Españoles por el mundo
Beto Bianchi: “Es triste que te valoren más a miles de kilómetros de tu propia casa”
Conocido en el mundo del fútbol como Beto Bianchi, tiene 49 años y nació en Itatiba (Sao Paulo). Y no, no crea que se ha equivocado de web, sigue navegando por ‘Españoles por el Mundo: Migrantes del Balón’. Verá: Beto Bianchi es hijo de padres brasileños, pero durante su estancia en nuestro país contrajo matrimonio con una española. Beto obtuvo la doble nacionalidad y, desde entonces, lleva las banderas de Brasil y España por todo el mundo. Su amor por el fútbol le ha llevado a viajar por países como China –en su etapa como jugador-, Bélgica, Indonesia o Jordania –ya como técnico-, siendo Angola su última parada, donde entrena al Petros de Luanda a 5 500 kilómetros de su hogar en España: Bullas.
Beto afirma estar en Angola “porque ha surgido un proyecto interesante “, el cual ha aceptado con mucha ilusión. Su relación con el fútbol se remonta a las categorías inferiores del Guaraní FC de Campinas (Brasil), la cual era, por aquel entonces, una de las mejores canteras del fútbol brasileño.
Su paso por los banquillos españoles
Desde 2004 hasta 2010 vivió una época como entrenador en España. Afirma dedicar sus mejores recuerdos al Ciudad de Murcia, debido a los ascensos que cosechó el equipo. No olvida tampoco su paso por el Lorca Deportiva, del que destaca “su buena afición e instalaciones” y afirma que “debería tener un equipo en la Liga Adelante”.
“Es triste que te valoren más tanto deportiva como económicamente a miles de kilómetros de tu propia casa”
Tras Lorca, Indonesia
“Fue la propia federación la que me llamó para iniciar un proyecto allí (Indonesia)”, recuerda Bianchi, quien rememora aquellos tres años en Indonesia como muy productivos en cuanto a aprendizaje. Afirma que nunca olvidará su trabajo con el staff técnico de la selección nacional ni cuando fue nombrado para ser el seleccionador del combinado nacional Sub23.
Por increíble que parezca, Beto nos comenta que los únicos problemas extradeportivos que ha tenido se han producido en España y Bélgica, precisamente los países menos exóticos en los que ha entrenado y en los que el fútbol se encuentra en un estado de desarrollo más avanzado. En Bélgica, incluso, aún le deben dinero. Ver para creer.
Beto nos cuenta que está cansado de tener que estar continuamente fuera de casa para poder cumplir el sueño de entrenar: “Es duro estar seis años trabajando fuera, adquiriendo una experiencia al alcance de muy pocos, y que en España no aparezca ningún proyecto”, nos confiesa. Para Bianchi, el currículum ha quedado en un segundo plano: “Lo importante es si tú entras en la rueda de la mafia que forman empresarios, agentes, secretarios técnicos… Si no piensas como ellos eres un estorbo para el negocio. Todos lo sabemos, pero somos pocos los que hablamos claro”, concluye. Nos confiesa que es una pena que el fútbol esté en manos de ese tipo de gente.
“El Petros me ha fichado para conseguir algún título esta temporada”
Su ultima parada: el Petros de Luanda
“Nuestro objetivo es conseguir algún título esta temporada (liga o copa), para eso me han fichado”, nos comenta Beto. El Atlético Petros de Luanda es un club histórico en Angola. Tiene 15 títulos de liga y ya son seis los años sin alzarse campeón. “No será fácil”, aclara, “porque como mínimo hay otros cuatro clubes muy potentes en el país”, sostiene.
Le preguntamos por el nivel del fútbol africano: “En el apartado táctico es donde tenemos que hacer mayor insistencia, es el mayor problema del jugador africano. En cuanto al nivel técnico, los jugadores me han sorprendido muy gratamente”, presume. El Atlético Petros de Luanda abastece con tres jugadores a la selección nacional, e incluso cuentan con varios componentes habituales en la Sub23, lo que le ayuda en su lucha por jugar bien al fútbol: “Aquí no solo hay que ganar, también hay que convencer jugando”, admite.
Bianchi afirma que el Petros de Luanda, salvando las distancias, correspondería a Madrid o Barcelona en España: “Lógicamente no se puede comparar con los grandes clubes de España, pero sí que me atrevo a decir que en cuanto a número de aficionados o estatus del club aquí sí que podría superar a algún equipo de la Liga BBVA”, nos descubre. “Nuestros aficionados viven el fútbol muy intensamente, somos el club con más afición del país”, revela. Son ya seis años sin salir campeones de Angola, y algunos aficionados han dejado de ir al estadio, pero “si el equipo está arriba solemos llenar el campo. Sobre todo en el derbi, ante el 1º de Agosto”, cuenta.
El club no solo vive del fútbol profesional, su sección de baloncesto salió campeona de África y también cuentan con un apartado dedicado al balonmano. El estadio del equipo que entrena Beto Bianchi tiene capacidad para 50.000 personas y el club, además, cuenta con grandes instalaciones para realizar los entrenamientos: “Tenemos dos campos de fútbol 11 en perfectas condiciones, uno de césped artificial y otro natural”, concluye.
“Con una mirada el jugador sabe lo que quieres o lo que piensas en cada momento”
Afirma creer haberlo visto todo en Indonesia hasta que llegó a Angola. En cuanto a lo que más le ha sorprendido del país africano, nos revela que “los jugadores creen en los brujos para ganar un partido, incluso para curar lesiones, por muy graves que sean”. “Hay que respetarlos”, completa, “porque forma parte de su cultura”.
Los negocios relacionados con el petróleo mueven mucho dinero en Luanda, Beto nos cuenta que el centro de esta capital parece “¡la ciudad más cara del mundo!”. “Es un país muy acogedor, pero existen muchos contrastes entre la riqueza y la pobreza”, relata.
Los angoleños “viven a su manera”. Afirma que la gente, en Angola, se toma la vida con calma, pero “poco a poco estoy contagiando a mis jugadores de que vivan los entrenamientos con más vida”, confiesa. Bianchi se siente como en casa debido a que Angola tiene muchas semejanzas con su Brasil natal: “La comida es estupenda, muy parecida a la brasileña: churrasco, arroz blanco, y mucho pescado fresco. Angola es todo playa”, apunta.
Los problemas del fútbol africano
Nuestro entrevistado nos descubre que el objetivo de los clubes africanos es “fabricar jugadores para venderlos a los grandes clubes del fútbol mundial”, y hay quien aprovecha esto para obtener beneficios de manera ilegal, “como trucar las edades de los chicos de las bases”. Es algo que todos conocen, y afirma ser ese el motivo por el que muchas selecciones base ganan títulos mundiales. Nos confiesa que el jugador africano tiene “mucha calidad y un poderío físico innato” y sentencia que, cuando este sea disciplinado tácticamente, no hará falta falsificar la edad de los jóvenes y se atreve a augurar que serán “una potencia mundial en el fútbol”.
Simplemente Beto
Cuando le preguntamos cómo se definiría como entrenador fue contundente: “Simplemente Beto, ni un Guardiola ni un Mourinho”, completó. “Tengo una personalidad y un carácter muy fáciles de detectar, así como las ideas muy claras y definidas”, declara. Afirma que su modo de trabajar no es muy distinto al que pueda tener un entrenador de élite, aunque manifiesta que lo único importante es dar resultados a lo largo de la temporada.
Le preguntamos por los retos que se propone como técnico, y nos confiesa que la excelencia como entrenador nunca llega “porque cada día se aprende algo nuevo”. Nos revela, cuando sacamos el tema de cómo gestionar un vestuario, que ha entrenado grupos con culturas diferentes, lo que ha sido “un factor muy importante” para su crecimiento como entrenador. “Intento conocer la cultura del país para entender las peculiaridades de cada vestuario”, admite.
“En España piensan que uno tiene que pagar para entrenar”
La comunicación es capital en un vestuario, pero Beto cuenta que el lenguaje del fútbol es el mismo estés donde estés: “Tras la convivencia diaria, con una mirada el jugador sabe lo que quieres o lo que piensas en cada momento”, relata. Ahora, en Angola, tiene la suerte de comunicarse con su idioma natal: el portugués.
“Creemos que el fútbol solo existe en Europa, pero en todos los países en los que he trabajado me he llevado una grata impresión. Hay mucha calidad fuera”, manifiesta. Más tarde nos aclara que, tácticamente, sí que están “muy atrasados” en relación a Europa.
El entrenador del Petros nos cuenta que, si no fuera por el fútbol, no habría conocido tantos países. Cree que es indispensable vivir en un país durante un tiempo para conocer sus costumbres, su gente y sus inquietudes: “Una cosa es ir de turismo, otra es convivir día a día con ellos. Me siento un privilegiado en ese sentido, porque esa vivencia no está al alcance de muchos”, reconoce. Piensa que no hay dinero que pague lo que ha vivido gracias a su trabajo: “Hay miles de situaciones que te hacen ser más persona, y aprendes a valorar la vida y las cosas que para ti antes eran insignificantes”, confiesa.
Los viajes, mejor solo
El entrenador hispano brasileño nos cuenta que viaja solo, sin cuerpo técnico “porque es una gran responsabilidad llevar a alguien y que la cosa no salga como se espera”. Confiesa que es difícil estar lejos de su familia, a pesar de que le han visitado en todos sus destinos, pero afirma hacer esto por ellos, “para darles unas mejores condiciones de vida”.
Beto nos cuenta que está cansado de tener que estar continuamente fuera de casa para poder cumplir el sueño de entrenar: “Es duro estar seis años trabajando fuera, adquiriendo una experiencia al alcance de muy pocos, y que en España no aparezca ningún proyecto”, nos confiesa. Para Bianchi, el currículo ha quedado en un segundo plano: “Lo importante es si tú entras en la rueda de la mafia que forman empresarios, agentes, secretarios técnicos… Si no piensas como ellos eres un estorbo para el negocio. Todos lo sabemos, pero somos pocos los que hablamos claro”, concluye. Nos confiesa que es una pena que el fútbol esté en manos de esta gente.
Para concluir, Beto denuncia la situación que ha vivido en España y afirma que ninguna de las ofertas que ha recibido del extranjero se puede comparar con lo que le han ofrecido en nuestro país: “Allí piensan que uno tiene que pagar para entrenar y vienen siempre con el mismo cuento: ‘No pienses en el dinero, haz una inversión en ti mismo. Haz una buena temporada y el próximo año te saldrá algo interesante’. ¿Es que mi trabajo no vale dinero? ¿Acaso no valen dinero los cursos obligatorios para el UEFA Pro? No trabajo en España por esas cosas, hay gente que sí se baja los pantalones para entrenar y eso nos perjudica a los demás. No valoran nuestra profesión”, sentencia.
“Es triste que te valoren más tanto deportiva como económicamente a miles de kilómetros de tu propia casa”, concluye. Beto se pregunta si será por la falta de cultura o conocimiento futbolístico. Afirma que, en España, muchos de los que afirman saber sobre fútbol no conocen lo que existe más allá de sus fronteras. Acaba con una frase: “¿Sabrán ellos de la grandeza de un club como el Atlético Petróleos de Luanda? ¡Creo que no!”
Españoles por el mundo
UCL. El Como de Cesc llega a la Champions
El Como de Cesc Fàbregas debuta en la Champions después de una transformación vertiginosa: de la Serie B a la élite europea, con una identidad futbolística reconocible y un proyecto social y empresarial que ha convertido al club en una de las historias más singulares de Italia.
Hace apenas cuatro años, Cesc Fàbregas llegó a Como para jugar en Serie B. Este jueves, el mismo club afronta el primer partido europeo de su historia con el español en el banquillo. Entre una imagen y otra caben un ascenso, una consolidación en la Serie A, una clasificación europea sin precedentes, una inversión gigantesca, una transformación de la identidad del club y, sobre todo, la construcción de un equipo que ha pasado de ser una curiosidad a convertirse en uno de los proyectos más observados del fútbol italiano.
El estreno ante el RB Leipzig en el Giuseppe Sinigaglia representa mucho más que una jornada europea. Para el Como es la culminación de una reconstrucción que empezó antes de Fàbregas, pero que ha encontrado en él a su principal rostro deportivo. También supone un examen para un entrenador de 39 años que, en apenas tres temporadas, ha pasado de dirigir a juveniles a sentarse en un banquillo de Champions.
De la quiebra a un proyecto sin techo
Para entender la dimensión del momento hay que retroceder algunos años. El Como quedó fuera del fútbol profesional y tuvo que reiniciar su camino desde la Serie D en 2017. En abril de 2019 fue adquirido por SENT Entertainment, vinculada al grupo indonesio de la familia Hartono, y comenzó una reconstrucción acelerada. Ese mismo ciclo le devolvió primero a Serie C, después a Serie B y, finalmente, a la máxima categoría.
Cuando Fàbregas aterrizó en el verano de 2022, el Como todavía era un club de Segunda. Llegó como futbolista, pero también como accionista minoritario y como una figura destinada a participar en algo más amplio que sus últimos años sobre el césped. Su etapa como jugador fue breve. En 2023 anunció la retirada y empezó inmediatamente su formación práctica como entrenador en la cantera del club.
El salto fue casi instantáneo. Comenzó la temporada 2023-24 al frente del Primavera y en noviembre, después de la salida de Moreno Longo, asumió de manera interina el primer equipo. Posteriormente, Osian Roberts ocupó formalmente el puesto de entrenador y Cesc pasó a formar parte de su cuerpo técnico. Aquella campaña terminó con el ascenso a Serie A, 21 años después de la última presencia del Como en la élite.
En julio de 2024 llegó el siguiente paso: el club nombró oficialmente a Fàbregas entrenador del primer equipo con un contrato de cuatro temporadas. Ya no se trataba solo de aprovechar su nombre o su experiencia como futbolista. El Como ponía el proyecto deportivo en manos de alguien que apenas llevaba un año entrenando.
Primero sobrevivir, después mirar a Europa
La primera temporada de regreso a Serie A sirvió para confirmar que el proyecto tenía argumentos más allá del músculo financiero. El Como terminó décimo con 49 puntos, un resultado notable para un recién ascendido. Marcó 49 goles, encajó 52 y, por encima de la clasificación, dejó una identidad reconocible.
El equipo de Fàbregas quería tener la pelota, iniciar desde atrás, atraer al rival y encontrar al hombre libre entre líneas. La presión alta y la valentía para defender lejos del área chocaban en ocasiones con una Serie A históricamente más prudente. Cesc no intentó camuflar al recién ascendido: trató de construir un equipo capaz de imponer su idea.
En paralelo, el club fue dando forma a una plantilla cada vez más ambiciosa. Nico Paz se convirtió en el gran símbolo deportivo del proyecto. Llegaron futbolistas jóvenes de enorme proyección y jugadores con experiencia internacional. El Como entendió el mercado como una mezcla de desarrollo y prestigio: talento con margen de revalorización, acompañado por veteranos capaces de elevar el nivel competitivo del vestuario.
La evolución explotó definitivamente en la temporada 2025-26. El Como terminó cuarto en Serie A con 71 puntos después de 20 victorias, 11 empates y solo siete derrotas. Marcó 65 goles y recibió únicamente 29. No solo alcanzó Europa por primera vez en su historia: se clasificó directamente para la Champions League.
El dato adquiere todavía más valor porque el club había regresado a Primera apenas dos años antes. Según reconoció después el presidente Mirwan Suwarso, el objetivo inicial del curso era terminar alrededor de la séptima u octava posición. La Champions llegó, en palabras del propio dirigente, aproximadamente tres años antes de lo previsto.
El Como ya no es una sorpresa
La clasificación no ha reducido la ambición. El comienzo de la temporada 2026-27 confirma que el equipo no parece dispuesto a tratar la Champions como un premio de despedida. El Como ha sumado siete puntos en sus tres primeras jornadas de Serie A: empate ante Udinese y victorias a domicilio contra Napoli y Genoa. En el Maradona ganó 1-2 y días después se impuso 1-4 en Génova.
El equipo llega así a su debut europeo situado entre los primeros puestos y con una plantilla reforzada para soportar el salto competitivo. Nico Paz continúa como eje creativo, Máximo Perrone sigue aportando control en el centro del campo y la plantilla ha añadido futbolistas con experiencia de máximo nivel como Trevoh Chalobah y Moise Kean. Junto a ellos aparecen jóvenes ya asentados en el proyecto y perfectamente adaptados a la idea de Fàbregas, como Jacobo Ramón o Assane Diao.
El mensaje interno tampoco parece ser el de conformarse. Carlalberto Ludi, director deportivo, aseguró tras conseguir la clasificación que el club seguiría fichando de acuerdo con la misma filosofía y resumió bien la mentalidad de su entrenador: a Fàbregas le interesa ganar todos los partidos y el Como no pretende tomarse ninguno a la ligera.
Eso mismo ha repetido Cesc antes del estreno frente al Leipzig. Mientras la ciudad vive el encuentro como una fecha histórica, el entrenador ha intentado normalizarlo. Para él, explicó, es “un partido como los demás” porque el objetivo vuelve a ser ganar. Una frase que retrata el cambio psicológico del Como: el club que hace dos años celebraba un ascenso a Serie A se presenta en Champions sin querer ejercer de invitado.
Una transformación que también ha sido social
El crecimiento del Como no puede explicarse únicamente desde el césped. Los propietarios han utilizado uno de los lugares más reconocibles del mundo, el Lago de Como, como parte fundamental de la identidad comercial del club. La intención es convertir un equipo de fútbol tradicional en una marca internacional vinculada al deporte, el turismo, la moda y la experiencia alrededor del estadio.
El cambio se percibe en todo. El club ha desarrollado colaboraciones con firmas de moda y lujo, ha atraído a personalidades internacionales a las gradas del Sinigaglia y ha convertido asistir a un partido del Como en parte de la oferta turística de la ciudad. En su primera temporada de vuelta a Serie A llegó a vender entradas a aficionados procedentes de más de un centenar de países.
La dimensión económica también ha crecido a enorme velocidad. En 2024-25, primera campaña en Serie A, la facturación se multiplicó por más de cinco hasta superar los 55 millones de euros. El reverso de esta expansión es el coste: la propiedad ha asumido fuertes pérdidas y un nivel de inversión difícilmente comparable al de un club tradicional de su tamaño. La apuesta consiste en acelerar ahora para construir una estructura capaz de generar ingresos de forma sostenible en el futuro.
Fàbregas ha explicado en varias ocasiones hasta qué punto ha cambiado el entorno desde su llegada. Cuando aterrizó, el primer equipo ni siquiera disponía de las instalaciones actuales y llegaba a entrenarse en lugares diferentes dependiendo del día. La construcción de una ciudad deportiva, la mejora de las áreas de trabajo y la remodelación progresiva del Sinigaglia ilustran una profesionalización que ha avanzado al mismo ritmo que el equipo.
El estadio es precisamente uno de los símbolos de esta Champions. El Como ha trabajado para adaptar su histórica casa a los requisitos de la UEFA y ha preferido mantener allí su estreno en lugar de trasladarse a un recinto mayor. Para el debut ante el Leipzig el aforo europeo queda limitado a alrededor de 10.875 espectadores. La directiva incluso cedió parte de sus localidades a aficionados veteranos, en un gesto hacia quienes siguieron al club durante los años lejos de la élite.
El laboratorio de Cesc
Si el Como ha ganado relevancia internacional, gran parte de ella se debe al fútbol que propone su entrenador. Fàbregas ha construido un modelo reconocible a partir de las influencias que recibió durante su carrera. Desarrolló buena parte de su etapa en la élite bajo Arsène Wenger, trabajó con Pep Guardiola y José Mourinho y fue dirigido en la selección española por Vicente del Bosque y Luis Aragonés. Su Como toma elementos de varias escuelas sin convertirse en una copia exacta de ninguna.
Busca dominar a través del balón, pero no entiende la posesión como un fin. Quiere progresar rápido cuando aparece una ventaja, ocupar bien los espacios interiores y recuperar arriba. También concede un valor enorme a futbolistas técnicamente preparados para recibir bajo presión. De ahí la importancia de Nico Paz y la apuesta continuada por jóvenes formados en academias de alto nivel.
Uno de los aspectos más interesantes de su evolución es precisamente que el Como de 2025-26 fue mucho más equilibrado que el de su primera temporada. Pasó de encajar 52 goles a recibir solo 29. La mejora defensiva no llegó mediante una renuncia al estilo, sino a través de una mejor ejecución colectiva. El proyecto dejó así de ser únicamente atractivo para convertirse en competitivo.
De proyecto emergente a escaparate para su entrenador
La Champions también coloca a Cesc Fàbregas ante el mayor escaparate de su corta carrera en los banquillos. Su nombre lleva tiempo circulando alrededor de algunos de los principales clubes europeos. En 2025 fue relacionado con Bayer Leverkusen e Inter, pero decidió continuar en Como. En los últimos meses, el presidente Mirwan Suwarso ha asegurado que otros clubes italianos, entre ellos el Napoli, también preguntaron por él.
Su continuidad ayuda a entender hasta qué punto Cesc considera el proyecto como algo propio. No es únicamente entrenador: es accionista minoritario y ha participado en la construcción de una identidad deportiva que pretende sobrevivir incluso cuando él ya no esté. La propiedad, además, asume públicamente que el crecimiento del técnico puede acabar llevándolo a un gigante. Suwarso llegó a reconocer que sería absurdo pensar que algún día no pudiera entrenar a clubes como Arsenal o Chelsea.
También se le ha situado en el horizonte del Barcelona. Su pasado azulgrana, su idea de juego y la velocidad de su evolución lo convierten inevitablemente en uno de los entrenadores españoles jóvenes con mayor proyección. Hasta ahora, sin embargo, cada oportunidad de marcharse ha reforzado su vínculo con el Como.
La Champions como siguiente examen
El club insiste en que no quiere alterar el modelo por haber llegado antes de tiempo a la élite europea. La idea de la propiedad continúa siendo crecer de manera progresiva, ampliar ingresos, mejorar el estadio, desarrollar jugadores y mantenerse competitivo en Serie A. La Champions acelera el calendario, pero no cambia la hoja de ruta.
Para el equipo, el torneo servirá para medir la verdadera dimensión de este crecimiento. El Como tendrá delante rivales con más experiencia, mayores presupuestos y plantillas acostumbradas a este escenario. El Leipzig es el primero. Después llegarán otras noches que hace muy poco habrían parecido imposibles en una ciudad cuyo equipo estaba en Serie B.
Para Fàbregas el desafío es similar. Como futbolista disputó 104 partidos de Champions con Arsenal, Barcelona, Chelsea y Mónaco. Como entrenador debuta ahora en ella antes de cumplir los 40 años. Es uno de esos momentos que permiten comprobar si una idea construida en un entorno de crecimiento puede sobrevivir también frente a la élite continental.
Lo extraordinario es que el Como ya ha superado varias veces las previsiones. En 2022 fichó a Cesc Fàbregas cuando estaba en Segunda. En 2024 volvió a Serie A después de 21 años. En 2025 terminó décimo. En 2026 acabó cuarto y se clasificó para la Champions. Este jueves, el himno sonará por primera vez junto al Lago de Como.
Para un club que hace menos de una década tuvo que empezar de nuevo desde la Serie D, cuesta imaginar una fotografía mejor de su transformación.
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Españoles por el mundo
Bosnia. David Muslera, de las críticas a conquistar Sarajevo: “Se me saltaban las lágrimas»
David Muslera llevaba más de dos décadas buscando una oportunidad en una primera división. El Željezničar se la dio entre cientos de críticas y, apenas unas semanas después, el técnico español conquistó el derbi de Sarajevo y escuchó a Grbavica corear su nombre.
Cuando David Muslera llegó al Željezničar, hizo algo que ahora reconoce que probablemente no debería haber hecho: abrir las redes sociales.
Su fichaje acababa de ser anunciado y el recibimiento virtual distaba mucho de ser una bienvenida. El Željo, uno de esos clubes en los que la historia pesa tanto como el presente, había entregado su banquillo a un entrenador madrileño de 40 años que llegaba desde la segunda división de Lituania y que nunca había dirigido en una máxima categoría.
La reacción fue inmediata.
“Hubo cerca de mil comentarios y ninguno bonito. Alguno habría positivo, pero la inmensa mayoría eran críticas”, recuerda Muslera. Las preguntas se repetían con diferentes palabras: “¿Quién eres? ¿Dónde has trabajado? ¿Vienes de la segunda división lituana? ¿No eres de los Balcanes?”.
Menos de dos meses después, la escena era radicalmente distinta.
Željezničar acababa de ganar 2-0 al Sarajevo en el derbi de la capital bosnia. Grbavica celebraba, los futbolistas se dirigían hacia la grada y Muslera terminó compartiendo el festejo con los Manijaci, la ruidosa hinchada del Željo. El entrenador al que una parte importante de la afición había recibido con desconfianza escuchaba ahora cómo el estadio coreaba su nombre.
“Qué bonito es hacer feliz a la gente. Había visto vídeos y había escuchado historias, pero vivir esto personalmente es increíble. Es difícil explicarlo con palabras”.
Entre una imagen y otra apenas habían pasado unas semanas.
Y ahí está, probablemente, la mejor manera de explicar qué significa entrenar al Željezničar.
Un gigante que todavía mira hacia su pasado
Muslera sabía que llegaba a un club grande. Lo que no podía calcular desde fuera era cuánto.
Fundado en 1921 por trabajadores ferroviarios, el Željezničar no es únicamente uno de los equipos más populares de Bosnia y Herzegovina. Su historia pertenece también al viejo fútbol yugoslavo. Fue campeón de Yugoslavia en 1972 y en 1985 se quedó a las puertas de disputar una final europea: alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y un gol del Videoton en los últimos minutos evitó que se enfrentara al Real Madrid por el título.
Ya en la Bosnia independiente ganó seis campeonatos nacionales. El último, sin embargo, llegó en 2013.
Ese pasado explica buena parte de la exigencia actual.
“A mí me recuerda mucho a lo que era el Atlético de Madrid en su día”, explica Muslera. “Históricamente es un equipo muy grande, pero está pasando por momentos difíciles y los aficionados viven un poco en aquella época. Entiendo ese furor, pero tenemos que ser realistas con la situación actual. Roma no se construyó en un día”.
La paradoja del Željo es precisamente esa. Tiene una masa social y una historia que obligan a pensar en grande, pero atraviesa un proceso de reconstrucción que necesita algo que el fútbol rara vez concede: tiempo.
“Necesitamos que la gente crea. Y necesitamos tiempo, que en el fútbol ya sabes que no existe”.
Firmó por un club y tres días después estaba en otro país
La manera en la que Muslera llegó a Sarajevo resulta casi tan extraña como su recibimiento.
Después de año y medio al frente del BFA lituano había decidido aceptar la propuesta del Jonava, también de la segunda categoría del país. Buscaba estabilidad. Un contrato de año y medio, continuidad y la posibilidad de seguir avanzando en una carrera construida casi siempre lejos de los focos.
Firmó.
Se mudó de Vilna a Jonava.
Y prácticamente cuando acababa de instalarse sonó el teléfono.
“Estuve en Jonava tres días. Ni siquiera dirigí un entrenamiento porque nos pilló durante el parón de verano. Fue todo rapidísimo”.
Željezničar había iniciado un proceso de selección para encontrar entrenador. La dirección del club estudió diferentes perfiles locales y regionales antes de apostar por el español, una elección especialmente atrevida en un entorno tradicionalmente acostumbrado a técnicos balcánicos y con experiencia en la zona.
Para Muslera no había decisión posible.
“Era uno de los clubes más importantes de Bosnia y significaba dar el salto a Primera División. Es una oportunidad a la que no puedes decir que no”.
Jonava permitió su salida mediante una compensación y el español cambió la segunda división lituana por uno de los banquillos con mayor presión de Bosnia sin haber llegado siquiera a debutar con su nuevo equipo.
“Hubo un poquito de guasa allí en Lituania”, admite entre risas.
“Las primeras 48 o 72 horas no fueron nada fáciles”
En Sarajevo no se reía tanta gente.
Muslera era consciente de que su currículum no respondía al prototipo de entrenador que los seguidores esperaban ver al frente del Željezničar. No era una vieja gloria del fútbol yugoslavo, tampoco un técnico reputado de la región.
“Dada la masa social que tiene el club, la apuesta que hicieron por mí fue muy arriesgada. No porque no confíe en mí mismo, sino porque aquí están acostumbrados a entrenadores de los Balcanes y a entrenadores con nombre”.
Leyó las críticas.
Demasiadas.
“Fue lo peor que pude hacer”.
Pero existe un punto de orgullo competitivo en Muslera que aparece varias veces durante la conversación.
“Estas cosas me motivan. Cuanto más difícil es y más críticas hay, más esfuerzo le pongo y más me gusta trabajar. Suena feo eso de callar bocas, pero es la realidad. Cada año me gusta trabajar más duro, pero este incluso más”.
No tardó en comprender que la presión digital podía trasladarse también a la calle.
El Željezničar perdió 0-3 frente al Sloboda en el último amistoso de pretemporada. Aquella noche Muslera decidió salir a cenar. Escuchó varios comentarios alrededor y cambió de planes.
“Me dije: ‘David, vete al hotel, pide algo de comida y cena allí’”.
Las semanas posteriores fueron suavizando el ambiente. Llegaron los primeros resultados, las fotografías por la calle y los niños que se acercaban al entrenador.
“Las críticas vienen más por las redes sociales, porque detrás de una pantalla es sencillo criticar. En persona ha habido mucha más gente simpática y agradable. Y que vaya un niño por la calle, te vea con una sonrisa de oreja a oreja y diga: ‘¡El entrenador! ¿Me puedo sacar una foto?’, para mí no tiene precio. Yo no hace tanto era ese niño que esperaba a la puerta de las instalaciones para pedir fotos y autógrafos”.
La primera noche en Grbavica: “Se me caía el lagrimón”
Hay otra escena que permite entender por qué Muslera soportó aquella primera tormenta.
Su debut oficial en Grbavica.
Unos 7.000 espectadores ocupaban las gradas pese a que parte del estadio se encontraba en obras. El español salió al césped y escuchó cantar a la afición.
Había visto vídeos. Había buscado imágenes del estadio. Le habían hablado del ambiente.
No era lo mismo.
“Lo más emocionante fue antes del partido, con toda la gente cantando. Pensaba: estás viviendo un sueño para el que llevas trabajando muchos años. Se me caía el lagrimón”.
Tenía un pequeño problema.
“Había cinco periodistas con las cámaras apuntándome y pensaba: ‘David, trata de controlarte’”.
No exagera cuando habla de los años invertidos.
Muslera empezó a entrenar en 2002, cuando todavía era futbolista, en las categorías inferiores del Porta Bonita madrileño. Después pasó por estructuras formativas de Atlético de Madrid, Leganés, Getafe e Illescas, entre otros. Se sacó las licencias entre 2007 y 2009 y pasó años tratando de abrirse camino en un ecosistema español en el que, a su juicio, alcanzar los banquillos profesionales resulta especialmente complicado para quien no arrastra un pasado como futbolista de élite.
Hubo incluso un momento en el que se alejó temporalmente del fútbol.
“A la tercera semana estaba que me subía por las paredes. Es un matrimonio de larga duración”.
La puerta terminó apareciendo lejos de Madrid.
Unas vacaciones que terminaron convirtiéndose en cuatro años
Pablo Ríos Freire, amigo de Muslera desde la universidad y compañero suyo en diferentes etapas en Madrid, había iniciado una aventura en Lituania. A través de él apareció la posibilidad de viajar al país.
En principio, de vacaciones.
“Fui para una semana y dos días antes de terminar el club me ofreció hacer una prueba. Después de esa prueba conseguí el contrato. Y así empezó la historia en Lituania”.
La semana se convirtió en casi cuatro años.
Primero trabajó en formación. Ganó competiciones juveniles, fue asistente, dio el salto al fútbol sénior con el Ekranas y posteriormente dirigió al BFA. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en el trampolín que necesitaba.
Muslera sostiene que para determinados entrenadores españoles el extranjero no es una aventura, sino prácticamente la única vía para acelerar una carrera.
“Si no eres un futbolista famoso, romper la barrera de Primera RFEF considero que es complicado. Una cosa es ser futbolista y otra totalmente diferente ser entrenador. Haber sido jugador te puede dar más soltura para manejar un vestuario, pero entrenar no es solo manejar un vestuario. Es un proceso mucho más largo”.
Por eso su futuro, al menos por ahora, tampoco pasa necesariamente por regresar.
“Me encantaría trabajar en España. Es mi país, mi gente y todo el ambiente que hay alrededor. Pero si me preguntas personalmente, de momento no lo tengo previsto. Prefiero seguir fuera”.
Bosnia representa un escalón más.
“Vengo de Lituania, donde el seguimiento es más reducido. Estar en una Primera División como la bosnia puede abrirte las puertas de otros países, por ejemplo Croacia. Yo espero estar aquí muchos años, pero también se trata de ir abriendo nuevos mercados”.
“Aquí es como si estuviera jugando el Mundial”

Existe cierta tendencia a medir todas las ligas europeas utilizando las cinco grandes como referencia. Muslera no niega la evidente diferencia futbolística con España, pero introduce otro parámetro que normalmente resulta invisible desde fuera.
La exigencia.
“Desde España podemos ver que el nivel respecto a Primera División obviamente es más bajo. Pero en cuanto a exigencia, a todo lo que tienes que afrontar, a lo que te pide la afición y a la presión, no cambia. Cambia el nivel futbolístico, pero el nivel de exigencia no”.
Hace una pausa y encuentra una comparación.
“Aquí estoy jugando el Mundial”.
En Željezničar cada derrota pesa. Después de uno de sus primeros partidos recordó una máxima que había escuchado durante su formación como entrenador: “Ganan los jugadores y pierde el entrenador”.
Bosnia también le ha sorprendido por la dimensión que adquiere cualquier movimiento alrededor de los clubes. Durante una jornada aplazada decidió desplazarse a Mostar para ver personalmente a varios rivales.
Para él era simple trabajo.
En Bosnia se convirtió en noticia.
“En los primeros diez minutos del partido me llegaron 15 o 20 mensajes. Salió hasta en televisión que el entrenador del Željo estaba viendo partidos. Para mí era lo más normal del mundo. Si tengo la posibilidad de ver al rival personalmente, ¿por qué voy a mandar a mi segundo?”.
Luis Aragonés, Guardiola y Luis Enrique
Muslera llega desde España y no reniega de determinados rasgos asociados a la escuela española.
Cuando se le pregunta por sus referencias aparece primero Luis Aragonés.
“Para mí fue el primero. Creo que el cambio en la historia del fútbol español empezó con él”.
Después Pep Guardiola.
“¿Quién no disfrutaba con aquel Barcelona?”.
Y finalmente Luis Enrique.
De los tres extrae una idea general.
“Me gusta el fútbol de posesión, ser protagonista y que la gente disfrute con lo que hacemos”.
Pero inmediatamente introduce un matiz.
“Una cosa es lo que me gusta y otra lo que tienes que hacer. Hay que adaptarse a la plantilla y entender que cada partido es un mundo”.
Es probablemente una de las primeras lecciones que Bosnia le está obligando a aplicar.
En uno de sus encuentros ante uno de los conjuntos más poderosos del campeonato decidió replegar, reducir espacios y buscar el contraataque.
“Sabía que iba a tener muy poco la pelota”.
Más que imponer una identidad teórica, Muslera quiere construir un equipo capaz de competir.
“Como entrenador veo que las cosas van mejorando. Hay partidos en los que domina el rival, pero esa clase de encuentros tienes que saber jugarlos tácticamente”.
El partido que podía cambiarlo todo
Y entonces llegó el derbi.
Željezničar y Sarajevo no comparten únicamente una ciudad. Comparten una rivalidad nacida hace más de siete décadas y alimentada por dos identidades históricamente diferentes. El Željo nació desde la clase trabajadora vinculada al ferrocarril; Sarajevo apareció después de la Segunda Guerra Mundial convertido rápidamente en el otro gran polo futbolístico de la capital.
Los Manijaci y la Horde Zla transforman cada enfrentamiento en uno de los acontecimientos deportivos del país.
Muslera sabía lo que le esperaba.
O eso pensaba.
Antes de vivir su primer derbi, hablaba de él con una mezcla de curiosidad y respeto.
“Si el ambiente del otro día fue impresionante, por lo que tengo entendido en el derbi no hay palabras para describirlo”.
Hasta evitaba pronunciar el nombre del rival cuando se le preguntaba contra quién se jugaba.
“Si digo el nombre me van a colgar”, bromeaba.
Después lo entendió definitivamente.
Željezničar venció 2-0. Rodrigo Piloto abrió el marcador al comienzo de la segunda parte y Muharem Husković aseguró después una victoria que valía mucho más que tres puntos.
Cuando todo terminó, Muslera trató de explicar lo que acababa de vivir.
“No puedo describirlo con palabras. Había visto vídeos, había escuchado historias, pero vivirlo personalmente es increíble. Gracias a los jugadores y a los aficionados. Desde el principio he dicho que esto es un proceso y que necesitamos tiempo, pero qué bonito es hacer feliz a la gente”.
Después de semanas pidiendo paciencia, el entrenador español había encontrado probablemente el argumento más poderoso que existe para conseguirla: ganar al vecino.
Pero ni siquiera entonces quiso alterar el discurso.
“Siempre tenemos que mejorar porque no somos perfectos. Esto es un proceso y necesita paciencia. Creo que todos podemos ver una gran diferencia respecto al inicio. Y aunque lleguemos a estar bien, tampoco será suficiente. Siempre puedes avanzar, siempre puedes ser mejor”.
También quiso recordar cómo había comenzado la construcción de la plantilla.
“Empezamos la pretemporada con 18 jugadores y siete juveniles. Todos los jugadores son importantes. Todos tendrán su papel y mi trabajo es encontrar qué puede aportar cada uno al equipo. La temporada es muy larga. Todos tendrán su oportunidad, aunque cada vez será más difícil ganarse un puesto entre los once”.
El mensaje encaja perfectamente con todo lo que había explicado antes del partido.
Trabajo. Tiempo. Adaptación.
Y resistencia a la presión.
De “¿quién eres?” a escuchar su nombre en Grbavica
Quizá el fútbol sea demasiado volátil para extraer grandes conclusiones de un derbi.
Muslera lo sabe mejor que nadie.
La victoria sobre Sarajevo no convierte automáticamente al Željezničar en candidato al título ni resuelve un proceso de reconstrucción que sigue teniendo muchas incógnitas. Tampoco borra las dudas que acompañaron la llegada de un entrenador desconocido para buena parte de Bosnia.
Pero sí cambia algo.
Hace apenas unas semanas el español leía centenares de mensajes preguntándole quién era y qué méritos tenía para sentarse en aquel banquillo.
Después del derbi, Grbavica decía su nombre.
“He vivido momentos muy bonitos durante mi carrera, pero que la gente coree mi nombre, aplauda y sea feliz de esta manera no lo había vivido nunca”.
Muslera tardó 24 años desde aquel primer banquillo en las categorías inferiores del Porta Bonita hasta llegar a dirigir en una máxima división.
Firmó por el Jonava buscando estabilidad y se marchó tres días después. Cambió el anonimato relativo de Lituania por una ciudad en la que reconoce que ya prácticamente no existe su vida privada. Llegó entre críticas a un club que sigue comparando su presente con una historia gigantesca. Y en cuestión de semanas descubrió lo que significa perder, ganar y sobrevivir a la exigencia del fútbol bosnio.
Todavía está empezando.
Quizá por eso, entre todas sus frases, hay una que explica mejor que ninguna otra el momento de su carrera.
“Esta es una oportunidad que llevaba esperando mucho tiempo. Si fue difícil llegar hasta aquí, más difícil va a ser mantenerse”.
En Grbavica ya ha superado la primera prueba.
Y no era precisamente pequeña.
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