Españoles por el mundo
Eric García, Nabil Touaizi, Iker Pozo y Brahim Díaz, a la gira City por Estados Unidos
Los cuatro jóvenes futbolistas españoles estarán a las órdenes de Pep Guardiola durante la gira del Manchester City por Estados Unidos.
Cuatro futbolistas españoles participarán en la gira del Manchester City por Estados Unidos y ninguno de ellos es David Silva, que ultima sus vacaciones después de participar en el Mundial de Rusia con España. Eric García (2001), Nabil Touaizi (2001), Iker Pozo (2000) y Brahim Díaz (1999) serán los jugadores que pongan acento español al stage de pretemporada del cuadro ‘sky blue’, que disputará tres partidos amistosos en suelo estadounidense.
Eric García trabajará a las órdenes de Guardiola apenas dos meses después de capitanear a la selección española sub-17 en el Europeo de Inglaterra, un torneo en el que también participó el delantero español de origen marroquí Nabil Touaizi. Iker Pozo, por su parte, afronta su séptima temporada en el Manchester City, club al que llegó en 2012 procedente de la cantera del Real Madrid. El andaluz aún no ha debutado con el primer equipo, un estreno que podría llegar pronto después de el gran nivel mostrado la pasada temporada en la Youth League.
El más veterano de la pequeña ‘Armada española’ que viajará a Estados Unidos con el Manchester City es Brahim Díaz, que ya ha disputado 11 partidos con el primer equipo ‘citizen’. El malagueño es el que más posibilidades tiene para hacerse un hueco en la primera plantilla, aunque la competencia en ataque podría provocar que salga cedido con el objetivo de sumar minutos en el primer nivel. Los amistosos ante Borussia Dortmund (20 de julio, Chicago), Liverpool (25 de julio, New York), y Bayern de Múnich (28 de julio, Miami) podrían ser un gran escaparate.
Our US Tour travelling squad in full! ⚽️🇺🇸 #mancity pic.twitter.com/DjXX9hKHfl
— Manchester City (@ManCity) 17 de julio de 2018
Españoles por el mundo
Bosnia. David Muslera, de las críticas a conquistar Sarajevo: “Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil será mantenerse”
David Muslera llevaba más de dos décadas buscando una oportunidad en una primera división. El Željezničar se la dio entre cientos de críticas y, apenas unas semanas después, el técnico español conquistó el derbi de Sarajevo y escuchó a Grbavica corear su nombre.
Cuando David Muslera llegó al Željezničar, hizo algo que ahora reconoce que probablemente no debería haber hecho: abrir las redes sociales.
Su fichaje acababa de ser anunciado y el recibimiento virtual distaba mucho de ser una bienvenida. El Željo, uno de esos clubes en los que la historia pesa tanto como el presente, había entregado su banquillo a un entrenador madrileño de 40 años que llegaba desde la segunda división de Lituania y que nunca había dirigido en una máxima categoría.
La reacción fue inmediata.
“Hubo cerca de mil comentarios y ninguno bonito. Alguno habría positivo, pero la inmensa mayoría eran críticas”, recuerda Muslera. Las preguntas se repetían con diferentes palabras: “¿Quién eres? ¿Dónde has trabajado? ¿Vienes de la segunda división lituana? ¿No eres de los Balcanes?”.
Menos de dos meses después, la escena era radicalmente distinta.
Željezničar acababa de ganar 2-0 al Sarajevo en el derbi de la capital bosnia. Grbavica celebraba, los futbolistas se dirigían hacia la grada y Muslera terminó compartiendo el festejo con los Manijaci, la ruidosa hinchada del Željo. El entrenador al que una parte importante de la afición había recibido con desconfianza escuchaba ahora cómo el estadio coreaba su nombre.
“Qué bonito es hacer feliz a la gente. Había visto vídeos y había escuchado historias, pero vivir esto personalmente es increíble. Es difícil explicarlo con palabras”.
Entre una imagen y otra apenas habían pasado unas semanas.
Y ahí está, probablemente, la mejor manera de explicar qué significa entrenar al Željezničar.
Un gigante que todavía mira hacia su pasado
Muslera sabía que llegaba a un club grande. Lo que no podía calcular desde fuera era cuánto.
Fundado en 1921 por trabajadores ferroviarios, el Željezničar no es únicamente uno de los equipos más populares de Bosnia y Herzegovina. Su historia pertenece también al viejo fútbol yugoslavo. Fue campeón de Yugoslavia en 1972 y en 1985 se quedó a las puertas de disputar una final europea: alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y un gol del Videoton en los últimos minutos evitó que se enfrentara al Real Madrid por el título.
Ya en la Bosnia independiente ganó seis campeonatos nacionales. El último, sin embargo, llegó en 2013.
Ese pasado explica buena parte de la exigencia actual.
“A mí me recuerda mucho a lo que era el Atlético de Madrid en su día”, explica Muslera. “Históricamente es un equipo muy grande, pero está pasando por momentos difíciles y los aficionados viven un poco en aquella época. Entiendo ese furor, pero tenemos que ser realistas con la situación actual. Roma no se construyó en un día”.
La paradoja del Željo es precisamente esa. Tiene una masa social y una historia que obligan a pensar en grande, pero atraviesa un proceso de reconstrucción que necesita algo que el fútbol rara vez concede: tiempo.
“Necesitamos que la gente crea. Y necesitamos tiempo, que en el fútbol ya sabes que no existe”.
Firmó por un club y tres días después estaba en otro país
La manera en la que Muslera llegó a Sarajevo resulta casi tan extraña como su recibimiento.
Después de año y medio al frente del BFA lituano había decidido aceptar la propuesta del Jonava, también de la segunda categoría del país. Buscaba estabilidad. Un contrato de año y medio, continuidad y la posibilidad de seguir avanzando en una carrera construida casi siempre lejos de los focos.
Firmó.
Se mudó de Vilna a Jonava.
Y prácticamente cuando acababa de instalarse sonó el teléfono.
“Estuve en Jonava tres días. Ni siquiera dirigí un entrenamiento porque nos pilló durante el parón de verano. Fue todo rapidísimo”.
Željezničar había iniciado un proceso de selección para encontrar entrenador. La dirección del club estudió diferentes perfiles locales y regionales antes de apostar por el español, una elección especialmente atrevida en un entorno tradicionalmente acostumbrado a técnicos balcánicos y con experiencia en la zona.
Para Muslera no había decisión posible.
“Era uno de los clubes más importantes de Bosnia y significaba dar el salto a Primera División. Es una oportunidad a la que no puedes decir que no”.
Jonava permitió su salida mediante una compensación y el español cambió la segunda división lituana por uno de los banquillos con mayor presión de Bosnia sin haber llegado siquiera a debutar con su nuevo equipo.
“Hubo un poquito de guasa allí en Lituania”, admite entre risas.
“Las primeras 48 o 72 horas no fueron nada fáciles”
En Sarajevo no se reía tanta gente.
Muslera era consciente de que su currículum no respondía al prototipo de entrenador que los seguidores esperaban ver al frente del Željezničar. No era una vieja gloria del fútbol yugoslavo, tampoco un técnico reputado de la región.
“Dada la masa social que tiene el club, la apuesta que hicieron por mí fue muy arriesgada. No porque no confíe en mí mismo, sino porque aquí están acostumbrados a entrenadores de los Balcanes y a entrenadores con nombre”.
Leyó las críticas.
Demasiadas.
“Fue lo peor que pude hacer”.
Pero existe un punto de orgullo competitivo en Muslera que aparece varias veces durante la conversación.
“Estas cosas me motivan. Cuanto más difícil es y más críticas hay, más esfuerzo le pongo y más me gusta trabajar. Suena feo eso de callar bocas, pero es la realidad. Cada año me gusta trabajar más duro, pero este incluso más”.
No tardó en comprender que la presión digital podía trasladarse también a la calle.
El Željezničar perdió 0-3 frente al Sloboda en el último amistoso de pretemporada. Aquella noche Muslera decidió salir a cenar. Escuchó varios comentarios alrededor y cambió de planes.
“Me dije: ‘David, vete al hotel, pide algo de comida y cena allí’”.
Las semanas posteriores fueron suavizando el ambiente. Llegaron los primeros resultados, las fotografías por la calle y los niños que se acercaban al entrenador.
“Las críticas vienen más por las redes sociales, porque detrás de una pantalla es sencillo criticar. En persona ha habido mucha más gente simpática y agradable. Y que vaya un niño por la calle, te vea con una sonrisa de oreja a oreja y diga: ‘¡El entrenador! ¿Me puedo sacar una foto?’, para mí no tiene precio. Yo no hace tanto era ese niño que esperaba a la puerta de las instalaciones para pedir fotos y autógrafos”.
La primera noche en Grbavica: “Se me caía el lagrimón”
Hay otra escena que permite entender por qué Muslera soportó aquella primera tormenta.
Su debut oficial en Grbavica.
Unos 7.000 espectadores ocupaban las gradas pese a que parte del estadio se encontraba en obras. El español salió al césped y escuchó cantar a la afición.
Había visto vídeos. Había buscado imágenes del estadio. Le habían hablado del ambiente.
No era lo mismo.
“Lo más emocionante fue antes del partido, con toda la gente cantando. Pensaba: estás viviendo un sueño para el que llevas trabajando muchos años. Se me caía el lagrimón”.
Tenía un pequeño problema.
“Había cinco periodistas con las cámaras apuntándome y pensaba: ‘David, trata de controlarte’”.
No exagera cuando habla de los años invertidos.
Muslera empezó a entrenar en 2002, cuando todavía era futbolista, en las categorías inferiores del Porta Bonita madrileño. Después pasó por estructuras formativas de Atlético de Madrid, Leganés, Getafe e Illescas, entre otros. Se sacó las licencias entre 2007 y 2009 y pasó años tratando de abrirse camino en un ecosistema español en el que, a su juicio, alcanzar los banquillos profesionales resulta especialmente complicado para quien no arrastra un pasado como futbolista de élite.
Hubo incluso un momento en el que se alejó temporalmente del fútbol.
“A la tercera semana estaba que me subía por las paredes. Es un matrimonio de larga duración”.
La puerta terminó apareciendo lejos de Madrid.
Unas vacaciones que terminaron convirtiéndose en cuatro años
Pablo Ríos Freire, amigo de Muslera desde la universidad y compañero suyo en diferentes etapas en Madrid, había iniciado una aventura en Lituania. A través de él apareció la posibilidad de viajar al país.
En principio, de vacaciones.
“Fui para una semana y dos días antes de terminar el club me ofreció hacer una prueba. Después de esa prueba conseguí el contrato. Y así empezó la historia en Lituania”.
La semana se convirtió en casi cuatro años.
Primero trabajó en formación. Ganó competiciones juveniles, fue asistente, dio el salto al fútbol sénior con el Ekranas y posteriormente dirigió al BFA. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en el trampolín que necesitaba.
Muslera sostiene que para determinados entrenadores españoles el extranjero no es una aventura, sino prácticamente la única vía para acelerar una carrera.
“Si no eres un futbolista famoso, romper la barrera de Primera RFEF considero que es complicado. Una cosa es ser futbolista y otra totalmente diferente ser entrenador. Haber sido jugador te puede dar más soltura para manejar un vestuario, pero entrenar no es solo manejar un vestuario. Es un proceso mucho más largo”.
Por eso su futuro, al menos por ahora, tampoco pasa necesariamente por regresar.
“Me encantaría trabajar en España. Es mi país, mi gente y todo el ambiente que hay alrededor. Pero si me preguntas personalmente, de momento no lo tengo previsto. Prefiero seguir fuera”.
Bosnia representa un escalón más.
“Vengo de Lituania, donde el seguimiento es más reducido. Estar en una Primera División como la bosnia puede abrirte las puertas de otros países, por ejemplo Croacia. Yo espero estar aquí muchos años, pero también se trata de ir abriendo nuevos mercados”.
“Aquí es como si estuviera jugando el Mundial”

Existe cierta tendencia a medir todas las ligas europeas utilizando las cinco grandes como referencia. Muslera no niega la evidente diferencia futbolística con España, pero introduce otro parámetro que normalmente resulta invisible desde fuera.
La exigencia.
“Desde España podemos ver que el nivel respecto a Primera División obviamente es más bajo. Pero en cuanto a exigencia, a todo lo que tienes que afrontar, a lo que te pide la afición y a la presión, no cambia. Cambia el nivel futbolístico, pero el nivel de exigencia no”.
Hace una pausa y encuentra una comparación.
“Aquí estoy jugando el Mundial”.
En Željezničar cada derrota pesa. Después de uno de sus primeros partidos recordó una máxima que había escuchado durante su formación como entrenador: “Ganan los jugadores y pierde el entrenador”.
Bosnia también le ha sorprendido por la dimensión que adquiere cualquier movimiento alrededor de los clubes. Durante una jornada aplazada decidió desplazarse a Mostar para ver personalmente a varios rivales.
Para él era simple trabajo.
En Bosnia se convirtió en noticia.
“En los primeros diez minutos del partido me llegaron 15 o 20 mensajes. Salió hasta en televisión que el entrenador del Željo estaba viendo partidos. Para mí era lo más normal del mundo. Si tengo la posibilidad de ver al rival personalmente, ¿por qué voy a mandar a mi segundo?”.
Luis Aragonés, Guardiola y Luis Enrique
Muslera llega desde España y no reniega de determinados rasgos asociados a la escuela española.
Cuando se le pregunta por sus referencias aparece primero Luis Aragonés.
“Para mí fue el primero. Creo que el cambio en la historia del fútbol español empezó con él”.
Después Pep Guardiola.
“¿Quién no disfrutaba con aquel Barcelona?”.
Y finalmente Luis Enrique.
De los tres extrae una idea general.
“Me gusta el fútbol de posesión, ser protagonista y que la gente disfrute con lo que hacemos”.
Pero inmediatamente introduce un matiz.
“Una cosa es lo que me gusta y otra lo que tienes que hacer. Hay que adaptarse a la plantilla y entender que cada partido es un mundo”.
Es probablemente una de las primeras lecciones que Bosnia le está obligando a aplicar.
En uno de sus encuentros ante uno de los conjuntos más poderosos del campeonato decidió replegar, reducir espacios y buscar el contraataque.
“Sabía que iba a tener muy poco la pelota”.
Más que imponer una identidad teórica, Muslera quiere construir un equipo capaz de competir.
“Como entrenador veo que las cosas van mejorando. Hay partidos en los que domina el rival, pero esa clase de encuentros tienes que saber jugarlos tácticamente”.
El partido que podía cambiarlo todo
Y entonces llegó el derbi.
Željezničar y Sarajevo no comparten únicamente una ciudad. Comparten una rivalidad nacida hace más de siete décadas y alimentada por dos identidades históricamente diferentes. El Željo nació desde la clase trabajadora vinculada al ferrocarril; Sarajevo apareció después de la Segunda Guerra Mundial convertido rápidamente en el otro gran polo futbolístico de la capital.
Los Manijaci y la Horde Zla transforman cada enfrentamiento en uno de los acontecimientos deportivos del país.
Muslera sabía lo que le esperaba.
O eso pensaba.
Antes de vivir su primer derbi, hablaba de él con una mezcla de curiosidad y respeto.
“Si el ambiente del otro día fue impresionante, por lo que tengo entendido en el derbi no hay palabras para describirlo”.
Hasta evitaba pronunciar el nombre del rival cuando se le preguntaba contra quién se jugaba.
“Si digo el nombre me van a colgar”, bromeaba.
Después lo entendió definitivamente.
Željezničar venció 2-0. Rodrigo Piloto abrió el marcador al comienzo de la segunda parte y Muharem Husković aseguró después una victoria que valía mucho más que tres puntos.
Cuando todo terminó, Muslera trató de explicar lo que acababa de vivir.
“No puedo describirlo con palabras. Había visto vídeos, había escuchado historias, pero vivirlo personalmente es increíble. Gracias a los jugadores y a los aficionados. Desde el principio he dicho que esto es un proceso y que necesitamos tiempo, pero qué bonito es hacer feliz a la gente”.
Después de semanas pidiendo paciencia, el entrenador español había encontrado probablemente el argumento más poderoso que existe para conseguirla: ganar al vecino.
Pero ni siquiera entonces quiso alterar el discurso.
“Siempre tenemos que mejorar porque no somos perfectos. Esto es un proceso y necesita paciencia. Creo que todos podemos ver una gran diferencia respecto al inicio. Y aunque lleguemos a estar bien, tampoco será suficiente. Siempre puedes avanzar, siempre puedes ser mejor”.
También quiso recordar cómo había comenzado la construcción de la plantilla.
“Empezamos la pretemporada con 18 jugadores y siete juveniles. Todos los jugadores son importantes. Todos tendrán su papel y mi trabajo es encontrar qué puede aportar cada uno al equipo. La temporada es muy larga. Todos tendrán su oportunidad, aunque cada vez será más difícil ganarse un puesto entre los once”.
El mensaje encaja perfectamente con todo lo que había explicado antes del partido.
Trabajo. Tiempo. Adaptación.
Y resistencia a la presión.
De “¿quién eres?” a escuchar su nombre en Grbavica
Quizá el fútbol sea demasiado volátil para extraer grandes conclusiones de un derbi.
Muslera lo sabe mejor que nadie.
La victoria sobre Sarajevo no convierte automáticamente al Željezničar en candidato al título ni resuelve un proceso de reconstrucción que sigue teniendo muchas incógnitas. Tampoco borra las dudas que acompañaron la llegada de un entrenador desconocido para buena parte de Bosnia.
Pero sí cambia algo.
Hace apenas unas semanas el español leía centenares de mensajes preguntándole quién era y qué méritos tenía para sentarse en aquel banquillo.
Después del derbi, Grbavica decía su nombre.
“He vivido momentos muy bonitos durante mi carrera, pero que la gente coree mi nombre, aplauda y sea feliz de esta manera no lo había vivido nunca”.
Muslera tardó 24 años desde aquel primer banquillo en las categorías inferiores del Porta Bonita hasta llegar a dirigir en una máxima división.
Firmó por el Jonava buscando estabilidad y se marchó tres días después. Cambió el anonimato relativo de Lituania por una ciudad en la que reconoce que ya prácticamente no existe su vida privada. Llegó entre críticas a un club que sigue comparando su presente con una historia gigantesca. Y en cuestión de semanas descubrió lo que significa perder, ganar y sobrevivir a la exigencia del fútbol bosnio.
Todavía está empezando.
Quizá por eso, entre todas sus frases, hay una que explica mejor que ninguna otra el momento de su carrera.
“Esta es una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo. Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil va a ser mantenerse”.
En Grbavica ya ha superado la primera prueba.
Y no era precisamente pequeña.
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Españoles por el mundo
UCL. Francia destaca la irrupción de Dro Fernández tras su gran noche de Champions
Dro Fernández aprovechó su primera titularidad de la temporada para firmar su mejor partido con el PSG. La prensa francesa destaca el crecimiento del español de 18 años, mientras Luis Enrique ya confirma que seguirá teniendo oportunidades.
Ferran Torres se llevó el balón a casa con su hat-trick y Ousmane Dembélé firmó dos goles y dos asistencias. Sin embargo, la goleada del Paris Saint-Germain frente al Slovan Bratislava dejó también otra noticia especialmente interesante para el fútbol español: el gran partido de Dro Fernández.
El centrocampista gallego, de apenas 18 años, recibió de Luis Enrique su primera titularidad de la temporada y también la primera de su carrera en la Champions League con el PSG. Noventa minutos después, había dejado probablemente su actuación más completa desde que decidió abandonar el Barcelona y poner rumbo a París.
En Francia no ha pasado desapercibido. L’Équipe ha dedicado un análisis específico a su actuación, destacando conceptos como su trabajo táctico, la recuperación de balón y su movimiento constante, aunque señalando también que todavía existen aspectos por pulir.
Es precisamente esa combinación la que convierte el partido ante el Slovan en algo más importante que una buena actuación frente a un rival claramente inferior. Dro empieza a demostrar que puede ser útil de verdad en el PSG.
De la primera ocasión al último gol
Luis Enrique situó a Dro como interior derecho, acompañando a Vitinha y Fabián Ruiz en el centro del campo.
El español tardó tres minutos en aparecer. Dembélé dejó pasar un balón dentro del área y Dro irrumpió desde segunda línea para quedarse prácticamente solo frente al guardameta Dominik Takac. No consiguió marcar, pero la acción adelantó una de las características que marcarían su partido: su facilidad para abandonar la posición inicial y aparecer en zonas ofensivas.
Poco después volvió a generar peligro desde la derecha y su participación también estuvo presente en el segundo tanto parisino. Dro recibió dentro del área y su intento de envío fue desviado antes de que Dembélé apareciera para marcar de cabeza.
Su influencia, sin embargo, fue mucho más allá de esas acciones. El joven español ofreció constantemente una línea de pase, se movió entre el centro del campo y el costado derecho y participó activamente en la presión tras pérdida que permitió al PSG instalarse durante largos periodos alrededor del área eslovaca.
También dejó varias recuperaciones en campo contrario. Una de ellas, antes del descanso, inició una nueva ocasión parisina. Y todavía en el minuto 88 tuvo energía para recibir tras un córner y colocar el balón en el área en la acción que terminó con el sexto gol, obra de Fabián Ruiz.
No marcó ni terminó oficialmente el partido con una gran estadística individual, pero estuvo permanentemente involucrado.
Un perfil que encaja en el fútbol de Luis Enrique
Dro tiene una característica especialmente interesante para el actual PSG: entiende el juego asociativo.
No es un centrocampista que necesite acumular muchos contactos con el balón para sentirse dentro del partido. Puede recibir entre líneas, jugar de primeras, conducir para superar una presión o aparecer sin balón en espacios que han liberado sus compañeros.
Ante el Slovan se entendió especialmente bien con Hakimi y Dembélé en el sector derecho.
En un equipo de Luis Enrique, esa inteligencia resulta fundamental. El PSG cambia continuamente de estructura durante los ataques y exige a sus centrocampistas interpretar dónde está el espacio en cada momento en lugar de limitarse a ocupar una posición fija.
Dro parece sentirse cómodo en ese caos organizado. Tiene técnica para recibir rodeado de rivales, pero también energía para participar en la presión. Y frente al conjunto eslovaco mostró otro aspecto que puede aumentar considerablemente sus posibilidades de jugar: capacidad para recuperar el balón y reaccionar inmediatamente después de una pérdida.
El PSG terminó el encuentro con más del 70% de posesión y realizó 35 disparos. En un partido de dominio prácticamente absoluto, Dro ayudó a que el balón regresara una y otra vez a los pies parisinos.
De promesa de La Masia a competir por minutos en el campeón de Europa
Su crecimiento resulta todavía más significativo si se recuerda dónde estaba hace unos meses.
Dro Fernández nació en Nigrán en 2008 y se incorporó al Barcelona en 2022. Su progresión fue rapidísima. Con apenas 16 años ya competía con el Juvenil A y tuvo un papel relevante en el equipo que conquistó la UEFA Youth League en 2025.
El Barcelona veía en él una de las grandes promesas de La Masia, pero el futbolista entendió que su camino hacia la élite podía ser más rápido lejos de Catalunya.
En enero de 2026 apareció el PSG. El conjunto francés pagó alrededor de ocho millones de euros por su fichaje —por encima de una cláusula situada en seis millones— y le firmó un contrato hasta 2030.

Luis Enrique fue un factor importante en su decisión.
Su incorporación no implicó, sin embargo, una entrada inmediata en el once. El técnico asturiano siempre insistió en que debía tener paciencia con un futbolista todavía en pleno proceso de formación.
Dro debutó con el PSG en febrero frente al Olympique de Marsella y fue sumando apariciones durante la segunda mitad de la temporada. Acabó su primer curso en París formando parte de una plantilla que conquistó la Ligue 1 y la Champions League, aunque con un papel todavía secundario.
Durante la pretemporada de este verano comenzó a apreciarse un cambio. Luis Enrique le dio dos titularidades y el español respondió, entre otras cosas, con una asistencia frente al Manchester United. Ya iniciada la competición había participado desde el banquillo contra Lille y Mónaco antes de recibir ante el Slovan la mayor oportunidad de la temporada.
Y la aprovechó.
El propio Dro explicó después del encuentro que la titularidad le había sorprendido: «No voy a mentir, no esperaba jugar. Pero estaba preparado para cuando hiciera falta y para ayudar al equipo, ese es mi objetivo». También reconoció sentirse mucho más adaptado a París: «Me siento mucho mejor, he ganado mucha confianza. Con compañeros así es muy fácil jugar, te lo hacen todo mucho más sencillo. Pero creo que todavía tengo mucho margen de mejora».
Su discurso encaja con la idea que transmite sobre su papel en la plantilla. «Quiero seguir ayudando al equipo cuando pueda y cuando me necesiten. Siempre estoy preparado. Y seguir creciendo. No siento presión, estoy muy feliz aquí», señaló. Dro también elogió especialmente a Ousmane Dembélé, al que definió como «un jugador único» y uno de los compañeros que más le ayudan en su adaptación.
Luis Enrique frena la euforia, pero confirma que tendrá oportunidades
Después del partido le preguntaron directamente a Luis Enrique por la evolución del español.
“Dro tiene solamente 18 años. Es increíble que juegue de esta manera”, explicó el técnico.
Pero inmediatamente introdujo el matiz que lleva repitiendo desde su llegada: “No tenemos prisa”.
Luis Enrique aseguró que el club ya conocía perfectamente sus condiciones antes de ficharlo y confirmó algo mucho más importante para el futuro del jugador: “Tendrá minutos siempre que tengamos la oportunidad porque conocemos su calidad”.
Es probablemente la mejor noticia que podía recibir Dro.
La competencia en el centro del campo parisino es feroz. Vitinha, João Neves, Fabián Ruiz y Warren Zaïre-Emery parten con ventaja, mientras que futbolistas como Senny Mayulu también necesitan minutos.
Dro no tiene que convertirse inmediatamente en titular. Tiene que conseguir que Luis Enrique pueda utilizarlo sin que el nivel colectivo disminuya. Y el encuentro ante el Slovan fue un paso importante en esa dirección.
El siguiente paso: transformar influencia en números
El margen de crecimiento sigue siendo enorme.
Dro todavía puede ganar potencia física para soportar partidos de mayor contacto y debe mejorar su capacidad para convertir las numerosas posiciones ventajosas que encuentra en goles y asistencias.
Frente al Slovan tuvo oportunidades para marcar y esa fue precisamente una de las pocas espinas que se llevó del partido. En zona mixta reconoció que lamentaba «no haber marcado», especialmente después de la ocasión que tuvo en el tramo inicial.
Ese será probablemente uno de los siguientes pasos de su evolución.
Porque tiene llegada. Su movilidad le permite entrar al área desde posiciones retrasadas y aparecer sin marca. Si añade cifras a esa capacidad para asociarse, recuperar y acelerar las jugadas, Luis Enrique encontrará en él un perfil difícil de ignorar.
Además, el calendario terminará ofreciendo oportunidades. El PSG aspira a competir por todas las competiciones y su manera de jugar exige un enorme despliegue físico. Las rotaciones serán inevitables y Dro puede convertirse progresivamente en una alternativa real para cualquiera de los interiores.
Primero llegaron minutos sueltos. Después una buena pretemporada. Ahora ha llegado una titularidad en Champions y el mejor partido de su etapa parisina.
El siguiente objetivo será conseguir que actuaciones como la del Slovan dejen de ser una sorpresa.
L’Équipe ya ha puesto el foco sobre él. Luis Enrique también ha confirmado públicamente que seguirá teniendo oportunidades.
A los 18 años, Dro Fernández empieza a dejar de ser únicamente una apuesta de futuro del PSG. Poco a poco, empieza a convertirse en una solución para el presente.
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