Españoles por el mundo
Guatemala. David Grande, a tres goles de hacer historia en Guatemala
David Grande suma cuatro goles en sus últimos cinco partidos con el Marquense y ya amenaza el registro goleador de Álvaro Portero, pionero español en la Liga Nacional de Guatemala.
Hay récords del fútbol español en el extranjero que aparecen donde menos se esperan. Uno de ellos está ahora mismo en juego en Guatemala. David Grande, delantero madrileño del Deportivo Marquense, ha marcado cuatro goles en sus últimos cinco partidos y se ha colocado a solo dos tantos del registro documentado de Álvaro Portero, el primer futbolista español que debutó en la máxima categoría guatemalteca.
Grande, de 35 años, está atravesando uno de los mejores momentos de su aventura en Centroamérica. Su último gol llegó esta semana en uno de los escenarios de mayor repercusión del país: el estadio Cementos Progreso, donde Marquense derrotó 0-2 a Comunicaciones. Fernando Escalante abrió el marcador y, en el minuto 71, David Chuc encontró al atacante español, que llegó desde segunda línea para firmar la sentencia.
Fue el cuarto tanto de Grande en el Torneo Apertura 2026. Una cifra que adquiere otra dimensión cuando se mira hacia atrás y se comprueba lo extraordinariamente reducida que ha sido la presencia de futbolistas españoles en la Liga Nacional de Guatemala.
Cuatro goles en cinco partidos
El comienzo de David Grande en Guatemala no fue sencillo. Llegó al Marquense este verano procedente del CD Mensajero, después de una temporada en la que había anotado 17 goles en Tercera Federación. Su adaptación al nuevo campeonato necesitó algunas jornadas e incluso falló un penalti frente a Municipal en su segundo partido del torneo.
Después apareció la racha. Grande estrenó su cuenta ante Suchitepéquez, entrando desde el banquillo y marcando en el minuto 84 el gol del triunfo por 1-2. Repitió en la siguiente jornada contra Cobán Imperial, esta vez para colocar el 2-0 provisional; volvió a ser decisivo ante Guastatoya con el tanto que dio a Marquense la victoria por 1-2; y, tras quedarse sin marcar en la derrota frente a Xelajú, recuperó el gol ante Comunicaciones.
El resultado es contundente: cuatro goles en las últimas cinco jornadas y cuatro tantos en ocho partidos de campeonato. El español se ha convertido, además, en el máximo goleador de Marquense en este inicio de temporada.
El precedente de Álvaro Portero
Para encontrar al otro gran protagonista español de esta historia hay que retroceder hasta 2019. Ese verano el Deportivo Siquinalá sorprendió incorporando a Álvaro Portero Díez, delantero madrileño que llegaba desde el DAV Santa Ana y que aterrizó en Guatemala junto al entrenador español Antonio Acosta.
Portero hizo historia desde su primer partido. El 27 de julio de 2019 marcó de penalti ante Mixco en la victoria por 2-0 de Siquinalá. Años después, Telemadrid recordaría su aventura señalándolo como el primer jugador madrileño y español en debutar en la máxima competición del fútbol guatemalteco.
Su paso por el país fue breve, pero productivo. Las bases estadísticas consultadas le atribuyen 19 partidos y seis goles en la Liga Nacional antes de regresar a España en enero de 2020 para incorporarse a Las Rozas. Los tantos que pueden rastrearse en las crónicas del Apertura 2019 fueron ante Mixco, Xelajú, Municipal, Cobán Imperial, Guastatoya y Antigua GFC.
Existe, eso sí, una pequeña discrepancia documental: una información de Telemadrid publicada en 2020 habló de siete goles durante su etapa guatemalteca. Sin embargo, el registro estadístico de la competición disponible y el repaso partido a partido sitúan su cuenta en seis. Es esa cifra documentada la que sirve como referencia.
Grande ya tiene el récord a tiro
La comparación deja a David Grande muy cerca. Con cuatro goles, el delantero del Marquense está a dos tantos de igualar los seis de Portero y a tres de superarlos. Si mantiene el ritmo actual, podría convertirse en las próximas jornadas en el futbolista español nacido en España con más goles documentados en la historia de la máxima categoría guatemalteca.
La precisión no es menor. En el campeonato han participado futbolistas con doble nacionalidad española nacidos en Guatemala, como José Pablo Grajeda, pero la historia de Portero y Grande responde a otra realidad: la de jugadores formados y desarrollados en el fútbol español que decidieron continuar su carrera en un destino prácticamente inédito para los futbolistas de nuestro país.
De hecho, cuando Portero llegó a Siquinalá en 2019 fue presentado como una auténtica rareza dentro de la Liga Nacional. Siete años después, Grande ha vuelto a abrir esa ruta.
Un trotamundos que vuelve a encontrar el gol lejos de España
Para David Grande, Guatemala tampoco es la primera experiencia fuera del fútbol español. El delantero de Torrejón de Ardoz ya había jugado en la Superliga de India con el Jamshedpur FC y también pasó por el Kannur Warriors, de la Super League Kerala, antes de tener una experiencia en Italia con el Costa d’Amalfi, de Serie D. Entre medias y posteriormente acumuló también un largo recorrido por categorías nacionales españolas en clubes como Calahorra, Xerez Deportivo, Cacereño, Marino de Luanco, Compostela, Badajoz o Mensajero.
Precisamente en La Palma recuperó una de sus mejores versiones goleadoras antes de aceptar el reto del Marquense. El club guatemalteco lo incorporó para el Apertura 2026 como una de sus principales apuestas ofensivas y el español está comenzando a justificarla.
Ahora, además de los objetivos colectivos del equipo, tiene delante una pequeña página de historia para Migrantes del Balón: dos goles para alcanzar a Portero y tres para dejar atrás el registro del pionero español en Guatemala.
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Españoles por el mundo
Bosnia. David Muslera, de las críticas a conquistar Sarajevo: “Se me saltaban las lágrimas»
David Muslera llevaba más de dos décadas buscando una oportunidad en una primera división. El Željezničar se la dio entre cientos de críticas y, apenas unas semanas después, el técnico español conquistó el derbi de Sarajevo y escuchó a Grbavica corear su nombre.
Cuando David Muslera llegó al Željezničar, hizo algo que ahora reconoce que probablemente no debería haber hecho: abrir las redes sociales.
Su fichaje acababa de ser anunciado y el recibimiento virtual distaba mucho de ser una bienvenida. El Željo, uno de esos clubes en los que la historia pesa tanto como el presente, había entregado su banquillo a un entrenador madrileño de 40 años que llegaba desde la segunda división de Lituania y que nunca había dirigido en una máxima categoría.
La reacción fue inmediata.
“Hubo cerca de mil comentarios y ninguno bonito. Alguno habría positivo, pero la inmensa mayoría eran críticas”, recuerda Muslera. Las preguntas se repetían con diferentes palabras: “¿Quién eres? ¿Dónde has trabajado? ¿Vienes de la segunda división lituana? ¿No eres de los Balcanes?”.
Menos de dos meses después, la escena era radicalmente distinta.
Željezničar acababa de ganar 2-0 al Sarajevo en el derbi de la capital bosnia. Grbavica celebraba, los futbolistas se dirigían hacia la grada y Muslera terminó compartiendo el festejo con los Manijaci, la ruidosa hinchada del Željo. El entrenador al que una parte importante de la afición había recibido con desconfianza escuchaba ahora cómo el estadio coreaba su nombre.
“Qué bonito es hacer feliz a la gente. Había visto vídeos y había escuchado historias, pero vivir esto personalmente es increíble. Es difícil explicarlo con palabras”.
Entre una imagen y otra apenas habían pasado unas semanas.
Y ahí está, probablemente, la mejor manera de explicar qué significa entrenar al Željezničar.
Un gigante que todavía mira hacia su pasado
Muslera sabía que llegaba a un club grande. Lo que no podía calcular desde fuera era cuánto.
Fundado en 1921 por trabajadores ferroviarios, el Željezničar no es únicamente uno de los equipos más populares de Bosnia y Herzegovina. Su historia pertenece también al viejo fútbol yugoslavo. Fue campeón de Yugoslavia en 1972 y en 1985 se quedó a las puertas de disputar una final europea: alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y un gol del Videoton en los últimos minutos evitó que se enfrentara al Real Madrid por el título.
Ya en la Bosnia independiente ganó seis campeonatos nacionales. El último, sin embargo, llegó en 2013.
Ese pasado explica buena parte de la exigencia actual.
“A mí me recuerda mucho a lo que era el Atlético de Madrid en su día”, explica Muslera. “Históricamente es un equipo muy grande, pero está pasando por momentos difíciles y los aficionados viven un poco en aquella época. Entiendo ese furor, pero tenemos que ser realistas con la situación actual. Roma no se construyó en un día”.
La paradoja del Željo es precisamente esa. Tiene una masa social y una historia que obligan a pensar en grande, pero atraviesa un proceso de reconstrucción que necesita algo que el fútbol rara vez concede: tiempo.
“Necesitamos que la gente crea. Y necesitamos tiempo, que en el fútbol ya sabes que no existe”.
Firmó por un club y tres días después estaba en otro país
La manera en la que Muslera llegó a Sarajevo resulta casi tan extraña como su recibimiento.
Después de año y medio al frente del BFA lituano había decidido aceptar la propuesta del Jonava, también de la segunda categoría del país. Buscaba estabilidad. Un contrato de año y medio, continuidad y la posibilidad de seguir avanzando en una carrera construida casi siempre lejos de los focos.
Firmó.
Se mudó de Vilna a Jonava.
Y prácticamente cuando acababa de instalarse sonó el teléfono.
“Estuve en Jonava tres días. Ni siquiera dirigí un entrenamiento porque nos pilló durante el parón de verano. Fue todo rapidísimo”.
Željezničar había iniciado un proceso de selección para encontrar entrenador. La dirección del club estudió diferentes perfiles locales y regionales antes de apostar por el español, una elección especialmente atrevida en un entorno tradicionalmente acostumbrado a técnicos balcánicos y con experiencia en la zona.
Para Muslera no había decisión posible.
“Era uno de los clubes más importantes de Bosnia y significaba dar el salto a Primera División. Es una oportunidad a la que no puedes decir que no”.
Jonava permitió su salida mediante una compensación y el español cambió la segunda división lituana por uno de los banquillos con mayor presión de Bosnia sin haber llegado siquiera a debutar con su nuevo equipo.
“Hubo un poquito de guasa allí en Lituania”, admite entre risas.
“Las primeras 48 o 72 horas no fueron nada fáciles”
En Sarajevo no se reía tanta gente.
Muslera era consciente de que su currículum no respondía al prototipo de entrenador que los seguidores esperaban ver al frente del Željezničar. No era una vieja gloria del fútbol yugoslavo, tampoco un técnico reputado de la región.
“Dada la masa social que tiene el club, la apuesta que hicieron por mí fue muy arriesgada. No porque no confíe en mí mismo, sino porque aquí están acostumbrados a entrenadores de los Balcanes y a entrenadores con nombre”.
Leyó las críticas.
Demasiadas.
“Fue lo peor que pude hacer”.
Pero existe un punto de orgullo competitivo en Muslera que aparece varias veces durante la conversación.
“Estas cosas me motivan. Cuanto más difícil es y más críticas hay, más esfuerzo le pongo y más me gusta trabajar. Suena feo eso de callar bocas, pero es la realidad. Cada año me gusta trabajar más duro, pero este incluso más”.
No tardó en comprender que la presión digital podía trasladarse también a la calle.
El Željezničar perdió 0-3 frente al Sloboda en el último amistoso de pretemporada. Aquella noche Muslera decidió salir a cenar. Escuchó varios comentarios alrededor y cambió de planes.
“Me dije: ‘David, vete al hotel, pide algo de comida y cena allí’”.
Las semanas posteriores fueron suavizando el ambiente. Llegaron los primeros resultados, las fotografías por la calle y los niños que se acercaban al entrenador.
“Las críticas vienen más por las redes sociales, porque detrás de una pantalla es sencillo criticar. En persona ha habido mucha más gente simpática y agradable. Y que vaya un niño por la calle, te vea con una sonrisa de oreja a oreja y diga: ‘¡El entrenador! ¿Me puedo sacar una foto?’, para mí no tiene precio. Yo no hace tanto era ese niño que esperaba a la puerta de las instalaciones para pedir fotos y autógrafos”.
La primera noche en Grbavica: “Se me caía el lagrimón”
Hay otra escena que permite entender por qué Muslera soportó aquella primera tormenta.
Su debut oficial en Grbavica.
Unos 7.000 espectadores ocupaban las gradas pese a que parte del estadio se encontraba en obras. El español salió al césped y escuchó cantar a la afición.
Había visto vídeos. Había buscado imágenes del estadio. Le habían hablado del ambiente.
No era lo mismo.
“Lo más emocionante fue antes del partido, con toda la gente cantando. Pensaba: estás viviendo un sueño para el que llevas trabajando muchos años. Se me caía el lagrimón”.
Tenía un pequeño problema.
“Había cinco periodistas con las cámaras apuntándome y pensaba: ‘David, trata de controlarte’”.
No exagera cuando habla de los años invertidos.
Muslera empezó a entrenar en 2002, cuando todavía era futbolista, en las categorías inferiores del Porta Bonita madrileño. Después pasó por estructuras formativas de Atlético de Madrid, Leganés, Getafe e Illescas, entre otros. Se sacó las licencias entre 2007 y 2009 y pasó años tratando de abrirse camino en un ecosistema español en el que, a su juicio, alcanzar los banquillos profesionales resulta especialmente complicado para quien no arrastra un pasado como futbolista de élite.
Hubo incluso un momento en el que se alejó temporalmente del fútbol.
“A la tercera semana estaba que me subía por las paredes. Es un matrimonio de larga duración”.
La puerta terminó apareciendo lejos de Madrid.
Unas vacaciones que terminaron convirtiéndose en cuatro años
Pablo Ríos Freire, amigo de Muslera desde la universidad y compañero suyo en diferentes etapas en Madrid, había iniciado una aventura en Lituania. A través de él apareció la posibilidad de viajar al país.
En principio, de vacaciones.
“Fui para una semana y dos días antes de terminar el club me ofreció hacer una prueba. Después de esa prueba conseguí el contrato. Y así empezó la historia en Lituania”.
La semana se convirtió en casi cuatro años.
Primero trabajó en formación. Ganó competiciones juveniles, fue asistente, dio el salto al fútbol sénior con el Ekranas y posteriormente dirigió al BFA. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en el trampolín que necesitaba.
Muslera sostiene que para determinados entrenadores españoles el extranjero no es una aventura, sino prácticamente la única vía para acelerar una carrera.
“Si no eres un futbolista famoso, romper la barrera de Primera RFEF considero que es complicado. Una cosa es ser futbolista y otra totalmente diferente ser entrenador. Haber sido jugador te puede dar más soltura para manejar un vestuario, pero entrenar no es solo manejar un vestuario. Es un proceso mucho más largo”.
Por eso su futuro, al menos por ahora, tampoco pasa necesariamente por regresar.
“Me encantaría trabajar en España. Es mi país, mi gente y todo el ambiente que hay alrededor. Pero si me preguntas personalmente, de momento no lo tengo previsto. Prefiero seguir fuera”.
Bosnia representa un escalón más.
“Vengo de Lituania, donde el seguimiento es más reducido. Estar en una Primera División como la bosnia puede abrirte las puertas de otros países, por ejemplo Croacia. Yo espero estar aquí muchos años, pero también se trata de ir abriendo nuevos mercados”.
“Aquí es como si estuviera jugando el Mundial”

Existe cierta tendencia a medir todas las ligas europeas utilizando las cinco grandes como referencia. Muslera no niega la evidente diferencia futbolística con España, pero introduce otro parámetro que normalmente resulta invisible desde fuera.
La exigencia.
“Desde España podemos ver que el nivel respecto a Primera División obviamente es más bajo. Pero en cuanto a exigencia, a todo lo que tienes que afrontar, a lo que te pide la afición y a la presión, no cambia. Cambia el nivel futbolístico, pero el nivel de exigencia no”.
Hace una pausa y encuentra una comparación.
“Aquí estoy jugando el Mundial”.
En Željezničar cada derrota pesa. Después de uno de sus primeros partidos recordó una máxima que había escuchado durante su formación como entrenador: “Ganan los jugadores y pierde el entrenador”.
Bosnia también le ha sorprendido por la dimensión que adquiere cualquier movimiento alrededor de los clubes. Durante una jornada aplazada decidió desplazarse a Mostar para ver personalmente a varios rivales.
Para él era simple trabajo.
En Bosnia se convirtió en noticia.
“En los primeros diez minutos del partido me llegaron 15 o 20 mensajes. Salió hasta en televisión que el entrenador del Željo estaba viendo partidos. Para mí era lo más normal del mundo. Si tengo la posibilidad de ver al rival personalmente, ¿por qué voy a mandar a mi segundo?”.
Luis Aragonés, Guardiola y Luis Enrique
Muslera llega desde España y no reniega de determinados rasgos asociados a la escuela española.
Cuando se le pregunta por sus referencias aparece primero Luis Aragonés.
“Para mí fue el primero. Creo que el cambio en la historia del fútbol español empezó con él”.
Después Pep Guardiola.
“¿Quién no disfrutaba con aquel Barcelona?”.
Y finalmente Luis Enrique.
De los tres extrae una idea general.
“Me gusta el fútbol de posesión, ser protagonista y que la gente disfrute con lo que hacemos”.
Pero inmediatamente introduce un matiz.
“Una cosa es lo que me gusta y otra lo que tienes que hacer. Hay que adaptarse a la plantilla y entender que cada partido es un mundo”.
Es probablemente una de las primeras lecciones que Bosnia le está obligando a aplicar.
En uno de sus encuentros ante uno de los conjuntos más poderosos del campeonato decidió replegar, reducir espacios y buscar el contraataque.
“Sabía que iba a tener muy poco la pelota”.
Más que imponer una identidad teórica, Muslera quiere construir un equipo capaz de competir.
“Como entrenador veo que las cosas van mejorando. Hay partidos en los que domina el rival, pero esa clase de encuentros tienes que saber jugarlos tácticamente”.
El partido que podía cambiarlo todo
Y entonces llegó el derbi.
Željezničar y Sarajevo no comparten únicamente una ciudad. Comparten una rivalidad nacida hace más de siete décadas y alimentada por dos identidades históricamente diferentes. El Željo nació desde la clase trabajadora vinculada al ferrocarril; Sarajevo apareció después de la Segunda Guerra Mundial convertido rápidamente en el otro gran polo futbolístico de la capital.
Los Manijaci y la Horde Zla transforman cada enfrentamiento en uno de los acontecimientos deportivos del país.
Muslera sabía lo que le esperaba.
O eso pensaba.
Antes de vivir su primer derbi, hablaba de él con una mezcla de curiosidad y respeto.
“Si el ambiente del otro día fue impresionante, por lo que tengo entendido en el derbi no hay palabras para describirlo”.
Hasta evitaba pronunciar el nombre del rival cuando se le preguntaba contra quién se jugaba.
“Si digo el nombre me van a colgar”, bromeaba.
Después lo entendió definitivamente.
Željezničar venció 2-0. Rodrigo Piloto abrió el marcador al comienzo de la segunda parte y Muharem Husković aseguró después una victoria que valía mucho más que tres puntos.
Cuando todo terminó, Muslera trató de explicar lo que acababa de vivir.
“No puedo describirlo con palabras. Había visto vídeos, había escuchado historias, pero vivirlo personalmente es increíble. Gracias a los jugadores y a los aficionados. Desde el principio he dicho que esto es un proceso y que necesitamos tiempo, pero qué bonito es hacer feliz a la gente”.
Después de semanas pidiendo paciencia, el entrenador español había encontrado probablemente el argumento más poderoso que existe para conseguirla: ganar al vecino.
Pero ni siquiera entonces quiso alterar el discurso.
“Siempre tenemos que mejorar porque no somos perfectos. Esto es un proceso y necesita paciencia. Creo que todos podemos ver una gran diferencia respecto al inicio. Y aunque lleguemos a estar bien, tampoco será suficiente. Siempre puedes avanzar, siempre puedes ser mejor”.
También quiso recordar cómo había comenzado la construcción de la plantilla.
“Empezamos la pretemporada con 18 jugadores y siete juveniles. Todos los jugadores son importantes. Todos tendrán su papel y mi trabajo es encontrar qué puede aportar cada uno al equipo. La temporada es muy larga. Todos tendrán su oportunidad, aunque cada vez será más difícil ganarse un puesto entre los once”.
El mensaje encaja perfectamente con todo lo que había explicado antes del partido.
Trabajo. Tiempo. Adaptación.
Y resistencia a la presión.
De “¿quién eres?” a escuchar su nombre en Grbavica
Quizá el fútbol sea demasiado volátil para extraer grandes conclusiones de un derbi.
Muslera lo sabe mejor que nadie.
La victoria sobre Sarajevo no convierte automáticamente al Željezničar en candidato al título ni resuelve un proceso de reconstrucción que sigue teniendo muchas incógnitas. Tampoco borra las dudas que acompañaron la llegada de un entrenador desconocido para buena parte de Bosnia.
Pero sí cambia algo.
Hace apenas unas semanas el español leía centenares de mensajes preguntándole quién era y qué méritos tenía para sentarse en aquel banquillo.
Después del derbi, Grbavica decía su nombre.
“He vivido momentos muy bonitos durante mi carrera, pero que la gente coree mi nombre, aplauda y sea feliz de esta manera no lo había vivido nunca”.
Muslera tardó 24 años desde aquel primer banquillo en las categorías inferiores del Porta Bonita hasta llegar a dirigir en una máxima división.
Firmó por el Jonava buscando estabilidad y se marchó tres días después. Cambió el anonimato relativo de Lituania por una ciudad en la que reconoce que ya prácticamente no existe su vida privada. Llegó entre críticas a un club que sigue comparando su presente con una historia gigantesca. Y en cuestión de semanas descubrió lo que significa perder, ganar y sobrevivir a la exigencia del fútbol bosnio.
Todavía está empezando.
Quizá por eso, entre todas sus frases, hay una que explica mejor que ninguna otra el momento de su carrera.
“Esta es una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo. Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil va a ser mantenerse”.
En Grbavica ya ha superado la primera prueba.
Y no era precisamente pequeña.
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Australia. Juan Mata deja Melbourne Victory y se acerca al final
Juan Mata pone fin a su etapa como jugador del Melbourne Victory después de una temporada brillante en Australia. El español, que antes pasó por Western Sydney Wanderers, queda libre y todo apunta a que su retirada está cada vez más cerca.
Juan Mata deja el Melbourne Victory. El centrocampista español ha decidido poner fin a su etapa como jugador del club australiano después de una temporada 2025-26 en la que volvió a sentirse importante, recuperó protagonismo y terminó siendo elegido mejor futbolista de la A-League. A sus 38 años, el exinternacional español queda libre y, aunque todavía no ha anunciado oficialmente su retirada, todo apunta a que su carrera como futbolista se encuentra muy cerca del final.
La salida llega además en un momento especialmente simbólico. Mata no rompe con Melbourne Victory: seguirá ligado al club como accionista y, cuando dé por terminada definitivamente su carrera, está previsto que presida un nuevo comité de fútbol desde el que participará en las decisiones deportivas de la entidad. Su futuro parece, por tanto, cada vez más alejado del césped y más próximo a los despachos.
Una segunda juventud en Melbourne
Mata fichó por Melbourne Victory en septiembre de 2025 después de una primera experiencia en Australia bastante más discreta con Western Sydney Wanderers. El cambio de ciudad terminó transformando su último tramo como futbolista.
En Melbourne encontró un contexto mucho más favorable. El español disputó 25 partidos de A-League durante la temporada 2025-26, marcó cinco goles y repartió 13 asistencias. Fue el máximo asistente del campeonato y terminó acumulando reconocimientos: Johnny Warren Medal como mejor jugador de la A-League, Playmaker of the Year, Victory Medal como mejor futbolista del club, premio de los jugadores de la plantilla, presencia en el once del año de la PFA y Alex Tobin Medal.
Su campaña dejó además varios momentos muy recordados por la afición. Entre ellos, un doblete en el derbi de Melbourne frente al City, con un gol desde prácticamente el centro del campo, o un golpeo de falta ante Sydney FC que volvió a enseñar la calidad que le acompañó durante toda su carrera.
El propio Mata reconoció al recibir el Johnny Warren Medal que su paso por Victory le había permitido reencontrarse con el fútbol. Después de una temporada en Sydney en la que había disfrutado de la experiencia en Australia pero no había contado con demasiados minutos, llegó a plantearse qué quería hacer con su vida. Melbourne Victory, explicó, consiguió que volviera a enamorarse del juego.
Western Sydney, la puerta de entrada a Australia
Australia había aparecido en su carrera un año antes. En septiembre de 2024, Mata fichó por Western Sydney Wanderers después de haber pasado por Turquía y Japón. Su llegada tuvo un enorme impacto mediático para la A-League: aterrizaba en el campeonato un campeón del mundo, ganador de la Champions y uno de los futbolistas españoles más reconocidos de su generación.
Su primera temporada australiana, sin embargo, fue más irregular desde el punto de vista deportivo. Disputó 23 partidos de Liga, pero en buena parte de ellos tuvo un papel secundario y acumuló menos protagonismo del esperado. Western Sydney terminó cuarto en la fase regular y quedó eliminado precisamente por Melbourne Victory en el playoff previo a semifinales.
Mata se despidió después agradeciendo especialmente el trato recibido por el club y por sus aficionados. Más allá de los minutos, se implicó también en proyectos comunitarios y en iniciativas de la fundación de Western Sydney. Aquella experiencia terminó siendo la puerta de entrada a un fútbol australiano con el que ahora mantiene una relación mucho más profunda.
De rival a referente del Victory
La paradoja es evidente: el equipo que puso fin a su primera temporada en Australia terminó convirtiéndose pocos meses después en el club con el que vivió una de las mejores campañas de su última etapa profesional.
Melbourne Victory apostó por él en 2025 y Mata respondió con números y una continuidad que no había tenido el curso anterior. El equipo volvió a clasificarse para las Finals Series y el español se convirtió en el gran foco creativo del conjunto. Sus 13 asistencias fueron la mejor cifra de toda la competición y sus cinco goles completaron una temporada que superó ampliamente las expectativas que podían existir sobre un futbolista de 38 años.
La relación con el club se fortaleció tanto que en junio de 2026 Mata adquirió una participación en la propiedad de Melbourne Victory. La operación se anunció como un paso independiente de su situación como futbolista, pero ya dibujaba con claridad la dirección de su futuro. El propio club confirmó que, una vez se retire, presidirá un nuevo comité de fútbol destinado a participar en la estrategia deportiva de la entidad.
Ahora, con la salida de la plantilla, esa transición parece aún más cercana.
¿El final de la carrera?
Mata no ha anunciado oficialmente su retirada. De momento, es agente libre y mantiene abierta la decisión sobre si jugará una temporada más. Pero el contexto invita a pensar que el final puede estar muy próximo.
Melbourne Victory ha ocupado sus plazas de extranjeros para la nueva temporada y el español ya tiene un papel definido dentro de la estructura futura del club. Además, a los 38 años, viene de cerrar una campaña prácticamente perfecta a nivel individual, lo que podría convertir el curso 2025-26 en una despedida especialmente redonda.
Su posible retirada pondría fin a una trayectoria profesional iniciada en España pero construida durante buena parte de su carrera fuera del país. Después de formarse en el Real Madrid y consolidarse en el Valencia, dio el salto a Inglaterra en 2011 para fichar por el Chelsea. Allí ganó la Champions League de 2012, la Europa League, la FA Cup y se convirtió en uno de los futbolistas más importantes del equipo durante su etapa en Stamford Bridge.
En enero de 2014 pasó al Manchester United, donde permaneció más de ocho temporadas y disputó 285 partidos. Con los Red Devils ganó, entre otros títulos, una Europa League, una FA Cup y una Copa de la Liga. Inglaterra terminó ocupando más de una década de su vida deportiva.
Turquía, Japón y Australia: el último viaje
Tras abandonar Manchester en 2022, Mata inició una etapa mucho más viajera. Fichó por el Galatasaray y conquistó la Süper Lig turca en la temporada 2022-23. Después se marchó al Vissel Kobe japonés, con el que también ganó la J1 League, aunque con un papel reducido.
Australia se convirtió entonces en el siguiente destino. Primero Western Sydney Wanderers y después Melbourne Victory. Dos clubes, dos experiencias muy diferentes y un cierre que terminó devolviéndole protagonismo.
En conjunto, la carrera internacional de Mata a nivel de clubes ha pasado por Inglaterra, Turquía, Japón y Australia. Una trayectoria exterior enorme para un jugador que, además, fue campeón del mundo y de Europa con la selección española y que perteneció a una de las generaciones más exitosas del fútbol nacional.
Del césped al despacho
Todo apunta ahora a que el siguiente capítulo de Juan Mata estará ligado al fútbol desde otra posición. Además de su participación en Melbourne Victory, el español también ha invertido en San Diego FC, de la MLS, y en el equipo Alpine de Fórmula 1. Su perfil en los últimos años ha ido creciendo claramente en el ámbito empresarial y de gestión deportiva.
Melbourne parece destinado a ocupar un papel importante en ese futuro. Mata ha explicado que cree en el potencial del fútbol australiano y que quiere participar en su crecimiento. La compra de acciones y su futura presidencia del comité de fútbol del Victory convierten su despedida como jugador en algo muy distinto a una ruptura.
Si finalmente decide retirarse, lo hará después de una última temporada muy distinta a la habitual despedida de una estrella veterana. En lugar de desaparecer progresivamente del primer plano, cerró el curso siendo el mejor jugador de la competición.
Juan Mata deja Melbourne Victory, pero no Melbourne. Y quizá tampoco el fútbol. Simplemente parece estar preparándose para vivirlo desde otro lugar.
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