente que si únicamente sales a defender es muy difícil que un equipo con nuestro presupuesto pueda sacar algo. Nuestra posibilidad está en hacer valer nuestras armas: presionar arriba, intentar robar lo más cerca posible de su portería… Porque si te colocas simplemente en bloque bajo, con la calidad de los jugadores que tienen estos equipos, es muy complicado sacar un resultado positivo.

P. ¿Le preocupa que competir en Europa pueda descentraros en la Liga?

R. Quieras o no lo piensas. Sabemos que tenemos una plantilla corta. Como entrenador tienes ese miedo: «A ver si ahora se van a reservar, a ver si dejamos de lado la Liga…». Pero ya jugamos el primer partido liguero y los vi súper concentrados. Sabemos que si estamos donde estamos es porque ganamos la Liga el año pasado. Tenemos que intentar no descentrarnos. La Liga andorrana va a ser muy complicada este año porque los resultados ya están demostrando que todos los equipos están muy igualados. Nosotros tenemos que intentar volver a ganar la Liga y para eso es fundamental no desconectarse en los primeros partidos.

P. Cuando se gana la Liga de Andorra, ¿se celebra más el título en sí o pensar que ese título te abre posteriormente las puertas de Europa?

R. Buena pregunta. Creo que se celebra un poco todo. Ganas la Liga y piensas en todo el trabajo que requiere ganar una competición aquí en Andorra. Son tres vueltas y se termina haciendo larga. Pero está claro que ganar la Liga también significa, primero, que vas a Europa y, segundo, que económicamente el club sale beneficiado. Ese dinero permite a muchos clubes mantener sus presupuestos.

P. Mentalmente tiene que ser complicado para un futbolista jugar un día ante decenas de miles de personas en el campo del Estrella Roja y pocos días después volver a la Liga andorrana.

R. Eso ya nos pasó el primer año. Cuando llegué empezamos jugando Conference y vi todo lo que se montaba alrededor de un partido europeo. Después empezó la Liga y noté ese bajón en los jugadores. Ahora estamos jugando en el Estadi Nacional, que tiene gradas y es un campo muy bonito, pero hace dos años jugábamos en la Borda Mateu, que es un campo pequeño. Igual venías de jugar contra el AEK de Atenas, ante muchísima gente, y después empezabas la Liga en un campo de césped artificial, con poca gente alrededor. Es duro mentalizar a los jugadores. Por eso tienes que hacerles entender que, si quieres volver a jugar en esos grandes estadios, también tienes que hacer un gran esfuerzo para ganar la Liga. Si no ganas aquí, después no tienes ese premio.

P. Solo por alcanzar esta fase se habla de unos ingresos que pueden rondar los tres millones de euros. ¿Qué significa económicamente una cantidad así para un club como el Inter?

R. Ahí me pierdo un poco, porque no sé exactamente el dinero que se genera. Sí que he leído cifras y sé que para el club llegar hasta donde hemos llegado supone una entrada económica increíble. Pero también hay mucha gente que piensa: «Ahora van a tener tres o cuatro millones». No funciona exactamente así. De esos ingresos tienes que pagar salarios, viajes y muchísimos gastos. A veces pensamos que es muchísimo dinero, pero después también hay muchos gastos. Supongo que el club lo gestionará como lo está haciendo, que creo que lo está haciendo genial. Si hemos conseguido que el club pueda generar ese dinero, quizá significa que puede estar uno o dos años algo más tranquilo respecto a los presupuestos que llevaba anteriormente.

P. Supongo que clasificarse para Europa también hace que futbolistas que antes quizá no contemplaban Andorra ahora llamen a vuestra puerta.

R. Absolutamente. Además de recibir muchísimos mensajes felicitándome, también he tenido mensajes de jugadores que tuve en el Barça B e incluso alguno que estaba en Arabia. Me preguntan cuál es la situación, cuánto se paga allí, cómo se vive… Al final es lo que decimos: cuando las cosas van bien, sale beneficiado todo el mundo.

P. Para alguien que nunca haya seguido ni visto un partido de la Liga andorrana, ¿cómo describiría la competición?

R. Es una competición súper exigente. Nos está pasando muchas veces que vienen jugadores de Primera RFEF pensando: «Me voy a pasear en esta Liga», y luego llegan aquí, duran poco o no rinden como deberían. Esa es una de las claves. Pensar que la Liga andorrana va a ser fácil para un jugador de Primera RFEF es equivocarse. Los futbolistas que llevan tiempo jugando en Andorra saben perfectamente que es una Liga muy exigente. Además, con los cambios de campos se ha mejorado muchísimo tanto técnica como tácticamente, porque ahora hay más espacios. Es una competición compleja. Piensas que un jugador que viene de fuera de Andorra va a destacar muchísimo y luego no es así. Todavía no he visto a ninguno llegar y decir: «Este se ha salido completamente». La Liga andorrana está creciendo cada vez más. Ahora tendrá una cuarta plaza europea, cuando anteriormente iban tres equipos, y eso significa que la gente está invirtiendo más y que muchos jugadores ven Andorra como una oportunidad más sencilla de poder jugar en Europa.

P. Si tuviera que situar al campeón de Andorra dentro de la pirámide del fútbol español, ¿dónde lo colocaría? ¿Primera RFEF? ¿Segunda RFEF?

R. Me han hecho muchas veces esa pregunta y es muy difícil contestarla. Me pasaba algo parecido cuando estuve con Vicente Moreno en Arabia. Llegaban jugadores estrella de España o de Europa, futbolistas como Banega o Rakitic, y pensabas que iban a llegar allí y… ¿qué pasa? Que cada Liga tiene su complejidad. Cuando coges a un jugador de una competición y lo llevas a otra es cuando lo ves. Me gustaría ver a un futbolista de Primera División española metido en esta Liga para valorar realmente el nivel. Es muy difícil decir si estaríamos en Primera RFEF o no. Nosotros tenemos ejemplos europeos. Hemos competido contra el AEK, contra el FCSB, este año hemos jugado contra el Flora… Ligas y clubes que por presupuesto están por encima de nosotros y les hemos competido. Tenemos jugadores que han estado en Primera RFEF y alguno, como Juan Cámara, que ha jugado en Segunda División. Pero no sabría decirte qué pasaría si compitiéramos en España. No sé si estaríamos en Primera RFEF, en Segunda RFEF o dónde. Es muy complicado compararlo.

P. Desde fuera probablemente existe cierto prejuicio por tratarse de un país tan pequeño y por la imagen tradicional de campos pequeños y césped artificial. ¿Hay más nivel del que se cree?

R. Estoy de acuerdo. Creo que en los dos últimos años la Liga ha crecido y continúa creciendo. Hemos empezado esta temporada y ya estamos viendo resultados de 1-1, 0-0, 2-1… Esto anteriormente no pasaba tanto, porque había dos o tres equipos que no eran realmente profesionales y aparecían goleadas. Eso demuestra el crecimiento. Además, de diez equipos habrá cuatro que tengan acceso a Europa. Muchos jugadores ven la oportunidad de venir aquí y disputar competiciones europeas, algo que estando en Primera RFEF o incluso en otras categorías de España quizá no podrían hacer.

P. ¿Cómo es el día a día del Inter d’Escaldes? ¿Funcionáis como un club completamente profesional?

R. Sí. Nosotros funcionamos como un equipo profesional. Entrenamos por las mañanas. La Federación dispone de varios campos y cada equipo va adaptándose a los horarios que le vienen mejor. Nosotros tenemos el horario de las diez de la mañana. Los jugadores tienen que llegar sobre las nueve y media, controlamos el peso de cada uno y normalmente a las doce o doce y media hemos terminado el entrenamiento. Después, a nivel de staff, nos reunimos todas las tardes para preparar los cortes de vídeo que necesitamos, revisar los entrenamientos y trabajar el siguiente partido. Y el fin de semana tienes una particularidad: se agradece que prácticamente nunca tienes que viajar porque casi todos los partidos se juegan en los mismos campos. Funcionamos como una Liga profesional, pero concentrada prácticamente toda ella en los mismos recintos.

P. Ha comentado lo del peso. ¿Controla el peso de los futbolistas todos los días?

R. Sí. Es algo que ya me hacían a mí cuando era futbolista y que también he visto en los cuerpos técnicos en los que he trabajado. Creo que es importante. Hoy en día, si quieres rendir, tienes que controlar tu peso, tu porcentaje de grasa, trabajar la prevención de lesiones… Si quieres ser profesional tienes que estar las 24 horas pensando en el fútbol. Antes existía aquello de dejar de beber agua durante la tarde para dar el peso al día siguiente, pero con todos los estudios de composición corporal y grasa que existen actualmente ya no puedes hacer ese tipo de trampas.

P. El problema del espacio probablemente es uno de los pocos que Andorra nunca podrá solucionar del todo. Es imposible que cada club tenga su propio gran estadio. ¿Puede limitar el desarrollo del fútbol?

R. En países pequeños ocurre eso. En Gibraltar pasa algo parecido. He hablado con gente de allí y su Liga tiene semejanzas con la nuestra. Es el terreno que tienes y hay que adaptarse. Recuerdo mi primer año. Cuando nos tocaba jugar contra el Pas de la Casa yo pensaba: «Bueno, iremos al Pas de la Casa a jugar». Y no. Todos jugamos prácticamente en los mismos sitios. Estaría muy bien que cada equipo tuviera su estadio, pero es imposible. Ahora tenemos el Estadi Nacional, donde jugaba anteriormente el FC Andorra, han puesto césped artificial y es un campo muy bonito para jugar. Concentrar allí muchos partidos creo que también beneficia a todos los equipos.

P. Este año ha llegado el videoarbitraje y también se ha anunciado la emisión de partidos de la Liga andorrana en DAZN. ¿Son pequeñas señales que ejemplifican el crecimiento de la competición?

R. Sí. Yo me enteré hace poco de que iban a emitir un partido por DAZN. El otro día empezó la Liga y a mí me sorprendió ver bastante gente en la grada, porque estábamos acostumbrados a otra cosa. Creo que se está hablando mucho de fútbol en Andorra y eso es positivo. Cuanta más gente pueda ver los partidos también desde fuera del país, mejor será para todos.

P. ¿Cuánta afición puede haber normalmente en un partido de la Liga andorrana?

R. No es mucha, porque aquí sabemos que el invierno es duro. Un partido en diciembre a las seis de la tarde en Andorra es complicado incluso para el aficionado que quiere ir a verlo. Pero el otro día me pareció que podía haber 500 o 600 personas. No sabría decirte exactamente cuántas suelen acudir. Ahora en el Nacional está yendo bastante gente y también me sorprendió muchísimo nuestro partido europeo contra el Drita en Encamp. Me dio la sensación de que estaba toda la tribuna llena.

P. Hemos hablado de las cosas positivas, pero el fútbol andorrano también ha tenido una cara B: problemas de inscripciones, impagos en algunos clubes o dificultades con los permisos de inmigración de los futbolistas. ¿Hasta qué punto se está trabajando para resolverlo?

R. Yo no estoy demasiado informado sobre todos esos temas, pero sé que se está haciendo un esfuerzo entre el fútbol y el Gobierno. Andorra es un país muy bien organizado, tiene sus normas y hay que seguirlas. Por una parte hay que cumplir esas normas y, por otra, creo que Federación, clubes y Gobierno están intentando alcanzar acuerdos para tener suficientes fichas y poder competir, porque quieras o no muchos de los futbolistas que vienen a esta Liga son extranjeros. Creo que se ha podido solucionar bastante. El año pasado sí hubo problemas para iniciar la Liga. Este año se ha podido arreglar todo bastante bien y no hemos tenido problemas.

P. ¿El problema está principalmente en que el Gobierno andorrano es muy restrictivo para conceder permisos de trabajo y los clubes pueden encontrarse con que fichan a un jugador que luego tiene dificultades para conseguir la residencia?

R. Yo tengo entendido que para venir a trabajar a Andorra tienes que cumplir unos requisitos. Da igual que seas futbolista o que vengas a realizar cualquier otro trabajo. Te piden unas condiciones y tienes que cumplirlas. Si no las cumples, no te van a dar el permiso simplemente por ser futbolista. Son las normas que existen en Andorra y hay que cumplirlas.

P. Volviendo al Inter: el club ha ganado cinco de las últimas siete ligas andorranas y con usted en el banquillo ha conquistado las dos últimas. ¿Qué diferencia al Inter del resto?

R. A ellos no les gusta que lo diga, pero creo que hay dos personas, Jaume Serra (vicepresidente) y Pablo Gómez (presidente), que han llevado el club hacia delante y tienen muchísima culpa de que las cosas se estén haciendo bien. El club ha ido creciendo paso a paso, sin querer saltarse etapas. Creo que ellos tienen gran parte de culpa de que el Inter haya ganado tantas ligas durante los últimos años. Hoy en día son importantes los jugadores y es importante el cuerpo técnico, pero para mí una de las cosas más importantes es que el club esté bien organizado y que detrás haya gente de fútbol. Aquí se han juntado muchas cosas para que esté ocurriendo todo esto.

P. Al tratarse de un país tan pequeño, ¿existen realmente rivalidades fuertes entre clubes?

R. Hay rivalidad. Quizá no existe un derbi derbi como puede existir en otros sitios, pero sí hay mucha rivalidad. El FC Santa Coloma, la UE Santa Coloma, el Atlètic d’Escaldes… son equipos contra los que estamos luchando por las plazas europeas y, quieras o no, existe rivalidad. Además, aquí ocurre algo que quizá en otras ligas sucede menos. Muchos futbolistas consiguen la residencia y después van pasando de un equipo a otro. Puede ocurrir que un jugador que estaba contigo el año pasado se vaya directamente a un rival. Ahí sí se genera rivalidad, pero entra dentro de lo normal de cualquier Liga.

P. Al mismo tiempo están en un momento en el que seguramente todos los clubes necesiten remar juntos para hacer crecer el fútbol andorrano. ¿Existe también cierta cooperación?

R. Sí. El mejor ejemplo lo vivimos en el último partido, cuando nos jugábamos entrar en Conference. Muchos equipos me desearon suerte y me decían que sería súper bueno para todos que el Inter pasara. Los mensajes que recibí desde otros clubes de la Liga eran: «Ojalá os clasifiquéis porque esto será bueno para todos». Quieras o no, también sube el coeficiente. Si después hay cuatro plazas europeas, todo el mundo puede beneficiarse. Quiero agradecer a los clubes que incluso públicamente mostraron su apoyo. Es algo bonito para una Liga.

P. ¿Cómo conviven con el FC Andorra? Al final es un equipo del país que compite dentro de la pirámide española y que puede ofrecer al aficionado un fútbol teóricamente superior. ¿Les resta escaparate?

R. No. Creo que todo es positivo. Está el FC Andorra en fútbol y también está el MoraBanc Andorra en baloncesto compitiendo en la ACB. Para Andorra, tener un equipo como el FC Andorra en el fútbol profesional de España es todo un mérito. También es un privilegio poder ver partidos de Segunda División. Creo que hay un muy buen feeling entre todos, especialmente con el FC Andorra. Todo lo que sirva para que se hable de fútbol es positivo. Para un aficionado o para alguien que vive en Andorra poder ver un partido europeo, un partido de Segunda División española y un partido de ACB es un lujo.

P. ¿Y este crecimiento de los clubes ayuda también a la selección andorrana? Porque cuanto más crezca el Inter quizá también pueda fichar más extranjeros y estos resten minutos a futbolistas locales.

R. Creo que ayuda claramente y de manera positiva. Te pongo nuestro ejemplo. Tenemos dos futbolistas andorranos que cumplen además con las condiciones de formación local para Europa. En el último partido europeo jugó Dacu y también tenemos a Marc Rodríguez. Son jugadores formados aquí, en Andorra. Para la selección creo que es beneficioso que puedan vivir este tipo de partidos. Y a nivel de coeficiente también. Cuanto más coeficiente vaya obteniendo el fútbol andorrano, creo que todos pueden salir beneficiados. Estas cosas que pasan de manera puntual, como nuestra clasificación, pueden beneficiar a todo el mundo sin que nos demos cuenta.

P. Para terminar hablando de usted: pasó por La Masia tanto como jugador como posteriormente como entrenador. ¿Cuánto ADN Barça queda en el Felip Ortiz que hoy entrena al Inter d’Escaldes?

R. Siempre lo digo. Tuve la suerte de que el Barça me fichara cuando tenía 15 años. Estaba jugando en Lleida, en una escuela como cualquier otro niño, y tuve la suerte de que en una edad complicada para mí apareciera el Barça. Siempre voy a estar agradecido por todo lo que me enseñaron, no solo de fútbol. Todos los valores, todo lo que aprendimos en La Masia durante la formación… Y después está la formación futbolística. Desde que llegué al Barça me empapé de esa manera de entender el juego: intentar ganar los partidos, ser valiente, querer tener el máximo tiempo posible el balón… Lo llevo dentro porque con 15 o 16 años empecé a jugar al fútbol de esa manera. Después, cuando con 22 años me voy al Extremadura, luego al Salamanca y voy conociendo otros equipos, te das cuenta de que el fútbol no siempre es así. Hay muchos equipos en los que tienes que defender más, tienes que aprender otras cosas que quizá en el Barça no necesitabas tanto. Yo fui cogiendo cosas. Mi filosofía viene de aquellos 15 años: quiero atacar, quiero tener el balón, quiero ir a por el partido. Pero todos los equipos por los que pasé como futbolista me ayudaron a aprender aspectos defensivos, cuestiones tácticas y otras partes del fútbol que también son importantísimas.

Y como entrenador también he tenido mucha suerte. He podido aprender en el Barça cómo ser entrenador. He aprendido de gente como Sergi Barjuan, de Vicente Moreno y de otros muchos técnicos. En definitiva, intento empaparme de todos. Yo quiero ir a por los partidos desde el principio y ganar de esa manera, pero también he aprendido que el fútbol tiene una cara B. Tienes que saber defender, trabajar la estrategia, cuidar la cohesión del equipo… He tenido la suerte de estar con entrenadores como Sergi Barjuan, con toda la experiencia que tiene, y con Vicente Moreno, que me enseñó muchas cuestiones defensivas y otras facetas que quizá en el Barça no había trabajado tanto. He ido juntando todo eso y ese es el Felip entrenador que soy ahora.

P. Además, fue portero. No abundan tanto los exguardametas que después se convierten en primeros entrenadores.

R. Hay algunos, aunque es verdad que quizá no tantos. En lo que sí me he fijado es en que hay muchos buenos segundos entrenadores que fueron porteros. Estaba Juan Carlos Unzué, también el Mono Burgos… Hay bastantes asistentes que han sido porteros. Y después, si miras a los primeros entrenadores, sí hay muchos que como futbolistas jugaban del centro del campo hacia atrás. Pero creo que el portero tiene también esa visión del juego.

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Periodista. Dirijo Migrantes del Balón. Me gusta el fútbol pero, como dijo Di Stefano, "un 0-0 es como un domingo sin sol". Te leo personalmente en martin@migrantesdelbalon.com

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Bosnia. David Muslera, de las críticas a conquistar Sarajevo: “Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil será mantenerse”

David Muslera llevaba más de dos décadas buscando una oportunidad en una primera división. El Željezničar se la dio entre cientos de críticas y, apenas unas semanas después, el técnico español conquistó el derbi de Sarajevo y escuchó a Grbavica corear su nombre.

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Cuando David Muslera llegó al Željezničar, hizo algo que ahora reconoce que probablemente no debería haber hecho: abrir las redes sociales.

Su fichaje acababa de ser anunciado y el recibimiento virtual distaba mucho de ser una bienvenida. El Željo, uno de esos clubes en los que la historia pesa tanto como el presente, había entregado su banquillo a un entrenador madrileño de 40 años que llegaba desde la segunda división de Lituania y que nunca había dirigido en una máxima categoría.

La reacción fue inmediata.

“Hubo cerca de mil comentarios y ninguno bonito. Alguno habría positivo, pero la inmensa mayoría eran críticas”, recuerda Muslera. Las preguntas se repetían con diferentes palabras: “¿Quién eres? ¿Dónde has trabajado? ¿Vienes de la segunda división lituana? ¿No eres de los Balcanes?”.

Menos de dos meses después, la escena era radicalmente distinta.

Željezničar acababa de ganar 2-0 al Sarajevo en el derbi de la capital bosnia. Grbavica celebraba, los futbolistas se dirigían hacia la grada y Muslera terminó compartiendo el festejo con los Manijaci, la ruidosa hinchada del Željo. El entrenador al que una parte importante de la afición había recibido con desconfianza escuchaba ahora cómo el estadio coreaba su nombre.

“Qué bonito es hacer feliz a la gente. Había visto vídeos y había escuchado historias, pero vivir esto personalmente es increíble. Es difícil explicarlo con palabras”.

Entre una imagen y otra apenas habían pasado unas semanas.

Y ahí está, probablemente, la mejor manera de explicar qué significa entrenar al Željezničar.

Un gigante que todavía mira hacia su pasado

Muslera sabía que llegaba a un club grande. Lo que no podía calcular desde fuera era cuánto.

Fundado en 1921 por trabajadores ferroviarios, el Željezničar no es únicamente uno de los equipos más populares de Bosnia y Herzegovina. Su historia pertenece también al viejo fútbol yugoslavo. Fue campeón de Yugoslavia en 1972 y en 1985 se quedó a las puertas de disputar una final europea: alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y un gol del Videoton en los últimos minutos evitó que se enfrentara al Real Madrid por el título.

Ya en la Bosnia independiente ganó seis campeonatos nacionales. El último, sin embargo, llegó en 2013.

Ese pasado explica buena parte de la exigencia actual.

“A mí me recuerda mucho a lo que era el Atlético de Madrid en su día”, explica Muslera. “Históricamente es un equipo muy grande, pero está pasando por momentos difíciles y los aficionados viven un poco en aquella época. Entiendo ese furor, pero tenemos que ser realistas con la situación actual. Roma no se construyó en un día”.

La paradoja del Željo es precisamente esa. Tiene una masa social y una historia que obligan a pensar en grande, pero atraviesa un proceso de reconstrucción que necesita algo que el fútbol rara vez concede: tiempo.

“Necesitamos que la gente crea. Y necesitamos tiempo, que en el fútbol ya sabes que no existe”.

Firmó por un club y tres días después estaba en otro país

La manera en la que Muslera llegó a Sarajevo resulta casi tan extraña como su recibimiento.

Después de año y medio al frente del BFA lituano había decidido aceptar la propuesta del Jonava, también de la segunda categoría del país. Buscaba estabilidad. Un contrato de año y medio, continuidad y la posibilidad de seguir avanzando en una carrera construida casi siempre lejos de los focos.

Firmó.

Se mudó de Vilna a Jonava.

Y prácticamente cuando acababa de instalarse sonó el teléfono.

“Estuve en Jonava tres días. Ni siquiera dirigí un entrenamiento porque nos pilló durante el parón de verano. Fue todo rapidísimo”.

Željezničar había iniciado un proceso de selección para encontrar entrenador. La dirección del club estudió diferentes perfiles locales y regionales antes de apostar por el español, una elección especialmente atrevida en un entorno tradicionalmente acostumbrado a técnicos balcánicos y con experiencia en la zona.

Para Muslera no había decisión posible.

“Era uno de los clubes más importantes de Bosnia y significaba dar el salto a Primera División. Es una oportunidad a la que no puedes decir que no”.

Jonava permitió su salida mediante una compensación y el español cambió la segunda división lituana por uno de los banquillos con mayor presión de Bosnia sin haber llegado siquiera a debutar con su nuevo equipo.

“Hubo un poquito de guasa allí en Lituania”, admite entre risas.

“Las primeras 48 o 72 horas no fueron nada fáciles”

En Sarajevo no se reía tanta gente.

Muslera era consciente de que su currículum no respondía al prototipo de entrenador que los seguidores esperaban ver al frente del Željezničar. No era una vieja gloria del fútbol yugoslavo, tampoco un técnico reputado de la región.

“Dada la masa social que tiene el club, la apuesta que hicieron por mí fue muy arriesgada. No porque no confíe en mí mismo, sino porque aquí están acostumbrados a entrenadores de los Balcanes y a entrenadores con nombre”.

Leyó las críticas.

Demasiadas.

“Fue lo peor que pude hacer”.

Pero existe un punto de orgullo competitivo en Muslera que aparece varias veces durante la conversación.

“Estas cosas me motivan. Cuanto más difícil es y más críticas hay, más esfuerzo le pongo y más me gusta trabajar. Suena feo eso de callar bocas, pero es la realidad. Cada año me gusta trabajar más duro, pero este incluso más”.

No tardó en comprender que la presión digital podía trasladarse también a la calle.

El Željezničar perdió 0-3 frente al Sloboda en el último amistoso de pretemporada. Aquella noche Muslera decidió salir a cenar. Escuchó varios comentarios alrededor y cambió de planes.

“Me dije: ‘David, vete al hotel, pide algo de comida y cena allí’”.

Las semanas posteriores fueron suavizando el ambiente. Llegaron los primeros resultados, las fotografías por la calle y los niños que se acercaban al entrenador.

“Las críticas vienen más por las redes sociales, porque detrás de una pantalla es sencillo criticar. En persona ha habido mucha más gente simpática y agradable. Y que vaya un niño por la calle, te vea con una sonrisa de oreja a oreja y diga: ‘¡El entrenador! ¿Me puedo sacar una foto?’, para mí no tiene precio. Yo no hace tanto era ese niño que esperaba a la puerta de las instalaciones para pedir fotos y autógrafos”.

La primera noche en Grbavica: “Se me caía el lagrimón”

Hay otra escena que permite entender por qué Muslera soportó aquella primera tormenta.

Su debut oficial en Grbavica.

Unos 7.000 espectadores ocupaban las gradas pese a que parte del estadio se encontraba en obras. El español salió al césped y escuchó cantar a la afición.

Había visto vídeos. Había buscado imágenes del estadio. Le habían hablado del ambiente.

No era lo mismo.

“Lo más emocionante fue antes del partido, con toda la gente cantando. Pensaba: estás viviendo un sueño para el que llevas trabajando muchos años. Se me caía el lagrimón”.

Tenía un pequeño problema.

“Había cinco periodistas con las cámaras apuntándome y pensaba: ‘David, trata de controlarte’”.

No exagera cuando habla de los años invertidos.

Muslera empezó a entrenar en 2002, cuando todavía era futbolista, en las categorías inferiores del Porta Bonita madrileño. Después pasó por estructuras formativas de Atlético de Madrid, Leganés, Getafe e Illescas, entre otros. Se sacó las licencias entre 2007 y 2009 y pasó años tratando de abrirse camino en un ecosistema español en el que, a su juicio, alcanzar los banquillos profesionales resulta especialmente complicado para quien no arrastra un pasado como futbolista de élite.

Hubo incluso un momento en el que se alejó temporalmente del fútbol.

“A la tercera semana estaba que me subía por las paredes. Es un matrimonio de larga duración”.

La puerta terminó apareciendo lejos de Madrid.

Unas vacaciones que terminaron convirtiéndose en cuatro años

Pablo Ríos Freire, amigo de Muslera desde la universidad y compañero suyo en diferentes etapas en Madrid, había iniciado una aventura en Lituania. A través de él apareció la posibilidad de viajar al país.

En principio, de vacaciones.

“Fui para una semana y dos días antes de terminar el club me ofreció hacer una prueba. Después de esa prueba conseguí el contrato. Y así empezó la historia en Lituania”.

La semana se convirtió en casi cuatro años.

Primero trabajó en formación. Ganó competiciones juveniles, fue asistente, dio el salto al fútbol sénior con el Ekranas y posteriormente dirigió al BFA. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en el trampolín que necesitaba.

Muslera sostiene que para determinados entrenadores españoles el extranjero no es una aventura, sino prácticamente la única vía para acelerar una carrera.

“Si no eres un futbolista famoso, romper la barrera de Primera RFEF considero que es complicado. Una cosa es ser futbolista y otra totalmente diferente ser entrenador. Haber sido jugador te puede dar más soltura para manejar un vestuario, pero entrenar no es solo manejar un vestuario. Es un proceso mucho más largo”.

Por eso su futuro, al menos por ahora, tampoco pasa necesariamente por regresar.

“Me encantaría trabajar en España. Es mi país, mi gente y todo el ambiente que hay alrededor. Pero si me preguntas personalmente, de momento no lo tengo previsto. Prefiero seguir fuera”.

Bosnia representa un escalón más.

“Vengo de Lituania, donde el seguimiento es más reducido. Estar en una Primera División como la bosnia puede abrirte las puertas de otros países, por ejemplo Croacia. Yo espero estar aquí muchos años, pero también se trata de ir abriendo nuevos mercados”.

“Aquí es como si estuviera jugando el Mundial”

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Muslera, durante su etapa en Bosnia | Facebook

Existe cierta tendencia a medir todas las ligas europeas utilizando las cinco grandes como referencia. Muslera no niega la evidente diferencia futbolística con España, pero introduce otro parámetro que normalmente resulta invisible desde fuera.

La exigencia.

“Desde España podemos ver que el nivel respecto a Primera División obviamente es más bajo. Pero en cuanto a exigencia, a todo lo que tienes que afrontar, a lo que te pide la afición y a la presión, no cambia. Cambia el nivel futbolístico, pero el nivel de exigencia no”.

Hace una pausa y encuentra una comparación.

“Aquí estoy jugando el Mundial”.

En Željezničar cada derrota pesa. Después de uno de sus primeros partidos recordó una máxima que había escuchado durante su formación como entrenador: “Ganan los jugadores y pierde el entrenador”.

Bosnia también le ha sorprendido por la dimensión que adquiere cualquier movimiento alrededor de los clubes. Durante una jornada aplazada decidió desplazarse a Mostar para ver personalmente a varios rivales.

Para él era simple trabajo.

En Bosnia se convirtió en noticia.

“En los primeros diez minutos del partido me llegaron 15 o 20 mensajes. Salió hasta en televisión que el entrenador del Željo estaba viendo partidos. Para mí era lo más normal del mundo. Si tengo la posibilidad de ver al rival personalmente, ¿por qué voy a mandar a mi segundo?”.

Luis Aragonés, Guardiola y Luis Enrique

Muslera llega desde España y no reniega de determinados rasgos asociados a la escuela española.

Cuando se le pregunta por sus referencias aparece primero Luis Aragonés.

“Para mí fue el primero. Creo que el cambio en la historia del fútbol español empezó con él”.

Después Pep Guardiola.

“¿Quién no disfrutaba con aquel Barcelona?”.

Y finalmente Luis Enrique.

De los tres extrae una idea general.

“Me gusta el fútbol de posesión, ser protagonista y que la gente disfrute con lo que hacemos”.

Pero inmediatamente introduce un matiz.

“Una cosa es lo que me gusta y otra lo que tienes que hacer. Hay que adaptarse a la plantilla y entender que cada partido es un mundo”.

Es probablemente una de las primeras lecciones que Bosnia le está obligando a aplicar.

En uno de sus encuentros ante uno de los conjuntos más poderosos del campeonato decidió replegar, reducir espacios y buscar el contraataque.

“Sabía que iba a tener muy poco la pelota”.

Más que imponer una identidad teórica, Muslera quiere construir un equipo capaz de competir.

“Como entrenador veo que las cosas van mejorando. Hay partidos en los que domina el rival, pero esa clase de encuentros tienes que saber jugarlos tácticamente”.

El partido que podía cambiarlo todo

Y entonces llegó el derbi.

Željezničar y Sarajevo no comparten únicamente una ciudad. Comparten una rivalidad nacida hace más de siete décadas y alimentada por dos identidades históricamente diferentes. El Željo nació desde la clase trabajadora vinculada al ferrocarril; Sarajevo apareció después de la Segunda Guerra Mundial convertido rápidamente en el otro gran polo futbolístico de la capital.

Los Manijaci y la Horde Zla transforman cada enfrentamiento en uno de los acontecimientos deportivos del país.

Muslera sabía lo que le esperaba.

O eso pensaba.

Antes de vivir su primer derbi, hablaba de él con una mezcla de curiosidad y respeto.

“Si el ambiente del otro día fue impresionante, por lo que tengo entendido en el derbi no hay palabras para describirlo”.

Hasta evitaba pronunciar el nombre del rival cuando se le preguntaba contra quién se jugaba.

“Si digo el nombre me van a colgar”, bromeaba.

Después lo entendió definitivamente.

Željezničar venció 2-0. Rodrigo Piloto abrió el marcador al comienzo de la segunda parte y Muharem Husković aseguró después una victoria que valía mucho más que tres puntos.

Cuando todo terminó, Muslera trató de explicar lo que acababa de vivir.

“No puedo describirlo con palabras. Había visto vídeos, había escuchado historias, pero vivirlo personalmente es increíble. Gracias a los jugadores y a los aficionados. Desde el principio he dicho que esto es un proceso y que necesitamos tiempo, pero qué bonito es hacer feliz a la gente”.

Después de semanas pidiendo paciencia, el entrenador español había encontrado probablemente el argumento más poderoso que existe para conseguirla: ganar al vecino.

Pero ni siquiera entonces quiso alterar el discurso.

“Siempre tenemos que mejorar porque no somos perfectos. Esto es un proceso y necesita paciencia. Creo que todos podemos ver una gran diferencia respecto al inicio. Y aunque lleguemos a estar bien, tampoco será suficiente. Siempre puedes avanzar, siempre puedes ser mejor”.

También quiso recordar cómo había comenzado la construcción de la plantilla.

“Empezamos la pretemporada con 18 jugadores y siete juveniles. Todos los jugadores son importantes. Todos tendrán su papel y mi trabajo es encontrar qué puede aportar cada uno al equipo. La temporada es muy larga. Todos tendrán su oportunidad, aunque cada vez será más difícil ganarse un puesto entre los once”.

El mensaje encaja perfectamente con todo lo que había explicado antes del partido.

Trabajo. Tiempo. Adaptación.

Y resistencia a la presión.

De “¿quién eres?” a escuchar su nombre en Grbavica

Quizá el fútbol sea demasiado volátil para extraer grandes conclusiones de un derbi.

Muslera lo sabe mejor que nadie.

La victoria sobre Sarajevo no convierte automáticamente al Željezničar en candidato al título ni resuelve un proceso de reconstrucción que sigue teniendo muchas incógnitas. Tampoco borra las dudas que acompañaron la llegada de un entrenador desconocido para buena parte de Bosnia.

Pero sí cambia algo.

Hace apenas unas semanas el español leía centenares de mensajes preguntándole quién era y qué méritos tenía para sentarse en aquel banquillo.

Después del derbi, Grbavica decía su nombre.

“He vivido momentos muy bonitos durante mi carrera, pero que la gente coree mi nombre, aplauda y sea feliz de esta manera no lo había vivido nunca”.

Muslera tardó 24 años desde aquel primer banquillo en las categorías inferiores del Porta Bonita hasta llegar a dirigir en una máxima división.

Firmó por el Jonava buscando estabilidad y se marchó tres días después. Cambió el anonimato relativo de Lituania por una ciudad en la que reconoce que ya prácticamente no existe su vida privada. Llegó entre críticas a un club que sigue comparando su presente con una historia gigantesca. Y en cuestión de semanas descubrió lo que significa perder, ganar y sobrevivir a la exigencia del fútbol bosnio.

Todavía está empezando.

Quizá por eso, entre todas sus frases, hay una que explica mejor que ninguna otra el momento de su carrera.

“Esta es una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo. Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil va a ser mantenerse”.

En Grbavica ya ha superado la primera prueba.

Y no era precisamente pequeña.

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Españoles por el mundo

UCL. Francia destaca la irrupción de Dro Fernández tras su gran noche de Champions

Dro Fernández aprovechó su primera titularidad de la temporada para firmar su mejor partido con el PSG. La prensa francesa destaca el crecimiento del español de 18 años, mientras Luis Enrique ya confirma que seguirá teniendo oportunidades.

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Ferran Torres se llevó el balón a casa con su hat-trick y Ousmane Dembélé firmó dos goles y dos asistencias. Sin embargo, la goleada del Paris Saint-Germain frente al Slovan Bratislava dejó también otra noticia especialmente interesante para el fútbol español: el gran partido de Dro Fernández.

El centrocampista gallego, de apenas 18 años, recibió de Luis Enrique su primera titularidad de la temporada y también la primera de su carrera en la Champions League con el PSG. Noventa minutos después, había dejado probablemente su actuación más completa desde que decidió abandonar el Barcelona y poner rumbo a París.

En Francia no ha pasado desapercibido. L’Équipe ha dedicado un análisis específico a su actuación, destacando conceptos como su trabajo táctico, la recuperación de balón y su movimiento constante, aunque señalando también que todavía existen aspectos por pulir.

Es precisamente esa combinación la que convierte el partido ante el Slovan en algo más importante que una buena actuación frente a un rival claramente inferior. Dro empieza a demostrar que puede ser útil de verdad en el PSG.

De la primera ocasión al último gol

Luis Enrique situó a Dro como interior derecho, acompañando a Vitinha y Fabián Ruiz en el centro del campo.

El español tardó tres minutos en aparecer. Dembélé dejó pasar un balón dentro del área y Dro irrumpió desde segunda línea para quedarse prácticamente solo frente al guardameta Dominik Takac. No consiguió marcar, pero la acción adelantó una de las características que marcarían su partido: su facilidad para abandonar la posición inicial y aparecer en zonas ofensivas.

Poco después volvió a generar peligro desde la derecha y su participación también estuvo presente en el segundo tanto parisino. Dro recibió dentro del área y su intento de envío fue desviado antes de que Dembélé apareciera para marcar de cabeza.

Su influencia, sin embargo, fue mucho más allá de esas acciones. El joven español ofreció constantemente una línea de pase, se movió entre el centro del campo y el costado derecho y participó activamente en la presión tras pérdida que permitió al PSG instalarse durante largos periodos alrededor del área eslovaca.

También dejó varias recuperaciones en campo contrario. Una de ellas, antes del descanso, inició una nueva ocasión parisina. Y todavía en el minuto 88 tuvo energía para recibir tras un córner y colocar el balón en el área en la acción que terminó con el sexto gol, obra de Fabián Ruiz.

No marcó ni terminó oficialmente el partido con una gran estadística individual, pero estuvo permanentemente involucrado.

Un perfil que encaja en el fútbol de Luis Enrique

Dro tiene una característica especialmente interesante para el actual PSG: entiende el juego asociativo.

No es un centrocampista que necesite acumular muchos contactos con el balón para sentirse dentro del partido. Puede recibir entre líneas, jugar de primeras, conducir para superar una presión o aparecer sin balón en espacios que han liberado sus compañeros.

Ante el Slovan se entendió especialmente bien con Hakimi y Dembélé en el sector derecho.

En un equipo de Luis Enrique, esa inteligencia resulta fundamental. El PSG cambia continuamente de estructura durante los ataques y exige a sus centrocampistas interpretar dónde está el espacio en cada momento en lugar de limitarse a ocupar una posición fija.

Dro parece sentirse cómodo en ese caos organizado. Tiene técnica para recibir rodeado de rivales, pero también energía para participar en la presión. Y frente al conjunto eslovaco mostró otro aspecto que puede aumentar considerablemente sus posibilidades de jugar: capacidad para recuperar el balón y reaccionar inmediatamente después de una pérdida.

El PSG terminó el encuentro con más del 70% de posesión y realizó 35 disparos. En un partido de dominio prácticamente absoluto, Dro ayudó a que el balón regresara una y otra vez a los pies parisinos.

De promesa de La Masia a competir por minutos en el campeón de Europa

Su crecimiento resulta todavía más significativo si se recuerda dónde estaba hace unos meses.

Dro Fernández nació en Nigrán en 2008 y se incorporó al Barcelona en 2022. Su progresión fue rapidísima. Con apenas 16 años ya competía con el Juvenil A y tuvo un papel relevante en el equipo que conquistó la UEFA Youth League en 2025.

El Barcelona veía en él una de las grandes promesas de La Masia, pero el futbolista entendió que su camino hacia la élite podía ser más rápido lejos de Catalunya.

En enero de 2026 apareció el PSG. El conjunto francés pagó alrededor de ocho millones de euros por su fichaje —por encima de una cláusula situada en seis millones— y le firmó un contrato hasta 2030.

Dro-Fernández-ficha-por-el-PSG
Dro, durante su presentación con el PSG | PSG

Luis Enrique fue un factor importante en su decisión.

Su incorporación no implicó, sin embargo, una entrada inmediata en el once. El técnico asturiano siempre insistió en que debía tener paciencia con un futbolista todavía en pleno proceso de formación.

Dro debutó con el PSG en febrero frente al Olympique de Marsella y fue sumando apariciones durante la segunda mitad de la temporada. Acabó su primer curso en París formando parte de una plantilla que conquistó la Ligue 1 y la Champions League, aunque con un papel todavía secundario.

Durante la pretemporada de este verano comenzó a apreciarse un cambio. Luis Enrique le dio dos titularidades y el español respondió, entre otras cosas, con una asistencia frente al Manchester United. Ya iniciada la competición había participado desde el banquillo contra Lille y Mónaco antes de recibir ante el Slovan la mayor oportunidad de la temporada.

Y la aprovechó.

El propio Dro explicó después del encuentro que la titularidad le había sorprendido: «No voy a mentir, no esperaba jugar. Pero estaba preparado para cuando hiciera falta y para ayudar al equipo, ese es mi objetivo». También reconoció sentirse mucho más adaptado a París: «Me siento mucho mejor, he ganado mucha confianza. Con compañeros así es muy fácil jugar, te lo hacen todo mucho más sencillo. Pero creo que todavía tengo mucho margen de mejora».

Su discurso encaja con la idea que transmite sobre su papel en la plantilla. «Quiero seguir ayudando al equipo cuando pueda y cuando me necesiten. Siempre estoy preparado. Y seguir creciendo. No siento presión, estoy muy feliz aquí», señaló. Dro también elogió especialmente a Ousmane Dembélé, al que definió como «un jugador único» y uno de los compañeros que más le ayudan en su adaptación.

Luis Enrique frena la euforia, pero confirma que tendrá oportunidades

Después del partido le preguntaron directamente a Luis Enrique por la evolución del español.

“Dro tiene solamente 18 años. Es increíble que juegue de esta manera”, explicó el técnico.

Pero inmediatamente introdujo el matiz que lleva repitiendo desde su llegada: “No tenemos prisa”.

Luis Enrique aseguró que el club ya conocía perfectamente sus condiciones antes de ficharlo y confirmó algo mucho más importante para el futuro del jugador: “Tendrá minutos siempre que tengamos la oportunidad porque conocemos su calidad”.

Es probablemente la mejor noticia que podía recibir Dro.

La competencia en el centro del campo parisino es feroz. Vitinha, João Neves, Fabián Ruiz y Warren Zaïre-Emery parten con ventaja, mientras que futbolistas como Senny Mayulu también necesitan minutos.

Dro no tiene que convertirse inmediatamente en titular. Tiene que conseguir que Luis Enrique pueda utilizarlo sin que el nivel colectivo disminuya. Y el encuentro ante el Slovan fue un paso importante en esa dirección.

El siguiente paso: transformar influencia en números

El margen de crecimiento sigue siendo enorme.

Dro todavía puede ganar potencia física para soportar partidos de mayor contacto y debe mejorar su capacidad para convertir las numerosas posiciones ventajosas que encuentra en goles y asistencias.

Frente al Slovan tuvo oportunidades para marcar y esa fue precisamente una de las pocas espinas que se llevó del partido. En zona mixta reconoció que lamentaba «no haber marcado», especialmente después de la ocasión que tuvo en el tramo inicial.

Ese será probablemente uno de los siguientes pasos de su evolución.

Porque tiene llegada. Su movilidad le permite entrar al área desde posiciones retrasadas y aparecer sin marca. Si añade cifras a esa capacidad para asociarse, recuperar y acelerar las jugadas, Luis Enrique encontrará en él un perfil difícil de ignorar.

Además, el calendario terminará ofreciendo oportunidades. El PSG aspira a competir por todas las competiciones y su manera de jugar exige un enorme despliegue físico. Las rotaciones serán inevitables y Dro puede convertirse progresivamente en una alternativa real para cualquiera de los interiores.

Primero llegaron minutos sueltos. Después una buena pretemporada. Ahora ha llegado una titularidad en Champions y el mejor partido de su etapa parisina.

El siguiente objetivo será conseguir que actuaciones como la del Slovan dejen de ser una sorpresa.

L’Équipe ya ha puesto el foco sobre él. Luis Enrique también ha confirmado públicamente que seguirá teniendo oportunidades.

A los 18 años, Dro Fernández empieza a dejar de ser únicamente una apuesta de futuro del PSG. Poco a poco, empieza a convertirse en una solución para el presente.

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