Españoles por el mundo
Mongolia. El entrenador gallego que ha conquistado el fútbol de Mongolia
Mario Peso, entrenador nacido en Puente Caldelas, se ha proclamado campeón de la liga de Mongolia con el FC Ulaanbaatar dos meses después de aterrizar en el país. Es la última parada de una carrera construida a base de billetes de avión: China, Emiratos, Tailandia, Taiwán, Zambia y ahora la estepa.
Hay una imagen que resume mejor que cualquier estadística lo que ha vivido Mario Peso (Puente Caldelas, 1993) en los últimos tres meses: un partido disputado a 27 grados un sábado y, al día siguiente, un entrenamiento bajo la nieve. En Mongolia el termómetro no negocia, y tampoco lo hizo la clasificación: el FC Ulaanbaatar cerró la temporada con 10 puntos de ventaja sobre su perseguidor y el título en el bolsillo con tres jornadas todavía por disputarse. Al frente del banquillo, un técnico español que llegó al país en abril sin apenas referencias de él y que dos meses y medio después ya era campeón.
La historia tiene ingredientes que rara vez conviven en un mismo reportaje: la estepa mongola, una compañía cervecera centenaria como propietaria del club, un vestuario con jugadores que compaginan el fútbol con un segundo empleo, y un entrenador gallego que antes de aterrizar en Ulán Bator había pasado por China, Emiratos Árabes, Tailandia, Taiwán y, brevemente, Zambia. Mongolia no estaba en ningún plan. Fue, como casi todo en esta profesión, una llamada que llegó en el momento justo.
Un país que cabe entero en su capital
Antes de hablar de fútbol hace falta situar el escenario, porque Mongolia no es un destino habitual ni siquiera para los entrenadores españoles más trotamundos. Es, según los datos demográficos disponibles, uno de los países con menor densidad de población del planeta: buena parte de su territorio son estepas y el desierto de Gobi, y aproximadamente la mitad de sus cerca de 3,5 millones de habitantes vive concentrada en Ulaanbaatar, la capital. Fuera de ella, los núcleos de población son pequeños y una parte de los mongoles —los dedicados a la ganadería y la agricultura— mantiene un estilo de vida seminómada, desplazándose varias veces al año entre las tradicionales ger, las estructuras circulares y blancas que Peso describe como «bastante curiosas».
«Al llevar tanto tiempo en Asia cada vez me sorprende y me llama la atención menos cosas», cuenta Peso sobre su llegada. Lo que se encontró fue una capital «bastante cosmopolita», con edificios de aire soviético conviviendo con construcciones modernas, un tráfico caótico —»a veces compensa ir andando antes que coger un taxi»— y, a las afueras, el vacío del desierto. El país no comparte fronteras más que con dos vecinos colosales, China y Rusia, una posición geopolítica que ha condicionado históricamente su economía y su cultura, aunque ese contexto queda, en la charla con Peso, en un segundo plano frente a lo cotidiano: el clima.
Y el clima, en Mongolia, es casi un personaje. Los inviernos bajan hasta los 30 o 40 grados bajo cero, una condición que obliga a la federación mongola a disponer de un campo cubierto a hora y media de la capital para pretemporadas de invierno. Mario Peso llegó en abril, todavía con frío del bueno —»tuvimos un día de menos 15 con una nevada increíble»— y experimentó en pleno verano ese salto brusco de temperatura que solo entiende quien vive allí: partido a 27 grados un día, entrenamiento bajo la nieve al siguiente.
El club de la cervecera y el título de debutante
El FC Ulaanbaatar, el club de Mario Peso, tiene una singularidad dentro del fútbol mongol: nació ya siendo protagonista. Fundado en 2010 y debutando en la máxima categoría en 2011, se proclamó campeón en su primera temporada en el fútbol profesional del país, una hazaña poco frecuente que, según cuenta el propio Peso, contrasta con la fragilidad habitual de otros proyectos mongoles. «Aquí hay algunos clubes que también por motivos económicos duran dos, tres años, el inversor se aburre de poner el dinero o no se consiguen los objetivos», explica. El Ulaanbaatar, en cambio, es de los que llevan más tiempo instalados en la Primera División.
Detrás está APU Company, una de las compañías más antiguas y grandes de Mongolia, fundada en 1924 y dedicada a la producción de bebidas y lácteos —vodka, cerveza, agua, zumos— que hoy exporta a mercados como China, Rusia, Corea del Sur o Estados Unidos. Es, en cualquier caso, el respaldo económico que explica por qué el Ulaanbaatar puede competir con regularidad entre los cuatro o cinco clubes fuertes de una liga de nueve equipos, muy lejos todavía del historial del Erchim, el club más laureado del país con más de una decena de títulos.
En la liga mongola, cuenta Peso, casi todos los clubes de Ulán Bator comparten instalaciones, algo que da lugar a situaciones que en cualquier otra liga resultarían insólitas. «En el entrenamiento prepartido, estábamos haciendo el balón parado y un jugador me dice: ¿ves esos chicos de allí? Y yo, sí. Pues esos son los jugadores contra los que nos enfrentamos mañana», recuerda entre risas.

De Puente Caldelas a los banquillos de media Asia
Mario Peso no fue futbolista profesional. Empezó jugando en su pueblo, en la Sociedad Deportiva Cultural Puente Caldelas, y pronto entendió que el fútbol de élite como jugador no era su camino. Ahí nació la idea de convertirse en entrenador, una decisión que con los años lo ha llevado a acumular experiencia en China, Emiratos Árabes Unidos, Tailandia y, durante dos años y medio, en el Taipei taiwanés junto a Abel Lorenzo y Pacho Oliveira. Después de esa etapa larga llegó un breve proyecto en Zambia, de apenas dos meses, y finalmente Mongolia.
«Tenemos jugadores que desgraciadamente pierden sesiones de entrenamiento por su trabajo, por motivos laborales, y eso también dificulta un poco el desarrollo del fútbol aquí en el país» – Mario Peso
El contacto se produjo, cuenta, casi por casualidad. En Taipei conoció a un agente eslovaco, Marian, con quien coincidió en un café junto a Abel. Meses después fue ese mismo agente quien le avisó de que un club mongol buscaba entrenador. Peso mandó su currículum, el director deportivo del Ulaanbaatar lo llamó personalmente y en menos de una semana estaba volando hacia Ulán Bator. Aterrizó el 18 de abril; el primer partido de la segunda vuelta de la liga era el 25.
Llegaba, además, a una situación delicada dentro del vestuario: el técnico local que dirigía al equipo pasaba a ser su segundo. «Antes de venir sí que podría suponer un riesgo cómo ese entrenador se adaptase o se gestionase con mi llegada», admite Peso. La convivencia, sin embargo, funcionó desde el principio: «Siempre apoyando, siempre intentando mejorar, siempre preguntando. Un chico muy curioso. Y a pesar de que su nivel de inglés no es muy alto, creo que nos hemos coordinado muy bien».
Entrenar a las siete de la mañana para que todos puedan venir
El día a día de Mario Peso como entrenador está condicionado por algo que en el fútbol profesional europeo resultaría impensable: parte de sus jugadores no viven solo del fútbol. «Tenemos jugadores que desgraciadamente pierden sesiones de entrenamiento por su trabajo, por motivos laborales, y eso también dificulta un poco el desarrollo del fútbol aquí en el país», explica. La solución, pactada con el otro entrenador y con la propia plantilla, ha sido entrenar muy temprano —siete o siete y media de la mañana— o ya de noche, a partir de las ocho o las nueve, para que quien trabaja pueda encajarlo entre jornada y jornada.
El nivel dentro del vestuario, cuenta, es más alto de lo que su procedencia futbolística podría anticipar: jugadores con experiencia en la selección nacional conviven con futbolistas más jóvenes todavía un escalón por debajo. Solo un extranjero completa la plantilla del Ulaanbaatar, un jugador japonés, frente a los cuatro fichajes foráneos de rivales como Central Stallions o Khangarid, equipos con mayor capacidad económica para reforzarse fuera de Mongolia.
La ambición, sin embargo, no es uniforme. Peso se ha encontrado «un poco de todo»: jugadores jóvenes que sueñan con la selección nacional con «la máxima ilusión» y veteranos que, convocados, declinan acudir por motivos personales o laborales sin que aparentemente les preocupe demasiado. «Me encontré un mítico jugador veterano que ya estuvo en la selección, que ahora prioriza otros asuntos personales o profesionales, y jugadores jóvenes con mucha ambición de salir y de que el fútbol en Mongolia realmente mejore», resume.
El título llegó, finalmente, con una contundencia que no dejó margen de discusión: diez puntos de ventaja sobre el segundo clasificado y con tres jornadas todavía pendientes cuando se certificó matemáticamente.
Baloncesto, lucha y carreras de caballos: el fútbol, en un segundo plano
Una de las claves para entender el contexto en el que se ha producido esta conquista es que el fútbol, en Mongolia, no es ni de lejos el deporte rey. «La lucha mongola, tiro con arco, carrera de caballo son deportes más populares. Y a nivel colectivo, el baloncesto», detalla Peso, que explica que a los jugadores del Ulaanbaatar apenas los reconocen por la calle, salvo en el entorno inmediato del estadio nacional, donde conviven jugadores locales y extranjeros. Nada que ver con el estatus de estrella que tendría un futbolista de su nivel en otros países asiáticos.
Ese perfil bajo convive con una vida cotidiana que Peso describe con sencillez: comida «barata» y, a su juicio, «rica», con un sabor de la carne algo más intenso que en otros lugares donde ha vivido, y una ciudad, Ulán Bator, en la que se siente «muy cómodo» pese al tráfico y las distancias. Sobre la afición futbolística mongola en general, apunta también un condicionante estructural que atraviesa buena parte del fútbol asiático: la exigencia académica. «La educación en Asia es muy estricta, entonces eso también le quita formación a los niños porque no disponen de tiempo suficiente para entrenar», razona, una reflexión que enlaza con su propia experiencia en Taiwán, donde vio a jóvenes con talento abandonar el fútbol al llegar a la universidad por falta de tiempo o por la presión familiar hacia los estudios.
Qué viene después
Con el título ya en el palmarés del club, la pregunta obligada es qué sigue. Mario Peso, de momento, no tiene nada cerrado: «Estamos en conversaciones con el tema de la renovación, pero de momento no hay nada cerrado, así que a esperar con calma a ver lo que sucede para la temporada que viene». No es la primera vez que un entrenador español se instala en el fútbol mongol —Rodrigo Hernando, malagueño de formación y burgalés de origen, ya dirigió al Ulaanbaatar City FC en 2016— pero sí es, de momento, quien lo ha hecho con un título de liga bajo el brazo en su primera media temporada allí.
Españoles por el mundo
Fichajes. De electricista a verdugo del Real Madrid: quién es Jefté Betancor, nuevo ‘9’ de Las Palmas
El delantero grancanario, físico como un ariete pero con vocación de asociarse y salir del área, regresa a la UD Las Palmas tras una carrera que lo llevó por Austria, Rumanía, Chipre y Grecia. Antes de todo eso, con solo 24 años, estuvo a punto de dejar el fútbol para siempre.
La UD Las Palmas acaba de fichar a un delantero extraño. Lo dice, de hecho, él mismo: por físico —1,87 metros, envergadura de rematador— cualquiera lo encasillaría como un ‘9’ de referencia, de esos que viven del juego aéreo y de estar de espaldas a portería. Jefté Betancor es justo lo contrario. Le gusta tener el balón en los pies, asociarse con sus compañeros y salir del área para tocar el juego. Un delantero atípico que ha terminado firmando hasta 2029 con el club de su tierra.
Pero lo más sorprendente de Jefté Betancor no es cómo juega. Es todo lo que ha tenido que atravesar para volver a casa.
El chico que rozó el primer equipo y acabó en Preferente
El público general lo descubrió el pasado mes de enero, cuando dos goles suyos —el segundo en el minuto 94— eliminaron al Real Madrid de la Copa del Rey en el debut de Álvaro Arbeloa como entrenador blanco. Pero la historia de Jefté Betancor Sánchez, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 6 de julio de 1993, empezó mucho antes.
Formado en el Unión Viera y en el Vecindario, con 17 años fue invitado por el Real Madrid a un campus juvenil y llegó a sonar en las categorías inferiores del Hércules. De ahí pasó por un rosario de filiales y equipos modestos —Ontinyent, Tenerife B, Eldense, Badajoz— hasta recalar en Las Palmas Atlético entre 2015 y 2017, donde llegó a ser convocado en dos ocasiones por Quique Setién con el primer equipo sin llegar a debutar. Cedido después en Arandina y San Fernando, regresó al Unión Viera en 2017, ya en categoría Preferente, muy lejos del fútbol profesional con el que había soñado.
Fue entonces, con apenas 24 años, cuando estuvo a punto de dejarlo todo. El propio Betancor lo ha reconocido públicamente: dejó el fútbol durante seis meses y se puso a trabajar de electricista en su barrio para despejar la cabeza. «Mi cabeza no estaba bien», ha explicado. Con la ayuda de su familia y de un psicólogo, decidió volver a intentarlo. Aquel no fue el final de su historia, sino el punto de partida de todo lo que vendría después.
Austria, la puerta de una carrera nómada
En vez de rendirse, Jefté hizo las maletas. En 2018 firmó por el modesto ATSV Stadl-Paura austriaco, en Tercera división, y un año después dio el salto al Mattersburg, con el que debutó en la Bundesliga austriaca. Una cesión al Vorwärts Steyr y un paso por el SV Ried completaron su etapa en el país alpino, donde llegó a sumar 16 goles en una sola temporada, suficiente carta de presentación para seguir escalando.
De Austria saltó a Rumanía en 2020, primero al FC Voluntari y después, en la temporada 2021-22, al Farul Constanța. Fue allí donde su carrera despegó definitivamente: 16 goles en la fase regular, título de mejor jugador extranjero del campeonato y el reconocimiento de la prensa rumana como futbolista revelación del año, con 19 tantos en el cómputo del año natural. Y hay una anécdota que lo explica todo sobre aquel fichaje: quien lo llamó personalmente para convencerlo de firmar por el Farul fue Gheorghe ‘Gica’ Hagi, leyenda del fútbol rumano, exjugador de Real Madrid y Barcelona y copropietario del club de Constanța. Jefté siempre ha señalado a Hagi como el mejor entrenador que ha tenido.
Aquel rendimiento le abrió las puertas del CFR Cluj, entonces pentacampeón rumano, con el que debutó en rondas previas de Champions League y Conference League. A mitad de aquella etapa, en enero de 2023, se marchó cedido al Pafos FC de Chipre, club donde por entonces ejercía como director técnico otro español ilustre: Gaizka Mendieta, extécnico centrocampista de Valencia y Lazio, que dirigía la operativa futbolística del conjunto chipriota entre 2022 y 2023.
La venda que no se quiso quitar
Tras un breve regreso al CFR Cluj —contrato resuelto de mutuo acuerdo tras un desencuentro con la dirección deportiva del club—, Jefté firmó en enero de 2024 por el Panserraikos griego. Allí vivió la temporada más determinante de su carrera. En un partido sufrió un corte en la cabeza y empezó a jugar con una venda; encadenó diez jornadas consecutivas marcando gol, una racha que lo convirtió en el primer español en lograrlo en la Superliga griega. La herida cicatrizó enseguida, pero él decidió no quitarse la venda: pensaba que le daba suerte, y su madre —cuenta Jefté— le insistía en conservarla porque así lo reconocía mejor cuando lo veía por televisión.
Cerró aquella temporada 2024-25 con 19 goles en 30 partidos de liga —21 en 33 si se suma la copa griega—, proclamándose pichichi de la Superliga por delante de nombres como Ayoub El Kaabi, del todopoderoso Olympiacos, o su compatriota Loren Morón, del Aris. Un botín goleador que representaba casi la mitad de los goles de todo su equipo, que había acabado la fase regular en la undécima posición de catorce.

Ese rendimiento despertó el interés de varios grandes del fútbol griego, y en enero de 2025 el Olympiacos pagó 500.000 euros por hacerse con sus derechos, aunque terminó cediéndolo de vuelta al Panserraikos para acabar la temporada.
Con el Albacete, la explosión definitiva en España
En agosto de 2025 el Olympiacos volvió a cederlo, esta vez al Albacete Balompié, de la LaLiga Hypermotion. Allí completó una campaña notable: 18 goles en 43 partidos entre liga y Copa del Rey. El punto álgido llegó el 14 de enero de 2026, en los octavos de final de la Copa del Rey: entró desde el banquillo en el minuto 58 con el marcador 1-1 y firmó un doblete —gol en el 82′ y otro en el minuto 94, ya en el tiempo añadido— que certificó la eliminación del Real Madrid por 3-2, en el debut de Álvaro Arbeloa como entrenador blanco tras la salida de Xabi Alonso.
«Es lo más grande que me ha pasado en el fútbol. Son las cosas con las que sueña uno cuando es pequeño. Hoy se ha dado y estoy muy feliz porque hemos trabajado como cabrones para eliminar a uno de los mejores equipos del mundo», declaró tras el partido, todavía con la emoción del momento. Fue, para un futbolista que nueve años antes trabajaba de electricista sin saber si volvería a los terrenos de juego, una de esas noches que justifican una carrera entera.
De vuelta a casa, con contrato hasta 2029
El Albacete no ejecutó la opción de compra por la elevada cantidad pactada con el Olympiacos, y el futuro de Jefté quedó en manos de una negociación entre el club griego y la UD Las Palmas, que se prolongó varias semanas del pasado mercado de verano pese al interés de otros equipos de Segunda, como el Real Oviedo. Finalmente, este mismo mes de julio de 2026, el club amarillo cerró el traspaso con Olympiacos y Jefté Betancor firmó hasta el 30 de junio de 2029.
Vuelve a un club en el que nunca llegó a debutar con el primer equipo, para cubrir ahora, con Rubén de la Barrera en el banquillo, la baja por lesión de Sandro y compartir la punta de ataque con Jesé Rodríguez. «Con su incorporación, la UD Las Palmas suma a un futbolista con profundo sentimiento de pertenencia hacia la isla y el club, que afronta esta nueva etapa con la ilusión de defender la camiseta amarilla en el equipo de su tierra», señaló el club en el comunicado oficial de su fichaje.
Ocho años después de plantearse dejarlo todo, Jefté Betancor vuelve a Gran Canaria convertido en pichichi de una liga europea y verdugo del Real Madrid. A veces, parece decir su historia, hace falta marcharse muy lejos para acabar cumpliendo el sueño que siempre tuviste de niño.
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Españoles por el mundo
IVB. El leonés que convirtió el fútbol en una vuelta al mundo ficha por su 17º país
José Pedrosa Galán, el futbolista español que más países ha visitado a lo largo de su carrera, firma por el Virgin Gorda United de las Islas Vírgenes Británicas. Disputará la CFU Club Shield en Trinidad y Tobago frente a clubes de medio Caribe.
Mientras la mayoría de futbolistas piensa en la retirada al llegar a los 40, José Pedrosa Galán sigue haciendo lo que lleva haciendo desde que salió de León hace más de dos décadas: sumar países a su carrera. Su último destino es Virgin Gorda United, un club de las Islas Vírgenes Británicas con el que ha firmado este mes de julio.
El dato con el que se suele presentar a Galán, y que sus propios seguidores repiten como una curiosidad casi imposible de creer, es el de los países en los que ha jugado. Contando su último destino, Islas Vírgenes Británicas, el número asciende a 17: España, Tailandia, Indonesia, Austria, Jordania, Chipre, Rumanía, Finlandia, Andorra, Hong Kong, Qatar, Arabia Saudí, Canadá, Gibraltar, Italia, Costa de Marfil y las propias IVB. Lo cierto es que ningún futbolista español en activo se le acerca en este terreno.
Un club con guiño español en pleno Caribe
Hay un detalle en este fichaje que parece escrito para la ocasión: Virgin Gorda United tiene su sede en Spanish Town, una localidad de la isla de Virgin Gorda cuyo nombre se traduce, literalmente, como «Ciudad Española». El club, fundado a comienzos de los 2000, juega en la BVIFA National Football League, la máxima categoría del fútbol de las Islas Vírgenes Británicas, de la que además se proclamó campeón en la temporada 2024-25.
Ese título, unido a la segunda posición lograda en la 2025-26, es lo que ha llevado al equipo a la CFU Club Shield 2026, la segunda competición de clubes más importante del Caribe, organizada por la Unión de Fútbol del Caribe (CFU) y que se disputa en Trinidad y Tobago entre el 23 de julio y el 2 de agosto.
El formato es de eliminación directa entre 22 clubes, y el ganador y el subcampeón obtendrán plaza para la Copa del Caribe de la Concacaf 2026. Virgin Gorda United debuta en la primera ronda ante el Elite Sports Club de las Islas Caimán, un cruce que abre el camino hacia un cuadro en el que ya esperan, con plaza asegurada en rondas posteriores, representantes de Jamaica (Mount Pleasant FC), Haití (Baltimore SC), República Dominicana (Delfines del Este), Surinam (SV Robinhood) y Trinidad y Tobago (Prisons Service FC), además de equipos de Curazao, Puerto Rico, Aruba, Barbados y Antigua y Barbuda.
Un trotamundos que no encaja en ningún recuento fácil
Formado en las categorías inferiores del Atlético de Madrid y con paso por el filial de la UD Almería, el CD Toledo y la Cultural y Deportiva Leonesa, Galán empezó a construir su identidad futbolística fuera de España a partir de 2011, cuando fichó por el Chainat FC tailandés. Desde entonces, su carrera ha sido una sucesión casi ininterrumpida de ligas exóticas: Indonesia, Austria, Jordania, Chipre, Rumanía, Finlandia, Hong Kong, Qatar, Arabia Saudí y Canadá, donde llegó a jugar en el Valour FC de la Canadian Premier League, son solo algunas de las paradas de un itinerario que también ha pasado, más recientemente, por Gibraltar (en el Manchester 62 ejerció como futbolista-entrenador), Italia (Novoli Calcio) y Costa de Marfil, donde consiguió un ascenso con el Zota FC.
A pesar de su constante itinerancia, algo que no ha cambiado con los años es su manera de entender la profesión. Mientras la inmensa mayoría de futbolistas construye toda su trayectoria en un único país, o como mucho en dos o tres, Galán ha convertido cada fin de contrato en la posibilidad de un nuevo mapa. Ahora, a los 40 años, en lugar de colgar las botas y disfrutar del fútbol frente al televisor, las cuelga en una maleta rumbo al Caribe, a un club que juega en una ciudad que lleva, para más señas, el nombre de su propio país.
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