Españoles por el mundo
Víctor Valdés y el club de los casi
La llegada de Víctor Valdés al Standard de Lieja ha sido una de las que más ha sorprendido en este mercado de invierno. Un portero que lo pudo tener todo y que, pese al gran palmarés que atesora, su carrera ha terminado dejando un gusto amargo al pensar en todo lo que podría haber sido. Con seis Ligas, tres Champions League, un Mundial, una Eurocopa y cinco Trofeos Zamora entre otros muchos trofeos colectivos e individuales, sería de necios tildar el bagaje de Valdés en el fútbol con cualquier otro adjetivo que no sea sinónimo de excelente; pero estamos hablando de un guardameta que podría haber reinado desde el Olimpo que se vio obligado a quedarse en el Club de los “casi”. Y es que es difícil hacer otra cosa cuando el fútbol sencillamente te odia.
Mi compañero Francisco Ortí definió el “casi” como una esperanza rota, un sueño robado por el despertador, un álbum de cromos inacabado o ese beso que nunca te atreviste a dar, y puso como doctorado en esta categoría al técnico Héctor Cúper. El argentino podría ser perfectamente presidente del Club de los “casi”, pero con Víctor Valdés a su derecha como su vice. Valdés casi pudo ser una leyenda azulgrana, pero decidió hacer las maletas antes de tiempo; casi pudo ser el guardameta de la selección española, pero Del Bosque y la prensa seguían fiel a Casillas; casi pudo ser el mejor portero del mundo, pero su rodilla dijo ‘basta’.
Si sumamos todos estos “casi” nos sale que este deporte le debe mucho a Víctor Valdés y más aún si repasamos cómo le ha tratado desde que se enfundó sus primeros guantes. Desde bien pequeño el fútbol le secuestró, que no cautivó. Nunca le gustó ser portero, no podía soportar la soledad del guardameta y con 8 años no entendía que sus compañeros abrazaran al que marcaba gol y a él le abroncaran por recibirlos; pero lo hacía bien, tanto que el Barcelona se hizo con él. Así, con esta contradicción interior, llegó a la Masía, que no sería un camino de rosas. Cuando aceptó quedarse en Can Barça para cumplir su sueño de ser futbolista profesional en el conjunto culé, sus padres ya habían tomado la decisión de mudarse a Tenerife por motivos personales, una angustia que no pudo soportar ese chaval de 8 años, llegando incluso a abandonar el equipo en alguna ocasión.
“Un sufrimiento constante cada fin de semana de algo que no me gusta hacer, que es jugar de portero, y que no entendía por qué lo hacía si no me gustaba”. Así definió su etapa entre los 8 y los 18 años. El fútbol le arrebató primero a su familia y después a su pasión, pero con 20 años llegó su ansiado y soñado debut con el primer equipo de la mano de Louis Van Gaal. Comenzó la temporada 2002/03 alternándose con Roberto Bonano y disputando bastantes encuentros, hasta que se declaró en rebeldía después de que el técnico holandés decidiera ‘devolverlo’ al Barça B, algo que consideró una humillación y optó por no presentarse ni al partido del filial ni a tres entrenamientos, lo que estuvo a punto de costarle la expulsión del equipo por parte de Van Gaal, una vieja herida que una década después siguió sin cicatrizar.
Al curso siguiente llegó Rustu, flamante portero turco que llamó la atención durante el Mundial de 2002… pero no en el Barcelona. Entre su pobre rendimiento y las lesiones, Frank Rijkaard optó por darle la oportunidad al joven Víctor Valdés. Así pues, con 21 años, el guardameta de L’Hospitalet se quedó en propiedad una portería tan complicada como la del Camp Nou. No fueron pocos los errores bajo palos fruto de la inexperiencia y los nervios, pero el técnico siguió apostando por él, una tónica que se mantuvo durante casi una década. Valdés aprendió y creció como portero indiscutible del Barcelona cambiando año tras año los pitidos en halagos y las amargas lágrimas de tristeza en lágrimas de felicidad.
Su gran estado de forma ayudó encarecidamente a la época dorada del club y también a que Del Bosque tomara la decisión de llamarle para la selección española. Acudió como tercer portero al Mundial de 2010 y como segundo a la Eurocopa de 2012, siendo vencedor en ambas aunque disfrutándolas desde el banquillo. Al poco tiempo Iker Casillas, el indiscutible, comenzaba a mostrar que la magia de sus guantes empezaba a evaporarse y muchos creían que era el momento de darle la alternativa a Valdés, quien en la 2013/14 se estaba convirtiendo en salvador del FC Barcelona, llegando a portar el brazalete de capitán, aunque ya había anunciado su decisión de no seguir en el Barça al terminar su contrato ese mismo verano, que buscaba nuevos retos después de haberse sacrificado tanto por el conjunto azulgrana desde los 8 años. Pero fue en la cresta de esta ola cuando el fútbol decidió recordarle que le odiaba y que le invitaba a formar parte del Club de los “casi”.
Un sector de la afición no entendía que su portero quisiera probar lo que se sentía jugando en otras ligas y no le perdonaron que tuviera pensado hacer las maletas marchándose con la carta de libertad en su mejor momento, así que decidieron renegar de él, de uno de los mejores porteros que ha disfrutado el Camp Nou pero que por este motivo igual no pasará a ser recordado como tal. Por si la opinión pública no bastara, en un balón sin excesiva complicación su ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha se rompió alejándole de los terrenos de juego durante seis meses, dejándole sin despedida de su afición. Pero parecía que el fútbol todavía tenía guardada la última estocada, porque el AS Mónaco decidió romper las negociaciones ya encaminadas a que Víctor vistiera la camiseta del conjunto monegasco a partir de aquel verano. Así, a las puertas de ser el portero de la selección española, leyenda viva del Barcelona y de cumplir su sueño de jugar fuera del Barcelona, fue como Valdés recibió su primer pasaporte para ese Club de los “casi”, aunque todavía no quería entrar en él. No podía creer que con todas las que el fútbol le había hecho, todavía le quedaran más tretas.
Después de más de medio año de recuperación, el Manchester United se fija en él como relevo de David De Gea y decide contratarlo en enero de 2015 para la siguiente temporada y media. Juega algún partido, recupera sensaciones, parece que puede volver a ser el mismo… pero el fútbol decide contraatacar, esta vez en la forma de Louis Van Gaal, su entrenador en Old Trafford. Las viejas rencillas hacen que la situación entre ambos estalle y el guardameta pase a entrenar con el filial, igual que una década atrás. Apartado del primer equipo, todos los que llamaron a su puerta apenas un año atrás hacen como que no le conocen, y Víctor pasa media temporada entre los juveniles hasta que le llega la curiosa oferta de marcharse cedido al Standard de Lieja, la que parece que puede ser casi con toda seguridad su última parada antes de colgar los guantes y su retrato en el hall del Club de los “casi”.
Españoles por el mundo
Fichajes. De electricista a verdugo del Real Madrid: quién es Jefté Betancor, nuevo ‘9’ de Las Palmas
El delantero grancanario, físico como un ariete pero con vocación de asociarse y salir del área, regresa a la UD Las Palmas tras una carrera que lo llevó por Austria, Rumanía, Chipre y Grecia. Antes de todo eso, con solo 24 años, estuvo a punto de dejar el fútbol para siempre.
La UD Las Palmas acaba de fichar a un delantero extraño. Lo dice, de hecho, él mismo: por físico —1,87 metros, envergadura de rematador— cualquiera lo encasillaría como un ‘9’ de referencia, de esos que viven del juego aéreo y de estar de espaldas a portería. Jefté Betancor es justo lo contrario. Le gusta tener el balón en los pies, asociarse con sus compañeros y salir del área para tocar el juego. Un delantero atípico que ha terminado firmando hasta 2029 con el club de su tierra.
Pero lo más sorprendente de Jefté Betancor no es cómo juega. Es todo lo que ha tenido que atravesar para volver a casa.
El chico que rozó el primer equipo y acabó en Preferente
El público general lo descubrió el pasado mes de enero, cuando dos goles suyos —el segundo en el minuto 94— eliminaron al Real Madrid de la Copa del Rey en el debut de Álvaro Arbeloa como entrenador blanco. Pero la historia de Jefté Betancor Sánchez, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 6 de julio de 1993, empezó mucho antes.
Formado en el Unión Viera y en el Vecindario, con 17 años fue invitado por el Real Madrid a un campus juvenil y llegó a sonar en las categorías inferiores del Hércules. De ahí pasó por un rosario de filiales y equipos modestos —Ontinyent, Tenerife B, Eldense, Badajoz— hasta recalar en Las Palmas Atlético entre 2015 y 2017, donde llegó a ser convocado en dos ocasiones por Quique Setién con el primer equipo sin llegar a debutar. Cedido después en Arandina y San Fernando, regresó al Unión Viera en 2017, ya en categoría Preferente, muy lejos del fútbol profesional con el que había soñado.
Fue entonces, con apenas 24 años, cuando estuvo a punto de dejarlo todo. El propio Betancor lo ha reconocido públicamente: dejó el fútbol durante seis meses y se puso a trabajar de electricista en su barrio para despejar la cabeza. «Mi cabeza no estaba bien», ha explicado. Con la ayuda de su familia y de un psicólogo, decidió volver a intentarlo. Aquel no fue el final de su historia, sino el punto de partida de todo lo que vendría después.
Austria, la puerta de una carrera nómada
En vez de rendirse, Jefté hizo las maletas. En 2018 firmó por el modesto ATSV Stadl-Paura austriaco, en Tercera división, y un año después dio el salto al Mattersburg, con el que debutó en la Bundesliga austriaca. Una cesión al Vorwärts Steyr y un paso por el SV Ried completaron su etapa en el país alpino, donde llegó a sumar 16 goles en una sola temporada, suficiente carta de presentación para seguir escalando.
De Austria saltó a Rumanía en 2020, primero al FC Voluntari y después, en la temporada 2021-22, al Farul Constanța. Fue allí donde su carrera despegó definitivamente: 16 goles en la fase regular, título de mejor jugador extranjero del campeonato y el reconocimiento de la prensa rumana como futbolista revelación del año, con 19 tantos en el cómputo del año natural. Y hay una anécdota que lo explica todo sobre aquel fichaje: quien lo llamó personalmente para convencerlo de firmar por el Farul fue Gheorghe ‘Gica’ Hagi, leyenda del fútbol rumano, exjugador de Real Madrid y Barcelona y copropietario del club de Constanța. Jefté siempre ha señalado a Hagi como el mejor entrenador que ha tenido.
Aquel rendimiento le abrió las puertas del CFR Cluj, entonces pentacampeón rumano, con el que debutó en rondas previas de Champions League y Conference League. A mitad de aquella etapa, en enero de 2023, se marchó cedido al Pafos FC de Chipre, club donde por entonces ejercía como director técnico otro español ilustre: Gaizka Mendieta, extécnico centrocampista de Valencia y Lazio, que dirigía la operativa futbolística del conjunto chipriota entre 2022 y 2023.
La venda que no se quiso quitar
Tras un breve regreso al CFR Cluj —contrato resuelto de mutuo acuerdo tras un desencuentro con la dirección deportiva del club—, Jefté firmó en enero de 2024 por el Panserraikos griego. Allí vivió la temporada más determinante de su carrera. En un partido sufrió un corte en la cabeza y empezó a jugar con una venda; encadenó diez jornadas consecutivas marcando gol, una racha que lo convirtió en el primer español en lograrlo en la Superliga griega. La herida cicatrizó enseguida, pero él decidió no quitarse la venda: pensaba que le daba suerte, y su madre —cuenta Jefté— le insistía en conservarla porque así lo reconocía mejor cuando lo veía por televisión.
Cerró aquella temporada 2024-25 con 19 goles en 30 partidos de liga —21 en 33 si se suma la copa griega—, proclamándose pichichi de la Superliga por delante de nombres como Ayoub El Kaabi, del todopoderoso Olympiacos, o su compatriota Loren Morón, del Aris. Un botín goleador que representaba casi la mitad de los goles de todo su equipo, que había acabado la fase regular en la undécima posición de catorce.

Ese rendimiento despertó el interés de varios grandes del fútbol griego, y en enero de 2025 el Olympiacos pagó 500.000 euros por hacerse con sus derechos, aunque terminó cediéndolo de vuelta al Panserraikos para acabar la temporada.
Con el Albacete, la explosión definitiva en España
En agosto de 2025 el Olympiacos volvió a cederlo, esta vez al Albacete Balompié, de la LaLiga Hypermotion. Allí completó una campaña notable: 18 goles en 43 partidos entre liga y Copa del Rey. El punto álgido llegó el 14 de enero de 2026, en los octavos de final de la Copa del Rey: entró desde el banquillo en el minuto 58 con el marcador 1-1 y firmó un doblete —gol en el 82′ y otro en el minuto 94, ya en el tiempo añadido— que certificó la eliminación del Real Madrid por 3-2, en el debut de Álvaro Arbeloa como entrenador blanco tras la salida de Xabi Alonso.
«Es lo más grande que me ha pasado en el fútbol. Son las cosas con las que sueña uno cuando es pequeño. Hoy se ha dado y estoy muy feliz porque hemos trabajado como cabrones para eliminar a uno de los mejores equipos del mundo», declaró tras el partido, todavía con la emoción del momento. Fue, para un futbolista que nueve años antes trabajaba de electricista sin saber si volvería a los terrenos de juego, una de esas noches que justifican una carrera entera.
De vuelta a casa, con contrato hasta 2029
El Albacete no ejecutó la opción de compra por la elevada cantidad pactada con el Olympiacos, y el futuro de Jefté quedó en manos de una negociación entre el club griego y la UD Las Palmas, que se prolongó varias semanas del pasado mercado de verano pese al interés de otros equipos de Segunda, como el Real Oviedo. Finalmente, este mismo mes de julio de 2026, el club amarillo cerró el traspaso con Olympiacos y Jefté Betancor firmó hasta el 30 de junio de 2029.
Vuelve a un club en el que nunca llegó a debutar con el primer equipo, para cubrir ahora, con Rubén de la Barrera en el banquillo, la baja por lesión de Sandro y compartir la punta de ataque con Jesé Rodríguez. «Con su incorporación, la UD Las Palmas suma a un futbolista con profundo sentimiento de pertenencia hacia la isla y el club, que afronta esta nueva etapa con la ilusión de defender la camiseta amarilla en el equipo de su tierra», señaló el club en el comunicado oficial de su fichaje.
Ocho años después de plantearse dejarlo todo, Jefté Betancor vuelve a Gran Canaria convertido en pichichi de una liga europea y verdugo del Real Madrid. A veces, parece decir su historia, hace falta marcharse muy lejos para acabar cumpliendo el sueño que siempre tuviste de niño.
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Españoles por el mundo
IVB. El leonés que convirtió el fútbol en una vuelta al mundo ficha por su 17º país
José Pedrosa Galán, el futbolista español que más países ha visitado a lo largo de su carrera, firma por el Virgin Gorda United de las Islas Vírgenes Británicas. Disputará la CFU Club Shield en Trinidad y Tobago frente a clubes de medio Caribe.
Mientras la mayoría de futbolistas piensa en la retirada al llegar a los 40, José Pedrosa Galán sigue haciendo lo que lleva haciendo desde que salió de León hace más de dos décadas: sumar países a su carrera. Su último destino es Virgin Gorda United, un club de las Islas Vírgenes Británicas con el que ha firmado este mes de julio.
El dato con el que se suele presentar a Galán, y que sus propios seguidores repiten como una curiosidad casi imposible de creer, es el de los países en los que ha jugado. Contando su último destino, Islas Vírgenes Británicas, el número asciende a 17: España, Tailandia, Indonesia, Austria, Jordania, Chipre, Rumanía, Finlandia, Andorra, Hong Kong, Qatar, Arabia Saudí, Canadá, Gibraltar, Italia, Costa de Marfil y las propias IVB. Lo cierto es que ningún futbolista español en activo se le acerca en este terreno.
Un club con guiño español en pleno Caribe
Hay un detalle en este fichaje que parece escrito para la ocasión: Virgin Gorda United tiene su sede en Spanish Town, una localidad de la isla de Virgin Gorda cuyo nombre se traduce, literalmente, como «Ciudad Española». El club, fundado a comienzos de los 2000, juega en la BVIFA National Football League, la máxima categoría del fútbol de las Islas Vírgenes Británicas, de la que además se proclamó campeón en la temporada 2024-25.
Ese título, unido a la segunda posición lograda en la 2025-26, es lo que ha llevado al equipo a la CFU Club Shield 2026, la segunda competición de clubes más importante del Caribe, organizada por la Unión de Fútbol del Caribe (CFU) y que se disputa en Trinidad y Tobago entre el 23 de julio y el 2 de agosto.
El formato es de eliminación directa entre 22 clubes, y el ganador y el subcampeón obtendrán plaza para la Copa del Caribe de la Concacaf 2026. Virgin Gorda United debuta en la primera ronda ante el Elite Sports Club de las Islas Caimán, un cruce que abre el camino hacia un cuadro en el que ya esperan, con plaza asegurada en rondas posteriores, representantes de Jamaica (Mount Pleasant FC), Haití (Baltimore SC), República Dominicana (Delfines del Este), Surinam (SV Robinhood) y Trinidad y Tobago (Prisons Service FC), además de equipos de Curazao, Puerto Rico, Aruba, Barbados y Antigua y Barbuda.
Un trotamundos que no encaja en ningún recuento fácil
Formado en las categorías inferiores del Atlético de Madrid y con paso por el filial de la UD Almería, el CD Toledo y la Cultural y Deportiva Leonesa, Galán empezó a construir su identidad futbolística fuera de España a partir de 2011, cuando fichó por el Chainat FC tailandés. Desde entonces, su carrera ha sido una sucesión casi ininterrumpida de ligas exóticas: Indonesia, Austria, Jordania, Chipre, Rumanía, Finlandia, Hong Kong, Qatar, Arabia Saudí y Canadá, donde llegó a jugar en el Valour FC de la Canadian Premier League, son solo algunas de las paradas de un itinerario que también ha pasado, más recientemente, por Gibraltar (en el Manchester 62 ejerció como futbolista-entrenador), Italia (Novoli Calcio) y Costa de Marfil, donde consiguió un ascenso con el Zota FC.
A pesar de su constante itinerancia, algo que no ha cambiado con los años es su manera de entender la profesión. Mientras la inmensa mayoría de futbolistas construye toda su trayectoria en un único país, o como mucho en dos o tres, Galán ha convertido cada fin de contrato en la posibilidad de un nuevo mapa. Ahora, a los 40 años, en lugar de colgar las botas y disfrutar del fútbol frente al televisor, las cuelga en una maleta rumbo al Caribe, a un club que juega en una ciudad que lleva, para más señas, el nombre de su propio país.
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