Españoles por el mundo
David Català cuelga las botas
El central catalán puso fin a siete años en el AEK Larnaca chipriota con una victoria por dos goles a uno frente a Omonia.
David Català puso fin a su carrera deportiva en Chipre. El central catalán de 39 años, en el AEK Larnaca desde 2012, disputó su último partido como futbolista profesional frente a Omonia. Atrás quedan siete años, más de 200 partidos en Chipre y la histórica Copa levantada por los amarillos en 2017.
«Esperaba jugar hasta los 50, pero entiendo la decisión», reveló antes del encuentro Català, que acaba contrato el próximo mes de junio y, ante la posibilidad de renovarlo, decidió colgar las botas. Ander Murillo, director deportivo del AEK, desveló que la intención del club es que Català continúe en el club.
Españoles por el mundo
Inglaterra. César Palacios se salta la adaptación en el Fulham de Arbeloa
César Palacios empieza a hacerse un sitio en el Fulham de Álvaro Arbeloa. Dos goles y una asistencia en sus primeras apariciones y una actuación decisiva ante el West Ham confirman un aterrizaje más rápido de lo esperado.
César Palacios aterrizó en Londres a principios de agosto hablando de confianza. El Fulham había apostado fuerte por él, Álvaro Arbeloa había pedido personalmente su fichaje y el centrocampista español respondía en su primera entrevista que esperaba devolver sobre el césped todo lo que el club estaba depositando en él.
Mes y medio después, empieza a hacerlo.
El 2-3 ante el West Ham en la Carabao Cup dejó probablemente su actuación más completa desde que llegó a Inglaterra: asistencia para el 0-1 de Rodrigo Muniz, gol para volver a poner por delante al Fulham y varias apariciones más cerca del área que pudieron aumentar su cuenta. Arbeloa lo resumió después sin demasiados rodeos: “César hizo un partido muy bueno: buena asistencia, buen gol. Podría haber marcado uno o dos más”.
No fue una aparición aislada. Palacios ya había marcado en su anterior partido, ante el Crystal Palace, y en sus cinco primeras apariciones oficiales con el Fulham suma dos goles y una asistencia. En Premier fue titular en las tres primeras jornadas y acumuló más de 200 minutos antes de quedarse sin jugar en el empate de Anfield.
Su desembarco, por tanto, está siendo mucho más rápido de lo que podía imaginarse cuando dejó el Real Madrid.
Una petición personal de Arbeloa
Para entender la confianza que recibe Palacios en Craven Cottage hay que retroceder unos meses.
Cuando Arbeloa aceptó el banquillo del Fulham, uno de los nombres que puso encima de la mesa fue precisamente el del soriano. El técnico conocía perfectamente al futbolista que estaba reclamando después de haber trabajado con él en el Castilla.
Con Arbeloa en el filial madridista, Palacios había firmado 15 goles y cuatro asistencias en 32 partidos, además de mostrar una versatilidad que encajaba bien en la idea del técnico: podía jugar por dentro, partir desde la izquierda y aparecer cerca del área.
Palacios tampoco ocultó el peso que tuvo el entrenador en su decisión. “Arbeloa es una persona muy importante para mí. Confió ciegamente en mí desde el primer momento y yo confío en él. Tenerlo aquí es increíble para mí”, explicó al llegar a Londres. También definió el fichaje como “el paso perfecto” para su carrera.
Un mes después, la relación parece haberse trasladado exactamente como ambos esperaban.
Mucho más que un mediapunta
El propio Palacios se definió en su presentación de una manera interesante: un centrocampista al que le gusta defender, atacar, llegar al área y participar en diferentes fases del juego. No se presentó como un extremo ni como un mediapunta puro, sino como un jugador capaz de ocupar distintos espacios.
Eso es precisamente lo que está encontrando Arbeloa.
En las primeras jornadas de Premier ha aparecido como centrocampista ofensivo, pero su comportamiento no responde al de un diez que espera permanentemente entre líneas. Puede acercarse a la izquierda, recibir cerca de banda, aparecer por dentro y, sobre todo, atacar el área desde segunda línea.
El partido ante el West Ham ofreció dos ejemplos casi perfectos.
En el primer gol se abrió hacia el costado izquierdo, atacó el espacio tras un pase de Antonee Robinson y puso el balón atrás para que Muniz marcara. En el segundo hizo algo completamente diferente: atacó en profundidad un envío largo de Joachim Andersen, controló con el pecho y definió con calma delante del portero.
Una acción nace desde fuera.
La otra, atacando la espalda.
Ahí está buena parte de su utilidad.
Palacios no necesita recibir siempre al pie para intervenir. Tiene capacidad para combinar, pero también instinto para llegar. Y ese segundo elemento resulta especialmente valioso en un Fulham que intenta juntar muchos futbolistas cerca del balón y necesita movimientos que rompan hacia portería.
Ya lo enseñó ante el Crystal Palace. En poco más de una hora realizó cinco disparos y terminó marcando su primer gol en Premier.
De “uno para el futuro” a futbolista del presente
La evolución de la percepción alrededor de Palacios en Inglaterra resulta especialmente interesante.
Cuando llegó, Fulhamish, uno de los medios independientes más seguidos alrededor del club, publicó un análisis preguntándose dónde iba a encajar. El texto reconocía su calidad y su producción en el Castilla, pero dudaba de que pudiera llegar inmediatamente y hacerse con un sitio en el once. Lo describía entonces más como una apuesta de desarrollo que como una solución inmediata.
Tres semanas después, el tono ya había cambiado.
El mismo medio explicaba que su pretemporada había conseguido eliminar precisamente esa etiqueta de “uno para el futuro” y que su rendimiento frente al Stuttgart había generado conversación entre la afición.
No es casualidad.
En aquel amistoso fue uno de los jugadores más destacados del Fulham, asumiendo mucho peso en la organización del centro del campo. Después llegó la Premier y Arbeloa lo colocó directamente en el once ante el Chelsea, el Sunderland y el Crystal Palace.
El contexto tampoco ha sido sencillo.
El Fulham perdió sus tres primeras jornadas, encajó siete goles y empezó la temporada bajo bastante presión. Arbeloa modificó el equipo para visitar Anfield y dejó a Palacios en el banquillo durante el 0-0 ante el Liverpool, una decisión que formó parte de una búsqueda general de mayor equilibrio.
La respuesta del español llegó en cuanto volvió a jugar.
Gol y asistencia en el London Stadium.
La prensa inglesa empieza a fijarse
El rendimiento ante el West Ham terminó de colocar su nombre en el centro de las crónicas.
West London Sport lo describió directamente como “outstanding”, sobresaliente, y recogió los elogios posteriores de Arbeloa. The Times construyó su crónica alrededor de Palacios y Oscar Bobb como los jóvenes que ayudaron a aliviar la presión sobre el entrenador español, destacando especialmente la serenidad con la que el exmadridista resolvió su gol.
Incluso los análisis centrados específicamente en su actuación incidieron en algo que empieza a hacerse reconocible en su fútbol: su movilidad por el medio espacio izquierdo, apareciendo y desapareciendo de zonas distintas en lugar de mantenerse fijado en una única posición.
La valoración tiene especial interés porque responde a una de las grandes preguntas que existían cuando llegó.
En Inglaterra se señalaba que Palacios tenía calidad para conducir, asociarse y aparecer cerca del área, pero también que debía demostrar que podía soportar el salto físico hacia la Premier.
Todavía es pronto para dar esa adaptación por completada.
Pero el proceso está avanzando mucho más deprisa de lo esperado.
Arbeloa sabe exactamente lo que puede pedirle
Hay algo que diferencia la llegada de Palacios de la mayoría de fichajes jóvenes procedentes de otra liga: su entrenador no necesita descubrirlo.
Arbeloa conoce qué posiciones puede ocupar, cómo interpreta los espacios y qué tipo de responsabilidades puede asumir. Antes incluso de comenzar la Premier aseguró que Palacios era un jugador con talento y ambición, perfectamente adaptado a la idea que quería implantar.
Esa relación acelera muchos procesos.
Palacios no necesita varios meses para entender qué espera el entrenador cuando abandona su posición o cuándo debe llegar al área. Ya trabajó dentro de esos mecanismos en el Castilla.
Y Arbeloa tampoco parece tener intención de protegerlo excesivamente por su edad.
Después del partido ante el West Ham sí pidió paciencia con sus jóvenes. “Hay que ayudarles y desarrollarles”, explicó. Pero inmediatamente añadió algo más significativo: “Se puede ver el talento que tienen, la calidad, cómo entienden el juego. Creo que crecerán durante la temporada”.
Palacios tiene 21 años.
El Fulham no lo ha fichado como producto terminado.
Pero tampoco parece estar tratándolo ya como un proyecto lejano.
La primera certeza del nuevo Fulham
El comienzo de Arbeloa en Inglaterra está siendo bastante más accidentado que el de Palacios.
Tres derrotas en Premier, un empate en Anfield, dudas defensivas y un equipo todavía en proceso de asimilar una transformación profunda. Incluso la victoria ante el West Ham volvió a mostrar problemas: el Fulham se puso dos veces por delante y permitió dos empates antes de que Oscar Bobb decidiera el encuentro.
En medio de ese proceso, Palacios empieza a representar algo valioso: una pieza que ya entiende lo que quiere el entrenador y que puede traducir esa idea en acciones concretas.
Recibe entre líneas.
Aparece desde la izquierda.
Conduce.
Ataca espacios.
Llega al área.
Y produce.
Dos goles y una asistencia en sus primeras apariciones oficiales no convierten todavía su aventura inglesa en un éxito. La temporada acaba de empezar y la Premier terminará exigiéndole mucho más.
Pero sí permiten extraer una primera conclusión.
Cuando César Palacios llegó a Londres dijo que el Fulham había depositado mucha confianza en él y que quería devolvérsela sobre el césped.
Ha necesitado poco más de un mes para empezar a hacerlo.
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Españoles por el mundo
Italia. Jacobo Ramón, el central que Cesc está llevando a otro nivel
El gol ante el Parma sirve como excusa para detenerse en la evolución de Jacobo Ramón: de su llegada al Como a convertirse en una pieza esencial del equipo de Cesc Fàbregas, que ha pulido su juego técnico, táctico y defensivo.
El gol de Jacobo Ramón ante el Parma no explica su crecimiento. Solo lo pone delante de los ojos. El central español abrió el marcador en la victoria por 2-1 del Como llegando al segundo palo tras un centro de Nico Paz y volvió a aparecer en una de esas noches que sirven como excusa perfecta para detenerse en una evolución que viene de bastante más atrás.
Porque Jacobo no necesitaba marcar para confirmar que ha cambiado de dimensión. Su progresión empezó la temporada pasada, cuando salió del Real Madrid para instalarse en el corazón de uno de los proyectos más interesantes de Italia, y ha continuado este curso ya desde otra posición: la de un futbolista plenamente integrado en el modelo de Cesc Fàbregas, acostumbrado a defender muchos metros, iniciar el juego desde atrás y convivir con una exigencia que ahora incluye también la Champions League.
Ante el Parma volvió a ser titular, volvió a completar el partido y añadió además un gol. Al terminar, su reacción describió bastante bien el momento del Como y también el suyo. “Queremos siempre más”, explicó en DAZN. El equipo venía de jugar Champions entre semana, acumulaba tres partidos en pocos días y aun así salió dispuesto a mandar. Jacobo habló de aprendizaje, de atención y de no conformarse.
Es una buena manera de entender su crecimiento.
Salir del Real Madrid para dar el siguiente paso
Jacobo Ramón llegó al Como en el verano de 2025 después de prácticamente una vida en el Real Madrid. Entró en La Fábrica con ocho años, recorrió todas las categorías inferiores, fue campeón de Europa sub-19 con España y terminó entrando en dinámica del primer equipo blanco hasta debutar tanto en Liga como en Champions.
Su salida no tuvo que ver con una ruptura, sino con la necesidad de jugar.
El Real Madrid y el Como acordaron su traspaso por unos 2,5 millones de euros más variables, con el club blanco conservando el 50% de sus derechos y varias opciones de recompra. La operación tenía bastante de inversión compartida: el Como recibía a uno de los centrales con mayor proyección de la cantera madridista y el Madrid mantenía la puerta abierta por si el crecimiento terminaba confirmándose.
Y Cesc Fàbregas tuvo mucho que ver en la decisión.
Jacobo ha contado que el entrenador le llamó personalmente antes de fichar. Le explicó cómo encajaría en su sistema, qué veía en él y cuál era el proyecto que estaba construyendo. “Todo eso me convenció y no puedo estar más contento de estar aquí”, explicó meses después.
Un central hecho para el Como de Cesc
El Como de Fàbregas exige mucho a sus centrales.
No basta con defender el área. Deben ser capaces de jugar lejos de su portería, controlar espacios amplios a la espalda, saltar hacia delante para recuperar y, al mismo tiempo, asumir una responsabilidad enorme con balón.
Jacobo encajaba especialmente bien en esa idea por una característica que acompaña a su fútbol desde la cantera: no entiende la posesión como una simple obligación de seguridad. Busca avanzar.
Con 1,96 metros de altura, su primera impresión puede ser la de un central dominante por físico y juego aéreo. Pero una de sus mayores virtudes está en otra parte. Tiene calma para recibir bajo presión, buena orientación corporal y capacidad para encontrar pases verticales que rompen una línea rival.
Ese detalle es fundamental en el Como. Cuando el rival presiona arriba, Fàbregas quiere que sus centrales sean capaces de atraer y después encontrar al hombre libre. Cuando el adversario espera, necesita que den un paso hacia delante con balón para generar superioridades.
Jacobo puede hacer ambas cosas.
Por eso, cuando meses después preguntaron a Cesc por su rendimiento, la respuesta fue reveladora.
“Para nuestro juego era perfecto”, explicó el técnico. “Con balón no me sorprende, sabía que era ese tipo de jugador”.
Lo que sí sorprendió a Fàbregas fue otra cosa.
Italia le ha enseñado lo que no se aprende solo con el balón
La duda del cuerpo técnico no estaba en cómo saldría Jacobo jugando desde atrás. Estaba en cómo respondería a una liga donde cada error defensivo se castiga y donde el duelo tiene un peso enorme.
“La única duda que teníamos era cómo competiría en el fútbol italiano, cómo se adaptaría a un fútbol hecho de duelos”, explicó Fàbregas en marzo. La conclusión del entrenador fue clara: “Ha subido mucho de nivel”.
Ahí está probablemente el mayor cambio en su fútbol.
Jacobo llegó a Italia con una base técnica muy alta y experiencia en un contexto formativo donde el Real Madrid acostumbra a dominar los partidos. El Como le ha obligado a añadir otras capas. Defender centros laterales. Medir mejor los contactos. Saber cuándo anticipar y cuándo proteger la espalda. Elegir cuándo seguir al delantero y cuándo mantener la estructura.
Su tamaño ayuda, pero no resuelve esos problemas por sí solo.
La evolución se ha producido en la lectura.
El propio Jacobo lo resumió al final de la pasada temporada, después de completar 32 partidos de Serie A: “He aprendido mucho y Fàbregas me ha mejorado desde el punto de vista técnico y táctico. Le debo mucho”.
Es una declaración especialmente interesante porque el Como no le ha pedido que abandone lo que ya hacía bien. Lo ha utilizado como punto de partida.
La línea alta como escuela acelerada
Hay una característica del Como que ayuda a entender por qué Jacobo ha crecido tan deprisa: la altura a la que defiende.
El propio central explicaba en mayo que la filosofía del equipo consiste en jugar con la línea muy adelantada y que los defensores están preparados específicamente para ello.
Si un central calcula mal un salto, quedan muchos metros a su espalda. Si llega tarde a una cobertura, el rival puede atacar directamente la portería. Si el pase de salida es malo, la pérdida suele producirse en una zona muy delicada.
Jacobo tiene que tomar muchas decisiones por partido y casi todas tienen consecuencias. Fàbregas no le protege dentro de un bloque bajo. Le obliga a exponerse.
Ahí ha aprendido a convivir con situaciones que en categorías inferiores aparecían con mucha menos frecuencia.
De promesa del Madrid a central importante en Italia
Su primera temporada en el Como terminó convirtiéndose en mucho más que un año de adaptación.
Fue acumulando minutos hasta convertirse en uno de los defensas más utilizados del equipo. A mitad de curso ya era el central con más minutos del Como y sus actuaciones empezaron a llamar la atención fuera de Italia. AS informó de interés desde la Premier y destacó especialmente su rendimiento en salida de balón y su peso dentro de la estructura defensiva.
También empezó a aparecer en partidos grandes.
Uno de los ejemplos más significativos llegó frente al Nápoles, cuando tuvo que enfrentarse a un delantero del nivel físico de Rasmus Højlund. Jacobo salió reforzado de ese tipo de noches porque demostraban algo que el Como necesitaba comprobar: que sus cualidades técnicas podían sobrevivir cuando el partido dejaba de ser cómodo.
Fàbregas llegó incluso a utilizar una expresión llamativa para explicar la adaptación del madrileño: hay futbolistas “hechos de otra pasta”.
No era un elogio únicamente a su talento, sino también a su capacidad para cambiar de contexto sin perder identidad.
Este curso: el mismo Jacobo, pero en un escenario mayor
La nueva temporada no ha cambiado su papel. Ha aumentado la exigencia que rodea ese papel.
El Como ha dado otro salto competitivo y ya juega Champions League. En su histórico debut en la competición derrotó 4-1 al Leipzig con Jacobo en el centro de la defensa. Días después llegó el Parma.
El calendario obliga ahora al equipo de Fàbregas a encadenar Serie A y Europa, gestionar esfuerzos y mantener su identidad cada tres o cuatro días.
Para un central joven, esa acumulación representa otro nivel de aprendizaje.
Jacobo lo explicó después del Parma: era la primera vez que el Como afrontaba tres partidos en una misma semana, pero debía acostumbrarse porque “esto será normal este año”.
Ese comentario cuenta bastante sobre el cambio de dimensión del club.
Y también sobre el suyo.
La evolución todavía no ha terminado
Jacobo tiene 21 años. Para un central, una edad prácticamente inicial.
Todavía puede mejorar en agresividad defensiva, en concentración durante todo el partido y en algunas decisiones cuando el equipo asume riesgos demasiado grandes. El propio futbolista fue crítico después del Parma porque el Como recibió el 2-1 en el añadido, cuando el encuentro parecía controlado.
“Tenemos que aprender porque esto nos puede poner en dificultades”, señaló.
Ese tipo de frases también ayudan a explicar por qué Fàbregas confía tanto en él. No habla únicamente del resultado. Habla de lo que todavía falta.
El Como se ha convertido para Jacobo en algo parecido a una escuela de posgrado. La Fábrica le dio las herramientas técnicas. El primer equipo del Real Madrid le permitió descubrir la élite. Y Fàbregas le está obligando ahora a utilizar todo eso cada semana en escenarios distintos.
Por eso el gol contra el Parma importa.
No porque transforme su temporada ni porque descubra de repente a un futbolista nuevo.
Sino porque ofrece una buena excusa para detenerse en uno que lleva tiempo creciendo.
Jacobo Ramón llegó a Como buscando minutos para convertirse en mejor central. Un año después, el proceso sigue en marcha. Solo que ahora ya ocurre en Serie A, en Champions y dentro de uno de los equipos más reconocibles de Europa.
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