Españoles por el mundo
Bosnia. David Muslera, de las críticas a conquistar Sarajevo: “Se me saltaban las lágrimas»
David Muslera llevaba más de dos décadas buscando una oportunidad en una primera división. El Željezničar se la dio entre cientos de críticas y, apenas unas semanas después, el técnico español conquistó el derbi de Sarajevo y escuchó a Grbavica corear su nombre.
Cuando David Muslera llegó al Željezničar, hizo algo que ahora reconoce que probablemente no debería haber hecho: abrir las redes sociales.
Su fichaje acababa de ser anunciado y el recibimiento virtual distaba mucho de ser una bienvenida. El Željo, uno de esos clubes en los que la historia pesa tanto como el presente, había entregado su banquillo a un entrenador madrileño de 40 años que llegaba desde la segunda división de Lituania y que nunca había dirigido en una máxima categoría.
La reacción fue inmediata.
“Hubo cerca de mil comentarios y ninguno bonito. Alguno habría positivo, pero la inmensa mayoría eran críticas”, recuerda Muslera. Las preguntas se repetían con diferentes palabras: “¿Quién eres? ¿Dónde has trabajado? ¿Vienes de la segunda división lituana? ¿No eres de los Balcanes?”.
Menos de dos meses después, la escena era radicalmente distinta.
Željezničar acababa de ganar 2-0 al Sarajevo en el derbi de la capital bosnia. Grbavica celebraba, los futbolistas se dirigían hacia la grada y Muslera terminó compartiendo el festejo con los Manijaci, la ruidosa hinchada del Željo. El entrenador al que una parte importante de la afición había recibido con desconfianza escuchaba ahora cómo el estadio coreaba su nombre.
“Qué bonito es hacer feliz a la gente. Había visto vídeos y había escuchado historias, pero vivir esto personalmente es increíble. Es difícil explicarlo con palabras”.
Entre una imagen y otra apenas habían pasado unas semanas.
Y ahí está, probablemente, la mejor manera de explicar qué significa entrenar al Željezničar.
Un gigante que todavía mira hacia su pasado
Muslera sabía que llegaba a un club grande. Lo que no podía calcular desde fuera era cuánto.
Fundado en 1921 por trabajadores ferroviarios, el Željezničar no es únicamente uno de los equipos más populares de Bosnia y Herzegovina. Su historia pertenece también al viejo fútbol yugoslavo. Fue campeón de Yugoslavia en 1972 y en 1985 se quedó a las puertas de disputar una final europea: alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y un gol del Videoton en los últimos minutos evitó que se enfrentara al Real Madrid por el título.
Ya en la Bosnia independiente ganó seis campeonatos nacionales. El último, sin embargo, llegó en 2013.
Ese pasado explica buena parte de la exigencia actual.
“A mí me recuerda mucho a lo que era el Atlético de Madrid en su día”, explica Muslera. “Históricamente es un equipo muy grande, pero está pasando por momentos difíciles y los aficionados viven un poco en aquella época. Entiendo ese furor, pero tenemos que ser realistas con la situación actual. Roma no se construyó en un día”.
La paradoja del Željo es precisamente esa. Tiene una masa social y una historia que obligan a pensar en grande, pero atraviesa un proceso de reconstrucción que necesita algo que el fútbol rara vez concede: tiempo.
“Necesitamos que la gente crea. Y necesitamos tiempo, que en el fútbol ya sabes que no existe”.
Firmó por un club y tres días después estaba en otro país
La manera en la que Muslera llegó a Sarajevo resulta casi tan extraña como su recibimiento.
Después de año y medio al frente del BFA lituano había decidido aceptar la propuesta del Jonava, también de la segunda categoría del país. Buscaba estabilidad. Un contrato de año y medio, continuidad y la posibilidad de seguir avanzando en una carrera construida casi siempre lejos de los focos.
Firmó.
Se mudó de Vilna a Jonava.
Y prácticamente cuando acababa de instalarse sonó el teléfono.
“Estuve en Jonava tres días. Ni siquiera dirigí un entrenamiento porque nos pilló durante el parón de verano. Fue todo rapidísimo”.
Željezničar había iniciado un proceso de selección para encontrar entrenador. La dirección del club estudió diferentes perfiles locales y regionales antes de apostar por el español, una elección especialmente atrevida en un entorno tradicionalmente acostumbrado a técnicos balcánicos y con experiencia en la zona.
Para Muslera no había decisión posible.
“Era uno de los clubes más importantes de Bosnia y significaba dar el salto a Primera División. Es una oportunidad a la que no puedes decir que no”.
Jonava permitió su salida mediante una compensación y el español cambió la segunda división lituana por uno de los banquillos con mayor presión de Bosnia sin haber llegado siquiera a debutar con su nuevo equipo.
“Hubo un poquito de guasa allí en Lituania”, admite entre risas.
“Las primeras 48 o 72 horas no fueron nada fáciles”
En Sarajevo no se reía tanta gente.
Muslera era consciente de que su currículum no respondía al prototipo de entrenador que los seguidores esperaban ver al frente del Željezničar. No era una vieja gloria del fútbol yugoslavo, tampoco un técnico reputado de la región.
“Dada la masa social que tiene el club, la apuesta que hicieron por mí fue muy arriesgada. No porque no confíe en mí mismo, sino porque aquí están acostumbrados a entrenadores de los Balcanes y a entrenadores con nombre”.
Leyó las críticas.
Demasiadas.
“Fue lo peor que pude hacer”.
Pero existe un punto de orgullo competitivo en Muslera que aparece varias veces durante la conversación.
“Estas cosas me motivan. Cuanto más difícil es y más críticas hay, más esfuerzo le pongo y más me gusta trabajar. Suena feo eso de callar bocas, pero es la realidad. Cada año me gusta trabajar más duro, pero este incluso más”.
No tardó en comprender que la presión digital podía trasladarse también a la calle.
El Željezničar perdió 0-3 frente al Sloboda en el último amistoso de pretemporada. Aquella noche Muslera decidió salir a cenar. Escuchó varios comentarios alrededor y cambió de planes.
“Me dije: ‘David, vete al hotel, pide algo de comida y cena allí’”.
Las semanas posteriores fueron suavizando el ambiente. Llegaron los primeros resultados, las fotografías por la calle y los niños que se acercaban al entrenador.
“Las críticas vienen más por las redes sociales, porque detrás de una pantalla es sencillo criticar. En persona ha habido mucha más gente simpática y agradable. Y que vaya un niño por la calle, te vea con una sonrisa de oreja a oreja y diga: ‘¡El entrenador! ¿Me puedo sacar una foto?’, para mí no tiene precio. Yo no hace tanto era ese niño que esperaba a la puerta de las instalaciones para pedir fotos y autógrafos”.
La primera noche en Grbavica: “Se me caía el lagrimón”
Hay otra escena que permite entender por qué Muslera soportó aquella primera tormenta.
Su debut oficial en Grbavica.
Unos 7.000 espectadores ocupaban las gradas pese a que parte del estadio se encontraba en obras. El español salió al césped y escuchó cantar a la afición.
Había visto vídeos. Había buscado imágenes del estadio. Le habían hablado del ambiente.
No era lo mismo.
“Lo más emocionante fue antes del partido, con toda la gente cantando. Pensaba: estás viviendo un sueño para el que llevas trabajando muchos años. Se me caía el lagrimón”.
Tenía un pequeño problema.
“Había cinco periodistas con las cámaras apuntándome y pensaba: ‘David, trata de controlarte’”.
No exagera cuando habla de los años invertidos.
Muslera empezó a entrenar en 2002, cuando todavía era futbolista, en las categorías inferiores del Porta Bonita madrileño. Después pasó por estructuras formativas de Atlético de Madrid, Leganés, Getafe e Illescas, entre otros. Se sacó las licencias entre 2007 y 2009 y pasó años tratando de abrirse camino en un ecosistema español en el que, a su juicio, alcanzar los banquillos profesionales resulta especialmente complicado para quien no arrastra un pasado como futbolista de élite.
Hubo incluso un momento en el que se alejó temporalmente del fútbol.
“A la tercera semana estaba que me subía por las paredes. Es un matrimonio de larga duración”.
La puerta terminó apareciendo lejos de Madrid.
Unas vacaciones que terminaron convirtiéndose en cuatro años
Pablo Ríos Freire, amigo de Muslera desde la universidad y compañero suyo en diferentes etapas en Madrid, había iniciado una aventura en Lituania. A través de él apareció la posibilidad de viajar al país.
En principio, de vacaciones.
“Fui para una semana y dos días antes de terminar el club me ofreció hacer una prueba. Después de esa prueba conseguí el contrato. Y así empezó la historia en Lituania”.
La semana se convirtió en casi cuatro años.
Primero trabajó en formación. Ganó competiciones juveniles, fue asistente, dio el salto al fútbol sénior con el Ekranas y posteriormente dirigió al BFA. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en el trampolín que necesitaba.
Muslera sostiene que para determinados entrenadores españoles el extranjero no es una aventura, sino prácticamente la única vía para acelerar una carrera.
“Si no eres un futbolista famoso, romper la barrera de Primera RFEF considero que es complicado. Una cosa es ser futbolista y otra totalmente diferente ser entrenador. Haber sido jugador te puede dar más soltura para manejar un vestuario, pero entrenar no es solo manejar un vestuario. Es un proceso mucho más largo”.
Por eso su futuro, al menos por ahora, tampoco pasa necesariamente por regresar.
“Me encantaría trabajar en España. Es mi país, mi gente y todo el ambiente que hay alrededor. Pero si me preguntas personalmente, de momento no lo tengo previsto. Prefiero seguir fuera”.
Bosnia representa un escalón más.
“Vengo de Lituania, donde el seguimiento es más reducido. Estar en una Primera División como la bosnia puede abrirte las puertas de otros países, por ejemplo Croacia. Yo espero estar aquí muchos años, pero también se trata de ir abriendo nuevos mercados”.
“Aquí es como si estuviera jugando el Mundial”

Existe cierta tendencia a medir todas las ligas europeas utilizando las cinco grandes como referencia. Muslera no niega la evidente diferencia futbolística con España, pero introduce otro parámetro que normalmente resulta invisible desde fuera.
La exigencia.
“Desde España podemos ver que el nivel respecto a Primera División obviamente es más bajo. Pero en cuanto a exigencia, a todo lo que tienes que afrontar, a lo que te pide la afición y a la presión, no cambia. Cambia el nivel futbolístico, pero el nivel de exigencia no”.
Hace una pausa y encuentra una comparación.
“Aquí estoy jugando el Mundial”.
En Željezničar cada derrota pesa. Después de uno de sus primeros partidos recordó una máxima que había escuchado durante su formación como entrenador: “Ganan los jugadores y pierde el entrenador”.
Bosnia también le ha sorprendido por la dimensión que adquiere cualquier movimiento alrededor de los clubes. Durante una jornada aplazada decidió desplazarse a Mostar para ver personalmente a varios rivales.
Para él era simple trabajo.
En Bosnia se convirtió en noticia.
“En los primeros diez minutos del partido me llegaron 15 o 20 mensajes. Salió hasta en televisión que el entrenador del Željo estaba viendo partidos. Para mí era lo más normal del mundo. Si tengo la posibilidad de ver al rival personalmente, ¿por qué voy a mandar a mi segundo?”.
Luis Aragonés, Guardiola y Luis Enrique
Muslera llega desde España y no reniega de determinados rasgos asociados a la escuela española.
Cuando se le pregunta por sus referencias aparece primero Luis Aragonés.
“Para mí fue el primero. Creo que el cambio en la historia del fútbol español empezó con él”.
Después Pep Guardiola.
“¿Quién no disfrutaba con aquel Barcelona?”.
Y finalmente Luis Enrique.
De los tres extrae una idea general.
“Me gusta el fútbol de posesión, ser protagonista y que la gente disfrute con lo que hacemos”.
Pero inmediatamente introduce un matiz.
“Una cosa es lo que me gusta y otra lo que tienes que hacer. Hay que adaptarse a la plantilla y entender que cada partido es un mundo”.
Es probablemente una de las primeras lecciones que Bosnia le está obligando a aplicar.
En uno de sus encuentros ante uno de los conjuntos más poderosos del campeonato decidió replegar, reducir espacios y buscar el contraataque.
“Sabía que iba a tener muy poco la pelota”.
Más que imponer una identidad teórica, Muslera quiere construir un equipo capaz de competir.
“Como entrenador veo que las cosas van mejorando. Hay partidos en los que domina el rival, pero esa clase de encuentros tienes que saber jugarlos tácticamente”.
El partido que podía cambiarlo todo
Y entonces llegó el derbi.
Željezničar y Sarajevo no comparten únicamente una ciudad. Comparten una rivalidad nacida hace más de siete décadas y alimentada por dos identidades históricamente diferentes. El Željo nació desde la clase trabajadora vinculada al ferrocarril; Sarajevo apareció después de la Segunda Guerra Mundial convertido rápidamente en el otro gran polo futbolístico de la capital.
Los Manijaci y la Horde Zla transforman cada enfrentamiento en uno de los acontecimientos deportivos del país.
Muslera sabía lo que le esperaba.
O eso pensaba.
Antes de vivir su primer derbi, hablaba de él con una mezcla de curiosidad y respeto.
“Si el ambiente del otro día fue impresionante, por lo que tengo entendido en el derbi no hay palabras para describirlo”.
Hasta evitaba pronunciar el nombre del rival cuando se le preguntaba contra quién se jugaba.
“Si digo el nombre me van a colgar”, bromeaba.
Después lo entendió definitivamente.
Željezničar venció 2-0. Rodrigo Piloto abrió el marcador al comienzo de la segunda parte y Muharem Husković aseguró después una victoria que valía mucho más que tres puntos.
Cuando todo terminó, Muslera trató de explicar lo que acababa de vivir.
“No puedo describirlo con palabras. Había visto vídeos, había escuchado historias, pero vivirlo personalmente es increíble. Gracias a los jugadores y a los aficionados. Desde el principio he dicho que esto es un proceso y que necesitamos tiempo, pero qué bonito es hacer feliz a la gente”.
Después de semanas pidiendo paciencia, el entrenador español había encontrado probablemente el argumento más poderoso que existe para conseguirla: ganar al vecino.
Pero ni siquiera entonces quiso alterar el discurso.
“Siempre tenemos que mejorar porque no somos perfectos. Esto es un proceso y necesita paciencia. Creo que todos podemos ver una gran diferencia respecto al inicio. Y aunque lleguemos a estar bien, tampoco será suficiente. Siempre puedes avanzar, siempre puedes ser mejor”.
También quiso recordar cómo había comenzado la construcción de la plantilla.
“Empezamos la pretemporada con 18 jugadores y siete juveniles. Todos los jugadores son importantes. Todos tendrán su papel y mi trabajo es encontrar qué puede aportar cada uno al equipo. La temporada es muy larga. Todos tendrán su oportunidad, aunque cada vez será más difícil ganarse un puesto entre los once”.
El mensaje encaja perfectamente con todo lo que había explicado antes del partido.
Trabajo. Tiempo. Adaptación.
Y resistencia a la presión.
De “¿quién eres?” a escuchar su nombre en Grbavica
Quizá el fútbol sea demasiado volátil para extraer grandes conclusiones de un derbi.
Muslera lo sabe mejor que nadie.
La victoria sobre Sarajevo no convierte automáticamente al Željezničar en candidato al título ni resuelve un proceso de reconstrucción que sigue teniendo muchas incógnitas. Tampoco borra las dudas que acompañaron la llegada de un entrenador desconocido para buena parte de Bosnia.
Pero sí cambia algo.
Hace apenas unas semanas el español leía centenares de mensajes preguntándole quién era y qué méritos tenía para sentarse en aquel banquillo.
Después del derbi, Grbavica decía su nombre.
“He vivido momentos muy bonitos durante mi carrera, pero que la gente coree mi nombre, aplauda y sea feliz de esta manera no lo había vivido nunca”.
Muslera tardó 24 años desde aquel primer banquillo en las categorías inferiores del Porta Bonita hasta llegar a dirigir en una máxima división.
Firmó por el Jonava buscando estabilidad y se marchó tres días después. Cambió el anonimato relativo de Lituania por una ciudad en la que reconoce que ya prácticamente no existe su vida privada. Llegó entre críticas a un club que sigue comparando su presente con una historia gigantesca. Y en cuestión de semanas descubrió lo que significa perder, ganar y sobrevivir a la exigencia del fútbol bosnio.
Todavía está empezando.
Quizá por eso, entre todas sus frases, hay una que explica mejor que ninguna otra el momento de su carrera.
“Esta es una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo. Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil va a ser mantenerse”.
En Grbavica ya ha superado la primera prueba.
Y no era precisamente pequeña.
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Españoles por el mundo
ENTREVISTA. Futbolista profesional y scout… gracias a Twitter
En este episodio de Migrantes del Balón hablamos con Ruxi Bonet, futbolista español del Gnistan de Finlandia y scout del FC Copenhague, sobre una carrera que le ha llevado por Finlandia, Islandia, Estados Unidos, México e Indonesia.
Un análisis publicado en Twitter cambió la carrera de Ruxi Bonet. El director deportivo del FC Copenhague lo vio, contactó con él por LinkedIn y, después de superar una prueba de scouting, terminó trabajando para uno de los clubes más importantes de Dinamarca.
En este episodio de Migrantes del Balón hablamos con Ruxi Bonet, futbolista español del Gnistan de Finlandia y scout del FC Copenhague, sobre una carrera que le ha llevado por Finlandia, Islandia, Estados Unidos, México e Indonesia.
Hablamos de cómo funciona realmente el fútbol finlandés, los salarios que pueden alcanzar algunas de sus estrellas —con perfiles que pueden rondar los 100.000-150.000 euros anuales—, su profesionalidad, el frío, el calendario y las oportunidades que ofrece a futbolistas extranjeros.
También recordamos su etapa en Indonesia, donde llegó a entrenar con gallinas sobre el campo, vivió situaciones de enorme precariedad en instalaciones y alojamiento y tuvo que recurrir a FIFA después de pasar varios meses sin cobrar.
Y aprovechando su faceta como analista y scout, nos sentamos a hablar de fútbol: el PSG de Luis Enrique y Ferran Torres, el Liverpool de Andoni Iraola, el nuevo Chelsea de Xabi Alonso, el Arsenal de Mikel Arteta, el Como de Cesc Fàbregas y algunos de los nombres que pueden marcar esta Champions League.
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Fútbol Femenino
Francia. Salma cambia de gigante: así se está haciendo sitio en el Lyon de Giráldez
Salma Paralluelo dejó el Barcelona para iniciar su primera experiencia fuera de España en el OL Lyonnes. Un gol, dos asistencias y 260 minutos después, analizamos su rápida adaptación y el reencuentro con el técnico español Jonatan Giráldez.
El último recuerdo de Salma Paralluelo contra el Lyon antes de convertirse en futbolista del Lyon resulta difícil de mejorar.
23 de mayo de 2026. Final de la Champions en Oslo. Barcelona y OL Lyonnes se disputan el título y, después de una primera parte equilibrada, el equipo azulgrana destroza el partido tras el descanso. Salma participa en el 2-0 con el pase atrás para Ewa Pajor y después marca los dos últimos goles: primero con un zurdazo desde la frontal y después culminando una transición para establecer el 4-0 definitivo. El Barcelona conquista su cuarta Copa de Europa y Jonatan Giráldez, desde el banquillo contrario, señala precisamente a Pajor y Paralluelo como las dos futbolistas que habían decidido la final.
Dos meses después, Giráldez ya no tenía que encontrar la manera de detenerla.
La tenía en su plantilla.
Salma firmó hasta 2030 con el OL Lyonnes después de cerrar cuatro temporadas en el Barcelona. Llegó con 22 años, 131 partidos y 72 goles con el club azulgrana, además de 15 títulos, entre ellos tres Champions. Era la primera vez que abandonaba España para jugar al fútbol y lo hacía pasando directamente del actual gran dominador europeo al club que históricamente ha dominado la competición: ningún equipo ha ganado más Champions femeninas que el Lyon, con ocho.
El movimiento podía entenderse como un riesgo.
Las primeras semanas están ofreciendo una lectura diferente.
Cuatro partidos, un gol, dos asistencias y sitio desde el principio
Los números todavía pertenecen a una muestra pequeña, pero ya dicen algo sobre la jerarquía con la que Salma ha aterrizado en Francia.
Ha disputado los cuatro partidos oficiales del Lyon, tres como titular, y acumula 260 minutos, un gol y dos asistencias. Giráldez la alineó durante los 90 minutos en el 1-7 ante el Fleury, fue titular otra vez en el 7-1 frente al Paris FC, entró desde el banquillo y marcó en el 1-8 al Le Havre y volvió al once para jugar completo el 0-8 ante el Servette en Champions.
Su primer impacto directo llegó en el estreno del Lyon en casa. Contra el Paris FC recibió abierta y puso el centro que Marie-Antoinette Katoto convirtió en el 3-0. Una semana después apareció el primer gol: Giráldez decidió reservarla inicialmente frente al Le Havre, la introdujo en la segunda parte y Salma cerró el 1-8 en el minuto 78.
La Champions añadió otra capa. Contra el Servette volvió al once y participó en dos de los goles de la primera mitad. El 0-1 nació de un centro suyo que terminó introduciendo en su propia portería Laia Ballesté y, justo antes del descanso, asistió a Melchie Dumornay para el 0-4 tras una transición. El club le contabiliza actualmente dos asistencias oficiales entre todas las competiciones.
Conviene introducir aquí una precaución. El Lyon ha ganado sus cuatro primeros partidos por 7-1, 7-1, 8-1 y 8-0. Ha marcado 30 goles en 360 minutos. El contexto ofensivo es tan extraordinariamente favorable que un gol y dos asistencias no sirven todavía para medir por sí solos la dimensión de su impacto.
Lo verdaderamente significativo está en otro dato: Giráldez la está utilizando.
Y conoce perfectamente lo que puede darle.
El reencuentro con el entrenador que ayudó a construirla
La presencia de Jonatan Giráldez convierte el desembarco de Salma en Lyon en algo diferente a una adaptación convencional.
El técnico gallego dirigió al Barcelona entre 2021 y 2024 y coincidió con Paralluelo durante sus dos primeras temporadas como azulgrana. Después pasó por el Washington Spirit y en 2025 asumió el Lyon, donde la pasada temporada alcanzó la final de la Champions. Salma conoce su metodología y Giráldez conoce tanto las virtudes como las limitaciones de la futbolista que acaba de fichar.
Ella misma reconoció que aquella relación influyó en la decisión: “Conozco muy bien al entrenador y su forma de trabajar”.
Durante su presentación explicó que marcharse al extranjero suponía “un gran cambio” en su vida, pero que no tenía miedo al proceso de adaptación. También habló del Lyon como un club en el que cree que puede seguir creciendo y recordó que, además de Giráldez, ya conocía a parte del cuerpo técnico y a Ingrid Engen de su etapa en el Barcelona.
El entrenador ha transmitido una sensación parecida. Antes de comenzar la liga explicó que tanto Salma como Caroline Weir se habían integrado bien, pero admitió que con la española había resultado particularmente sencillo precisamente porque ya habían trabajado juntos. Para Giráldez, las dos son futbolistas “excepcionales” y su llegada eleva el nivel del campeonato francés.
Ese conocimiento previo reduce una de las principales incertidumbres que normalmente acompañan a un fichaje de este tamaño. Giráldez no necesita descubrir qué posiciones puede ocupar Salma, cuánto espacio necesita para acelerar o en qué situaciones pierde influencia. Ya trabajó durante dos temporadas en desarrollar precisamente esas cuestiones.
Y Salma sabe exactamente qué le exige.
«No tener miedo a fallar e intentarlo una y otra vez»
Dos semanas después de comenzar la competición, Paralluelo concedió una entrevista a Le Progrès en la que dejó una frase que probablemente explica mejor su nueva etapa que los resultados del Lyon.
Su objetivo, dijo, es “convertirme en mi mejor versión aquí”.
También explicó que todavía está aprendiendo prácticamente todo: nuevas compañeras, nuevo equipo, nuevo campeonato y matices diferentes dentro del modelo. Cuando le preguntaron si su función había cambiado respecto a la que tenía en el Barcelona de Giráldez, respondió que no demasiado. La banda izquierda sigue siendo su posición más conocida, aunque la estructura que la rodea es diferente.
Lo interesante apareció después, cuando explicó qué le está pidiendo exactamente el entrenador: ser competitiva, mantener la concentración durante todo el partido y “no tener miedo a fallar, intentarlo una y otra vez”.
No es una consigna menor para una jugadora como Salma.
Gran parte de su valor reside precisamente en aquello que implica riesgo: conducir contra una defensa, atacar el espacio, desbordar, acelerar una posesión que parecía controlada o buscar portería desde posiciones en las que otras futbolistas prefieren conservar el balón. Para aprovechar su velocidad y capacidad de ruptura hay que aceptar también que algunas de esas acciones terminen en pérdida.
Giráldez lo sabe porque ya convivió con ello en Barcelona.
El Lyon no necesita otra jugadora que simplemente marque goles
Hay además una diferencia importante entre el contexto que Salma dejó en Barcelona y el que ha encontrado en Francia.
El Lyon tiene una acumulación extraordinaria de talento ofensivo. Marie-Antoinette Katoto ha comenzado la Champions con un triplete. Ada Hegerberg continúa ofreciendo una referencia de área de primer nivel. Melchie Dumornay probablemente sea una de las atacantes más desequilibrantes del fútbol europeo. A ellas se suman Tabitha Chawinga, Jule Brand, Vicki Becho y la propia Paralluelo.
Eso significa que Salma no necesita convertirse en la principal goleadora del equipo para justificar su presencia.
Su velocidad modifica el comportamiento de una defensa incluso cuando no recibe. Si parte desde fuera y amenaza constantemente el espacio a la espalda, el lateral contrario tiene más dificultades para saltar hacia delante y el central de ese lado debe estar preparado para realizar coberturas. Esa profundidad puede abrir espacios interiores para Dumornay o facilitar que Katoto y Hegerberg reciban con menos densidad dentro del área.
Y el Lyon de Giráldez está todavía explorando precisamente cómo ordenar semejante cantidad de talento.
Durante los dos primeros partidos de liga utilizó estructuras cercanas al 3-5-2 y ante el Le Havre pasó hacia un 4-2-3-1, aunque con numerosas permutas. El propio entrenador había explicado antes de comenzar el campeonato que durante la pretemporada había probado diferentes sistemas precisamente porque dispone de muchas futbolistas capaces de ocupar varias posiciones.
Salma encaja especialmente bien en esa búsqueda porque puede empezar en cualquiera de las dos bandas, actuar más cerca de la delantera o convertirse en una atacante interior cuando el equipo domina en campo contrario.
Su adaptación no consiste, por tanto, simplemente en encontrar “su posición”.
Consiste en encontrar su función dentro de un ataque lleno de estrellas.
Del Barcelona al equipo al que acababa de ganar
También merece atención la naturaleza de su decisión.
Paralluelo no salió del Barcelona buscando un escalón intermedio ni un campeonato de menor exigencia europea. El club azulgrana anunció su marcha después de que ambas partes no alcanzaran un acuerdo para prolongar su contrato y la española tuvo propuestas de varios mercados. Finalmente eligió Lyon.
Desde un punto de vista competitivo, difícilmente podía encontrar un destino más exigente.
El Lyon es el club más laureado de la historia de la Champions femenina y estaba intentando recuperar la corona europea. Había alcanzado la final apenas dos meses antes y precisamente el Barcelona de Salma había impedido que levantara la novena.
Aquella final ofrece una conexión especialmente interesante con Giráldez.
El técnico estaba en el banquillo francés cuando Salma produjo dos goles y una asistencia. Después reconoció públicamente que Paralluelo y Pajor habían marcado la diferencia en las áreas. Cuando llegó el mercado de verano, una de las futbolistas que había señalado como responsable de aquella derrota terminó convirtiéndose en uno de los grandes fichajes de su plantilla.
Pocas operaciones permiten conocer tan bien lo que estás comprando.
Un comienzo espectacular que todavía necesita una gran prueba
El inicio colectivo dificulta separar cuánto pertenece al rendimiento individual de Salma y cuánto a la superioridad general del Lyon. Treinta goles en cuatro encuentros indican que prácticamente todas las atacantes están jugando dentro de un ecosistema extremadamente productivo.
Por eso la verdadera evaluación empezará ahora.
El próximo partido europeo será ante el Chelsea, un rival de una dimensión completamente diferente al Servette. La Champions enfrentará al Lyon con equipos capaces de negarle espacios, obligarle a defender durante más tiempo y castigar cualquier pérdida en campo contrario. UEFA considera precisamente al conjunto francés uno de los principales aspirantes a terminar con el dominio reciente del Barcelona y señala el fichaje de Paralluelo como una de las incorporaciones que fortalecen esa candidatura.
Ese escenario debería favorecer además algunas de las mejores cualidades de Salma.
Contra defensas hundidas, su velocidad tiene menos metros para expresarse y necesita participar más en espacios pequeños. Contra equipos que discuten la posesión al Lyon y adelantan la última línea pueden aparecer situaciones mucho más parecidas a aquellas en las que se convirtió en una de las atacantes más peligrosas de Europa: campo para correr, posibilidad de atacar a un lateral aislado y espacio entre la defensa y la portera.
Los cuatro primeros partidos han demostrado que Giráldez cuenta con ella.
Los siguientes empezarán a explicar para qué.
Salma no se ha marchado de la élite: ha cambiado de centro de poder
Ese quizá sea el punto que mejor explica su fichaje.
A los 22 años, Paralluelo podía continuar dentro de una estructura conocida en Barcelona o utilizar el momento para exponerse a un entorno diferente. Eligió lo segundo. Cuando llegó a Lyon admitió que sería un cambio importante en su vida y que tendría que adaptarse. Menos de dos meses después, ya ha jugado 260 minutos oficiales, ha marcado su primer gol, ha repartido dos asistencias y está entrando regularmente en los planes de un equipo construido para ganar la Champions.
Además, lo hace con una ventaja poco habitual para alguien que comienza su primera aventura en el extranjero: el entrenador es español, ya la conoce y participó directamente en una de las etapas más importantes de su formación.
Giráldez sabe qué futbolista ha fichado.
Salma también sabe qué espera Giráldez de ella.
Ahora el reto es diferente al de sus primeros años en Barcelona. Ya no se trata de demostrar que puede jugar entre las mejores. Su palmarés, sus 72 goles como azulgrana y aquella final de Oslo resolvieron esa discusión hace tiempo.
En Lyon la pregunta es otra: hasta dónde puede crecer cuando deja por primera vez el entorno en el que se convirtió en estrella.
Cuatro partidos todavía no permiten responderla.
Pero el comienzo sugiere que el cambio de país no ha cambiado una cosa: Salma sigue jugando para un equipo cuya temporada terminará juzgándose, sobre todo, por lo que ocurra en Europa.
