Españoles por el mundo
Albert Rudé pone fin a su exitoso paso por Pachuca
El técnico catalán reveló a través de las redes sociales que deja de formar parte de la disciplina del Pachuca mexicano por «decisión personal».
Albert Rudé no seguirá siendo parte del Pachuca. El asistente catalán comunicó en redes sociales que, tras tres exitosos años, dejará el fútbol mexicano para regresar a su Barcelona natal, donde espera comenzar una nueva carrera como entrenador.
Rudé se incorporó en diciembre del 2015 al organigrama técnico del Pachuca en calidad de entrenador asistente. Tras su llegada, el equipo ganó el Clausura de 2016, hecho que le dio la clasificación para la Liga de Campeones de la Concacaf 2017, en la cual lograron un triunfo que les permitió disputar el Mundial de Clubes de la FIFA. Además, alcanzaron la final de la Copa MX, aunque cayeron derrotados por Monterrey.
Con dos títulos, la experiencia de disputar un Mundial de Clubes y una final de Copa bajo el brazo, Albert Rudé buscará comenzar a trazar una carrera en solitario. El catalán agradeció a Pachuca «tres años llenos de éxitos, experiencias, alegrías y aprendizajes» y no descartó un posible regreso: «Espero que no sea un adiós, sino un hasta pronto».
Españoles por el mundo
Italia. Jacobo Ramón, el central que Cesc está llevando a otro nivel
El gol ante el Parma sirve como excusa para detenerse en la evolución de Jacobo Ramón: de su llegada al Como a convertirse en una pieza esencial del equipo de Cesc Fàbregas, que ha pulido su juego técnico, táctico y defensivo.
El gol de Jacobo Ramón ante el Parma no explica su crecimiento. Solo lo pone delante de los ojos. El central español abrió el marcador en la victoria por 2-1 del Como llegando al segundo palo tras un centro de Nico Paz y volvió a aparecer en una de esas noches que sirven como excusa perfecta para detenerse en una evolución que viene de bastante más atrás.
Porque Jacobo no necesitaba marcar para confirmar que ha cambiado de dimensión. Su progresión empezó la temporada pasada, cuando salió del Real Madrid para instalarse en el corazón de uno de los proyectos más interesantes de Italia, y ha continuado este curso ya desde otra posición: la de un futbolista plenamente integrado en el modelo de Cesc Fàbregas, acostumbrado a defender muchos metros, iniciar el juego desde atrás y convivir con una exigencia que ahora incluye también la Champions League.
Ante el Parma volvió a ser titular, volvió a completar el partido y añadió además un gol. Al terminar, su reacción describió bastante bien el momento del Como y también el suyo. “Queremos siempre más”, explicó en DAZN. El equipo venía de jugar Champions entre semana, acumulaba tres partidos en pocos días y aun así salió dispuesto a mandar. Jacobo habló de aprendizaje, de atención y de no conformarse.
Es una buena manera de entender su crecimiento.
Salir del Real Madrid para dar el siguiente paso
Jacobo Ramón llegó al Como en el verano de 2025 después de prácticamente una vida en el Real Madrid. Entró en La Fábrica con ocho años, recorrió todas las categorías inferiores, fue campeón de Europa sub-19 con España y terminó entrando en dinámica del primer equipo blanco hasta debutar tanto en Liga como en Champions.
Su salida no tuvo que ver con una ruptura, sino con la necesidad de jugar.
El Real Madrid y el Como acordaron su traspaso por unos 2,5 millones de euros más variables, con el club blanco conservando el 50% de sus derechos y varias opciones de recompra. La operación tenía bastante de inversión compartida: el Como recibía a uno de los centrales con mayor proyección de la cantera madridista y el Madrid mantenía la puerta abierta por si el crecimiento terminaba confirmándose.
Y Cesc Fàbregas tuvo mucho que ver en la decisión.
Jacobo ha contado que el entrenador le llamó personalmente antes de fichar. Le explicó cómo encajaría en su sistema, qué veía en él y cuál era el proyecto que estaba construyendo. “Todo eso me convenció y no puedo estar más contento de estar aquí”, explicó meses después.
Un central hecho para el Como de Cesc
El Como de Fàbregas exige mucho a sus centrales.
No basta con defender el área. Deben ser capaces de jugar lejos de su portería, controlar espacios amplios a la espalda, saltar hacia delante para recuperar y, al mismo tiempo, asumir una responsabilidad enorme con balón.
Jacobo encajaba especialmente bien en esa idea por una característica que acompaña a su fútbol desde la cantera: no entiende la posesión como una simple obligación de seguridad. Busca avanzar.
Con 1,96 metros de altura, su primera impresión puede ser la de un central dominante por físico y juego aéreo. Pero una de sus mayores virtudes está en otra parte. Tiene calma para recibir bajo presión, buena orientación corporal y capacidad para encontrar pases verticales que rompen una línea rival.
Ese detalle es fundamental en el Como. Cuando el rival presiona arriba, Fàbregas quiere que sus centrales sean capaces de atraer y después encontrar al hombre libre. Cuando el adversario espera, necesita que den un paso hacia delante con balón para generar superioridades.
Jacobo puede hacer ambas cosas.
Por eso, cuando meses después preguntaron a Cesc por su rendimiento, la respuesta fue reveladora.
“Para nuestro juego era perfecto”, explicó el técnico. “Con balón no me sorprende, sabía que era ese tipo de jugador”.
Lo que sí sorprendió a Fàbregas fue otra cosa.
Italia le ha enseñado lo que no se aprende solo con el balón
La duda del cuerpo técnico no estaba en cómo saldría Jacobo jugando desde atrás. Estaba en cómo respondería a una liga donde cada error defensivo se castiga y donde el duelo tiene un peso enorme.
“La única duda que teníamos era cómo competiría en el fútbol italiano, cómo se adaptaría a un fútbol hecho de duelos”, explicó Fàbregas en marzo. La conclusión del entrenador fue clara: “Ha subido mucho de nivel”.
Ahí está probablemente el mayor cambio en su fútbol.
Jacobo llegó a Italia con una base técnica muy alta y experiencia en un contexto formativo donde el Real Madrid acostumbra a dominar los partidos. El Como le ha obligado a añadir otras capas. Defender centros laterales. Medir mejor los contactos. Saber cuándo anticipar y cuándo proteger la espalda. Elegir cuándo seguir al delantero y cuándo mantener la estructura.
Su tamaño ayuda, pero no resuelve esos problemas por sí solo.
La evolución se ha producido en la lectura.
El propio Jacobo lo resumió al final de la pasada temporada, después de completar 32 partidos de Serie A: “He aprendido mucho y Fàbregas me ha mejorado desde el punto de vista técnico y táctico. Le debo mucho”.
Es una declaración especialmente interesante porque el Como no le ha pedido que abandone lo que ya hacía bien. Lo ha utilizado como punto de partida.
La línea alta como escuela acelerada
Hay una característica del Como que ayuda a entender por qué Jacobo ha crecido tan deprisa: la altura a la que defiende.
El propio central explicaba en mayo que la filosofía del equipo consiste en jugar con la línea muy adelantada y que los defensores están preparados específicamente para ello.
Si un central calcula mal un salto, quedan muchos metros a su espalda. Si llega tarde a una cobertura, el rival puede atacar directamente la portería. Si el pase de salida es malo, la pérdida suele producirse en una zona muy delicada.
Jacobo tiene que tomar muchas decisiones por partido y casi todas tienen consecuencias. Fàbregas no le protege dentro de un bloque bajo. Le obliga a exponerse.
Ahí ha aprendido a convivir con situaciones que en categorías inferiores aparecían con mucha menos frecuencia.
De promesa del Madrid a central importante en Italia
Su primera temporada en el Como terminó convirtiéndose en mucho más que un año de adaptación.
Fue acumulando minutos hasta convertirse en uno de los defensas más utilizados del equipo. A mitad de curso ya era el central con más minutos del Como y sus actuaciones empezaron a llamar la atención fuera de Italia. AS informó de interés desde la Premier y destacó especialmente su rendimiento en salida de balón y su peso dentro de la estructura defensiva.
También empezó a aparecer en partidos grandes.
Uno de los ejemplos más significativos llegó frente al Nápoles, cuando tuvo que enfrentarse a un delantero del nivel físico de Rasmus Højlund. Jacobo salió reforzado de ese tipo de noches porque demostraban algo que el Como necesitaba comprobar: que sus cualidades técnicas podían sobrevivir cuando el partido dejaba de ser cómodo.
Fàbregas llegó incluso a utilizar una expresión llamativa para explicar la adaptación del madrileño: hay futbolistas “hechos de otra pasta”.
No era un elogio únicamente a su talento, sino también a su capacidad para cambiar de contexto sin perder identidad.
Este curso: el mismo Jacobo, pero en un escenario mayor
La nueva temporada no ha cambiado su papel. Ha aumentado la exigencia que rodea ese papel.
El Como ha dado otro salto competitivo y ya juega Champions League. En su histórico debut en la competición derrotó 4-1 al Leipzig con Jacobo en el centro de la defensa. Días después llegó el Parma.
El calendario obliga ahora al equipo de Fàbregas a encadenar Serie A y Europa, gestionar esfuerzos y mantener su identidad cada tres o cuatro días.
Para un central joven, esa acumulación representa otro nivel de aprendizaje.
Jacobo lo explicó después del Parma: era la primera vez que el Como afrontaba tres partidos en una misma semana, pero debía acostumbrarse porque “esto será normal este año”.
Ese comentario cuenta bastante sobre el cambio de dimensión del club.
Y también sobre el suyo.
La evolución todavía no ha terminado
Jacobo tiene 21 años. Para un central, una edad prácticamente inicial.
Todavía puede mejorar en agresividad defensiva, en concentración durante todo el partido y en algunas decisiones cuando el equipo asume riesgos demasiado grandes. El propio futbolista fue crítico después del Parma porque el Como recibió el 2-1 en el añadido, cuando el encuentro parecía controlado.
“Tenemos que aprender porque esto nos puede poner en dificultades”, señaló.
Ese tipo de frases también ayudan a explicar por qué Fàbregas confía tanto en él. No habla únicamente del resultado. Habla de lo que todavía falta.
El Como se ha convertido para Jacobo en algo parecido a una escuela de posgrado. La Fábrica le dio las herramientas técnicas. El primer equipo del Real Madrid le permitió descubrir la élite. Y Fàbregas le está obligando ahora a utilizar todo eso cada semana en escenarios distintos.
Por eso el gol contra el Parma importa.
No porque transforme su temporada ni porque descubra de repente a un futbolista nuevo.
Sino porque ofrece una buena excusa para detenerse en uno que lleva tiempo creciendo.
Jacobo Ramón llegó a Como buscando minutos para convertirse en mejor central. Un año después, el proceso sigue en marcha. Solo que ahora ya ocurre en Serie A, en Champions y dentro de uno de los equipos más reconocibles de Europa.
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Españoles por el mundo
Inglaterra. De Hierro a Larrazabal: el extraño hilo español del Bolton
Fernando Hierro, Iván Campo, Salva Ballesta, Javi Moreno, Marcos Alonso, Rodrigo Moreno o Gaizka Larrazabal. El regreso del Bolton a Championship recupera una relación sorprendentemente profunda con el fútbol español.
Hay clubes extranjeros cuya relación con el fútbol español se explica por una época, un entrenador o un director deportivo. El caso del Bolton Wanderers es bastante más extraño.
Durante más de dos décadas, el club del noroeste de Inglaterra ha ido reuniendo una colección de futbolistas españoles que, observada con perspectiva, parece casi imposible: Salva Ballesta, Iván Campo, Javi Moreno, Fernando Hierro, César Martín, Mikel Alonso, Marcos Alonso, Rodrigo Moreno, Derik Osede, José Manuel Casado y ahora Gaizka Larrazabal.
No todos triunfaron. Algunos apenas estuvieron unos meses. Otros terminaron convertidos en símbolos del club. Pero la lista reúne un Pichichi, campeones de Europa, internacionales absolutos, protagonistas de finales continentales y futbolistas que acabarían desarrollando carreras de primer nivel.
El regreso del Bolton a la Championship, siete años después de su última temporada en la segunda categoría, permite mirar hacia atrás y reconstruir una conexión española que empezó mucho antes de Larrazabal. Y que, sobre todo durante los años de Sam Allardyce, formó parte de una idea de club muy particular.
Cuando el Bolton se convirtió en un destino inesperado
A comienzos de los 2000, el Bolton no podía competir económicamente con los grandes de la Premier. Su respuesta fue buscar talento donde otros veían riesgo: veteranos de enorme currículum, futbolistas que necesitaban relanzar su carrera y jugadores a los que el mercado había situado fuera del foco.
Ese modelo convirtió al equipo de Sam Allardyce en uno de los conjuntos más peculiares del fútbol inglés. Por el Reebok Stadium pasaron Jay-Jay Okocha, Youri Djorkaeff, Hidetoshi Nakata o El Hadji Diouf. Gary Speed explicó después que la política del club consistía en invertir en salarios de jugadores de la categoría de Fernando Hierro o Iván Campo en lugar de pagar grandes traspasos. Era una manera de encontrar valor donde otros clubes no miraban.
Salva Ballesta abrió la puerta
Salva Ballesta llegó cedido por el Valencia en enero de 2003, con el Bolton peleando por mantenerse en Premier. No era un delantero cualquiera: había sido Pichichi con el Racing, había marcado 21 goles con el Atlético en Segunda y venía de formar parte del Valencia campeón de Liga.
La aventura fue breve. Jugó seis partidos de Premier y no marcó. Regresó a España y en la temporada siguiente hizo 18 goles con el Málaga. Su paso por Bolton parece hoy una nota al pie, pero fue uno de los primeros capítulos de una relación que pronto adquiriría otra dimensión.
Iván Campo, de descartado del Madrid a icono inglés
El caso que convirtió esa puerta en una conexión real fue el de Iván Campo. Llegó cedido desde el Real Madrid en 2002 después de haber ganado la Champions y de vivir en el Bernabéu tanto el éxito como la presión y la pérdida de protagonismo.
En el Bolton encontró algo completamente distinto. Se quedó seis temporadas, disputó casi 200 partidos oficiales y terminó convertido en uno de esos futbolistas cuya relación con una afición va mucho más allá de las estadísticas.
En 2008, EL PAÍS le preguntó por qué la grada había conectado tanto con él. Campo respondió con una frase que resume su etapa: “La afición vio desde el primer día que no vine a pasar un año y ya está”. Los hinchas llegaron incluso a imitar su melena con pelucas en las gradas.
Cuando dejó el club escribió una carta abierta a los seguidores porque no había podido despedirse de ellos en el estadio. Les agradeció los años vividos y transmitió la sensación de haber recibido del Bolton más de lo que él mismo había entregado. No fue simplemente un exjugador del Real Madrid que pasó por Inglaterra. Fue uno de los futbolistas que definieron aquella era.
Javi Moreno, de Dortmund a otra final inglesa
En enero de 2004 apareció Javi Moreno. Tres años antes había sido una de las sensaciones del fútbol europeo: 22 goles en Liga con el Alavés y dos tantos en la inolvidable final de la Copa de la UEFA de 2001 contra el Liverpool.
Después había pasado por el Milan y la selección española. Cuando el Bolton consiguió su cesión pertenecía al Atlético y había perdido protagonismo. Era exactamente el tipo de oportunidad que buscaba Allardyce.
Disputó diez encuentros y tuvo minutos en la final de la Copa de la Liga de 2004 ante el Middlesbrough. No dejó grandes cifras, pero su presencia encaja perfectamente en la filosofía de aquel Bolton: reunir carreras que parecían destinadas a no cruzarse jamás.
Fernando Hierro y el año que cambió la dimensión del club
Probablemente ningún nombre resume mejor aquella capacidad para desafiar su propia dimensión que Fernando Hierro.
Llegó en 2004 con 36 años después de una temporada en Catar. Había ganado cinco Ligas y tres Champions con el Real Madrid, había sido capitán del club y había disputado 89 partidos con España.
Antes de firmar habló con Iván Campo. Hierro contó que su excompañero le había hablado muy bien de Bolton y le había animado a aceptar. En su presentación dejó claro que no buscaba un retiro cómodo: “No estoy aquí de vacaciones, he venido para ganar”.
Y ganó algo que para el Bolton era casi tan importante como un título. El equipo terminó sexto en la Premier 2004-05 y se clasificó por primera vez en su historia para Europa. En plena carrera continental, Hierro definió aquella temporada como “un cuento de hadas”.
Años después, Allardyce fue todavía más lejos. Recordó al malagueño como “el mejor pasador de la Premier League” y explicó que su manera de encontrar a los atacantes llegó a modificar algunos de sus métodos de entrenamiento. En el último partido de Hierro como profesional, ante el Everton, el estadio entero se puso en pie cuando fue sustituido.
César Martín: un internacional para un solo minuto
La historia de César Martín fue casi la antítesis. Campeón de Liga con el Deportivo e internacional absoluto, fichó en febrero de 2007 después de rescindir con el Levante.
Su trayectoria en el Bolton se resume en una aparición: entró en el minuto 89 de un empate 2-2 ante el Chelsea. Fue además el último fichaje realizado por Allardyce como entrenador del club, y aquel encuentro terminó siendo también el último partido del técnico al frente del Bolton.
Mikel Alonso y una nueva generación
Ese mismo 2007 llegó Mikel Alonso, hermano mayor de Xabi Alonso, cedido por la Real Sociedad. Disputó 12 partidos oficiales entre Premier, Copa de la Liga y competición europea.
Su inicio fue prometedor, pero la destitución de Sammy Lee, la llegada de Gary Megson y varios problemas físicos redujeron su protagonismo. El Bolton decidió no ejecutar la opción de compra.
Marcos Alonso: Bolton antes de Chelsea, España y la Champions
En 2010 el perfil cambió. El Bolton ya no buscó a un veterano consagrado, sino a un futbolista de 19 años que apenas había empezado a asomarse al primer equipo del Real Madrid: Marcos Alonso.
Pasó tres temporadas en el club, disputó 46 partidos oficiales y marcó cinco goles. Su última campaña fue especialmente significativa: terminó siendo elegido jugador del año del Bolton por The Bolton News.
Cuando se marchó a la Fiorentina en 2013 ya no era simplemente una promesa del Castilla. Después llegarían Chelsea, una Premier, una Champions, el Barcelona y la selección española. Pero su carrera profesional se había construido en buena medida en Lancashire.
Rodrigo, un proyecto de delantero internacional
Ese mismo verano de 2010 apareció otro joven ligado al Real Madrid. Rodrigo Moreno acababa de fichar por el Benfica y fue cedido inmediatamente al Bolton. Tenía 19 años.
Jugó 21 partidos y marcó un gol. Años después se convertiría en internacional español, figura del Valencia y protagonista de un importante traspaso al Leeds. El Bolton apareció muy pronto en una carrera que todavía estaba por escribir.
Derik y Casado: españoles también durante la caída
La conexión sobrevivió incluso cuando desapareció el Bolton europeo. En 2015 llegaron José Manuel Casado y Derik Osede.
Casado disputó nueve encuentros en una temporada que terminó con el descenso a League One. Derik, formado en el Real Madrid y campeón de Europa sub-19 con España, tuvo una historia mucho más larga: tres temporadas, 71 partidos oficiales y dos goles.
Vivió el descenso, pero también el ascenso inmediato de vuelta a Championship. La relación española continuaba incluso en un contexto deportivo y económico completamente diferente.
Larrazabal recupera el hilo en 2026
La última pieza llegó este verano. El Bolton regresó a Championship después de siete años tras golear 4-1 al Stockport County en Wembley. Poco después apareció Gaizka Larrazabal.
El extremo llegó tras tres temporadas en el Casa Pia portugués y firmó por dos años con opción a uno más. Su apellido añade otra capa a la historia: es hijo de Aitor Larrazabal, histórico lateral del Athletic Club con más de 400 partidos oficiales como rojiblanco.
Gaizka no posee todavía el currículum de Hierro ni el vínculo emocional que alcanzó Campo, pero representa la continuidad de una relación que lleva más de veinte años reapareciendo de formas distintas. En el primer partido del Bolton de regreso a Championship, victoria ante el Preston North End delante de más de 26.000 espectadores, Larrazabal fue titular.
No es una política, pero tampoco parece una casualidad
Lo más interesante de la conexión española del Bolton es que nunca respondió a una estrategia institucional continuada. No hubo durante dos décadas un director deportivo español ni una red de scouting dedicada exclusivamente a LaLiga. Tampoco existe un perfil único entre los fichajes.
Salva y Javi Moreno eran delanteros hechos. Campo e Hierro llegaron con Champions en el currículum. Marcos Alonso y Rodrigo eran proyectos de futuro. Derik buscaba el salto desde el Castilla. Larrazabal aterriza después de consolidarse en Portugal.
Lo que sí existió, especialmente durante la etapa de Allardyce, fue una predisposición a encontrar valor en momentos de carrera que otros clubes interpretaban como un problema. Hierro tenía 36 años. Campo necesitaba salir del Madrid. Marcos Alonso apenas tenía experiencia. Rodrigo todavía estaba formándose.
El Bolton encontró algo útil en todos esos momentos diferentes.
Un pequeño museo español en Lancashire
La lista, vista hoy, tiene algo de pequeño museo del fútbol español: un campeón de tres Champions como Fernando Hierro, un jugador de culto como Iván Campo, un Pichichi como Salva Ballesta, uno de los héroes de la final del Alavés en Dortmund como Javi Moreno, un futuro campeón de Europa con el Chelsea como Marcos Alonso y un delantero que acabaría jugando un Mundial con España como Rodrigo.
Todos compartieron una camiseta.
Por eso la llegada de Gaizka Larrazabal es más interesante de lo que parece. No es simplemente otro español fichando por un club inglés recién ascendido. Es el siguiente nombre de una lista que lleva más de dos décadas creciendo.
Y ahora que el Bolton vuelve a Championship, también vuelve a abrirse una historia que nunca terminó del todo: la de uno de los rincones más inesperadamente españoles del fútbol inglés.
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